Un blog de vinos por aficionados, para aficionados. Mas que un blog, nuestro cuaderno de notas.



Mostrando entradas con la etiqueta Garnacha. Mostrar todas las entradas
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03 mayo, 2020

Naturalmente, Daniel V. Ramos

Si algo bueno, entre comillas, puedo sacar de esta crisis pandémica que nos toca vivir es que he retomado el blog, que nunca abandoné del todo, pero lo tenía un poco dejado. Lo demás, sinceramente, es para olvidar... 


En lo que a gustos enológicos se refiere, quienes leen Rumbovino sabrán que llevo varios años bastante inclinado hacia el mundo de los “vinos naturales”, cosa que cada día me resulta más sencilla ya que las opciones al momento de elegir se han multiplicado este último tiempo. También es verdad que dentro de la palabra natural, que cada día vende más, se incluyen innumerables vinos diferentes, algunos más merecidos que otros. Personalmente como aún no tengo muy claro del todo lo que implica esta definición (pueden repasar la nota que escribí hace un tiempo ¿Al final qué es un vino natural?), y como nadie me ha aclarado el asunto hasta el momento, tras un tiempo en desuso la he vuelto a utilizar para hablar de los vinos que cumplen un requisito similar a lo que debería ser un vino natural (al menos para mi forma de entenderlos). 

Expuesto lo anterior, necesario para mi tranquilidad y evitar conflictos estériles, dentro de mi “definición de vinos naturales” incluyo los que elabora Daniel V. Ramos en la Sierra de Gredos (¡zona cuyos vinos cada día me gustan más!). Enólogo australiano, criado en Madrid, al que descubrí virtualmente el año pasado a través de una imagen en Instagram de uno de sus vinos, Kπ Rosé de la añada 2012, acompañada de una frase que decía algo así como ¿el mejor rosado de España? Obviamente no me iba a quedar con la duda, ni del vino, ni de su autor. Investigué un poco más, me gustó lo que leí en relación con su filosofía de trabajo y le pedí algunas botellas para probar y conocer de más cerca sus productos... Este año volví a pedirle algunas cosas. Entre el año pasado, y este, me he hecho una idea más clara y considero que es momento de dedicarle un post en el blog. 

Vaya por delante que para Daniel no es ningún mérito que, sin menospreciarnos,  Rumbovino publique un escrito sobre sus vinos. Pero los que nos siguen saben que no hago publinotas y solo me gusta escribir sobre los proyectos que me motivan, en los que me reconozco de alguna manera, así que un pequeño mérito, al menos para mí, sí que tiene. 

Una de estas fotos fue tomada de blogriojaalavesa.eus/daniel-ramos


Daniel V. Ramos, y agregaría a Pepi San Juan, llevan varios años trabajando la viña en la Sierra de Gredos, elaborando y defendiendo un estilo de vinos con el que me siento bastante identificado (no estoy hablando de las cualidades de un vino, estoy hablando de filosofía y forma de entender la viticultura y su elaboración, recuperando viejas costumbres y sabores olvidados). Para escribir esta nota le pedí que me contara un poco sobre algunos de estos conceptos. Los transcribo casi tal cual, para no desvirtuar ni un ápice su mensaje, y para que, quienes aún no los conozcan tengan la oportunidad de hacerlo, y lo hagan por sus palabras y no por las mías. 

“En esta zona de Gredos, nos encontramos hace años, concretamente desde 1998 que fue mi primera elaboración aquí, con una de las garnachas más peculiares y diferentes del mundo. Al igual que ocurrió en priorato, estas garnachas fueron consideradas famosas a principios del siglo XX por su singularidad. Esto hizo que siempre tuviéramos nuestros ojos fijos en esta zona, y esperando una oportunidad para poder desarrollar nuestro proyecto de futuro. 

Nuestra filosofía trata por una parte de mostrar el terroir de la zona (vinos de la marca Zerberos, como Zerberos El Altar o Zerberos Viento Zephyros), o los métodos de elaboración de nuestros antepasados (vinos de la marca Kπ). Lo más importante de nuestras elaboraciones es que queremos que sean con el máximo respeto a la salud, de ahí realizar el mínimo posible de añadidos al vino (solo sulfuroso antes del embotellado), y el máximo de respeto a la uva para no variar lo que muestra año tras año. 

Nuestra filosofía de trabajo en el viña es exactamente la misma, entendiendo que, si a un viñedo no le sobreexplotas estará sano, y que, por tanto, no habrá que realizar tratamientos innecesarios y costosos y que la uva mostrará todo el potencial de su terroir. Nuestros cultivos van más allá de lo orgánico, pero me conformaría con llamarlo así". 

Comparto esta forma de ver y entender la vitivinicultura, cuidar la tierra, respetarla, que se exprese siendo vino con sus defectos y virtudes, sin más vueltas. Por ejemplo, si el año es cálido quiero beber un vino cálido, si el año es fresco quiero beber un vino fresco, si el suelo de esta finca es de arena, que ese vino sea diferente al de la finca vecina que es de pizarra, así de sencillo... Dicho esto, por lo que pude probar hasta ahora, los vinos de Daniel tienen un sello nítido que deja muy claro lo que quiere hacer y mostrar. Todos son distintos, ninguno te deja indiferente, en absoluto, y eso, hablando de vinos, es todo un logro queridos amigos. Me cansé de probar vinos desalmados... 

Los Chorrancos, El Tiemblo. Cara norte, suelo pizarra. El Gato, Cebreros. Cara sur, suelo pizarra.


¿Qué vinos he probado? Varios hasta ahora, pero había seleccionado tres etiquetas hasta que anoche destapé otra y decidí incluirla a último momento. Mis descripciones son rústicas, sencillas, dirigidas a los consumidores que, como yo, no entienden mucho de vinos... Los que saben de esto, o los poetas del noble brebaje, no leen mi blog. 

Daniel, cuéntame algo sobre Zerberos Viento Zephyros 2017 

“Es un vino de pueblo de San Martín de Valdeiglesias de la variedad Albillo Real. Muestra la elegancia y frescura que tiene este varietal en este pueblo. 100% sobre suelo arenoso de granito. Maceración con racimo entero estrujado y fermentado y criado en barrica un año.” 

Mi impresión: se trata de un vino blanco color naranja-dorado, glicérico, con volumen y cuerpo de tinto poderoso. Nariz intensa donde mandan las notas minerales, de crianza, algo de fruta almibarada y especias. Boca franca, grasa, con frescura que equilibra el grado alcohólico (15% vol.) que le dio a la uva un año como el 2017. No es un blanco de trago largo, para nada....Puedes beberlo comiendo un asado a las brasas sin que se inmute. Tiene mucha vida por delante aún. 

Como digo siempre. Bebedores y amantes de los blancos cristalinos y de manual, abstenerse. Este no es un blanco al uso, en absoluto. Esto es la expresión de la Albillo Real de la Sierra de Gredos de un año cálido en estado puro. Su precio ronda los 17,5€ aprox., creo que está más que acorde. 

Daniel, cuéntame algo sobre Zerberos El Altar 2016 

“Garnacha de una sola finca del municipio de El Barraco. El terroir singular de esta finca radica en que es un viñedo de entre 65 y 90 años, de orientación en cara norte, plantado sobre suelo de arena de granito en lo alto de una colina al pie del embalse del Burguillo. Esto hace que el vino sea fresco y elegante, pero mostrando su lado mineral” Elaboradas de forma muy minimalista, despalillado y fermentación natural. Se envejece en barricas francesas de 600 l durante 1 año y se embotella sin clarificar ni filtrar. 

Mi impresión: primero que nada, recomiendo decantar al menos 1 hora antes de beberlo. Si no lo hacen beberán un vino dormido y se perderán lo mejor. Capa media, nariz de flores, mineral, especiado, boca poderosa, madera, fruta, alcohol (15%Vol.) y frescura en buen equilibrio. Final largo y exquisito. Una garnacha extraordinaria, expresiva, intensa, puro carácter sin perder elegancia. Dentro de unos años estará mucho mejor, no tengo dudas de eso. Yo me resistí a guardarlo, pero si tienen más paciencia que yo, háganlo y verán. Su precio, sobre los 22 - 24€ aprox. Ni lo duden. ¡Eso sí, es Garnacha de Gredos! No, garnachita de Gredos. 

Daniel, cuéntame algo sobre Kπ Rosé 2017 

“Una elaboración de rosado típica de la zona, que consistía en envejecer el vino durante largos periodos de tiempo en barrica. Este vino venía a sustituir el fino en la zona que maridaba tan bien con las distintas chacinas que se hacían también en la zona. Es la magia de la fruta llevada a su máximo exponente para dar el máximo de sí misma”. 

Mi impresión: abstener buscadores de rosados fresquetes y veraniegos para el aperitivo. Si tienen un chuletón cerca ni lo duden un segundo. Para mí, luego del cachetazo inicial que me llevé con la cosecha del 2016, cuando lo probé por primera vez sin saber muy bien lo que me iba a encontrar, me parece un auténtico vinazo. Nariz con mucha fruta (claramente cereza) pero acompañada con notas de crianza, lías y madera usada (muy distinta al roble nuevo pura vainilla y esas cosas raras). Boca grasa, con frescura y madurez. Un rosado totalmente atípico y exquisito que no deberían dejar de probar quienes se animen a propuestas arriesgadas que recuperan las viejas costumbres. Su precio, sobre los 12€ aprox. ¡Una bicoca! 

Termino con el que destapé anoche, Berrakin blanco 2019. Cuando se lo pedí, aún no estaba ni etiquetado, pero les cuento sobre él: 

Variedad 100% Jaen, procedente de dos fincas de Sotillo de la Adrada. Se vendimió entre el 5 y 7 de septiembre de 2019. Los racimos se seleccionaron, despalillaron y estrujaron, fermentando cada finca por separado con levaduras autóctonas. Maceración 17 días. De octubre a febrero de 2020 el vino se mantuvo con sus lías en depósito de acero inoxidable y una barrica de roble francés. En febrero se hizo el coupage y en marzo se embotelló, obviamente sin clarificar ni filtrar y dosis mínima de sulfitos. Graduación alcohólica, 11,3 % vol. 

Mi impresión: no recuerdo haber probado muchas veces la uva Jaen, así que no te tenía muy claro lo que me iba a encontrar, pero su baja graduación y la vinificación ya prometían buenas cosas. Un blanco anaranjado, glicérico, brillante y con leve turbidez (esperable, obviamente). Nariz y boca muy similares, seco, con manzana verde por delante, acompañada de notas de levadura que le aportan estructura y complejidad. ¡Es vino fácil de beber porque es rico, pero me pareció un blanco extraordinario, con complejidad y mucho que decir, por tan solo 8-9€! 



Bueno por ahora lo voy dejando... Creo que deberían animarse a probar los vinos de Daniel y Pepi. Para conseguirlos, búsquense la vida como hice yo, jejejeje es broma. Por Instagram lo tienen fácil (es de esos enólogos que contestan a quien le escribe). 

Vinos con carácter, con uvas sanas, de viñas sanas y de una zona extraordinaria. ¿Qué más podemos pedir? 

Y recuerden, beban vinos sanos y naturales. 

Salute y hasta otra. 

Rumbovino 

#QuédateEnCasa que ya falta menos

07 enero, 2019

Garnacha SSA (sin sulfitos añadidos)

Desde que comenzamos con Rumbovino hace más 8 años siempre tuve presente que quería escribir para la gente común, para los bebedores de a pie, para aquellos que pagan los vinos que consumen y que si por nuestro consejo pagasen lo menos posible por algo de buena calidad (lo que llamamos RPC de toda la vida) mejor que mejor. No obstante la inercia y las ganas de probar siempre cosas nuevas y de aprender más y más, a veces hace que sin querer te alejes del objetivo que te motivó a escribir. Me suele pasar con frecuencia y no quiero que así sea, debo corregir el rumbo cada poco tiempo y mucho más ahora donde la movida de los vinos ecológicos o naturales (a los que adhiero y consumo) está ganando terreno y son pocos los que se ajustan a los bolsillos de la mayoría de los mortales bebedores. Quizá sea uno de los puntos más críticos de estos vinos.

Toda esta retahíla que he soltado como introducción tiene sentido porque hoy quiero escribir sobre un vino para todo el mundo, de esos que te encuentras en un supermercado, lugar en los que reconozco hace tiempo no compro una sola botella (porque normalmente no me atrae nada de lo que ofrecen). Lo crucé de casualidad y me llamó la atención su etiqueta, sobria pero bonita, “DAVIDA Sin Sulfitos añadidos” cosecha 2018 a un precio de 3,75€. La no adición de sulfuroso por sí misma ya me pareció una gran cosa y solo por eso quería probarlo, pero además por ese precio no tenía nada que perder, así que fue directo a la bolsa.

Se trata de un tinto de uva Garnacha elaborado por bodegas Aroa (aunque no se mencione en la botella ni en su web). Esta bodega es pionera en la D.O. Navarra en la recuperación de prácticas de agricultura ecológica y biodinámica y sus viñedos están certificados en ecológico. Este vino no tiene el sello de ecológico pero sí lo tiene de Vegano. En la elaboración se interviene lo mínimo posible, con una corta maceración y una clara filosofía de que sean las uvas las que se expresen. La no adición de sulfuroso es un puntazo y el resultado final es más que digno. 




Vino jugoso, de intenso color picota de capa media-alta y muy brillante. La nariz es intensa con expresión de frutas rojas frescas, notas lácticas y algo de piruleta. La boca franca con sus aromas, de taninos aún algo rústicos (está recién salido) pero con frescor y buen equilibrio. Se bebe fácil, sus 14 graditos de alcohol no se notan en absoluto.

Seguramente si a este vino lo cata un crítico (profesional o no, que de esos hay muchos) le encontraría algunas imperfecciones que le quitarían puntos (a quién le importa), pero insisto, para mí y para quienes intento escribir, este tinto tiene muchísimas más ventajas que desventajas. Resumo: barato, rico, fácil de beber, SSA (te darás cuenta al levantarte a la mañana siguiente) y sobre todo sincero. Sin más… qué otra cosa se le puede pedir?

RPC: Excelente! Aplausos!

Ahí lo dejo!

Rumbovino

Más de 8 años difundiendo la cultura del vino, en favor del consumo moderado y responsable

11 marzo, 2018

PURA VIDA

Seguimos firmes en este nuevo camino que nos hemos trazado con el blog, el de los vinos naturales. Una evolución natural -hablando del asunto- luego de casi 8 años escribiendo sobre vinos primero desde Argentina y ahora en España.

Es cierto que a esta especie de “revolución bloguera” no se llega de un día para otro, se llega lentamente, leyendo, aprendiendo, creyendo, probando, escuchando, cambiando… profundamente. Pero lo mejor es que estos cambios, que se maduran, llegan para quedarse. No son modas, que en el mundo del vino abundan. Las modas llegan y pasan. Quienes cultivan y elaboran los vinos naturales, así como quienes los compramos, bebemos, disfrutamos y quienes además escribimos sobre ellos (en nuestro caso ocupamos ambos sitios) lo hacemos porque creemos en ellos como expresión y como forma de vida, a pesar de que somos conscientes de que el camino elegido es el más difícil de transitar. Pregunten a los viticultores que dejan su piel a diario en sus viñas, cuánto les cuesta vender sus vinos; y a los que los comunicamos cuánta gente menos nos lee.

Hemos llegado hasta aquí convencidos de que de la misma manera en que vivimos, convivimos y nos alimentamos, deseamos beber. Así que así seguiremos…

Hoy tenemos una Garnacha 100% que procede de viñedos ecológicos y muy vivos de la zona de la Alpujarra (Almería), que se llama Pura Vida (2016) y es elaborado por Rober y María del Mar en su proyecto familiar de vinos artesanales (Vinos Fondón). 




Pura Vida 2016, 100% Garnacha y Amor reza su atrevida etiqueta. Y el vino es tal cual. Comenzando con un color rojo rubí atejado, de capa media baja, levemente turbio y con mucha lágrima, que no esconde su naturaleza. De nariz expresiva, no muy compleja, pero rica. Es pura fruta roja fresca, con notas de naranja sanguina y algún matiz herbáceo. En boca es igual, súper frutal, directo, de taninos finos, fresco y equilibrado con esa calidez final típica de la garnacha en su punto de madurez. Para beber por litros y disfrutar.

Pura Vida, pura uva garnacha sin vueltas ni sulfitos. Pura viña y pura verdad. Sobre 9,5 € su precio en tienda. Lo acompañamos con pastas y quedó una cena fantástica, sana y nutritiva. 


Fotos Manuel Palenzuela, tomadas de la página de Facebook


Buena vida y naturales vinos amigos!

Salutes,

Rumbovino, casi 8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

05 diciembre, 2016

La insurrección de LA PERDIDA

Nacho es un amigo. Hace vinos naturales sin ningún tipo de aditivos químicos ni en viñedo ni en bodega, trabaja la tierra de forma orgánica y sus vinos son el resultado solo de uva fermentada en barro y criadas en barricas muy viejas durante el tiempo que ellas demanden. Una ideología que va en contra de las grandes producciones en serie que han dominado la industria del vino durante mucho tiempo. Desde que nos conocemos (no hace tanto, es verdad) pruebo cada uno de sus vinos. Me pregunta y le doy mi opinión. Intento ser lo más objetivo posible dentro de lo que puedo. No es fácil serlo, porque su estilo y filosofía de elaboración me encantan, por lo que antes de probarlos ya sé que me van a gustar. Pero además porque la amistad en estos casos influye siempre a la hora de la valoración.

Convengamos que a mí, en lo personal, no me preocupa. Pero esta vez quise y quiero ser más justo a la hora de la valoración. Así que para disminuir el condicionamiento fuimos 6 personas los que nos juntamos a probar el PROSCRITO, una de sus nuevas etiquetas.

Tengo que decir también que de todos los que estábamos, 4 de ellos ni sabían quién es Nacho ni qué vinos hace. La opinión fue unánime. Así que me voy a explayar sin remilgos…

Un par de huevos y mucha confianza en lo que haces tienes que tener para sacar a la venta un clarete, natural, y encima con la vilipendiada Palomino como actor principal del brebaje. Sí señor! Transcribo la contraetiqueta del PROSCRITO, a mi juicio retrato perfecto de su irreverencia al sistema y de la rebelión de los menos considerados de este mundo del vino a veces demasiado cínico. Lean y luego sigo:

“Proscrito, nació de la unión de dos uvas malditas. Palomino (95%) y Garnacha Tintorera (5%). La parcela de Campo Santo, en el núcleo de Larouco, representa claramente lo que fue la realidad vitivinícola de un territorio, que la administración se empeñó en hacer progresar a base de eliminar plantaciones de cepas centenarias, pero de variedades “poco comerciales” para sustituirlas por mares de alambre que sustentan a los monocultivos de Godello y Mencía. Proscrito quiere representar un corte de manga de los que pensamos diferente. Palomino y Tintorera fermentadas juntas, como juntas conviven desde hace décadas en la viña, en barricas usadas de 225 litros de roble francés sin adición de sulfuroso. Fermentado con sus propias levaduras y sin realizar filtración ni clarificación”


Las notas de cata son lo de menos en este texto. Este clarete es una ráfaga de aire fresco en un ambiente tan cargado. Puro vino, pura uva, terruño y sinceridad en partes iguales. Color rojo rubí brillante de capa baja. Limpio, glicérico. Notas de hollejos, junto a las ya clásicas terrosas (minerales), y de principio a fin frutos rojos nítidos, cristalinos y expresivos. En boca es franco con la nariz, explota su sabor en el paladar. De paso fluido, con mucha frescura pero con una fuerza frutal y mineralidad encantadora. 

Son solo 290 botellas. Buscadlas ya mismo!


A veces las revoluciones no solo las hacen los viticultores. En ocasiones quienes se revelan al tiempo y el clima, quienes se oponen a lo que está mandado, son las propias uvas. Este es el caso de O POULO. FILLO DA PEDRA, producto de Garnachas Tintoreras que se resistieron a una arrasadora pedrada que cayó del cielo y arruinó la práctica totalidad del viñedo en el año 2015. Las que quedaron, maduraron con menos grado pero con todo su genio. Se hicieron vino siguiendo los conceptos de su hacedor. Naturaleza en estado puro. 






Rojo sangre de capa alta, brillante y limpio. Piernas marcadas, de esas que seducen en su lento regreso y anuncian algo bueno. De entrada huele maravillosamente a flores, azahar, jazmines, rosas. Luego con aire aparecen rasgos minerales (terrosos que nunca faltan en los vinos naturales), notas de fermento suave y fondo balsámico. Boca franca, amplia, sabe a flores y frutas negras mixturadas con hierbas frescas. Muy buena acidez que soporta los taninos aún bastante rugosos pero que le dan carácter y autenticidad a esas uvas que sobrevivieron al tiempo. El regusto es férrico, no sé si es un descriptor válido, pero me recuerda a ese sabor dulzón y metálico que tiene la sangre fresca. Lo asocio, y me gusta hacerlo, a la mineralidad del terruño de O Poulo. 

Pide carne a gritos. Como buen argentino que soy, le metería un asado con achuras incluidas. Está bueno y estará mejor porque creo que aún le queda botella para redondearse. Puro vino, sin vueltas, para volver a las raíces…

400 botellas dieron estas uvas. No las dejen escapar porque será muy grande!


Buena vida y buenos vinos,

Salutes. Rumbovino.

6 años difundiendo la cultura del vino y en favor de consumo responsable

19 noviembre, 2016

SILIUS GAR 2014, de Atrium Vitis

Es un deleite encontrarse con productos que te hacen disfrutar y logran, por ejemplo, que una cena de sábado en pareja se convierta en un momento aún más especial que antes de destapar la botella. Para eso bebo vinos, para pasar, compartir y disfrutar de buenos momentos. Escribir, con etiquetas así, se me hace fácil.

Los chicos de Atrium Vitis, aunque casi nuevos en este mundillo del vino, desde el principio tuvieron muy claro lo que querían hacer. Y cada vez lo hacen mejor. Brindar a los consumidores productos sin maquillaje y que sean fieles al terruño de donde provienen sus uvas, en Quiroga. Algunos de sus mejores vinos, por cuestiones que ya no pretendo discutir aquí, están fuera de la DO (Ribeira Sacra). Hace un tiempo me maravilló un blanco descartado por el consejo regulador por Velado Oxidado y Sucio, y escribí sobre él. Su Mencía con toques de Bracellao en la cosecha del 2014 me pareció grandioso y también escribí sobre él. Dos de dos, 
eso no me suele pasar con muchas bodegas .

Por esa misma fecha, cuando conocí este proyecto gracias a mi amigo Rafa, me hice con una botella de otra de sus etiquetas fuera de DO, SILIUS Gar 2014. No está permitido poner el nombre de las cepas con la que está elaborado el vino en la etiqueta cuando estás fuera de sistema (aun no entiendo esas tonterías). Lo supuse, pero por las dudas lo confirmé. Una Garnacha 100 % de viñas de más de 60 años de su Finca Caspedro.

No dudaron en utilizar la buena uva de estas cepas viejas en la cosecha del 2014 y hacer un producto diferenciado, fiel a su filosofía, y pura garnacha. Siempre de manera artesanal, como hacen todo, lo fermentaron en toneles usados y luego se afinó durante 14 meses entre toneles y botella.

Esta cepa es una uva que no se anda con sutilezas de ningún tipo, por eso hay que saber trabajarla y domarla para elaborarla sola y ser capaces de ponerla en una botella y venderla. Y la verdad es que el resultado no podría haber sido mejor. 



 En copa muestra un intenso color rojo picota, con reflejos rubí en los bordes. Brillante y limpio con buena lágrima. Luego necesita aire…, no se apuren a beberlo. Las cosas buenas se hacen esperar, así que ya saben… decanten y en una media hora siéntense a disfrutar.

Su nariz, pura delicadeza y fragilidad, resulta sumamente atractiva. Notas de miel, tinta china, rasgos minerales y algo de fruta dulce suave. En boca muestra otra faceta, más gamberra. Entrada filosa, fresca, directa, para luego explotar con mucha fruta negra y dejos minerales. Cierra con un final de boca levemente dulce exquisito. Una sorpresa en cada una de sus facetas. Sedoso, redondo, equilibrado y con mucha vida por delante… 

Una garnacha nada al uso, diferente, que me dejó encantado. Lástima que la botella duró poco y ya no me quedan más…

No recuerdo su precio. Pero no creo que queden botellas porque la producción fue escasa y el resultado fantástico.

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

6 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.
 

30 octubre, 2016

MANDA HUEVOS

Norrel Robertson (El escocés Volante) nos tiene acostumbrados a los buenos vinos. Pero nunca sus productos son de los sencillos y facilones. Es de los tipos que constantemente apuestan fuerte en todo lo que ofrecen al público y nunca a nadie dejan indiferente. Pero siempre dan la talla y en general lo que entregan sus vinos es mucho más que lo que pide a cambio por ellos.

Esta vez viene con una nueva apuesta, MANDA HUEVOS, revolucionaria en todo sentido. Desde su concepción (vinos de parcela) a su concreción y puesta en escena. Nombre atrevido y etiqueta desenfadada. En este caso, el tinto añada 2014 - porque también hay un blanco- lo elabora con mezcla de cepas varias, tintas en su mayoría y alguna blanca también. El origen son dos parcelas de viñedos con el mismo nombre (Caña Andrea). Uno plantado en 1908 con un potpurrí de variedades donde el 85% es Garnacha Tinta Fina y el resto mezcla de Bobal, Moristel y Garnacha Blanca. La otra parte más baja de la parcela, fue plantada en el año 1970 y tiene 100% Garnacha Tinta Fina.

Fermentación en tinas abiertas, casi sin intervención, solo bazuqueos. Levaduras indígenas y fermentación espontánea. Para su crianza, pasa 10 meses sobre sus lías dentro de Huevos de Concreto de 900 litros.

El resultado es puro viñedo y uva. Un capricho personal que se dio el gusto de hacer y que algunos tendrán el placer de degustar – la producción no es muy grande-. No es para todos los públicos, claro está. Pero ninguno de sus vinos es para todos los públicos.





Rojo rubí, brillante de capa media baja. Nariz espléndida, profundamente mineral (tiza, humo de pólvora), aromas de flores y frutos negros. Al rato de abierto sorprende con notas de pimiento morrón y un exquisito fondo cítrico como de pomelo. Boca de ataque intenso, explosivo, con mucha frescura y verticalidad, franco en todo su recorrido y aparecen notas de especias que no encontré en nariz. Aún está un poquito duro, apenas, pero a pesar de su juventud ya está totalmente disfrutable. Pero el premio, para los que tengan paciencia, es que en unos años será una joya.

Como decía más arriba, es puro terruño. Un vino para no dejar pasar, tanto los amantes de los vinos a contracorriente (como en mi caso), como para los menos arriesgados, porque existe otro mundo, en el del vino, al que creo deben comenzar a asomarse.

Su precio sugerido es de 20 €. Para mí un dinero muy bien invertido, tanto por propuesta como por resultado. Entenderé también a quien me diga que le parece caro. Aquí, como dijo el Nano Serrat, cada loco con su tema. Ya me cuentan.

Buena vida y buenos vinos,

Salute. Rumbovino.

6 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

10 junio, 2016

2 Km, GSM y una nueva Argentina que se está viniendo

Escribí esta nota en plena operación regreso a España: Me estoy despidiendo de Argentina. Con los preparativos del regreso y demás historias, el tiempo se hace corto para atender el blog como me gustaría. No obstante no quiero dejar de comentar las últimas etiquetas que estuve probando. Además aprovecho a hacer algunos comentarios generales de este viaje como una forma de reconciliarme con los vinos argentos luego de la experiencia del año anterior, donde me quedé un poco decepcionado con la elevada dulzura de lo que había probado.

Este año me voy con una sensación diferente, parece que la cosa está cambiando, hay muchas más opciones de “vinos diferentes” a la hora de seleccionar y sabiendo buscar en una vinoteca o con un buen asesor se pueden encontrar productos muy interesantes, que muestran un perfil de vinos argentinos más auténticos, menos intervencionistas y con más terruño que bodega.

Otra cosa que pude constatar y me gustó mucho es el aumento sustancial de la presencia de Cabernet Franc ya sea formando parte de cortes, o como en varietal puro. Todo lo que probé de este cepaje me hace pensar que de seguir así, en no mucho tiempo va a empezar a hacer un poco de sombra a algunos históricos. Aporta frescura y tensión, dos cosas que por lo general cuesta encontrar en nuestros caldos. 


También veo que algunas bodegas se animan a vinificar y poner en grande el nombre de cepas no tradicionales en otros tiempos poco valoradas, como por ejemplo el caso de Ver Sacrum donde la Garnacha y la Monastrell toman el protagonismo directamente en solitario. Eso me gusta porque habla de animarse a tomar algunos riesgos y a romper ciertas reglas no escritas, donde parecía ser que el que no hacía malbec no podría tener éxito. Espero que sigan multiplicándose.

Por el lado B del asunto creo, como hablaba el otro día con Francisco (Logia Petit Verdot) en una cata en Buenos Aires, que todo ese cambio, ese giro en el rumbo del vino argentino, necesita de un público preparado para aceptarlo. Ese es otro trabajo que queda por delante a comunicadores y educadores del vino, porque hasta el momento el consumidor general sigue prefiriendo las versiones edulcoradas y maderizadas de años atrás. No obstante, no hay que apresurarse ni asustarse, de a poco, todo llega. Y en el momento en que Argentina siga mostrando más terruño y menos recetas, como parece que está queriendo a ser ahora, creo que vamos a ser tomados mucho más en serio aún como país referente en el mapa vitivinícola mundial.

LOS VINOS

Según pude saber, 2 km de largo tiene la finca donde se eligen las manchas de suelo calcáreo que dan origen a las uvas de este tinto del paraje de Altamira. De Finca Beth salen muchas de las uvas que van a parar a vinos de las grandes marcas, pero decidieron que no siempre la cosa iba a ser así y nació el proyecto del vino propio. Para eso contactaron con Juampi Michelini para comandar la vinificación de este corte Malbec-Franc, que es uno de los mejores que probé este viaje, sino el mejor. Datos tomados de la nota de Nicolás Orsini (gracias Nico). 



Rojo intenso, con reflejos violetas, brillante, limpio, glicérico. Nariz de talco, cenizas, tiza, pimienta negra y un leve balsámico de fondo. Boca con nervio, fresco, muy mineral, taninos casi redondos, festival de notas balsámicas (mentol sobre todo, para mi) en el final, largo y exquisito. Ni dulzores, ni maderas tapando la voz de la uva, solo el fiel reflejo de una tierra que se expresa en vino. 

Su precio creo que ronda los $360 (20 € aprox.) y para mí vale cada peso.



De un proyecto de Eduardo Soler, con uvas provenientes de fincas ubicadas en Barrancas – Maipú y algo en Bajo Lunlunta (Mendoza), pude probar su vino de corte poco tradicional, compuesto por 50% Garnacha, y el otro 50% dividido en partes iguales de Syrah y Monastrell.

Se fermentan por separado (el syrah en barricas de roble de 500 lts. y Garnacha y Monastrell cofermentadas en huevos de cemento) y luego tienen un paso de 8 meses por huevos y barricas de 4to uso. Partida limitada a 3.200 botellas. Gracias a Diego de Argentina y sus vinos porque de su nota robé sin permiso los datos que cito en esta entrada. 



Color rojo rubí de capa media baja, luminoso, brillante y de largas piernas. Nariz con ataque de frutas, rojas, pequeñas, frescas. Al comienzo acompaña algún láctico con notas de leche, luego solo queda fruta y flores. Boca fresca, vertical, de taninos pulidos, ligero paso por el paladar pero con mucho sabor. En el final, solo en el final del trago aparece una nota más “tradicional” madura a especias y fruta roja (podría ser el Syrah, entiendo). 

Sin lugar a dudas una apuesta fuerte y sumamente interesante para que ningún vinófilo deje pasar. Su precio es de $300 (19 € aprox.) y aunque acá se arriesga más porque puede que no a todo el mundo le guste, en lo personal me encantó. Y me quedé con ganas de probar los varietales puros.

Brotes nuevos a la vista. La Argentina que se está viniendo… A no perderla de vista.

Buena vida y buenos vinos,

Salute, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

03 abril, 2016

ES LO QUE HAY

Es lo que hay en la viña. Es lo que ofrecen las viejas cepas que sobreviven a más de 1000 metros sobre el nivel de mar, sobre suelos de pizarras y cuarcitas en los terrenos más inhóspitos, secos y saneados de Aragón. De plantas que conviven con hierbas de montaña, almendros y cerezos, con las que forman una simbiosis única y perfecta que permiten a la Garnacha expresarse con máxima pureza y elegancia.

Esas uvas del 2011 solo necesitaron fermentar en tanques abiertos y luego descansar unos 20 meses sobre sus lías finas para mostrar todo lo que son capaces de dar. Ni maderas ni cosas raras que interfieran con la expresión de la fruta y el terruño.




Rojo picota, ribetes levemente tejas y capa alta. De nariz gloriosa, compleja, interminable. Frutos negros, balsámicos, especias, orégano, violetas y cítricos (naranjas escarchadas) sobre un fondo profundamente mineral. Boca poderosa, intensa, con mucha frescura (esto parece increíble) y mineralidad. Los taninos ya se han limado con el paso del tiempo y su pasaje por el paladar es envolvente y exquisito. Final largo, inolvidable. 

Una garnacha increíble que viene de la mano del Escocés Volante, Norrel Robertson, y que llega a la mesa de cualquier mortal por unos escasos 14,9 € haciendo que su RCP sea insuperable.

ES LO QUE HAY 2011, Ficha técnica.

Otra joya que puedo conocer y disfrutar gracias a Rafa (Las delicias del 69, en Lugo), que me obliga a reflexionar y 
luego preguntarme, dónde compraré estos vinos si algún día decides cansarte querido amigo. 

Gracias por leernos,

Buena vida y buenos vinos amigos,

Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

27 julio, 2015

LA PERDIDA

Hojeando las páginas del Especial de Vinos de la Voz de Galicia, me llamó la atención un título grande y en letras rojas que coronaba la entrevista de ese número del especial del mes de setiembre del año pasado “Creo en los blancos radicales, como mi Godello naranja”. Fue la primera noticia que tuve de aquel personaje de la región de Valdeorras, que tenía un buen par como para animarse a hacer un vino blanco color naranja, y además publicitarlo. Y venderlo!! Solo un loco pensé en ese momento... pero confieso que la mosca me quedó dando vueltas detrás de la oreja.

No voy a adelantar lo que leí en la nota esa vez, además de aquel llamativo y peculiar titular, porque sino me quedo sin letra para lo que viene y me parece más interesante contarles lo que viví y bebí en primera persona...

Pasaron bastantes meses de aquel encuentro en el diario de Galicia, y el destino quiso que un amigo común (benditos amigos del vino, cuánto debo de agradecerles!) casi de casualidad me hablase del personaje en cuestión. Para un friki enofílico como yo, los conceptos adjuntos al vino tales como “vino sin DO”, “cepas tradicionales”, “orgánicos o naturales”, “extremos y diferentes” o “biodinámicos” resultan demasiado atractivos como para dejarlos pasar. 

Solo una llamada telefónica, de un tipo al que Nacho (el valiente de la historia) jamás había ni sentido nombrar, bastó para concretar una cita en su bodega al día siguiente. Eso ya es un indicativo claro de la persona que hay detrás del vino. A mí, esos enólogos que se andan por la vida subidos a pedestales, con los que concretar una cita es más difícil que quedar con el presidente de la nación ya me quitan las ganas, no solo de conocerlos, sino hasta de beber sus vinos. Dicho esto, vamos al lío.




Quedamos en Larouco, lugar donde se encuentra la bodega. Un pueblo en la montaña de la provincia de Ourense, que debe tener unos 500 habitantes. Especifico mejor. Quedamos en el Bar de Larouco (es que en España quedar en un bar es deporte nacional, lo comprobé al segundo día de pisar esta tierra). Justo, casualidad, era día de Feria del Pulpo. Creo que no hubiese podido coincidir mejor, porque si uno viene a Galicia tiene que comer el pulpo a la gallega que está buenísimo, pero si lo consume en la “feira” de un pueblo del interior es gloria bendita.

Apretón de manos y a la bodega, solo a buscar vinos para regar el manjar multidigital. Probamos mientras comemos (yo no podía creer en tanta suerte). Agarró vinos, algunos sin etiquetas, experimentos de su primera cosecha, otros nuevos y otros a punto de extinguirse del mercado. Volvimos al bar... comenzamos a catar (a lo paisano) y a charlar de sus vinos, los viñedos (su pasión) y su historia... Dos horas después, con la panza llena y el corazón contento, fuimos a caminar las viñas. No nos quedó ni una por conocer...

Debo empezar diciendo que Nacho está recién llegado al mundo del vino, por decirlo de alguna manera. Comenzó en el año 2011 podando unas 200 cepas de la familia. Luego aparecieron otras, de vecinos y amigos que ya no las podían cuidar y de a poquito fue creciendo….lo justo como para que la cosa no se desmadre. Actualmente trabaja casi 3 hectáreas, parcelas pequeñas salpicadas por acá y allá. Arriba y abajo en el coche. “Esta es nueva, la estoy recuperando, que vuelva a la vida luego de muchos años de recibir químicos y tratamientos sistémicos”.

Su método de trabajar las viñas es ancestral y natural. Todo su trabajo se centra en el suelo. Un suelo vivo es un viñedo vivo (estoy totalmente de acuerdo con él). Sigue las fases lunares y la biodinámica le pasa cerca, aunque aún no a cabalgado demasiado en esta ciencia. Las revive con compostaje, cubierta vegetal autóctona donde es buena y sembrada en invierno y conservada si hace falta. Deja que las especies compitan entra sí, que las raíces que perforen y aireen la tierra, que las arañas y chinches paseen por las hojas, en definitiva que la viña viva y se funda con su entorno. Los vecinos, adeptos a las modas y trabajo liviano de meter químicos industriales, aún lo miran extrañados.

Los hongos, en un suelo equilibrado y sano, la tienen complicada. Pero cuando aparecen, ortiga, milenrama y cola de caballo en infusión obran verdaderas maravillas. Ocasionalmente si la lucha es dura, aplica un baño de polisulfuro cálcico (que está permitido en ecológicos) y nada más. Los suelos de sus viñas, como las uvas, son variables y en ocasiones encontramos mixturas de granítico, arcillosos, arenas y pizarras. Su situación es perfecta, porque están en la transición de la Ribeira Sacra (más húmeda y complicada para una viticultura orgánica, aunque se hace) y Valdeorras donde el clima más seco y cálido, pero sin torrar las cepas, permite una mejor sanidad y perfecta maduración.



Cepas viejas de Garnacha Tintorera, Mencía y Sumoll (una variedad que estaba mezclada en la viña y fue identificada hace muy poquito) son las uvas tintas que dominan sus fincas en tanto que Palomino, Dona Branca y Godello cierran la paleta cromática. Nacho ama sus viñas, las mira, huele, pisa, toca y suda todas las tardes de su vida (no concibe otra forma de hacer un vino y no cree en los enólogos que hacen vinos en 20 lugares diferentes. Es imprescindible conocer cada rincón del viñedo). 

Pero si le preguntan cuál prefiere, aunque le cueste elegir, estoy seguro que dirá EL TRANCADO, la viña legado de su abuela que trabajó desde muy joven. Cuando ella cuidaba la viña, las cepas ya existían, por lo que es una incógnita que edad tendrán. Una joya de 70 u 80 años en la que conviven mayoritariamente las Garnachas con Godello.

La finca de su abuela fue donde comenzó el camino, sin embargo, quien puso el nombre al proyecto fue la finca de O PANDO. Casi dos hectáreas con predominio de Godello Vello dispuesto en espaldera con mas de 35 años (primeras viñas plantadas con esta disposición de cultivo en la comarca de Valdeorras). Los paisanos, poco creyentes en los milagros a esta altura de la vida, le decían que no pierda tiempo, que esa finca ya estaba PERDIDA. Podríamos decir que O PANDO fue el génesis de lo que les estoy contando.

En su bodega, pequeñita y lentamente restaurada, solo entra uva, madera usada y barro.

No utiliza levaduras industriales, tiene claro que solo el ADN del viñedo se embotella. Las fermentaciones a veces son largas, y sufre más de la cuenta, pero hace pié de cuba en las viñas para acelerar la fermentación, evitar oxidaciones y favorecer la pronta producción de sulfuroso natural producto de la propia fermentación. Los tintos fermentan en vasija de barro (es otra forma de acercarse a la tierra). No se controla temperatura y los bazuqueos son los mínimos. Luego a barricas de roble francés, muy usadas, hasta que el vino esté listo. Cuando está listo? Cuando le parece... unos 10 meses más o menos. Depende la uva y la barrica. Prueba casi a diario.

Los blancos previamente se maceran 72 hs con los hollejos (un estilo de vinificación tradicional muy utilizado en Italia. Su color naranja viene de ahí), se prensan y fermentan en barricas abiertas. Luego, a barricas usadas hasta que se haga el vino. Para evitar oxidaciones durante la crianza se inventó un artilugio de plástico, con azúcar, agua y levaduras que lo conecta con una manguerita a la barrica para incorporar CO2. “Lo atamos con alambre”, diríamos en Argentina. Efectivo y barato. No corrige acidez (el tartárico ni en fotos), no utiliza sulfuroso durante la fermentación y el mínimo al embotellar para evitar problemas en el transporte. No aplica enzimas, ni hace osmosis inversa, ni trasiega, ni microoxigena. Como dije al principio. En la bodega, solo entra uva, madera y barro (arcilla si nos ponemos más finos)… y sale vino, puro, honesto, serio.

LA PERDIDA



Solo por apuntar mis impresiones de 4 de los vinos que se pueden conseguir en el mercado, y más que nada por no dejarlos con las ganas luego de tanta palabra (las descripciones van en presente y en pasado).

Por cierto, una aclaración. Sus vinos no son sus vinos, son los vinos de sus viñas. “Nacho solo intenta no cagarla”.

LA PERDIDA Dona Branca 2014: Atractivo color cobre, dorado. Nariz sutil, sobre todo manzana (sidra, me recordaba a mi niñez) y notas muy particulares a nueces y avellanas. En boca muestra acidez media-alta. Muy franco. Filoso. Manzanas rojas frescas y frutos secos. Final levemente amargo. 11,5% Vol de alcohol. Me gustó, pero reconozco que no es para todos los paladares. Con una ensaladita de atún rojo marinado o de bacalao y salmón ahumados puede resultar incomparable!

LA PERDIDA Godello 70% - Dona Branca 2014: Mismo color, seña de identidad de los vinos de Nacho. Glicérico (hay más grado, 13,5% Vol.). Aromas que enamoran, siempre susurros, suaves. Hollejos, aromas de lagar. Miel, duraznos maduros y leves balsámicos. Boca fresca (gran acidez), filosa, pero hay más volumen y complejidad. Notas de pomelo rosado, manzanas (las mismas de antes), nuevamente frutos secos, peras en almibar, rasgos a tierra fresca. Cambió constantemente durante toda la comida, va ganando con el aire hasta que se acaba la botella. Me encantó. Al igual que su hermano anterior, no es para todos los paladares, sobre todo aquellos que están acostumbrados a los blancos industriales (casi impolutos), pero a mí me emocionó.

El otro día, hace muy poquito, lo probamos acompañando una carne de ternera a las brasas y acompañó a las mil maravillas. Casi como un tinto aguantó esa comida sin inmutarse. Mi consejo es beberlo apenas refrescado… Puro disfrute.

LA PERDIDA Garnacha Tintorera 70% - Mencía 2014: Rojo sangre venosa (con tintes violáceos) brillante, glicérico, limpio. Buff...la nariz me recordaba a todo y a su vez a nada en un vino tradicional. Más intensidad que en los blancos, pero siguen siendo suaves, como caricias. Ciruela negra (inconfundible), especias, y sobre todo notas minerales (piedras, arcilla, tierra húmeda). Es voluminoso, llena la boca, pero ya estaba casi pulido (solo llevaba 1 mes en la botella). Franco con su expresión aromática. Siguen las ciruelas negras integradas con las notas minerales, matizadas con una acidez justa para equilibrar y refrescar. Para beber por litros. Con el pulpo se comporta de vicio.

LA PERDIDA Garnacha Tintorera 70% - Sumoll 2014: Primer año que hace este vino (la 2013 no la llevaba). Le gustó tanto esta uva del Penedés que decidió hacer un corte nuevo con ella. Hay quien dice que es la Pinot Noir de Catalunya. Sigue una línea muy similar al anterior, tanto en color como en aromas, pero en este caso dominan las notas florales y las mieles. En boca entra más suave y con algo más de acidez. Tiene quizá una línea un poco más femenina (si me permiten la expresión). Llevaba más tiempo embotellado, y estaba más hecho. Por lo demás, mismo estilo y resultado. Vino de artesano, fiel a su tierra y que se bebe por litros. Más aplausos.



Leyendo el libro de Vinos Naturales en España, que escribió nuestro ciber-amigo Joan Gómez Pallarés encontré una explicación perfecta para describir los vinos de LA PERDIDA. Ante la pregunta ¿a qué huelen y saben los vinos naturales?, la respuesta es sencilla. Si está bien hecho, da igual de dónde sea, el vino natural huele y sabe a vino. Y así son los de Nacho. Saben a vino, sin historias raras.

Un camino directo al viñedo, al respeto por la tierra, las tradiciones más antiguas, a lo natural. Cuando uno bebe esos vinos, difícilmente pueda dejar de hacerlo.

Gracias por leernos,

Perdona la demora Nacho.

Salutes, Rumbovino.

28 diciembre, 2014

España rompe el molde

Por motivos personales y familiares visito España desde hace más de 15 años, y como es lógico para un amante del vino como es mi caso, cada estadía me sirve para explorar lo más posible el mundo vitivinícola ibérico y disfrutar de sus etiquetas

Pero con el tiempo me di cuenta, casi inconscientemente, que en cada viaje regresaba más decepcionado. Porque tenía la sensación que la mayoría de los vinos a los que podíamos acceder los consumidores que pertenecemos a los estratos sociales más normales (eso es importante de aclarar), eran casi clonados unos con otros. Daba igual la Denominación de Origen de dónde proviniese el caldo, todos eran prácticamente iguales, y eso, en un país como España, dueño de una riqueza de terruños poco común en otros países, no podía estar pasando.

Confieso que, como buscador insaciable de cosas nuevas, como consumidor y aficionado a este mundo del vino que soy y del que me siento parte, esa monotonía me tenía profundamente preocupado.

Pero por suerte, a estas alturas y luego de tanto bostezo rutinario, parece que algunas cosas están cambiando en el panorama del vino Español. Insisto que estoy hablando de las gamas de precios más básicos y abundantes (pondría un límite de 15€). Con gran placer estoy viendo que, de a poco, cada día son más las bodegas y viticultores que ofrecen cosas diferentes, rompiendo los moldes preestablecidos por los “gurues” que durante mucho tiempo nos hicieron dormitar de aburrimiento.

Claro, hay que poner todo en contexto. Porque haber hay de todo. Que un vino sea “diferente” no quiere decir que sea bueno, o que vaya a gustar. Puede que sucedan las dos cosas y que, además de bueno nos guste, o puede que no pase ninguna de las dos. En lo personal he probado vinos “diferentes” que no me parecieron buenos ni me gustaron y otros que me hicieron casi llorar de la emoción.

Lo que quiero remarcar como pequeña introducción al tema y a esta nota, es que en plena revolución enológica como estamos viviendo actualmente, donde vuelven a valorarse los terruños a las levaduras diseñadas, donde los cepajes autóctonos se recuperan, las maderas se ajustan y pasan a segundo plano, y la viticultura orgánica tiene cada vez más coraje, solo por citar algunas variables... aparecen constantemente vinos dispuestos a espabilarnos la modorra y hacernos pensar en que efectivamente, la cosa pinta bien y tiene futuro.

Y claro, siempre quedarán los clásicos que se mantuvieron a flote a pesar de los malos tiempos y los valientes que desde un principio se animaron a proponer otras cosas, por suerte.

Para ilustrar esta nota, y solo por mencionar algunos ejemplos, les dejo una humilde selección de cuatro etiquetas que me gustaron mucho por valientes, por distintos y porque no tuve que dejar el sueldo del mes en la caja registradora para hacerme con alguna botella. 




Podría escribir un libro como introducción para hablar sobre este vino, pero solo voy a decir que EL PRIMER BESO 2013 es un Ribera del Duero. Con esta clásica DO, me he llevado tantos chascos últimamente que no quería tentar más el destino, pero lo compré porque nos lo recomendó un amigo en quien confiamos mucho y porque cuesta poco más de 8 .

Yendo al vino, les digo que si lo cato a ciegas me hubiese ido a un lugar fresco, seguramente a Galicia, Ribeira Sacra o algún tinto de las Rías Baixas. Este tinto joven 100% Tinta Fina procedente de viñedos de Quintanilla de Arriba, elaborado bajo las normas de cultivo biodinámico y del que solo se elaboraron 13.000 botellas me devolvió las ganas de beber vinos del Duero. Hay juventud, claro, pero de la buena. Colores intensos y aromas a frutillas jóvenes para disfrutar. En boca, sobre todo tiene frescura (mucha), vivacidad, frutalidad que desborda y una desfachatez absoluta. Se bebe por litros.
Les recomiendo que lo busquen y lo prueben. Luego me cuentan! Si quieren data del vino y la bodega, sigan este link


PEÑA EL GATO 2011
De la DO Rioja nos llega esta etiqueta de viticultura orgánica y elaboración artesanal que nos deja con la boca abierta. 100% Garnacha de viñas viejas, fermentadas y criadas en barricas de 500 litros. Durante la fermentación las barricas se giran 16 veces por día para favorecer el contacto con los hollejos. No hace fermentación maloláctica.

El resultado es asombroso. Aromas intensos a frutas rojas, balsámicos y terrosos. La madera no aparece por ninguna parte, no puedes quitar la nariz de la copa. En boca es levemente tánico, picante, pero está perfectamente ensamblado y muy sabroso. Los años le han venido muy bien sin dudas. Es un vino totalmente diferente a lo que uno se espera de un Rioja típico. Rematadamente atrevido y novedoso. Me gustó muchísimo!

Su viticultor, Juan Carlos Sancha, se especializa en variedades minoritarias como Tempranillo Blanco (mutación del Tempramillo tinto), Maturana Tinta y Garnacha. Y al igual que en el caso anterior, los precios son para todos los bolsillos. Si no recuerdo mal, este vino en Lugo ronda los 9€.




TRASTE 2011, una mezcla explosiva de cepas centenarias de Garnacha Tintorera (70%) con algo de Mencía (30%) y toda la potencia de la DO Valdeorras, hacen de este vino una cosa realmente auténtica. 

José Luis Aristegui, su hacedor, no se anda con chiquitas y mete todo lo que tiene, exprimiendo al máximo estas uvas con una crianza en madera que ni se siente. Un vino literalmente de “Garaje” y de “autor”.

Muestra mucho color y densidad alta, pero no exagerada. Al meter la nariz uno se encuentra con un vino en serio. Sobre todo expresa terruño, nada de explosividades absurdas y artificiales. Dominan las notas terrosas, piedras, hierbas, especias, balsámicos y frutos negros maduros. En boca es igual. Hay potencia y robustez, sus taninos aún necesitan lima pero se disfrutan igualmente porque está bien equilibrado. Me gustó sobre todo su frescura, tratándose de un vino de 15% vol. eso dice mucho. Además su madera justa le aporta complejidad sin caer en los abusos actuales.

Punto alto para ese tintazo de Gallego. Su precio ronda los 15 €.




TRAGOLARGO 2013Otro vino que me descolocó y me hizo disfrutar un largo rato. Se trata de un vino joven 100% Monastrel proveniente de la DO Alicante. En su elaboración podemos reconocer su “diferencia”. Fermentación: 30% de uvas a 15º enteras sin despalillar, 40% uvas despalilladas y rotas, y 30% uvas enteras despalilladas, el raspón por encima, a modo de sombrero. Fermentación sin control de temperatura. Descube a inox, maloláctica en inox, sin roble y sin sulfitos. Su producción es reducida y su precio ronda los 6 €. 

Rojo picota, limpio, brillante...etc. Vamos a lo que importa... En nariz, sin siquiera agitar copa, sus aromas vuelan e inundan la habitación de flores y frutas rojas jóvenes. Más que nada notas a flores sobre un agradable fondo mineral...eso fue lo que me impactó. En boca es franco, muy sabroso, fresco y de gran equilibrio. De esos vinos golosos no empalagosos, que se puede beber cantidad y no te cansa. Es diferente por aromas y sabores, pero también porque no saquea los bolsillos.

Su creador, Rafa Bernabé, a quien acabo de conocer recientemente a través de sus vinos, es de esos productores que arriesgan y buscan hacer cosas distintas siempre, ofreciendo un portafolio de opciones una más atractiva que otra, y lo mejor es que todos sus precios son más que aptos para estos tiempos de crisis. Tengo en casa algunas botellas más de otras etiquetas para probar así que pronto les cuento más, porque no creo que me duren mucho.

De paso les recomiendo que se den una vuelta por el blog de Viñedos Culturales, es un autentico placer leerlo y conocer la filosofía del proyecto que lleva adelante Rafa.


En fin... que me parece que la cosa pinta muy bien por la nueva España y hay mucho más. Aún me queda pendiente la nota de la visita al Salón de las Estrellas que organizó la Guía Peñin en Madrid (y a los que agradezco mucho su invitación), ya que volví repleto de novedades. Mucho por probar y poco tiempo, como siempre, pero hay etiquetas y cepajes realmente interesantes para conocer. La DO más pequeña de España con apenas 20 hectáreas de viñedos, variedades como Garnacha Blanca, Rufete y Vidadillo entre otras cosas que me gustaron mucho, y que con tiempo en futuros reportes intentaré ir contando.

Gracias por leernos,
Salute, Rumbovino.


Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado”

* Esta nota fue publicada en la Revista Vinarquía (Nº2, 2014).