Un blog de vinos por aficionados, para aficionados. Mas que un blog, nuestro cuaderno de notas.



14 febrero, 2016

Un Tempranillo de altura

Coincidió uno de esos momentos importantes. Al menos desde el punto de vista de intentar encontrar una buena excusa para descorchar vinos que uno tiene guardados para “esas fechas” que parecen no llegar nunca. Pero si somos pacientes, en esta vida todo llega.

Comparativamente, en Argentina bebía con cierta frecuencia vinos de altura. Primero porque me gusta la impronta que los metros le imprimen a la uva y segundo porque lo más “normal” allá es que la mayoría de los vinos vengan de arriba de los 800 msnm. Y ni hablar si uno escoge vinos de la provincia de Salta o Jujuy donde los 2000 metros en ocasiones se hacen pocos. 

No obstante, desde que estoy en España, los vinos de altura se me han hecho escasos por no decir nulos. Y aunque los metros no son comparables, las diferencias que se encuentran entre los vinos que proceden de los viñedos más altos (hablamos de más de 800-900 msnm) y los más bajos, que son los que más abundan, es abismal.

En este caso me fui por un Tempranillo de vuelo que mostró exactamente lo que esperaba de él. Carácter, poderío y pertenencia a su lugar de origen.

MALAPARTE Montón de Piñas 2010


Me confieso un seguidor de los vinos de esta bodega. Participamos del proyecto de Uvas Nómadas desde hace dos años y todas sus etiquetas me han gustado. Además, y muy importante, es que en general sus precios son aptos para los bolsillos anticrisis. Y eso lo remarco sobre todas las cosas. Vaya por delante.



Se trata de un Tempranillo 100% procedente de un viñedo en Cuellar de 900 msnm, sobre suelo calizo y trabajado mediante un cultivo respetuoso con el medio ambiente. Tras la fermentación el vino pasa a una crianza de 26 meses en barricas de roble francés de 225 litros  con tostados medios. No se filtra ni clarifica.

El resultado es un vino rotundo. De color rubí de capa alta (lleva muy bien los años) y muy glicérico. La nariz es media y muy compleja. Mixturas de fruta madura, mermeladas, frutos secos (nuez, higos, almendras), balsámicos y claros trazos minerales. La boca es sumamente sedosa, redonda, intensa, de gran franqueza con la nariz y de acidez justa a pesar de sus 15,5 graditos. Los 26 meses de crianza en madera están perfectamente integrados al vino y le dan complejidad y largor.

Un tinto que poco a poco va creciendo con el tiempo en copa hasta que se termina la botella y te quedas con ganas de mucho más. Lo mejor es su precio: sobre los 19 € que lo posicionan en una RPC más que muy buena para una gama de vinos donde la oferta es amplia y no siempre agradecida.

Gracias por leernos,

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable

2 comentarios:

  1. Este seguro que me gustaría ! que ganas de probar un tempranillo de la Madre Patria.
    Abrazo patagónico

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    Respuestas
    1. Hola Fabi!!

      A vos podría gustarte porque dentro de su poder está en perfecta armonía y con la madera jugando su rol sin exagerar... Quizá le pondría algo más de frescura para tu gusto, pero es un tempranillo soberbio!

      A ver si alguna vez podemos juntarnos a beberlo juntos... Nunca se sabe!

      Abrazo y salutes!

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