Un blog de vinos por aficionados, para aficionados. Mas que un blog, nuestro cuaderno de notas.



Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Opinión. Mostrar todas las entradas

07 febrero, 2019

¿Al final, qué es un vino natural?

Parece que esta pregunta tan sencilla no tiene una respuesta tan clara. Y si la buscan en este escrito ya les aviso que no las hay. Al contrario, les crearé más dudas.

Hasta no hace más que un par de días atrás —tras mantener un mini debate muy enriquecedor con un amigo que me asaltó con su pregunta sobre qué era para mí un vino natural, al no estar de acuerdo con una calificación que usé para un vino que publiqué en Instagram—  lo que lo definía un vino natural eran premisas como que por ejemplo las uvas que lo gestan se cultivasen sobre suelos y viñedos orgánicos no tratados con ningún tipo de producto químico, que hayan fermentado únicamente con las propias levaduras que aportan sus hollejos y escobajos, que durante la elaboración no se intervenga (sin correcciones ni agregados de ninguna naturaleza, lógicamente sulfitos tampoco) y que tras su crianza, si la tiene y donde crea el viticultor que debe hacerla, se embotelle sin clarificar ni filtrar. Todos los vinos que cumplían esos requisitos yo los consideraba “naturales”, pero claro, tras el debate me surgieron algunos matices y controversias que motivaron estas líneas.

Para empezar, y sin entrar en cuestionamientos sobre si todos los que dicen que elaboran los vinos de esa forma dicen la verdad, me pregunto ¿Qué pasa con aquellos que tienen alguna pequeña intervención como corrección de acidez, o a los que se les agrega una dosis de sulfitos al embotellar o que se deciden filtrar porque están demasiado turbios? ¿Ya no son naturales y son otra cosa? ¿Qué son? ¿O nunca fueron naturales y yo estoy equivocado? 

¿Natural o no? ¿Qué es natural?

Parece ser, según una de las vertientes de la DENOMINACIÓN NATURAL, que además para que un vino sea considerado como tal, el viticultor debe cultivar su propia uva (no vale comprarla a alguien que cultive bajo el concepto de orgánico o biológico) y, parece ser también, que hasta la cantidad de viñedo podría ser una limitante en esta consideración de naturalidad porque si hay mucha extensión puede que la cosa se complique. Hay otros que directamente consideran que la vid debe crecer libremente y equilibrarse con el entorno y el único trabajo que se debe hacer es la poda invernal. Ni cortar hierba, ni quitar racimos, ni podar en verde, ni aplicar nada de nada.

Para seguir liando el asunto, según me han contado, y puedo comprobar prestando un poquito de atención, detrás de este nombre con tanta intención y a su vez tan “vendedor” como es el término NATURAL, hay vertientes que van en sentido contrario o al menos en paralelo. Los de un lado dicen que hacen vino natural y los del lado opuesto dicen que los que hacen vino natural son ellos y no los otros. ¿Es que hay naturales, menos naturales y más o menos naturales? Por ejemplo, en Barcelona dentro de unos días van a coincidir dos ferias de vinos naturales en la misma fecha y con diferentes participantes. ¿Hay una real y otra impostora? Quizá las dos son reales con la diferencia de que cada uno llama natural a lo que le parece que es natural, como hago yo.

A mí este tema me traería menos preocupado de no ser que las personas que intentamos comprar vinos “sanos” (cambio el término para no aburrir), porque nos gusta su sabor o porque queremos beber más saludablemente, nos estamos empezando a volver un poco locos con este asunto de no saber qué cosa es qué cosa. Y en eso colaboran tanto los elaboradores (hay mucho aprovechado, todo sea dicho) como muchos vendedores, principalmente vía web, que catalogan los vinos en sus páginas con el único objetivo de que el cliente los compre, y si el término vende, pa´lante nomás.

El otro día me dijeron que hay algunos elaboradores de vino natural (viticultores contrastados durante muchos años de trabajo y muy reconocidos. Ningunos improvisados, ¡vamos!) que no quieren escuchar ni hablar de ese término, porque está tan manipulado que prefieren que sus vinos hablen solos y no por calificaciones personales ni de terceros. Creo que es honesto y justo de su parte, pero a mí no me aclara el concepto ni me facilita la comprensión.

Como consumidor, antes que como comunicador aficionado, me gustaría saber lo que compro cada vez que compro. Un poco de claridad en este asunto no le haría mal a nadie, creo que nos lo merecemos ¿No creen? No pido legislaciones, no me importan en absoluto las etiquetas, pido información para el consumidor. Al final somos los que pagamos los vinos que ustedes elaboran, o venden, digo.

Luego de esta especie de catarsis necesaria para quitar broncas internas, dejo la consulta abierta para que alguien o algunos, los que quieran y puedan, colaboren con los que necesitamos un poco de luz en esta sombra cada días más oscura. 

Por lo pronto el término “natural” saldrá de mi vocabulario enofílico durante un tiempo. Verán que Rumbovino ahora es “más natural”, así que mientras tanto me pensaré por qué palabra sustituirlo. En fin.

Gracias y saludables vinos!

Rumbovino

Desde 2010 comunicando libremente sobre la cultura del vino

03 noviembre, 2018

XIX Salón de los mejores vinos de España

Comenzaré esta nota citando el dicho que reza es de bien nacido ser agradecido, y la verdad es que esta es la primera vez, luego de varios años años, que voy a agradecer públicamente a la Guía Peñín su invitación a todos los eventos que organiza. A la mayor parte de ellos no puedo asistir por tiempo y distancia, pero eso no cambia las cosas. Esta vez me coincidió estar en Madrid así que me fui hasta el Pabellón 14 de IFEMA a visitar el XIX Salón de los mejores vinos de España. Allí, todos los años, se reúnen las bodegas que envían sus vinos y son valorados con 90 puntos o más en la Guía Peñín de los Vinos de España. Ya se darán una idea de lo que se pueden encontrar.

Solo fui un rato el lunes, desde las 17,00 a las 20,00 y fue suficiente para catar las etiquetas que más me interesaban (otras muchas me quedaron por probar) y charlar con algunos productores o bodegueros. 

Fotos de la web


En un espacio gigante, y muy bien maquillado por cierto, se juntaron más de 300 bodegas y 1500 vinos de las diferentes DO de España. Es un evento dirigido principalmente a la gente del sector, el público en general solo puede asistir el lunes por la tarde y deber pagar una entrada cuyo precio no conozco. Los bloggers, considerados profesionales, no pagamos.

Una vez acreditados y tras dejar 5€ a cambio de una buena copa Riedel que luego puedes recuperar al devolverla, se accede al sueño de todo amante del vino. Si bien algunos stands estaban más demandados (parece que a muchos solo les apasiona ir a probar los grandes puntajes y se olvidan del resto) hay bodegas y espacio suficiente para que todo el mundo se encuentre cómodo y a gusto. 

Agradable temperatura ambiente y buena temperatura de servicio de los vinos. Cada mesa disponía de abundante agua para enjuagar copas y para hidratarse con “22 Artesian Water” de la Rioja (con y sin gas) y además unos exquisitos “Picos Artesanos Gourmet” de panadería Obando para limpiar papilas… Cada tanto la DO Jamón de Teruel cortando y ofreciendo sus productos a los famélicos o golosos que se acercaban (siempre hay cola en estos puntos, porqué será). Ya ven, todo está previsto y en el rato que estuve me bastó para entender lo que es un evento sin fracturas de ningún tipo a pesar de su envergadura (si las hay, que debe haberlas, yo no las vi). Para aplaudir!

Qué probé en el poco rato que estuve? Varias cosas… les cuento algunas: Primero visité a Eulogio Pomares para probar los tintos de su proyecto Fento Wines (Carralcoba Caiño 2016 y Espadeiro 2017). Excelentes vinos no aptos a todos los paladares (ni bolsillos), tintos atlánticos de castas casi perdidas y recuperadas, de escasa producción y excelente presentación. Balsámicos, viva acidez, pero cargados de esos terruños que besan las rías.  

Eulogio Pomares (tomada de la web)
Siguiendo por Galicia me dediqué un rato largo a probar los vinos de Coto de Gomariz, algunos blancos y todos los tintos. Siempre extraordinarios, me quedé prendado de su VX Cuvée Caco 2008. Catado a ciegas te vas a Francia y puntúas alto! Sí sí, un tinto del Ribeiro! Cosa seria!

Unos vinos que son realmente recomendables y habría que probar “casi obligatoriamente” son los elaborados por Suertes del Marqués en el Valle de la Orotava (Tenerife). Viñedos sobre suelos volcánicos que gestan vinos que huelen y saben a pólvora, fosforo… de buena acidez y excelente recorrido en boca. El 7 Fuentes, su más bajo de gama es un poema. RPC descomunal!

Otro imperdible para mí era visitar Bodega Jiménez-Landi. Garnachas puras de la sierra Gredos frescas y en ecológico sin certificar. Todas exquisitas, pero Jiménez-Landi Ataulfos 2016 es una auténtica joya. Frutas blancas, flores, tiza, anís… es un tinto, aviso. Aplausos! Romper la hucha y hacerse con alguna botella que son muy pocas!

Me pasé por Dominio del Águila y probé unos cuantos vinos. Me gustaron, pero su Pícaro del Águila 2015 Clarete me encantó!

Debo reconocer que no era mi prioridad visitar la mesa del Grupo Tempos Vega Sicilia pero casi que se cruzó en mi camino y no pude negarme. Allí probé Pintia 2014, Macán 2014 y Alión 2015… muy jóvenes aún, si bien dicen que ya se pueden beber (obvio) creo que es un pecado abrirlos tan pronto porque ganarán con años de botella. Pura potencia bien entendida.

Pasé por Dominio de Bibei donde elegí probar los más básicos (los que suelo beber). Lapola 2016 (blanco) y Lalama 2015 (tinto) de Ribeira Sacra que sin intentar que se ofenda nadie tuvieron años mejores. Están bien, me gustó más Lapola, pero es que eran soberbios!

Seguimos la ruta. Los vinos de Mallorca me gustan y en cuanto tengo oportunidad de probar alguno no la dejo escapar. Había varias opciones pero me decanté por los vinos certificados ecológicos de Finca Can Axartell. Tinto Uno 2016, Tinto Dos 2015 y Tinto Cuatro 2015 tienen una línea similar con uva Callet como bandera y columna vertebral. Buena estructura, buena frescura y mucha fruta… Me gustaron mucho!

Ya terminando el periplo visité Bodegas Avancia (del Grupo Jorge Ordóñez) y siguen sin convencerme demasiado sus Avancia Godello y Mencía. Ya por botella, tranquilo en casa, no me habían dicho gran cosa. El Godello está muy bueno pero la RPC a mi forma de ver, no es buena. Acepto discrepancias.

Finalmente hice un vuelo rasante sobre Attis Bodegas y Viñedos. Tenía un recuerdo fantástico de Sitta Finca el Molinero, que publiqué en el blog y no pude poner las cepas que integraban el vino porque no las encontré por ningún lado (ni en la web). La persona que me atendió no me lo supo decir tampoco. Ya que estaba probé un tinto (Espadeiro) y un blanco (Albariño), que estuvieron bien. Nada más.

Me voy despidiendo porque la nota se hace larga. A pesar de que luego de varios años asistiendo a diferentes actividades de cata vinculadas al vino, en lo personal prefiero las más humildes y de vinos alternativos, este salón es para no perdérselo. Así que como empecé quiero terminar. Agradeciendo la invitación, el trato recibido y el excelente el evento ofrecido. Un lujo para todos los amantes del vino… Salutes y hasta el próximo año.



Rumbovino

19 junio, 2017

¿Para beber, Lugo?

Para comer Lugo. Eso se reza el dicho popular. ¿Pero, para beber Lugo? Quizá para beber cañas, porque para beber vinos no estoy tan seguro.

Desde hace un tiempo ya no salgo de vinos por el centro de Lugo con la frecuencia en que lo hacía antes. Un poco porque ya estoy algo antiguo y llevo mucha noche en la espalda, pero quizá lo más importante es porque para un bebedor de vinos como yo, el tener que patearse diez bares para poder conseguir que me sirvan un vino que se beba y no den ganas de dejarlo en la copa termina cansando. Me terminaron aburriendo los típicos Riojas y Riberas de siempre. Casi nadie innovaba en las ofertas ni en las opciones. Siempre era lo mismo y si alguien pedía un vino un poquito “especial” si es que lograba conseguirlo en algún lado, el precio que cobraban por la copa hacía que no te lo vuelvas a plantear nuevamente.

Para finalizar la introducción, y ya que estoy con el teclado caliente, mención aparte merecían los camareros. Y vaya por delante que creo que no es culpa de los ellos sino de los dueños de los bares a los que no les interesa que sus empleados sean profesionales o se formen en la materia lo más mínimo. Prefieren pagar poco y servir mal.

Los camareros, al momento de las recomendaciones la mayoría de ellos ni siquiera sabía qué diferencia había entre un tinto y un blanco más allá del color que ostenta cada uno. Mencía era sinónimo de Ribeira Sacra, Valdeorras, Monterrei y Bierzo. Hubo hasta quien ofrecía Godello tinto, y no se te fuese a ocurrir preguntar qué era un Tempranillo porque la respuesta era un vino elaborado con uvas que se cosechaban temprano. Tal como lo estoy diciendo…

Muralla Romana... Tomada de la web

…Lo cierto es que durante este último tiempo las cosas han cambiado por el centro de Lugo. La zona vieja está cada día más bonita –aunque quedan muchas cosas por mejorar aún- y da gusto sentarse en cualquier terracita a disfrutar de nuestra hermosa ciudad. Los bares se han renovado, las fachadas se arreglaron, florecen nuevas opciones y el ambiente que se respira es fantástico. Pero tras este necesario maquillaje esbozado sobre la superficie, creo que en el fondo las cosas no han cambiado demasiado. Llevo unas cuantas noches saliendo con la intención de comprobar lo que estaba pensando. Y aunque esto que voy a contar no es algo general, mi experiencia y mis amigos me dicen que pasa en una gran mayoría (salvo algunas excepciones).

Relato de una noche de vinos cualquiera por la “nueva zona vieja” de Lugo.

Comenzamos con blancos. Pedimos Godello (cepa que me encanta y que cada día me deja más claro que al reinado de la Albariño le quedan los días contados). Nos dejamos asesorar por los camareros. “Ponnos un Godello de la marca y DO que nos recomiendes”- fue nuestro pedido. Llegaron a nuestra mesa unas etiquetas que jamás habíamos visto. Ni sabíamos que existían (y en lo personal no soy de las personas poco informadas en estos temas). Junto con el vino llegaron los pinchos de tortilla (o algo similar) y las tapas, normales tanto de calidad como de originalidad. Al pedir la cuenta nos soplaron 4,80€ por dos copas. ¿La friolera de 2,40€ cada 90 mililitros de un Godello marca blanca? Pagué como cualquier hijo de vecino y me fui silbando bajito.

Decidimos pasarnos a los tintos en busca de mejor fortuna. “Ponnos un Mencía, pero de Valdeorras” (me apetecía un Mencía de allí). “De Valdeorras no tengo. Tengo de Ribeira Sacra, Monterrei y de Amandi”. Mal seguimos, pensé para mis adentros.

Pedimos Ribeira Sacra (quienes me leen, y conocen, saben que soy un enamorado de sus vinos). Esta vez las etiquetas que llegaron a la mesa nos sonaron a cromos repetidos. Los de siempre, como siempre. Nada nuevo. Vinos de etiquetas históricas de 7 u 8€ de venta al público. Mismo estilo de tapa y pincho. La sorpresa que esperaba en la oferta vinícola que debería acompañar a los nuevos locales me la llevé en el precio. 5 eurazos! Sí sí, 5 eurazos o euritos. Aquí fueron a 2,5€ los 90 mililitros de un vino que al bar le cuesta unos 5€ por botella (o menos).

Me pregunto qué me hubiese costado pedir una copa de alguna etiqueta un poquito diferente. La verdad es que no podría averiguarlo aunque quisiera porque no hay ni un solo bar que la pueda ofrecer.

Mis conclusiones son sencillas. 

1- Continuamos, salvo excepciones, con una oferta de etiquetas de vinos poco originales y además carísimas (subió el precio, pero no la calidad, ni originalidad, de lo ofrecido). No me preocupa pagar ese dinero o más por un vino. Me preocupa pagarlos cuando no lo vale.

2- En Lugo siempre nos caracterizamos por las tapas y pinchos que se ofrecían. Si no eran buenas eran abundantísimas. Actualmente ya no son tan abundantes y salvo excepciones son normales y punto. Para un visitante de fuera están bien, pero para los de aquí son repetitivas y aburridas (y conste que no tengo nada contra la tortilla, las patatas ali oli, las bravas, la ensaladilla ni la ensalada de pastas, por mencionar los clásicos incombustibles).

3- Seguimos con camareros que aun siendo más o menos amables, no saben absolutamente nada de vinos y son incapaces de asesorar a alguien que vaya con intención de conocer un poco más de cerca los maravillosos caldos gallegos. Parece que con un Rioja o Ribera va que chuta. Insisto que no es problema de los camareros. Es problema de los dueños. Una pena.

Arde Lucus, una fiesta imperdible


No voy a nombrar los locales por los que anduvimos porque no viene al caso, pero han sido varios. Tampoco voy a mencionar las excepciones porque no sería justo con los que no visité. Esto es una experiencia personal y parcial (obviamente no puedo visitar todos los bares de Lugo. No me alcanzaría la vida para hacerlo). Pero esta nota intenta ser constructiva. No persigue buscar culpables sino todo lo contrario. Me gustaría que sirva para reflexionar un poco sobre lo que se está ofreciendo a los visitantes, propios y foráneos, de una ciudad como Lugo, con nombre, historia, belleza y una localización estratégica entre las principales DO de Galicia. Creo que se debería cuidar un poquito más al que viene y a los que estamos siempre. Es necesario dar un salto de calidad y profesionalidad (no en los precios, eso ya está) porque a mi modo de verlo, de esa forma la cosa va mal.

Por mi parte, desde ahora, cuando salga de bares pasaré a la cerveza. Al menos, aunque no mucho, me lo agradecerá el bolsillo.

Rumbovino,

Casi 7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

05 septiembre, 2016

El vino y los malditos Triglicéridos

La cosa pasa por no hacer caso a lo que me dice mi vieja. Mi madre es de esas personas que desde hace mucho tiempo solo van al médico si se encuentran mal, porque es de la idea de que si vas a que te vea el “doctor” siempre te encuentra algo. Y aunque como profesional de la medicina que soy, animal pero medicina al fin, me opongo desde mis principios más fundamentales a esta idea troglodítica de mi madre, pero tengo que reconocer que tiene razón y nuevamente he caído en la cuenta de que la sabiduría no se obtiene estudiando sino con los años.

El asunto es que con mi bendita idea de ir al médico a hacerme una analítica de rutina, sintiéndome “espectacularmente bien” -eso es muy importante de aclarar- me descubren que tengo los triglicéridos altos. Uh! 199 me dice la médica… Vas a tener que empezar a hacer dieta y ejercicio. Remata la susodicha.

Desde que tengo uso de razón hago dieta y ejercicio. Fue mí respuesta.

Acto seguido me entrega una lista de dos carillas con un cuadro de triple columna donde dice lo que puedo y no puedo comer y beber. Abajo, en rojo, en letras grandes como para que las lea el más despistado de los mortales rezaba una frase tremenda “SE PROHIBE TODO TIPO DE BEBIDAS ALCOHÓLICAS a los pacientes con disturbios de triglicéridos”.

La incomprendida clínica, ante mi cara desencajada reafirma la sentencia. Nada de vinito (ni quesito, aclara) durante 6 meses hasta la próxima analítica. 6 meses…!! 



Volví a casa derrotado. A la mierda todos mis proyectos del fin de semana. No es necesario aclarar que gran parte de mis planes que comienzan los viernes por la noche y finalizan el domingo, sean donde sea que se vayan a desarrollar, incluyen un par de botellas de vino. Casi siempre diferentes. Casi siempre catadas para el blog. Siempre acompañado de Noemí y siempre de buenos momentos. Es mi manera de entender y gozar del vino. No entiendo otra.

Aunque quien me lea no me entienda y hasta me trate de exagerado, es así. Llevo 20 días sin beber ni gota y mi vida es pura infelicidad. Los “findes” ya no son lo que eran y, lo que esperaba ansioso cada día de trabajo semanal se volvió en un tormento…

Está todo bien con comer pescadito azul a la plancha, solomillo de pavo cocido, pechuga de pollo al grill, brócoli cocido y demás comidas tan saludables y apetitosas como pueden resultar las galletitas de agua sin sal. A eso lo puedo soportar un tiempo. Hasta soy capaz de no probar ni un gramo de queso (mi gran debilidad culinaria). Pero lo que no podré aguantar por mucho más es no regar esas delicatesen con un tinto de la Ribeira Sacra, fresco, vivaz, sabroso; o con un Albariño pura salinidad de las Rías Baixas; o con la fuerza mineral y la manzana verde y golosa de un Godello de Valdeorras, o la sutileza de un tinto del Ribeiro o armonía de Monterrei. No señores, a eso sí que no lo puedo soportar.

Así que desde hoy me declaro en rebeldía. Porque disfrutar un buen vino, en su justa medida y los fines de semana, me hace feliz. Y el bienestar del alma, queridos amigos, sí que está demostrado que te hace vivir sano y fuerte muchos más años.

Así que no me vengan con historias, desde hoy al carajo los triglicéridos y bienvenida la felicidad de degustar un buen vino sin complejos cuando lo deseemos. En definitiva, si no venimos a disfrutar, a qué venimos a este mundo? Alguien me lo puede decir?

Estoy seguro que en mis próximos análisis, los malditos triglicéridos estarán en 150 o menos, que es donde tienen que estar. Según dicen los que saben.

Buena vida y buenos vinos.

Salutes, Rumbovino.

6 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y repsonsable

19 agosto, 2016

Piedras y penas sobre la Ribeira Sacra

Solo bastaron unos minutos para borrar de un plumazo el trabajo de todo un año. Así de caprichosa es la naturaleza.

La noche del lunes una granizada arrasó la totalidad de la cosecha de uva de los viñedos de las laderas del río Sil, en Doade, quizá la zona más emblemática de toda la Ribeira Sacra. Según cuentan, la tormenta fue tan espectacular como lo es el paisaje que reina en esta región de Galicia.

No es la primera vez que pasa esto. El año pasado un poquito más allá, sobre el Bibei, pasó lo mismo. Hubo muchos que perdieron todo. Me temo que no será la última.

Los más viejos, que de esto saben mucho, dicen que antes cuando Tronante se enfadaba descargaba tormentas de granizo como castigo. Pero dicen que nunca hubo piedras tan grandes, ni enfados tan seguidos, ni tan dañinos. También dicen los viejos que de continuar como hasta ahora, las consecuencias del disgusto de este ser mitológico serán cada vez peores.

Parecería que el cielo, triste por el daño que iba a cometer llorando lágrimas de piedra, nos está diciendo cada vez más claro que cuidemos la tierra un poco más, que así no se puede seguir, que hay que parar de envenenar la vida para llenarse los bolsillos.

Lamentablemente en estos temas pierden siempre los mismos. Pagan la culpa de otros las manos que arropan y cuidan la tierra más que nadie. Así de jodida es la factura que nos toca pagar. Veranos que rompen records por sequía en los últimos 100 años, lluvias en épocas que antes no llovía, temperaturas dignas del extremo sur, tormentas arrasadoras, bosques que se hacen cenizas y terruños cada vez más pobres.

La mano del hombre actual, cómodo y perezoso, con más ganas de sofá y fútbol que ver paisaje, ha hecho gran parte de esto.

Por el otro lado están los que dicen que estos son ciclos y que no tiene nada que ver con lo mal que tratamos el planeta. Creo que esa gente ya tiene comprada su casita en Marte.

El 2016 nos privará del sabor único de los vinos de esta región. Nos faltará la frescura, elegancia, mineralidad, autenticidad y pureza de las uvas de Doade. Sin dudas no será lo mismo esta cosecha para los que amamos la Ribeira Sacra. Me pregunto ¿a quién le tocará el próximo año? ¿y el próximo y el próximo?.

Algo habrá que hacer, digo yo…


Así quedó la viña de nuestro amigo Mario





Rumbovino 6 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable

10 junio, 2016

2 Km, GSM y una nueva Argentina que se está viniendo

Escribí esta nota en plena operación regreso a España: Me estoy despidiendo de Argentina. Con los preparativos del regreso y demás historias, el tiempo se hace corto para atender el blog como me gustaría. No obstante no quiero dejar de comentar las últimas etiquetas que estuve probando. Además aprovecho a hacer algunos comentarios generales de este viaje como una forma de reconciliarme con los vinos argentos luego de la experiencia del año anterior, donde me quedé un poco decepcionado con la elevada dulzura de lo que había probado.

Este año me voy con una sensación diferente, parece que la cosa está cambiando, hay muchas más opciones de “vinos diferentes” a la hora de seleccionar y sabiendo buscar en una vinoteca o con un buen asesor se pueden encontrar productos muy interesantes, que muestran un perfil de vinos argentinos más auténticos, menos intervencionistas y con más terruño que bodega.

Otra cosa que pude constatar y me gustó mucho es el aumento sustancial de la presencia de Cabernet Franc ya sea formando parte de cortes, o como en varietal puro. Todo lo que probé de este cepaje me hace pensar que de seguir así, en no mucho tiempo va a empezar a hacer un poco de sombra a algunos históricos. Aporta frescura y tensión, dos cosas que por lo general cuesta encontrar en nuestros caldos. 


También veo que algunas bodegas se animan a vinificar y poner en grande el nombre de cepas no tradicionales en otros tiempos poco valoradas, como por ejemplo el caso de Ver Sacrum donde la Garnacha y la Monastrell toman el protagonismo directamente en solitario. Eso me gusta porque habla de animarse a tomar algunos riesgos y a romper ciertas reglas no escritas, donde parecía ser que el que no hacía malbec no podría tener éxito. Espero que sigan multiplicándose.

Por el lado B del asunto creo, como hablaba el otro día con Francisco (Logia Petit Verdot) en una cata en Buenos Aires, que todo ese cambio, ese giro en el rumbo del vino argentino, necesita de un público preparado para aceptarlo. Ese es otro trabajo que queda por delante a comunicadores y educadores del vino, porque hasta el momento el consumidor general sigue prefiriendo las versiones edulcoradas y maderizadas de años atrás. No obstante, no hay que apresurarse ni asustarse, de a poco, todo llega. Y en el momento en que Argentina siga mostrando más terruño y menos recetas, como parece que está queriendo a ser ahora, creo que vamos a ser tomados mucho más en serio aún como país referente en el mapa vitivinícola mundial.

LOS VINOS

Según pude saber, 2 km de largo tiene la finca donde se eligen las manchas de suelo calcáreo que dan origen a las uvas de este tinto del paraje de Altamira. De Finca Beth salen muchas de las uvas que van a parar a vinos de las grandes marcas, pero decidieron que no siempre la cosa iba a ser así y nació el proyecto del vino propio. Para eso contactaron con Juampi Michelini para comandar la vinificación de este corte Malbec-Franc, que es uno de los mejores que probé este viaje, sino el mejor. Datos tomados de la nota de Nicolás Orsini (gracias Nico). 



Rojo intenso, con reflejos violetas, brillante, limpio, glicérico. Nariz de talco, cenizas, tiza, pimienta negra y un leve balsámico de fondo. Boca con nervio, fresco, muy mineral, taninos casi redondos, festival de notas balsámicas (mentol sobre todo, para mi) en el final, largo y exquisito. Ni dulzores, ni maderas tapando la voz de la uva, solo el fiel reflejo de una tierra que se expresa en vino. 

Su precio creo que ronda los $360 (20 € aprox.) y para mí vale cada peso.



De un proyecto de Eduardo Soler, con uvas provenientes de fincas ubicadas en Barrancas – Maipú y algo en Bajo Lunlunta (Mendoza), pude probar su vino de corte poco tradicional, compuesto por 50% Garnacha, y el otro 50% dividido en partes iguales de Syrah y Monastrell.

Se fermentan por separado (el syrah en barricas de roble de 500 lts. y Garnacha y Monastrell cofermentadas en huevos de cemento) y luego tienen un paso de 8 meses por huevos y barricas de 4to uso. Partida limitada a 3.200 botellas. Gracias a Diego de Argentina y sus vinos porque de su nota robé sin permiso los datos que cito en esta entrada. 



Color rojo rubí de capa media baja, luminoso, brillante y de largas piernas. Nariz con ataque de frutas, rojas, pequeñas, frescas. Al comienzo acompaña algún láctico con notas de leche, luego solo queda fruta y flores. Boca fresca, vertical, de taninos pulidos, ligero paso por el paladar pero con mucho sabor. En el final, solo en el final del trago aparece una nota más “tradicional” madura a especias y fruta roja (podría ser el Syrah, entiendo). 

Sin lugar a dudas una apuesta fuerte y sumamente interesante para que ningún vinófilo deje pasar. Su precio es de $300 (19 € aprox.) y aunque acá se arriesga más porque puede que no a todo el mundo le guste, en lo personal me encantó. Y me quedé con ganas de probar los varietales puros.

Brotes nuevos a la vista. La Argentina que se está viniendo… A no perderla de vista.

Buena vida y buenos vinos,

Salute, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

03 enero, 2016

Los vinos Argentinos en su momento mas “dulce”

Dejé pasar unos cuantos días antes de escribir y publicar esta entrada. Por un lado porque no estoy seguro que sea la nota más oportuna para empezar el año y de paso retomar el blog luego más de dos meses de inactividad en la web. Luego por lo normal que nos pasa a todos tras unas vacaciones, hay que atender muchas cosas atrasadas del trabajo que no entienden de tiempos y síndromes pos vacacionales. Y por último, y quizá la más importante, por dejar decantar algo las ideas antes de escribir mis impresiones sobre los vinos que probé durante este último viaje a Argentina (noviembre del año pasado).

Considero que siempre, desde nuestra posición de “críticos” de vinos, no titulados pero “críticos” al fin, nos corresponde hacer un escrito que de alguna forma justifique cada sentencia. Así que previamente a dar mi opinión general de lo que me dejaron esos 20 días probando tintos Argentos, me gustaría dejar en claro algunos puntos que a mi juicio no han influido, pero podrían haberlo hecho en el análisis y por ende en el resultado final.

Primero que nada, a mi forma de ver y entender, las características organolépticas ofrecidas por los vinos no tienen nada que ver con la expresión de una cepa en particular (probé un poco de todo, pasé por Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, y Pinot Noir), por lo que eso torna un poco más holgada la visión. Tampoco creo que sean influenciadas por el terruño o la región (degusté vinos de San Rafael, Valle de Uco, Luján de Cuyo, 25 de Mayo, San Patricio del Chañar y Cafayate. De Norte a Sur para los que no se ubiquen en la geografía de mi país), ni por los enólogos o viticultores, ya que todos fueron de distintos autores (modernos, tradicionales y extremos).

También me gustaría aclarar que no creo que sea una cuestión de precios porque, aunque en general me parecieron exorbitantes, compré de diferentes valores en un nivel que fue desde los $75 a los $350 para tener una vara un poco más justa a la hora de opinar.

Y por último, nobleza obliga, tengo que decir también que no todos los vinos que probé fueron “catados” en el sentido estricto de la palabra. Muchos fueron probados en asados con amigotes y otros en cenas o almuerzos con un poco más de calma y en mejores condiciones. Así y todo, la experiencia fue bastante similar en cualquiera de los casos. 

Foto tomada de la web. No conocemos el autor

No se qué pasa con los vinos en Argentina. No se si son ellos o soy yo, pero salvo excepciones -que siempre las hay y principalmente en los de rango de precio más elevado- casi todos los vinos que probé me resultaron con un estilo bastante uniforme y repetido, donde el paladar abocado, el final dulzón y la falta de frescura dominaron la escena. Insisto en que pocos fueron los que rompieron esta uniformidad, lamentablemente para mi forma de ver.

Todo este tiempo estuve dándole vueltas al asunto y buscando una respuesta que me satisfaga, aunque sea para quedarme tranquilo conmigo mismo y poder discutir con otros aficionados al vino que viven de este lado del charco y encuentran los caldos argentinos faltos de chispa. 

Entiendo que alguna razón debe de haber para sentir tanto ese aparente cambio en el estilo de vino. Lo primero que pensé, y quizá no esté tan equivocado, es que como antes solo bebía etiquetas de Argentina, la falta de contraste hacía que ciertos atributos que ahora disfruto mucho en los vinos, como la frescura y verticalidad, existieran solo en algunas excepciones. Esos eran los que rompían la monotonía, y los que elegía casi siempre (he escrito bastante sobre ellos antes de venir a España). Eso hizo que desviase la atención y perdiera el enfoque del global. Ahora, quizá que luego de dos años viviendo fuera, mi paladar se acostumbró a otros tipos de cepas, terruños y elaboraciones y cada vez me choque más nuestro estilo. Podría ser, porqué no.

Lo otro que pensé es que se puede deber a una cuestión de mercado. Y que en función de gustar a un público más amplio, y que la gente joven se vuelque al vino más que a la cerveza a hecho que las bodegas busquen ese tipo de vino de estilo más facilón, de paladar goloso y con un toque maderoso que sigue atrayendo a mucha gente. Si funciona, perfecto para ellos. Yo lo lamento y mi paladar también.

También buscando explicaciones que tengan que ver con los astros y no con las personas (al menos directamente), se me pasó por la cabeza que a lo mejor sea culpa del calentamiento global. Y que el aumento general de las temperaturas esté haciendo que las uvas se sobremaduren y el resultado final sea el que nos llega a la copa. Será eso?

En fin… Si sigo pensando estoy seguro que no podría parar de encontrar explicaciones que justifiquen que nuestros tintos me hayan transmitido esa sensación. Pero aunque mis comentarios no dejan de ser una opinión parcial y subjetiva de una realidad que seguramente no es compartida por mucha gente, tengo que decir que me volví un poco decepcionado.

En unos meses volveré y veremos qué pasa entonces. De momento, así estamos.

Gracias por leernos,

Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable.


06 septiembre, 2015

Los incomprendidos amantes de Torrente y la tiranía de la complejidad

Hoy me vino a la cabeza el recuerdo de una conversación que tuve hace un tiempito atrás con una persona (para el relato no viene al caso dar nombres), cuando tuve la feliz idea de comentarle que me había gustado mucho Torrente 5. No podía parar de reírme, dije casi inocentemente… La susodicha dama, solo puedo revelar el género, me miró extrañada y luego de compadecerse por mi poca cultura cinéfila, me justificó con todo lujo de detalles porqué esa película carecía de valor cinematográfico y no podía gustarle a nadie. Salvo a los que no teníamos ni idea de cine. O sea un tipo como yo.

Luego de semejante desplante, no pude evitar comparar eso con lo que a veces pasa con el vino, donde parecería ser que para que lo califiquen como “muy bueno” o “excelente” tiene que ser complejo, extravagante, diferente, difícil…. sin contar para nada cuánto placer otorgue a quien lo consuma. En los vinos, como en el cine, la simplicidad a veces se juzga como un atributo de poco valor, atribuyéndose a estas etiquetas una crítica de correcto en el mejor de los casos. 


Me parece increíble que tratándose de una bebida que se define por puro hedonismo, exista gente que sentencie que tal vino es malo o que “no puede ser que te guste”, más allá de las valederas justificaciones esgrimidas para tal veredicto. Es que hay públicos y vinos. Hay momentos y vinos. Pero sobre todas las cosas, hay gustos y más gustos.

A mi, a veces me pasa que tengo ganas de ver una película “fácil”, reírme de lo lindo y disfrutarla sin comerme tanto el coco. Tengo muchos días en los que no me interesa tener que analizar en detalle el guión y la trama, leer entre líneas, entender al director, descifrar el mensaje oculto que transmite, etc. Eso, en general me aburre, mucho. Hay días así… Voy al cine a ver una película cómica, me río como un loco y soy feliz. Bien simple.

Con el vino pasa igual. Quién dice que el vino tiene que ser supercomplejo para poder disfrutarse. Quién dictamina que un vino simple no puede hacer feliz al que lo bebe. Hay momentos donde simplemente quiero sentarme y disfrutar un vino de principio a fin, charlando de la vida o viendo la tele. Muchos días tengo ganas de beber un vino y no catarlo. Catar, en ocasiones me aburre. Analizar en profundidad un vino, como una película, me cansa.

Cuando llega el fin de semana y me siento con una copa de vino es para relajarme y no tener que pensar demasiado en lo que estoy bebiendo. Eso es lo que disfruto del vino y esos son los vinos que me gustan...los que no me obligan a pensar. Los que simplemente se dejan beber de principio a fin, sin que me implique hacer un esfuerzo por entenderlo. El que me ofrece eso, para mí, es un gran vino. Hay muchos grandes vinos que se dejan beber así. Nadie me va a convencer de lo contrario.

Por eso amigos, prefiero la simplicidad y efectividad de Torrente, a la complejidad y longitud de Rapsodia en Agosto.

Gracias por leernos,

Salute. Rumbovino.
Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable.

14 febrero, 2015

¿Hacia dónde vamos con esos precios?

Escribo este post entre preocupado, sorprendido e indignado. Aun no tengo muy claro por cual de estos estados me declino totalmente, quizá porque experimente los tres juntos. Vaya uno a saber...

Hace muy poquito tiempo que he vuelto a Galicia tras pasar unos hermosos 25 días en Argentina con mi familia y amigos... Disfruté como hacía mucho no hacía. Largas charlas en compañía del infaltable mate, sol en su justa medida (extrañamente está haciendo un verano benévolo y agradable en la pampa húmeda), piscina y lo que nunca falta, y más extraño desde la distancia, el asado. Perdí la cuenta de cuántos asados disfruté aquellos días en casa. Demás está aclarar que no hay mejor maridaje argento, al menos para quien escribe estás letras, que un buen asado y vino tinto. No hay nada que supere esa perfecta combinación sobre la faz de la tierra queridos amigos...

Y llegando al tema sobre el que me senté a garabatear esta nota me pongo un poco menos melancólico y retomo las sensaciones que comentaba al inicio.

Llevaba unos 8 meses fuera de Argentina, pero debo reconocer que al enfrentarme a las estanterías o vidrieras de las vinotecas o supermercados me pareció que hacía años que no visitaba mi país. Cantidades de botellas nuevas colmaban mis ojos, no podría calcular el número de ellas. Bodegas recién nacidas, cepajes menos tradicionales por doquier, regiones poco conocidas que antes no encontraba más que en grandes ciudades como Rosario o Buenos Aires, etiquetas nuevas de viejas bodegas, nuevas marcas, nuevos estilos, y un inmenso etcétera que me mantendría en esta retahíla por un rato. Lamentablemente lo que en un primer momento me llenó de alegría enseguida me situó en la realidad que están viviendo los vinófilos en mi país y que hoy miro de lejos. Los precios de los vinos.

Casi me desmayo al ver los precios de los vinos (y la expresión que uso no estuvo lejos de ser literal). Cómo puede ser que en estos meses algunas etiquetas hayan casi duplicado su valor? No quiero citar ejemplos porque el listado sería bastante largo y además porque esto no es personal con ninguna bodega y no va a ser cosa que alguien se sienta molesto.

Foto tomada de Winereport.com.ar 


Recuerdo en el mes de diciembre, a principios creo, nuestro amigo José de WineMDQ publicó un listado con sus vinos elegidos del 2014 y al leerlo me surgieron algunas reflexiones que dejé en un comentario textual que transcribo abajo:

No me pude contener a la hora de hacer un comentario, luego de leer el listado, no por los vinos citados (la mayoría no los he probado, claro) sino por sus precios.

Hace unos 7 meses que no estoy viviendo en Argentina y por lo tanto estuve alejado también de sus cambios en la tarifa, pero la verdad es que me quedé muy preocupado por el salto grandísimo que pegaron la mayoría de los vinos argentos, sin distinguir marcas.

Este listado es de lo mejor de Argentina, claro está, pero es que no hay nada que esté por debajo de los 100 mangos (solo uno, creo) y la media ronda los 300, más o menos?

Digo, no estamos perdiendo mercado en el mundo con estos precios? No puede ser que nuestros vinos más económicos y bebibles (por decirlo de alguna manera) arranquen de los 10 u 11 euros para arriba!!

A lo mejor yo esté equivocado, pero me parece que se va a hacer dura la competencia a futuro de seguir la cosa así.

Antes, yo traía a España vinos de Argentina, se los daba a catar a los amigos vinófilos de acá y cuando les decía el precio alucinaban con la calidad... Ahora hago lo mismo y al decirles el precio dicen... "bueno está bien, pero por ese precio acá hay muchos mejores".

Pero tras escribir esto y vivir lo que les estoy contando en primera persona, me surge una duda que no termino de resolver. ¿Los precios que nos cobran los vinos a los consumidores en Argentina están realmente justificados? O es que los bodegueros, distribuidores y comerciantes en general se aprovechan un poco de la situación económica “extraña”, por poner un nombre, que se está viviendo desde hace tiempo, donde parece que la inflación no tiene límites y cualquiera pide cualquier cosa por lo que fabrica amparándose en el precio del dólar, del euro, del yen, o del petróleo... Parecería que a la hora de aumentar los precios cualquier excusa vale.

Espero que no se enoje nadie con lo que acabo de escribir arriba, pero me hago estas preguntas porque a todo lo que acabo de comentar se suma otra cosa que me desconcierta más aún y me obliga a pensar como pienso- y espero que alguien me puede dar una explicación lógica a este asunto porque yo no logro hacerlo-:

¿Cómo puede ser que nuestros vinos cuesten exactamente igual en Argentina que en España?

El mismo vino que en Argentina cuesta $135 (en Venado Tuerto, que es bastante más barato que Baires), en España, para ser más exacto en el Corte Inglés de Vigo, cuesta 13 euros??? Para más INRI apunto que se trata de la misma cosecha que se vende en Argentina actualmente. Tengo varios ejemplos...

Hasta donde yo sé, el Corte Inglés no hace filantropía y no es precisamente el lugar más barato a la hora de ir a comprar. Entonces, insisto, cómo puede ser que pagando las tasas de exportación, transporte (más de 10.000 kms) y pasar por diversas manos antes de llegar al público, cualquier mortal en España pague un vino producido en Valle de Uco lo mismo que lo paga el vecino de la bodega en una vinoteca de Mendoza?

Decididamente no lo entiendo...Y esas cosas son las que me hacen dudar de todo.

En fin... así estamos.

Gracias por leernos amigos,

Salute, Rumbovino. 

07 febrero, 2013

El precio de los vinos

Este post comencé a escribirlo  en Diciembre del año pasado. Luego de terminar la idea principal decidí dejarla reposar un tiempo porque no quería equivocarme en el enfoque que debían tener estas líneas.  Pasaron un par de meses, y aún así, la idea sigue sin cerrarme del todo, pero aún a riesgo de no ser certero, me gustaría discutir con los lectores este asunto…

 La idea me invadió cuando leí una de las tantas listas que andaban dando vuelta, impresas en papeles de revistas o volando en las pantallas de las páginas o blogs de vinos a través del ciberespacio, enumerando los mejores vinos de Argentina del 2012. Lo cierto es que ese listado – el de aquel momento–  que integraba el top nacional me disparó un par de preguntas-reflexiones, que no son de ahora sino que vienen desde hace bastante tiempo. ¿No se está yendo un poco la mano con los precios de los vinos? ¿Debemos estar orgullosos de que nuestros mejores vinos estén casi todos por arriba de los $100? Lo cierto es que no estoy tan seguro de ambas cosas.

No quiero cuestionar esos vinos ni ese podio. No he probado casi ninguno por la sencilla razón que no los puedo pagar. Lo que cuestiono en realidad es que cada día nos cueste más hacer vinos a mejores precios. Al menos eso es lo que parece desprenderse de esas listas. No deberíamos prestar atención a eso, sobre todo cuando estamos perdiendo competitividad en el mundo justamente por ese motivo. Realmente es necesario que los vinos cuesten ese dinero. Como imagen hacia afuera creo que esto no es del todo bueno.

Si bien se que no tiene nada que ver, cualquier persona que no sabe mucho de estos menesteres electivos, tranquilamente podría llegar a pensar que no se puede beber ningún vino de buena calidad por debajo de los $100 (poco más de 20 USD oficiales). Un precio que está muy alejado de las posibilidades económicas de la mayor parte de los bebedores de vinos de Argentina… Y eso que el vino está declarado como la bebida nacional! Y lo que es peor, nos quejamos de que cada vez se bebe menos. Es que así no hay forma de revertir la tendencia.

Deberíamos comenzar a tratar de que estos listados los integren vinos más cercanos a la realidad de los consumidores y dejar de hacer tantos productos exclusivos y para pocos. Eso, creo yo, no tiene nada que ver con la inflación del país… tiene que ver con decisiones de empresa. Para mí, este es el desafío que debe perseguir la vitivinicultura argenta… 

¿Seremos capaces de hacer vinos más económicos? ¿Seremos capaces, cada uno desde donde le toca, los comunicadores, profesionales y aficionados, de modificar esta tendencia y dar una vuelta de timón para que el vino nacional además de ganar premios gane consumidores?

Gracias por leernos,
Rumbovino.

El precio de los vinos

Este post comencé a escribirlo  en Diciembre del año pasado. Luego de terminar la idea principal decidí dejarla reposar un tiempo porque no quería equivocarme en el enfoque que debían tener estas líneas.  Pasaron un par de meses, y aún así, la idea sigue sin cerrarme del todo, pero aún a riesgo de no ser certero, me gustaría discutir con los lectores este asunto…

 La idea me invadió cuando leí una de las tantas listas que andaban dando vuelta, impresas en papeles de revistas o volando en las pantallas de las páginas o blogs de vinos a través del ciberespacio, enumerando los mejores vinos de Argentina del 2012. Lo cierto es que ese listado – el de aquel momento–  que integraba el top nacional me disparó un par de preguntas-reflexiones, que no son de ahora sino que vienen desde hace bastante tiempo. ¿No se está yendo un poco la mano con los precios de los vinos? ¿Debemos estar orgullosos de que nuestros mejores vinos estén casi todos por arriba de los $100? Lo cierto es que no estoy tan seguro de ambas cosas.

No quiero cuestionar esos vinos ni ese podio. No he probado casi ninguno por la sencilla razón que no los puedo pagar. Lo que cuestiono en realidad es que cada día nos cueste más hacer vinos a mejores precios. Al menos eso es lo que parece desprenderse de esas listas. No deberíamos prestar atención a eso, sobre todo cuando estamos perdiendo competitividad en el mundo justamente por ese motivo. Realmente es necesario que los vinos cuesten ese dinero. Como imagen hacia afuera creo que esto no es del todo bueno.

Si bien se que no tiene nada que ver, cualquier persona que no sabe mucho de estos menesteres electivos, tranquilamente podría llegar a pensar que no se puede beber ningún vino de buena calidad por debajo de los $100 (poco más de 20 USD oficiales). Un precio que está muy alejado de las posibilidades económicas de la mayor parte de los bebedores de vinos de Argentina… Y eso que el vino está declarado como la bebida nacional! Y lo que es peor, nos quejamos de que cada vez se bebe menos. Es que así no hay forma de revertir la tendencia.

Deberíamos comenzar a tratar de que estos listados los integren vinos más cercanos a la realidad de los consumidores y dejar de hacer tantos productos exclusivos y para pocos. Eso, creo yo, no tiene nada que ver con la inflación del país… tiene que ver con decisiones de empresa. Para mí, este es el desafío que debe perseguir la vitivinicultura argenta… 

¿Seremos capaces de hacer vinos más económicos? ¿Seremos capaces, cada uno desde donde le toca, los comunicadores, profesionales y aficionados, de modificar esta tendencia y dar una vuelta de timón para que el vino nacional además de ganar premios gane consumidores?

Gracias por leernos,
Rumbovino.

05 diciembre, 2012

Principios básicos de un blog de vinos: Declaración de Intenciones.

El pequeño mundo del vino esta visto por los de fuera como una cosa inaccesible, inentendible, como un lugar que solo puede observarse a través de la ventana.  Creemos que, en parte, eso ocurre porque muchos de los que estamos dentro no tenemos tiempo, ni intención, o si tenemos la intención no lo sabemos hacer, de explicarles a los demás de qué se trata realmente esto del vino.

Durante mucho tiempo, y por suerte esto con los blogs está cambiando,  los mensajes que salían desde el interior de la burbuja sentenciaban cosas como: “si no se gastan más de equis pesos en un vino probablemente se decepcionen”, “hay que ser capaces de reconocer el terruño”, “al vino hay que entenderlo para poder disfrutarlo”, “hay que conocer al enólogo para comprender lo que nos quiere transmitir con su sello de autor” y miles de etcéteras más, tan inútiles como efectivos para que la gente nos vea como marcianos...  (por elección o inconsciencia, nosotros nos encontramos dentro y somos parte de esta generalidad que citamos).

Todo eso no podemos abordarlo y discutirlo en una nota y mucho menos nosotros (muchos “profesionales” ya se han encargado de hacernos saber de que somos amateurs y que mejor deberíamos callarnos). Primero porque no hay tiempo y segundo porque la mayoría de estas cuestiones son decisiones políticas o empresariales que no pasan por nosotros.
Sin embargo sí hay algunas cosas que nos pasan cerca... nos rozan digamos.

Hace dos años y medio comenzamos a escribir RUMBOVINO por afición, por pasión, como nuestro cuaderno de notas... como un “hobbie” sin pensar en nada más, y aunque esa génesis no ha cambiado, ahora sentimos que tenemos otras responsabilidades más importantes...

Nos preguntamos para quién escribimos. O la pregunta quedaría mejor al revés. Quién nos lee?Qué tipos de vinos les interesan  a la persona o las personas que nos leen?(estamos seguros que es más de 1, aunque no podríamos asegurar que sean más de 30). Qué tipos de vinos beben? Cuánto dinero gastan en sus vinos?...

... La respuesta es muy difícil porque imaginamos que habrá de todo. Sí, habrá de todo; pero de cuáles hay más? De los que beben vinos de hasta $20 o $50, o más de $100?
Además, a ellos les interesa la descripción del vino o solo quieren saber qué puede comprar para no clavarse? Siempre teniendo confianza en la subjetividad de nuestros gustos, claro.

La verdad, esa pregunta no nos quita el sueño, pero nos interesa sobre manera. Porque no es lo mismo que quien te lee pueda gastar $10 o pueda gastar $100 en un vino... Y porque creemos que el blog, además de independencia a la hora de valorar un producto, debe tener contenido de utilidad para quien lo lee. Caso contrario carece de sentido y termina siendo un librito de cuentos, donde uno descarga sus aspiraciones de poeta frustrado. Esto último al lector de un blog de vinos no le interesa! Estamos seguros.

Para ayudar a difundir la noble bebida necesitamos que la gente, primero nos entienda y luego encuentre lo que busca... Cada uno sabe por qué hace el blog y qué busca a cambio.

Nos preocupa eso. No queremos que nuestro blog termine hablando de vinos que solo se encuentran en lugares exclusivos o que su precio sea prohibitivo para la mayoría de quien destina su tiempo a leernos. Esto es una declaración de principios, de intenciones que solo encontrarán sentido en la medida que los lectores opinen... 

Qué vinos consumen? Hasta cuánto gastan en un vino? Qué les interesa saber de los vinos que probamos los blogueros? Qué parte de la nota se leen, la de la descripción o la de la opinión y conclusión?

Son preguntas que necesitan respuestas, para que ustedes, nosotros y el vino salgan favorecidos. Quizá con nuestro blog estamos por la buena senda o quizá no...

Este es nuestro correo, por si no puedes o no sabes dejar un comentario en el post: rumbovino@gmail.com

Gracias por leernos,
Salute y gracias, RUMBOVINO.

Principios básicos de un blog de vinos: Declaración de Intenciones.

El pequeño mundo del vino esta visto por los de fuera como una cosa inaccesible, inentendible, como un lugar que solo puede observarse a través de la ventana.  Creemos que, en parte, eso ocurre porque muchos de los que estamos dentro no tenemos tiempo, ni intención, o si tenemos la intención no lo sabemos hacer, de explicarles a los demás de qué se trata realmente esto del vino.

Durante mucho tiempo, y por suerte esto con los blogs está cambiando,  los mensajes que salían desde el interior de la burbuja sentenciaban cosas como: “si no se gastan más de equis pesos en un vino probablemente se decepcionen”, “hay que ser capaces de reconocer el terruño”, “al vino hay que entenderlo para poder disfrutarlo”, “hay que conocer al enólogo para comprender lo que nos quiere transmitir con su sello de autor” y miles de etcéteras más, tan inútiles como efectivos para que la gente nos vea como marcianos...  (por elección o inconsciencia, nosotros nos encontramos dentro y somos parte de esta generalidad que citamos).

Todo eso no podemos abordarlo y discutirlo en una nota y mucho menos nosotros (muchos “profesionales” ya se han encargado de hacernos saber de que somos amateurs y que mejor deberíamos callarnos). Primero porque no hay tiempo y segundo porque la mayoría de estas cuestiones son decisiones políticas o empresariales que no pasan por nosotros.
Sin embargo sí hay algunas cosas que nos pasan cerca... nos rozan digamos.

Hace dos años y medio comenzamos a escribir RUMBOVINO por afición, por pasión, como nuestro cuaderno de notas... como un “hobbie” sin pensar en nada más, y aunque esa génesis no ha cambiado, ahora sentimos que tenemos otras responsabilidades más importantes...

Nos preguntamos para quién escribimos. O la pregunta quedaría mejor al revés. Quién nos lee? Qué tipos de vinos les interesan  a la persona o las personas que nos leen? (estamos seguros que es más de 1, aunque no podríamos asegurar que sean más de 30). Qué tipos de vinos beben? Cuánto dinero gastan en sus vinos?...

... La respuesta es muy difícil porque imaginamos que habrá de todo. Sí, habrá de todo; pero de cuáles hay más? De los que beben vinos de hasta $20 o $50, o más de $100?
Además, a ellos les interesa la descripción del vino o solo quieren saber qué puede comprar para no clavarse? Siempre teniendo confianza en la subjetividad de nuestros gustos, claro.

La verdad, esa pregunta no nos quita el sueño, pero nos interesa sobre manera. Porque no es lo mismo que quien te lee pueda gastar $10 o pueda gastar $100 en un vino... Y porque creemos que el blog, además de independencia a la hora de valorar un producto, debe tener contenido de utilidad para quien lo lee. Caso contrario carece de sentido y termina siendo un librito de cuentos, donde uno descarga sus aspiraciones de poeta frustrado. Esto último al lector de un blog de vinos no le interesa! Estamos seguros.

Para ayudar a difundir la noble bebida necesitamos que la gente, primero nos entienda y luego encuentre lo que busca... Cada uno sabe por qué hace el blog y qué busca a cambio.

Nos preocupa eso. No queremos que nuestro blog termine hablando de vinos que solo se encuentran en lugares exclusivos o que su precio sea prohibitivo para la mayoría de quien destina su tiempo a leernos. Esto es una declaración de principios, de intenciones que solo encontrarán sentido en la medida que los lectores opinen... 

Qué vinos consumen? Hasta cuánto gastan en un vino? Qué les interesa saber de los vinos que probamos los blogueros? Qué parte de la nota se leen, la de la descripción o la de la opinión y conclusión?

Son preguntas que necesitan respuestas, para que ustedes, nosotros y el vino salgan favorecidos. Quizá con nuestro blog estamos por la buena senda o quizá no...

Este es nuestro correo, por si no puedes o no sabes dejar un comentario en el post: rumbovino@gmail.com

Gracias por leernos,
Salute y gracias, RUMBOVINO.

26 noviembre, 2012

Montesco y Las Perdices: dos estilos en las antípodas

Hace mucho que escuchamos hablar sobre los distintos tipos de vino que se producen en el mercado nacional, y por qué no, mundial también. 

En la oferta variopinta, vemos que existen vinos pensados y elaborados exclusivamente para gustar a los críticos del norte. También existen otros diseñados para los críticos del otro lado del charco (lo menos, por estos lares). Hay vinos difíciles y vinos fáciles. Hay vinos para todos y hay vinos para nadie. Todo esto hay, y más... 

Encontramos también otra división, más filosófica y medular, que los clasifica en vinos para beber y vinos para conversar… y un poco más recientemente al primer grupo se los ha llamado también “Vinos Desnudos” (recomendamos leer una muy buena nota del maestro Ricardo Santos al respecto, acá). 

Sea cual sea cómo se los catalogue, existen en la jungla vitivinícola argenta, vinos diferentes que gustan a públicos diferentes, lo que no quiere decir que uno sea mejor que otro, aunque cada uno de nosotros, en su yo interno, seguramente tenga sus preferencias bien claras a la hora de elegir. 

Bueno, el tema de tanta introducción se relaciona con que este fin de semana experimentamos esa notable diferencia, en la forma de ver y hacer un vino.
 
El viernes a la hora de la cena, para nosotros el vino siempre acompaña una buena cena, destapamos un MONTESCO BONARDA 2010, que coreó un asado que comimos con Noemí en el patio de casa, a la luz de las estrellas… bue, en realidad fue a la luz de las lámparas de bajo consumo porque de lo contrario el romanticismo hubiese sido máximo, pero la visión nula! 

Simplemente vamos a resumirlo diciendo que la botella duró muy poco, y que su contenido voló minutos después que terminamos de cenar. Este Bonarda “Michelinesco” es pura fruta, mixturada con notas especiadas y leves puntas herbales. En boca era ágil, fresco, fácil de tomar y terminaba con un exquisito final de boca que recuerda a las mermeladas de frutos rojos, con esa mezcla de dulces y ácidos que tan rico saben. 

Si retomamos la introducción del post, nosotros lo definiríamos perfectamente como "un Vino Desnudo, que recuerda más a las uvas y la tierra donde nacen que a la bodega donde crece" (parte de esta definición se la robamos a Don Ricardo). 

El sábado a la noche, destapamos el RESERVA MALBEC 2009 de LAS PERDICES. Un vino que en esta cosecha obtuvo buenos números y premios importantes…. Debo reconocer que desde que nos lo regaló Ariel le teníamos unas ganas locas de entrarle. 

La botella no corrió la misma fortuna que su antecesor del viernes, y volvió a la heladera de casa con el líquido elemento a mitad de altura. El vino estaba muy bueno, sin dudas, pero nos cansó antes... Quizás, nos empalagó un poco. Era un tinto gustoso que, tanto en nariz como en boca, expresaba mucha fruta madura (pasificada) y notas tostadas de roble bien marcadas…. Le faltaba frescura que lo equilibrase y le sobraba dulzor (esto provoca que las papilas del catador se desgasten rápidamente).  

Puede que este Malbec, concentrado y poderoso, le resulte maravilloso a los paladares que gustan de vinos modernos; pero a nosotros nos quedó claro que, actualmente, no es el tipo que preferimos. 

Podemos ponernos a discutir nuevamente al respecto y no ponernos de acuerdo nunca… hay tantos productos como paladares existen, no hay mejores ni peores… Hay vinos desnudos y vinos con armaduras. Usted cuál prefiere?

Gracias por leernos,
Salute, Rumbovino.


Montesco y Las Perdices: dos estilos en las antípodas

Hace mucho que escuchamos hablar sobre los distintos tipos de vino que se producen en el mercado nacional, y por qué no, mundial también. 

En la oferta variopinta, vemos que existen vinos pensados y elaborados exclusivamente para gustar a los críticos del norte. También existen otros diseñados para los críticos del otro lado del charco (lo menos, por estos lares). Hay vinos difíciles y vinos fáciles. Hay vinos para todos y hay vinos para nadie. Todo esto hay, y más... 

Encontramos también otra división, más filosófica y medular, que los clasifica en vinos para beber y vinos para conversar… y un poco más recientemente al primer grupo se los ha llamado también “Vinos Desnudos” (recomendamos leer una muy buena nota del maestro Ricardo Santos al respecto, acá). 

Sea cual sea cómo se los catalogue, existen en la jungla vitivinícola argenta, vinos diferentes que gustan a públicos diferentes, lo que no quiere decir que uno sea mejor que otro, aunque cada uno de nosotros, en su yo interno, seguramente tenga sus preferencias bien claras a la hora de elegir. 

Bueno, el tema de tanta introducción se relaciona con que este fin de semana experimentamos esa notable diferencia, en la forma de ver y hacer un vino.
 
El viernes a la hora de la cena, para nosotros el vino siempre acompaña una buena cena, destapamos un MONTESCO BONARDA 2010, que coreó un asado que comimos con Noemí en el patio de casa, a la luz de las estrellas… bue, en realidad fue a la luz de las lámparas de bajo consumo porque de lo contrario el romanticismo hubiese sido máximo, pero la visión nula! 

Simplemente vamos a resumirlo diciendo que la botella duró muy poco, y que su contenido voló minutos después que terminamos de cenar. Este Bonarda “Michelinesco” es pura fruta, mixturada con notas especiadas y leves puntas herbales. En boca era ágil, fresco, fácil de tomar y terminaba con un exquisito final de boca que recuerda a las mermeladas de frutos rojos, con esa mezcla de dulces y ácidos que tan rico saben. 

Si retomamos la introducción del post, nosotros lo definiríamos perfectamente como "un Vino Desnudo, que recuerda más a las uvas y la tierra donde nacen que a la bodega donde crece" (parte de esta definición se la robamos a Don Ricardo). 

El sábado a la noche, destapamos el RESERVA MALBEC 2009 de LAS PERDICES. Un vino que en esta cosecha obtuvo buenos números y premios importantes…. Debo reconocer que desde que nos lo regaló Ariel le teníamos unas ganas locas de entrarle. 

La botella no corrió la misma fortuna que su antecesor del viernes, y volvió a la heladera de casa con el líquido elemento a mitad de altura. El vino estaba muy bueno, sin dudas, pero nos cansó antes... Quizás, nos empalagó un poco. Era un tinto gustoso que, tanto en nariz como en boca, expresaba mucha fruta madura (pasificada) y notas tostadas de roble bien marcadas…. Le faltaba frescura que lo equilibrase y le sobraba dulzor (esto provoca que las papilas del catador se desgasten rápidamente).  

Puede que este Malbec, concentrado y poderoso, le resulte maravilloso a los paladares que gustan de vinos modernos; pero a nosotros nos quedó claro que, actualmente, no es el tipo que preferimos. 

Podemos ponernos a discutir nuevamente al respecto y no ponernos de acuerdo nunca… hay tantos productos como paladares existen, no hay mejores ni peores… Hay vinos desnudos y vinos con armaduras. Usted cuál prefiere?

Gracias por leernos,
Salute, Rumbovino.