Un blog de vinos por aficionados, para aficionados. Mas que un blog, nuestro cuaderno de notas.



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12 junio, 2020

Naturales de Alicante

Sin lugar a duda, la tan esperada desescalada ha impactado de lleno en mis ratos “libres” dedicados al blog. Aunque si bien es cierto que, en estos meses de confinamiento, no he dejado de trabajar porque los veterinarios, necesarios, pero poco o nada valorados en este circo de la pandemia, seguimos casi con normalidad; sí disponía de algo más de tiempo para escribir. Pero... si bien no escribo, sigo probando y probando a buen ritmo.

Esta semana he sacado unos ratos para comentar algunos vinos diferentes, de tres proyectos muy interesantes que he conocido por las redes sociales.

Los tres se encuentran en Alicante, casi al otro extremo de Galicia, donde vivo y bebo; una región que casi no conozco y de la que prácticamente no había probado sus vinos. Así que, motivado tanto por la filosofía de cada uno de los proyectos (microbodegas, vinificaciones artesanales, vinos naturales, viticultura respetuosa y poco o nada intervencionista), como por la curiosidad de probar variedades de uva poco habituales para mí, como la Giró, Monastrell, Moscatel o Merseguera, me contacté con Manu Guardiola Viticultor, Aida y Luis, y con Mar e Ignacio para pedirles algunas botellas, qué obviamente pagué, y que obviamente fui bebiendo estos días, aunque no he terminado de probar todas.

Antes de seguir quiero dejar escrita esta declaración:

Me encantan los pequeños proyectos vinícolas porque los viticultores (muchos de ellos con estudios en enología, otros solo unos valientes) son gente llana y simple. Personas normales, no semidioses a los que hay que rendir pleitesía tras su paso como sucede con mucho enólogo que anda suelto por este mundo. Los viticultores anónimos trabajan como nadie, generalmente de sol a sol, y aun así se hacen un tiempo para atender a quienes los consultan por los medios que sean, y dedican un rato, del que muchas veces carecen, para explicar sus vinos y agradecer que te hayas interesado en ellos, aun sin siquiera saber si les vas a comprar o no. ¡Señores, esto es extraordinario! ¡Sepan que los aficionados al vino se los agradecemos infinitamente! A ver si algunos siguen el ejemplo...

Dicho lo anterior, y con la intención de no ir acumulando deudas conmigo mismo (siempre me obligo escribir sobre los vinos o proyectos que me gustan y empiezo a retrasar mis propios pagos), decidí ir comentando alguno de los que he ido catando de cada uno de ellos.

 

Comenzamos con  LA ZAFRA VINOS

Viñedos autóctonos de la zona

Mar e Ignacio llevan adelante este proyecto desde hace pocos años, en Monóvar (Provincia de Alicante) del que a modo de introducción copio su propia presentación:

“Empezamos con 1 hectárea de viña de la variedad Monastrell, autóctona de la zona, cultivada de forma sostenible, en secano y podada en vaso (tradicional), y llevamos dos años recuperando otras dos hectáreas de la familia, que estaban a punto de perderse.

Elaboramos nuestro vino natural en una pequeña microbodega, con la mínima intervención: sin sustancias químicas, ni correctores, ni sulfitos añadidos”

Para mí, con leer esto es suficiente para querer probar sus vinos. Pero si además ves las fotos de los viñedos que trabajan, ya no hay vuelta atrás. Probé el NU tinto 2018 (100% Monastrell), el NU VA 2018 y el NU Rosado 2018. Los tres me gustaron mucho, pero quiero destacar uno especialmente porque me sorprendió por su elegancia y suavidad.

NU VA 2018

 


Vino tinto natural y artesano compuesto por diferentes variedades antiguas que actualmente apenas se cultivan. Su elaboración es muy simple: las uvas se maceran durante 6 días con sus hollejos. Inicio de fermentación en depósitos de 300 litros, a 20º durante 30 días. Mínima intervención en bodega. Sin químicos ni levaduras comerciales. No contiene sulfitos añadidos. No se filtra ni clarifica. Solo se elaboraron 292 botellas en el 2018, por lo que estamos hablando de un vino casi exclusivo.

El resultado es un tinto de capa baja, brillante y buena lágrima. Nariz de mediana intensidad donde destacan las notas, casi perfumes, a fruta roja y flores.  En boca es ligero con un marcado carácter frutado, aunque no es de esos tintos con fruta desbordante, sino más bien equilibradas con notas herbáceas e incluso terrosas. Sobre todo, destaca por su suavidad y elegancia, poco habituales en vinos naturales o artesanales, que suelen tener más tendencia a la rusticidad. ¡Me gustó muchísimo!

Creo que esta añada ya está agotada. Así que mi consejo es que no se despisten con la 2019 si quieren hacerse con alguna botella de las pocas que estarán disponibles (creo que aún no ha salido).


Seguimos con, MANU GUARDIOLA VITICULTOR

Los muros de piedras son lo que ilustran la etiqueta de sus vinos

Vitivinicultor de la Marina Alta (NE de la provincia de Alicante) con una larga historia familiar en la producción de vino. Su padre y antepasados ya elaboraban vino para autoconsumo desde varias generaciones atrás, como era la costumbre en la comarca. Recientemente ha decidido dar un paso adelante y emprender su nuevo proyecto.

“Nuestra filosofía de trabajo es ser respetuosos con la naturaleza y el medio ambiente, por eso trabajamos todas las parcelas en ecológico, es decir, en la manera tradicional de cultivar la viña.  Nuestras parcelas están llenas de vida, tratamos de cuidar la fauna auxiliar que nos ayudará a tener un equilibrio en nuestro entorno y de este modo facilitar que nuestras uvas estén sanas a la hora de vendimia.

Fermentamos los vinos con levaduras autóctonas, no añadimos ningún tipo de aditivo excepto un poco de sulfitos, ni filtramos ni clarificamos. De este modo intentamos que el vino que vamos a beber sea la máxima expresión de la uva que cultivamos en el campo. Es mi forma de traer alegría y felicidad al mundo. Espero que disfrutéis de mis vinos”.

Elabora tres vinos en su pequeña bodega familiar situada en el centro del pueblo de Xaló. Un tinto (mezcla de Giro, Monastrell, Syrah, Merlot y Merseguera), un blanco (Moscatel seco y Merseguera) y un rosado (Giro, Monastrell y Merseguera). He probado dos de ellos, solo me queda el tinto, y la verdad es que no sabría cuál destacar porque ambos estaban realmente buenos. Me incliné por el rosado, porque está dentro de esos escasos vinos rosados que no solo buscan calmar la sed.

ELS MARGES ROSAT 2017


Vino Rosado compuesto por un 70% de Giró, 25% de Monastrell y 5% de Merseguera. Se realiza una primera vendimia de los racimos más grandes, apretados y frescos. La uva se despalilla y va directamente a la prensa vertical. Posteriormente se pasa a depósito a baja temperatura para hacer un ligero desfangado a las 24 h. Las levaduras autóctonas del campo y de la bodega son las encargadas de llevar a cabo la fermentación alcohólica. Se controla la temperatura y al final de fermentación se sube para que se quede seco y se trasiega, separando las levaduras gordas de los finas. Permanece en tanques de acero inoxidable durante 12 meses con movimiento de lías finas buscando dar más estructura al vino.

El resultado es un vino rosado anti-rosado. ¿Qué quiero decir con esto? Que se trata de un vino color rosado intenso, brillante y glicérico, pero con alma de tinto. En boca es graso, untuoso, voluminoso, con estructura, con sabores dominantes de fruta roja madura (no pasificada), herbales y con mucha frescura para equilibrar su paso por boca. Se puede comer acompañando un asado a la parrilla o un chuletón que ni se inmuta.

No piensen en un rosadito fresquito de verano, que podría funcionar perfectamente si es esto lo que buscan, pero piensen en un vino más serio y complejo, con un potencial de guarda de un par de años como mínimo. ¡Un señor rosado!

 

Finalizamos con, AIDA Y LUIS

¿Quien no se bebería un vino elaborado con las uvas de esta viña?


Es un proyecto vitivinícola de reciente creación (2018) ubicado en Xaló, en la Marina Alta, donde elaboran vinos artesanales de las variedades autóctonas de la zona: Moscatel y Giró.

“Nuestra filosofía es la de elaborar vinos que reflejen la identidad de la Marina Alta. Para ello, elaboramos vinos mono-varietales de variedades autóctonas buscando los microclimas más idóneos para cada variedad y cada elaboración. Vinos de mínima intervención donde la uva sea la protagonista. Nuestros vinos están elaborados en pequeños lotes muy cuidados, fermentando cada micro-viña por separado y dejando que las fermentaciones arranquen solas con la propia levadura del viñedo, sin la realización de un pie de cuba para conseguir la máxima expresión y singularidad de cada parcela. No filtramos, no clarificamos, no estabilizamos...”

Por cuestiones de tiempo (no me alcanza el fin de semana para catar todo lo que tengo guardado) solo llegué a probar el tinto. Con eso me alcanzó, y me sobró, para querer escribir sobre este proyecto y este vino. Es más, lo hubiese hecho sin probarlo porque de un viñedo tan espectacular, como el que ven en la foto debajo, tiene que surgir un vino de igual calibre. Al final la cosa es más simple de lo que muchos piensan. Si el vino no está demasiado “maquillado” será un fiel reflejo de la tierra que lo parió. ¡Así de fácil!

 

MABOI 2018


Elaborado artesanalmente con 100% de uva Giró, procedente de una parcela en la Sierra de Bernia, un paisaje protegido, a 620 msnm (uno de los viñedos más altos de la comarca) y a tan solo 6 km en línea recta del mar. Un viñedo muy especial  con suelos arcillosos  y con mucha piedra. Se fermentan los racimos enteros, con raspón y levaduras naturales. Maduración de 8 meses en depósitos, sin clarificar, filtrar ni estabilizar. Solo paisaje embotellado.

Aida y Luis definen su MABOI 2018 como un vino elegante, ligero, sabroso, muy frutal en boca con aromas a monte bajo, frutos rojos, un toque de brea... Estoy de acuerdo, a pesar de no reconocer la “brea” que tampoco me cambia mucho la cata.

Dejando de lado el entusiasmo que siento cuando pruebo un vino como este, debo decir que me pareció un tinto extraordinario. Nunca imaginé que un vino, mucho menos un tinto, de esta región de España podría tener tanta frescura. Sobrio, mineral, fruta roja, especias, notas mentoladas... Los taninos aún están levemente rugosos, pero no molestan en absoluto. ¡Un espectáculo!

Otro puntazo para destacar es la etiqueta ilustrada por Jaume Mora, inspirada en azulejos pintados a mano típicos de la zona de xaló, instrumentos e indumentaria regional sobre personajes carismáticos. SI lo de dentro es muy bueno, lo de fuera también.

Bueno, lo voy dejando por aquí de momento, en otro post les contaré más cosas... En lo personal seguiré apostando por estos proyectos y estos vinos, son el presente y el futuro, no tengo dudas de eso.

Salute,

Rumbovino, cada día más natural.

Casi 10 años comunicando el vino. En favor del consumo moderado y responsable.

03 mayo, 2020

Naturalmente, Daniel V. Ramos

Si algo bueno, entre comillas, puedo sacar de esta crisis pandémica que nos toca vivir es que he retomado el blog, que nunca abandoné del todo, pero lo tenía un poco dejado. Lo demás, sinceramente, es para olvidar... 


En lo que a gustos enológicos se refiere, quienes leen Rumbovino sabrán que llevo varios años bastante inclinado hacia el mundo de los “vinos naturales”, cosa que cada día me resulta más sencilla ya que las opciones al momento de elegir se han multiplicado este último tiempo. También es verdad que dentro de la palabra natural, que cada día vende más, se incluyen innumerables vinos diferentes, algunos más merecidos que otros. Personalmente como aún no tengo muy claro del todo lo que implica esta definición (pueden repasar la nota que escribí hace un tiempo ¿Al final qué es un vino natural?), y como nadie me ha aclarado el asunto hasta el momento, tras un tiempo en desuso la he vuelto a utilizar para hablar de los vinos que cumplen un requisito similar a lo que debería ser un vino natural (al menos para mi forma de entenderlos). 

Expuesto lo anterior, necesario para mi tranquilidad y evitar conflictos estériles, dentro de mi “definición de vinos naturales” incluyo los que elabora Daniel V. Ramos en la Sierra de Gredos (¡zona cuyos vinos cada día me gustan más!). Enólogo australiano, criado en Madrid, al que descubrí virtualmente el año pasado a través de una imagen en Instagram de uno de sus vinos, Kπ Rosé de la añada 2012, acompañada de una frase que decía algo así como ¿el mejor rosado de España? Obviamente no me iba a quedar con la duda, ni del vino, ni de su autor. Investigué un poco más, me gustó lo que leí en relación con su filosofía de trabajo y le pedí algunas botellas para probar y conocer de más cerca sus productos... Este año volví a pedirle algunas cosas. Entre el año pasado, y este, me he hecho una idea más clara y considero que es momento de dedicarle un post en el blog. 

Vaya por delante que para Daniel no es ningún mérito que, sin menospreciarnos,  Rumbovino publique un escrito sobre sus vinos. Pero los que nos siguen saben que no hago publinotas y solo me gusta escribir sobre los proyectos que me motivan, en los que me reconozco de alguna manera, así que un pequeño mérito, al menos para mí, sí que tiene. 

Una de estas fotos fue tomada de blogriojaalavesa.eus/daniel-ramos


Daniel V. Ramos, y agregaría a Pepi San Juan, llevan varios años trabajando la viña en la Sierra de Gredos, elaborando y defendiendo un estilo de vinos con el que me siento bastante identificado (no estoy hablando de las cualidades de un vino, estoy hablando de filosofía y forma de entender la viticultura y su elaboración, recuperando viejas costumbres y sabores olvidados). Para escribir esta nota le pedí que me contara un poco sobre algunos de estos conceptos. Los transcribo casi tal cual, para no desvirtuar ni un ápice su mensaje, y para que, quienes aún no los conozcan tengan la oportunidad de hacerlo, y lo hagan por sus palabras y no por las mías. 

“En esta zona de Gredos, nos encontramos hace años, concretamente desde 1998 que fue mi primera elaboración aquí, con una de las garnachas más peculiares y diferentes del mundo. Al igual que ocurrió en priorato, estas garnachas fueron consideradas famosas a principios del siglo XX por su singularidad. Esto hizo que siempre tuviéramos nuestros ojos fijos en esta zona, y esperando una oportunidad para poder desarrollar nuestro proyecto de futuro. 

Nuestra filosofía trata por una parte de mostrar el terroir de la zona (vinos de la marca Zerberos, como Zerberos El Altar o Zerberos Viento Zephyros), o los métodos de elaboración de nuestros antepasados (vinos de la marca Kπ). Lo más importante de nuestras elaboraciones es que queremos que sean con el máximo respeto a la salud, de ahí realizar el mínimo posible de añadidos al vino (solo sulfuroso antes del embotellado), y el máximo de respeto a la uva para no variar lo que muestra año tras año. 

Nuestra filosofía de trabajo en el viña es exactamente la misma, entendiendo que, si a un viñedo no le sobreexplotas estará sano, y que, por tanto, no habrá que realizar tratamientos innecesarios y costosos y que la uva mostrará todo el potencial de su terroir. Nuestros cultivos van más allá de lo orgánico, pero me conformaría con llamarlo así". 

Comparto esta forma de ver y entender la vitivinicultura, cuidar la tierra, respetarla, que se exprese siendo vino con sus defectos y virtudes, sin más vueltas. Por ejemplo, si el año es cálido quiero beber un vino cálido, si el año es fresco quiero beber un vino fresco, si el suelo de esta finca es de arena, que ese vino sea diferente al de la finca vecina que es de pizarra, así de sencillo... Dicho esto, por lo que pude probar hasta ahora, los vinos de Daniel tienen un sello nítido que deja muy claro lo que quiere hacer y mostrar. Todos son distintos, ninguno te deja indiferente, en absoluto, y eso, hablando de vinos, es todo un logro queridos amigos. Me cansé de probar vinos desalmados... 

Los Chorrancos, El Tiemblo. Cara norte, suelo pizarra. El Gato, Cebreros. Cara sur, suelo pizarra.


¿Qué vinos he probado? Varios hasta ahora, pero había seleccionado tres etiquetas hasta que anoche destapé otra y decidí incluirla a último momento. Mis descripciones son rústicas, sencillas, dirigidas a los consumidores que, como yo, no entienden mucho de vinos... Los que saben de esto, o los poetas del noble brebaje, no leen mi blog. 

Daniel, cuéntame algo sobre Zerberos Viento Zephyros 2017 

“Es un vino de pueblo de San Martín de Valdeiglesias de la variedad Albillo Real. Muestra la elegancia y frescura que tiene este varietal en este pueblo. 100% sobre suelo arenoso de granito. Maceración con racimo entero estrujado y fermentado y criado en barrica un año.” 

Mi impresión: se trata de un vino blanco color naranja-dorado, glicérico, con volumen y cuerpo de tinto poderoso. Nariz intensa donde mandan las notas minerales, de crianza, algo de fruta almibarada y especias. Boca franca, grasa, con frescura que equilibra el grado alcohólico (15% vol.) que le dio a la uva un año como el 2017. No es un blanco de trago largo, para nada....Puedes beberlo comiendo un asado a las brasas sin que se inmute. Tiene mucha vida por delante aún. 

Como digo siempre. Bebedores y amantes de los blancos cristalinos y de manual, abstenerse. Este no es un blanco al uso, en absoluto. Esto es la expresión de la Albillo Real de la Sierra de Gredos de un año cálido en estado puro. Su precio ronda los 17,5€ aprox., creo que está más que acorde. 

Daniel, cuéntame algo sobre Zerberos El Altar 2016 

“Garnacha de una sola finca del municipio de El Barraco. El terroir singular de esta finca radica en que es un viñedo de entre 65 y 90 años, de orientación en cara norte, plantado sobre suelo de arena de granito en lo alto de una colina al pie del embalse del Burguillo. Esto hace que el vino sea fresco y elegante, pero mostrando su lado mineral” Elaboradas de forma muy minimalista, despalillado y fermentación natural. Se envejece en barricas francesas de 600 l durante 1 año y se embotella sin clarificar ni filtrar. 

Mi impresión: primero que nada, recomiendo decantar al menos 1 hora antes de beberlo. Si no lo hacen beberán un vino dormido y se perderán lo mejor. Capa media, nariz de flores, mineral, especiado, boca poderosa, madera, fruta, alcohol (15%Vol.) y frescura en buen equilibrio. Final largo y exquisito. Una garnacha extraordinaria, expresiva, intensa, puro carácter sin perder elegancia. Dentro de unos años estará mucho mejor, no tengo dudas de eso. Yo me resistí a guardarlo, pero si tienen más paciencia que yo, háganlo y verán. Su precio, sobre los 22 - 24€ aprox. Ni lo duden. ¡Eso sí, es Garnacha de Gredos! No, garnachita de Gredos. 

Daniel, cuéntame algo sobre Kπ Rosé 2017 

“Una elaboración de rosado típica de la zona, que consistía en envejecer el vino durante largos periodos de tiempo en barrica. Este vino venía a sustituir el fino en la zona que maridaba tan bien con las distintas chacinas que se hacían también en la zona. Es la magia de la fruta llevada a su máximo exponente para dar el máximo de sí misma”. 

Mi impresión: abstener buscadores de rosados fresquetes y veraniegos para el aperitivo. Si tienen un chuletón cerca ni lo duden un segundo. Para mí, luego del cachetazo inicial que me llevé con la cosecha del 2016, cuando lo probé por primera vez sin saber muy bien lo que me iba a encontrar, me parece un auténtico vinazo. Nariz con mucha fruta (claramente cereza) pero acompañada con notas de crianza, lías y madera usada (muy distinta al roble nuevo pura vainilla y esas cosas raras). Boca grasa, con frescura y madurez. Un rosado totalmente atípico y exquisito que no deberían dejar de probar quienes se animen a propuestas arriesgadas que recuperan las viejas costumbres. Su precio, sobre los 12€ aprox. ¡Una bicoca! 

Termino con el que destapé anoche, Berrakin blanco 2019. Cuando se lo pedí, aún no estaba ni etiquetado, pero les cuento sobre él: 

Variedad 100% Jaen, procedente de dos fincas de Sotillo de la Adrada. Se vendimió entre el 5 y 7 de septiembre de 2019. Los racimos se seleccionaron, despalillaron y estrujaron, fermentando cada finca por separado con levaduras autóctonas. Maceración 17 días. De octubre a febrero de 2020 el vino se mantuvo con sus lías en depósito de acero inoxidable y una barrica de roble francés. En febrero se hizo el coupage y en marzo se embotelló, obviamente sin clarificar ni filtrar y dosis mínima de sulfitos. Graduación alcohólica, 11,3 % vol. 

Mi impresión: no recuerdo haber probado muchas veces la uva Jaen, así que no te tenía muy claro lo que me iba a encontrar, pero su baja graduación y la vinificación ya prometían buenas cosas. Un blanco anaranjado, glicérico, brillante y con leve turbidez (esperable, obviamente). Nariz y boca muy similares, seco, con manzana verde por delante, acompañada de notas de levadura que le aportan estructura y complejidad. ¡Es vino fácil de beber porque es rico, pero me pareció un blanco extraordinario, con complejidad y mucho que decir, por tan solo 8-9€! 



Bueno por ahora lo voy dejando... Creo que deberían animarse a probar los vinos de Daniel y Pepi. Para conseguirlos, búsquense la vida como hice yo, jejejeje es broma. Por Instagram lo tienen fácil (es de esos enólogos que contestan a quien le escribe). 

Vinos con carácter, con uvas sanas, de viñas sanas y de una zona extraordinaria. ¿Qué más podemos pedir? 

Y recuerden, beban vinos sanos y naturales. 

Salute y hasta otra. 

Rumbovino 

#QuédateEnCasa que ya falta menos

07 febrero, 2019

¿Al final, qué es un vino natural?

Parece que esta pregunta tan sencilla no tiene una respuesta tan clara. Y si la buscan en este escrito ya les aviso que no las hay. Al contrario, les crearé más dudas.

Hasta no hace más que un par de días atrás —tras mantener un mini debate muy enriquecedor con un amigo que me asaltó con su pregunta sobre qué era para mí un vino natural, al no estar de acuerdo con una calificación que usé para un vino que publiqué en Instagram—  lo que lo definía un vino natural eran premisas como que por ejemplo las uvas que lo gestan se cultivasen sobre suelos y viñedos orgánicos no tratados con ningún tipo de producto químico, que hayan fermentado únicamente con las propias levaduras que aportan sus hollejos y escobajos, que durante la elaboración no se intervenga (sin correcciones ni agregados de ninguna naturaleza, lógicamente sulfitos tampoco) y que tras su crianza, si la tiene y donde crea el viticultor que debe hacerla, se embotelle sin clarificar ni filtrar. Todos los vinos que cumplían esos requisitos yo los consideraba “naturales”, pero claro, tras el debate me surgieron algunos matices y controversias que motivaron estas líneas.

Para empezar, y sin entrar en cuestionamientos sobre si todos los que dicen que elaboran los vinos de esa forma dicen la verdad, me pregunto ¿Qué pasa con aquellos que tienen alguna pequeña intervención como corrección de acidez, o a los que se les agrega una dosis de sulfitos al embotellar o que se deciden filtrar porque están demasiado turbios? ¿Ya no son naturales y son otra cosa? ¿Qué son? ¿O nunca fueron naturales y yo estoy equivocado? 

¿Natural o no? ¿Qué es natural?

Parece ser, según una de las vertientes de la DENOMINACIÓN NATURAL, que además para que un vino sea considerado como tal, el viticultor debe cultivar su propia uva (no vale comprarla a alguien que cultive bajo el concepto de orgánico o biológico) y, parece ser también, que hasta la cantidad de viñedo podría ser una limitante en esta consideración de naturalidad porque si hay mucha extensión puede que la cosa se complique. Hay otros que directamente consideran que la vid debe crecer libremente y equilibrarse con el entorno y el único trabajo que se debe hacer es la poda invernal. Ni cortar hierba, ni quitar racimos, ni podar en verde, ni aplicar nada de nada.

Para seguir liando el asunto, según me han contado, y puedo comprobar prestando un poquito de atención, detrás de este nombre con tanta intención y a su vez tan “vendedor” como es el término NATURAL, hay vertientes que van en sentido contrario o al menos en paralelo. Los de un lado dicen que hacen vino natural y los del lado opuesto dicen que los que hacen vino natural son ellos y no los otros. ¿Es que hay naturales, menos naturales y más o menos naturales? Por ejemplo, en Barcelona dentro de unos días van a coincidir dos ferias de vinos naturales en la misma fecha y con diferentes participantes. ¿Hay una real y otra impostora? Quizá las dos son reales con la diferencia de que cada uno llama natural a lo que le parece que es natural, como hago yo.

A mí este tema me traería menos preocupado de no ser que las personas que intentamos comprar vinos “sanos” (cambio el término para no aburrir), porque nos gusta su sabor o porque queremos beber más saludablemente, nos estamos empezando a volver un poco locos con este asunto de no saber qué cosa es qué cosa. Y en eso colaboran tanto los elaboradores (hay mucho aprovechado, todo sea dicho) como muchos vendedores, principalmente vía web, que catalogan los vinos en sus páginas con el único objetivo de que el cliente los compre, y si el término vende, pa´lante nomás.

El otro día me dijeron que hay algunos elaboradores de vino natural (viticultores contrastados durante muchos años de trabajo y muy reconocidos. Ningunos improvisados, ¡vamos!) que no quieren escuchar ni hablar de ese término, porque está tan manipulado que prefieren que sus vinos hablen solos y no por calificaciones personales ni de terceros. Creo que es honesto y justo de su parte, pero a mí no me aclara el concepto ni me facilita la comprensión.

Como consumidor, antes que como comunicador aficionado, me gustaría saber lo que compro cada vez que compro. Un poco de claridad en este asunto no le haría mal a nadie, creo que nos lo merecemos ¿No creen? No pido legislaciones, no me importan en absoluto las etiquetas, pido información para el consumidor. Al final somos los que pagamos los vinos que ustedes elaboran, o venden, digo.

Luego de esta especie de catarsis necesaria para quitar broncas internas, dejo la consulta abierta para que alguien o algunos, los que quieran y puedan, colaboren con los que necesitamos un poco de luz en esta sombra cada días más oscura. 

Por lo pronto el término “natural” saldrá de mi vocabulario enofílico durante un tiempo. Verán que Rumbovino ahora es “más natural”, así que mientras tanto me pensaré por qué palabra sustituirlo. En fin.

Gracias y saludables vinos!

Rumbovino

Desde 2010 comunicando libremente sobre la cultura del vino

28 enero, 2019

Los últimos naturales

No volveré a excusarme, como tantas otras veces, antes de escribir un post sobre el escaso tiempo del que dispongo para hacerlo. No digo que no sea cierto, digo que al final se me acumulan los vinos que me han gustado y sigo sin ponerlos en digital por una cosa u otra. Estas últimas semanas he probado unos cuantos vinos naturales-ecológicos que, si bien no voy a explayarme en detalle, quiero al menos comentar algunas líneas de cada uno porque vale mucho la pena conocerlos.

Comienzo con 2 etiquetas de Esencia Rural, el emprendimiento de Julián Ruíz Villanueva en Quero, Toledo (Castilla-La Mancha) que lleva elaborando vinos orgánicos desde hace casi 20 años. Tanto PAMPANEO AIREN 2017 como el DE SOL A SOL AIREN 2016 son de esos vinos blancos (la uva Airen es una variedad blanca, sufrida y resistente a todo) que cuando los vuelcas en la copa, el color te descoloca al punto de tener que volver a mirar la etiqueta por las dudas. Naranja oxidado es su definición perfecta dentro de la paleta cromática. Turbios, glicéricos, vivos. Vinos verticales como flechas, arriesgados, de acidez alta pero equilibrada, mucha manzana verde en su punto de madurez con hierba fresca y notas terrosas. Extremos y llenos de matices que no dejan indiferente a nadie. 


Malas fotos con el teléfono, ya ven...


Ambos de vinificación tradicional, con crianzas en tinajas de barro (incluso enterradas en la misma viña en el caso de Sol a Sol) y maceraciones largas con hollejos, como a la vieja usanza, que le dan ese aspecto tan particular. Ya lo comenté en Instagram, son vinos que “los amas o los odias”, no hay término medio. Mi recomendación es que se animen a probarlos porque es naturaleza pura… además sus precios son para bolsillos en crisis (7,50€ y 9,50€).



Seguimos con un vinazo, así de sencillo lo digo, de Bodegas Marañones en San Martín de Valdeiglesias (DO. Vinos de Madrid) a los pies de la Sierra de Gredos. 30.000 MARAVEDÍES 2016 está compuesto por 90% Garnacha y otro 10% de mezcla de variedades locales que proceden de 6 parcelas diferentes, lo que se llama un vino de Comarca.

Racimo entero, levaduras naturales, crianza sobre lías de 8 meses en barricas grandes usadas. Producción en ecológico total. El resultado es una joya para beber sin cansarse, alejado de las garnachas cálidas y maduras. Tinto de capa media baja, brillante, glicérico, fluido, de cuerpo medio bajo. Nariz muy floral (jazmines y violetas), fruta roja madurita mixturada con balsámicos. Boca franca, sedoso, equilibrado, con mucha frescura y mucha fruta. ¡Exquisito! 

Más fotos malas...



Lo mejor de este vino es que, además de ser ecológico y rico, es barato (gama básica de la bodega), solo 11,5€.



Ahora un blanco para ir equilibrando la balanza. ISSE VIÑADOR SOÑADOR 2016 de Ismael Gozalo en su proyecto Microbio Wines con una filosofía cero intervencionista y cero producto químico. Solo uva, tierra y clima.

Elaborado con 100% uva Verdejo de un viñedo prefiloxerico (plantado en 1868). Este vino es el resultado de meter mosto con una alta turbidez, en tinajas de barro. Fermentación muy lenta durante varios meses a baja temperatura natural. Luego la tinaja se tapa para su crianza (10 a 12 meses) para finalmente pasar otros 10/12 meses en un depósito de acero inoxidable antes de ser embotellado.

Un blanco que es más blanco en el sentido de su color (amarillo pajizo), con leve turbidez, brillante y glicérico. Su nariz es un canto a los cítricos maduros (pomelo rosado, naranja fresca, limones dulces) con notas de hierbas aromáticas. La boca es fresca, voluminosa, grasa, franca y con un leve amargor final exquisito. Este vino es para paladares más amplios, pero su punto macarra hace que los amantes de los blancos impolutos quizá no lo entiendan del todo. ¡Me gustó mucho! Su precio es más alto, estamos por los 18€, pero anímense a romper la hucha que no falla. 

También con el teléfono...

Cierro con un tinto para no desentonar. Una Garnacha de Gredos, en concreto de San Juan de la Nava, que elabora Marcos Peral más que artesanalmente con uva del Viñedo de la Umbría que era de su abuelo Clemente. Un novel emprendedor que decidió recuperar la viña, darle vida nuevamente siguiendo una filosofía orgánica, retomar la tradición y herencia familiar del trabajo de campo que muchos jóvenes de hoy no quieren ni ver. Y así fue… en sus tiempos libres acomodó la vieja bodega del abuelo con unas cuantas tinajas de barro dentro, compró algunas barricas usadas y se puso a hacer vino artesanal. CLEMENTE PERAL 2017 Garnacha 100% de escasa producción, fermentada y criada durante un mes y medio en tinajas de barro de los años cuarenta y luego 6 meses en barricas de tercer uso. Según leí en su página (aun queriendo tener forma de web, pero con alma de blog) fue aprendiendo sobre la marcha, preguntando, equivocándose, arriesgando, pidiendo ayuda, y animándose. 

Color rojo picota de capa alta, cuerpo medio-alto, con brillo y muy glicérica. Nariz que destaca por su perfume a flores, frutas rojas maduras y tierra húmeda. La boca es potente, con taninos aún rugosos, pero muy franca. Buena frescura que equilibra la madurez de la uva, cerrando con un punto levemente dulzón que no molesta en absoluto. Se expresa y se bebe como un vino artesanal, tal como es. Para estar comenzando, el resultado no pudo salir mejor. Pero creo que tiene un potencial impresionante. 

Esta está un poco mejor...


En la cosecha de este año se animó con una Garnacha que le cedieron de una viña vecina (Finca la Cornocosa) que hizo fermentación por maceración carbónica, alcohólica y maloláctica en tinajas de barro durante 75 días. MURUM 2018 que en lo personal no me gustó tanto porque quedó con demasiado azúcar residual, pero estoy seguro de que a muchísima gente le encantará. ¡Diversidad ante todo!

Conocí estos vinos por los amigos de @NosVamosDeVino en Instagram. Me contacté con Clemente y le pedí unas botellas. En su web justifica por qué su vino es caro (parece que algunos le han dicho que lo es). Yo, desde este pequeño espacio que es nuestro blog, le digo que su vino no es caro, que es barato. Porque además de costar solo 10€, es tremendamente honesto. Si quieren probar una garnacha de Gredos artesanal busquen a Marcos en las redes sociales y pídanle unas botellas que las van a disfrutar y de paso lo van a ayudar. Los comienzos nunca fueron fáciles para nadie.

Aquí lo dejo por ahora… Más adelante, en otro impulso redactor, les contaré sobre más vinos cuya filosofía se ancla al respeto por la tierra y el medioambiente.

Salutes,

Rumbovino 
Más de 8 años comunicando la cultura del vino. En favor del consumo moderado y responsable.

12 diciembre, 2018

Las uvas naturales del Vesubio

Que los antiguos pobladores de Pompeya y Herculano cultivaban la vid a los pies del Vesubio que luego los enterró está más que demostrado, por su propia cultura de supervivencia, por las raíces fosilizadas en la lava que se han encontrado y por los frescos y relieves perfectamente conservados que visten las paredes de las casas de estas antiguas poblaciones del sur de Italia (que he tenido la suerte de visitar y resultan esos lugares que nunca se te olvidan).

Hace algunos años los napolitanos quisieron averiguar y recuperar las variedades de uva que allí se plantaban, y propusieron esa tarea a un grupo de investigadores (arqueólogos, historiadores, agrónomos, arqueobiólogos) quienes tras algunos años de minucioso trabajo de investigación identificaron 6 cepas que pudieron ser cultivadas en el monte a los pies del volcán.

Por resumir el asunto, se hicieron estudios experimentales plantando las diferentes variedades siguiendo los métodos de cultivo de la zona de hace 2000 años y solo tres cepas prosperaron, una de ellas fue la Aglianico, las otras Sciacinoso y Piedirosso.

NATO NUDO Aglianico 2015 fue unos de los vinos naturales elaborado por Terra di Briganti que caté aquella tarde en Madrid junto a Antonio Sicurezza. En aquel entonces no sabía de esta historia, me traje una botella porque me encantó cuando lo probé. De casualidad, mirando un documental en la TV caí en la cuenta de esto…tenía un Aglianico en casa. Esa misma noche lo destapamos… me gustó tanto como cuando lo probé por primera vez. La historia de su variedad hace esto mucho más bucólico, pero el vino estába tremendo. 





Tinto natural, sin sulfitos añadidos, solo uva Aglianico fermentada cultivada en biodinámico sobre un suelo arenoso en la región de la Campania. 

De color picota brillante y limpio, lo que más impacta es su nariz, intensa y diferente a casi todos los tintos que uno puede probar. No mandan las frutas rojas, ni los herbáceos, ni el roble, ni nada de eso… Huele a setas húmedas, a olivas negras, cierta nota terrosa y mineral. O te gusta o no te gusta, no hay términos medios. En boca está aún algo rugoso, pero es franco y sabe a lo que huele…con frescura equilibrada y un final exquisito pero quizá algo corto, por poner alguna pega.

No sé si habrá sabido así hace 2000 años y no sé si efectivamente esta cepa se cultivó realmente a los pies del Vesubio como parece ser, la verdad es que no me importa mucho, pero tengo que reconocer que sus notas son extrañamente antiguas y diferentes a otros tintos. Creo que es un vino que todo amante del noble brebaje debería probar alguna vez y por un precio que bien lo vale (aprox. 13-15 €).

Me rindo a los vinos naturales, me rindo a la historia y la sabiduría de los que alguna vez decidieron cultivar la vid y fermentar la uva.

Buena vida y naturales vinos,

Salute!

Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino desde el 2010. En favor del consumo moderado y responsable.

08 octubre, 2018

THE NEW WAVE GIRL, natural como pocos!

Hasta unos meses atrás, cuando quedamos con Antonio Sicurezza para catar unos cuantos vinos naturales italianos, ni sabía de su existencia. Lo digo en sentido de mi gran ignorancia hacia los pioneros en esto de los vinos naturales que andan por España. Hablo de Fabio Bartolomei, de Vinos Ambiz, un proyecto que comenzó su andadura en el año 2003 de manera menos profesional pero con toda la intención de hacer un vino sano. Pues resultó ser que con el paso de los años y la “profesionalización” de este tipo de productos (que algunos aún se niegan a reconocer) Fabio entendió que llevaba elaborando vinos naturales desde el principio. 

Como dije antes, no sabía de él y tampoco tengo el gusto de conocerlo, pero luego de probar una de sus creaciones me tomé un tiempo para conocer más de cerca sobre su filosofía y el proyecto, porque la verdad es que tras un primer impacto que casi me descoloca (no estaba boxeando, estaba catando) entendí que la cosa iba realmente en serio. Se trataba de un blanco THE NEW WAVE GIRL (90% Albillo Real y 10% Malvar), que no parecía blanco ni por color ni por alma, que he disfrutado como un niño con juguete nuevo (así se decía en mis épocas, creo que ahora un juguete no hace tanta ilusión a un niño como un IPad). 

Imagen tomada de www.rollingwine.com

Elaborado a pachas entre Fabio y Antonio se produce con uvas de la sierra de Gredos nacidas de viñedos vivos y sanos trabajados absolutamente en ecológico, que tras un corto contacto con los hollejos fermentan con levaduras indígenas y se crían por separado en tinajas sobre sus propias lías durante unos meses. El “coupage” se hizo en febrero y el frío del invierno actuó de decantador separando lo gordo de lo fino y lo líquido de lo sólido, como se hizo toda la vida. Se envasa sin filtrar y se coloca en botellas trasparentes (sin truco ni cartón, para ver lo que hay dentro) y se tapa con corcho de verdad de cultivo sostenible. No vale eso de ser creyente a medias.

Blanco naranja, denso en copa y de lágrimas gruesas, turbio y brillante, casi paradójico. Nariz espléndida de mediana intensidad con aromas que recuerdan al pan tostado, algo de pera madura y hollejos (la oxigenación le viene muy bien porque lo despierta y el frío le bien mal porque le resta placer. Beberlo refrescado, no frío). En boca es poderoso, graso, untuoso, se puede masticar, justito de equilibrio entre la frescura y el dulzor. Sus 14 grados de alcohol le dan robustez pero no le quitan ni un ápice de complejidad. 

Ideal para maridar una comida con carácter. Como buen argentino que soy acompañaría una buena parrillada de achuras (con sus chinchulines, tripa gorda, mollejas, ubre, sesos y entrañas… que no le falte nada). Eso sí, después una buena siesta para que la felicidad sea completa.

Debería terminar esta nota aquí, pero ya me veo venir luego los reclamos, así que por las dudas aviso a los amantes de los blancos inmaculados de notas tropicales y colores cristalinos que este no es su vino. Dicho esto, anímense a romper el molde.

Las gracias a Antonio nuevamente y a Fabio por animarse a hacerlo.

Buena vida y naturales vinos,

Salutes, Rumbovino.

8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

01 julio, 2018

La bicicleta voladora

La propuesta es simple. Vinos elaborados con “Uvas felices, sin madera ni porquerías”. La filosofía se cumple al pie de la letra. 

Uvas felices, de Tempranillo y Viura (cepa blanca) procedentes de viñedos situados a unos 330 metros de altitud sobre suelos arcillo-calcáreos profundos y con mucha piedra en superficie (Los Riscos y La Hoya, municipio de San Adrián en Navarra, Rioja Baja). Sin porquerías, porque las viñas se cultivan exclusivamente en ecológico certificado, porque no se intervienen, solo se usan levaduras autóctonas (con pie de cuba) y un mínimo de sulfitos al embotellar. Sin madera, porque se fermenta en depósitos de hormigón y huevos Flextank, realiza la maloláctica en hormigón y se cría durante 7 meses en hormigón, ánforas y huevos Flextank. Dicho y hecho!

El resultado y el precio son para aplaudir. Por solo 7,5 € aprox. usted se puede hacer con una de estas 70.000 botellas de la cosecha de 2017 (yo le aconsejaría que sean más de una, si las consigue) donde se va a encontrar con una joya que aún necesita pulirse un poquito más para estar perfecta (le daría un par de meses aún), pero que lo hará disfrutar de principio a fin.

Germán Blanco busca hacer vinos frescos fluidos y verticales, y eso es lo que logra. Una flecha con cuerpo de tinto y alma de blanco que se puede beber por litros. No pude encontrar los porcentajes que utiliza de cada cepa, pero me da la sensación que la cantidad de Viura no debe ser poca. 




Rojo cereza capa media-baja, glicérico, limpio y brillante. Nariz de esas que invitan a meterse dentro de la copa, pero no por aromas inventados por las levaduras que juegan a ser dios sino porque huele a vino joven de fruta roja fresca, pomelo, naranja sanguina, un toque de balsámico y un fondo mineral que aporta complejidad a la simpleza más pura. En boca es vertical, fresco, vibrante, sin una sola arista más allá de su juventud que aún está algo desatada y necesita calmar sus nervios. Pura fruta roja y cítricos bien mixturados, acidez y dulzor en partes iguales. Final medio, amarguito, rico, sin vueltas. En mi caso, creo que va bien con entrantes y salientes, acompañaría una comida completa con este vino y hasta me animo a un postre.

Aclaro por las dudas. No esperen un Rioja al uso porque no lo van a encontrar en esta Bicicleta Voladora. Este va por otro lado y hasta aceptaría que a más de uno no le guste si espera lo de siempre. De esos hay muchos, pero si quieren uvas felices de puro terruño a pocos euros busquen y prueben. Luego me cuentan.

Buena vida y naturales vinos.

Rumbovino.

Casi 8 años difundiendo el mundo del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

04 junio, 2018

Estamos sobre la arena. Natural del Loira

Si cualquiera de ustedes hace unos años atrás me hubiese dicho no solo que iba a beber un tinto de 11 grados de alcohol y me iba a encantar, sino además que iba a pagar por él le hubiese dicho que estaba totalmente loco y que no tenía ni idea de mis gustos ni de vino. La primera parte podría haber sido verdad porque mis gustos han cambiado claramente, pero la segunda no habría estado más lejos de la realidad. 

Así de fantástico es este mundo del vino y por eso me apasiona. Porque no deja de sorprenderme y porque no dejo de sorprenderme a mí mismo. Vi-na-zo natural del Loira! Puro Cabernet Franc con 4 años a cuestas y solo 11 graditos. Puro terroir, no apto para los buscadores de maderas, barnices y expresiones exuberantes. El que avisa no es traidor!

No soy un experimentado en esto de los vinos naturales ni mucho menos, pero que los franceses van a la vanguardia no es noticia, y que de ellos los vignerons de la zona del Loira tienen mucho peso específico lo debe saber casi todo el mundo. ON EST SU L'SABLE  2014 ("Estamos sobre la arena", según la traducción de mi compañero Lamas) es un tinto que elabora Laurent Lebled en su bodega A LA VOTRE (Valle de Loira, Touraine, Savigny en veron) con 100% Cabernet Franc procedente de viñedos de entre 50 y 70 años sobre suelo de arena y limo, cultivados de forma orgánica, sin utilización de productos químicos y sintéticos de ninguna naturaleza. 






El proceso de elaboración es simple, tras la vendimia se realiza una primera maceración carbónica durante 17 a 21 días en depósitos de hormigón, luego la fermentación alcohólica con levaduras autóctonas, final de fermentación alcohólica y maloláctica en depósitos de fibra. Por último se somete a una crianza de 6-8 meses en depósitos de fibra. 




Color rubí teja de capa media baja. Lágrimas densas y finas dan muestra de su carga glicérica y lo suyo no es justamente la limpidez ya que su aspecto ligeramente turbio indica que no se filtra en absoluto (hay quienes no aceptarían este ¿defecto?). La nariz es exquisita y compleja, pero necesita aire para abrirse. Las notas minerales siempre presentes se acompañan de las piracínicas (su origen se expresa claramente), florales (rosas), hierbas frescas y cítricas de naranja amarga. En boca es franco con lo que anticipa su fase olfativa, directo, vertical, con mucha frescura y una acidez perfectamente equilibrada entre sabores herbáceos y de fruta roja jugosa y expresiva. Tinto mineral de principio a fin que invita a beberse la botella de una sentada sin siquiera darse cuenta.

Como dije al principio del post, los buscadores de vinos con madera y fruta madura por bandera, abstenerse porque no es un tinto para ustedes… Pero si quieren pureza, terruño y un poquito de riesgo, ni lo duden e inviertan unos 13,5 € porque estoy seguro que no los dejará indiferentes.

Buena vida y naturales vinos.

Salutes, Rumbovino.

Casi 8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable

17 mayo, 2018

Naturales de Italia

Hace unos días atrás, aprovechando que estaba por Madrid, nos acercamos hasta Reserva y Cata, para participar de una degustación de vinos naturales Italianos, invitados por Antonio Sicurezza y Ezequiel Sanchez Mateos. Catamos vinos procedentes de tres bodegas localizadas en diferentes regiones de Italia. TENUTA BELVEDERE (Lombardía, Oltrepò Pavese), SIEMÀN (Véneto, Colinas Béricas) y TERRA DI BRIGANTI (Campania, Sannio). En total probamos 12 vinos, 4 de cada bodega, todos naturales, casi todos sin sulfitos agregados y todos, cada uno en su línea, con mucho que contar. 

Quienes suelen seguir este blog con cierta frecuencia saben que no somos muy adeptos a los post interminables en los que se describen infinidad de vinos, por lo que este tampoco será excepción a la regla. Como decía antes, cada uno de los vinos que probé me ha gustado mucho por diferentes razones que en su momento comentaré, pero de esta cata en particular tengo que reconocer que me sorprendieron muy gratamente los blancos WAI 2016 (espumoso 70% Pinot Nero y Riesling Itálico) y Pinot Grigio 2016 (100% Pinot Grigio) de bodega Tenuta Belvedere, Camaleonte 2016 (70% Garganega y partes iguales de Tai Rosso, vinificado en blanco, e Incrocio Manzoni), Mosca Bianca 2016 (60% Moscato Bianco y Garganega) y Occhio al Bianco 2016 (60% Tai Bianco y Garganega) de bodega Siemàn y Nato Nudo Fiano 2016 (100% Fiano) y el extraordinario Coda di Volpe 2017 (100% Coda di Volpe, Cola de zorro por la forma que tienen los racimos de esta uva) de la bodega Biodinámica Terra di Briganti.

Aunque no debería hacer falta aclararlo me gustaría decir que destaco los blancos porque soy más de tintos, y por lo general cuando voy a catas de este tipo son los tintos casi los únicos que me llamaban la atención, pero lo cierto es que poco a poco esa tendencia personal está cambiando y con vinos blancos como estos, el equilibrio cromático llegará más temprano que tarde.

Me he traído varias botellas a casa, así que en la medida que las vayamos descorchando iré contando con más detalle de cada uno. Por lo pronto, y siempre con la intención de equilibrar el abanico de colores, les hablaré de un tinto que me encantó en la cata y se confirmó por botella, en casa y buena compañía.

COCCÌNEA 2014

Uva: Croatina 100% (cepa autóctona característica de la región de Oltrepò Pavese)

Viñedos: Provincia di Pavía (Lombardía), donde las vides crecen sobre suelos argilo-calcáreo de origen marino.

Vino proveniente de una añada fría y con lluvia que dio lugar a un vino rústico y auténtico. Las uvas se recogen a mano y se dejan fermentar el mosto con las pieles y a temperatura controlada durante 15 días con remontadas diarias. Al final de la fermentación alcohólica, se coloca en depósitos de cemento en los que tiene lugar la fermentación maloláctica. A continuación descansa 8 o 9 meses hasta que se embotella, precedido de un único trasiego. Antes de salir al mercado, se deja en botella de 10 a 12 meses. No se utilizan sulfitos, ni durante la vinificación ni durante el embotellado. El nombre Coccìnea significa rojo escarlata en latín y también da su nombre a una familia de plantas (Banksia Coccìnea, comúnmente conocida como Banksia escarlata). Producción anual de 4000 botellas. Alcohol 13% vol. 








Color rojo picota con ribetes violáceos, capa media alta, lágrimas viscosas y delgadas. En nariz necesita aire para abrirse, no hay que apurarse, es más de susurros que de gritos a viva voz, pero con algo de tiempo (15-20 minutos) expresa mucha complejidad, dominando las notas minerales (tiza y talco) acompañadas por hierbas aromáticas (quizá laurel, orégano, menta fresca) y un fondo de fruta roja muy sutil. La boca es firme, con taninos algo angulosos aún pero que no molestan en absoluto y expresan fielmente las características de la uva que los pare. Fresco, mineral y final medio, no muy largo, pero suavemente amargo que invita a seguir bebiendo

Apuntes personales: Ya no es novedad para quienes nos siguen que este tipo de vinos cada día me cautivan más. Menos fruta y más tierra, de esos que no suelen gustar por golosos al primer trago sino que hay que dejarse atrapar poco a poco, trago a trago. A mi entender, este tinto rompe varios conceptos que parece que algunas personas “antinaturales” aún no terminan de tener claros. Primero los que piensan que estos vinos no tienen vida por delante (este no es viejo pero lleva ya 4 añitos encima y está para vivir otros tantos sin siquiera despeinarse), que todos saben igual, que la calidad es discutible y que solo son una moda más que se va a acabar. Creo que con vinos así esto de los vinos naturales llegó para quedarse. Claro que para sostener y afianzar esta tendencia hay que ser profesional y tomarse este trabajo muy en serio. En España se va por el buen camino, pero hay que ir mejorando día a día para ganarse la confianza del consumidor y seguir creciendo para no ser solo una moda pasajera.

Nuevamente dar las gracias a Antonio y Ezequiel por la invitación, a pesar de no saber ni quién era yo. Realmente ha sido una experiencia muy interesante en la que he aprendido mucho y en la que me he podido acercar un poco más a la naturalidad de los vinos italianos, hasta hace nada, unos perfectos desconocidos para mí.

Buena vida y naturales vinos,

Salute, Rumbovino.

Casi 8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

29 abril, 2018

El adiós a Las Delicias con El Carro

“Todo concluye al fin, nada puede escapar, todo tiene un final, todo termina…” rezaba la mítica canción Presente, de Vox Dei allá por la década del 70 . Ni mejor ni peor, es así…todo termina.

En lo personal creo que los finales más tarde o más temprano terminan siempre dejando un sabor amargo, que no tiene que ver con que ese final haya sido malo o bueno, o triste o alegre. Es más profundo que eso, es saber que eso ya no volverá a estar o no volverá a suceder, es esa especie de resaca que te queda luego del subidón de adrenalina que te inunda el cuerpo al pasarlo muy bien –o muy mal-. Siempre, lo que sigue luego de eso es un dejo melancólico o nostálgico que solo el tiempo se encarga de templar.

Algo así he sentido hace un par de sábados atrás, cuando luego de 5 años mi amigo Rafa ha cerrado su local de vinos -templo del vino diría yo- “Las delicias del 69” en la Plaza de Abastos de Lugo. 

Desde el día que lo conocí, casi de casualidad paseando por allí una mañana de sábado del año 2013 (yo aún vivía en Argentina en aquella época), consideré su tienda como el mejor comercio de vinos de Lugo. Rafa tenía claro lo que quería vender y cómo venderlo. En las delicias encontrabas los vinos que nadie tenía, siempre apostó por los pequeños y medianos productores, por bodegas y viticultores poco conocidos, por aquellos que respetan el terruño y por poner precios democráticos a los bolsillos de los interesados. Siempre me llamó la atención su predisposición a educar a los clientes más que a venderles. Podrías llegar pidiendo el vino más caro de la tienda que él te terminaba vendiendo el más barato, porque primero había otras cosas que probar y mucho que aprender antes de disfrutar del de mayor coste. Eso claramente es inculcar la cultura del vino. Qué extraño, no? En un mundo movilizado por el consumismo y la venta fácil y rápida, este tipo tenía la costumbre de ir al revés de lo que está mandado y antes de vender quería enseñar! Cosas de los grandes… 

Y no cometan el error de pesar que cerró porque le iba mal con su filosofía de venta. Cerró porque a veces en la vida debemos tomar decisiones, y las decisiones suelen implicar que dejemos aquello que más queremos. Fue mi visita “casi obligada” de todos los sábados por la mañana durante todos estos años que llevo en Lugo, con él aprendí muchísimo de los vinos españoles, y franceses y portugueses, y aprendí de la vida en general porque más de una copa de vino hemos compartido, y ustedes saben tanto como yo que acompañando a buen vino no hay nada mejor que una buena charla, te lleve la misma por donde te lleve… En las Delicias conocí los vinos de muchos pequeños grandes, la lista sería interminable si comienzo a enumerarlos. Me acuerdo como si fuese hoy del primero que me vendió, LA MULTA 2013 del Escocés Volante (una tremenda garnacha joven, sellada con tapa a rosca por la magra suma de 5 €). Si no es a día de hoy el vino con mejor RPC he tomado en mi vida, le pasa muy cerca. Y así pasaron los años… entre charlas y copas vacías.

Mientras nos estábamos yendo, entre que cerraba el ordenador y acomodaba unas cosas para decir adiós definitivamente, yo pensaba qué vino pedirle para escribir esta nota. Tenía que sería algo especial como casi todo lo que Rafa ofrecía… Un par de ventas de último minuto retrasaron la partida y me despejaron la mente… EL CARRO 2013, de Rafa Bernabé iba a ser! 

No tuve mejor despedida que esta auténtica joya, que aún se mantiene viva, fresca, filosa, compleja, exquisita y radical como la primera vez que la probé! 



Nos seguiremos viendo, seguiremos charlando, será sobre otra barra y quizá otro día…Quizá el tiempo se encargue de nublar un poco este recuerdo, pero para que no desaparezca estarán los vinos que he aprendido a beber contigo, Rafa. Hasta pronto amigo!

Buena vida y buenos y naturales vinos!

Salutes, Rumbovino.

11 marzo, 2018

PURA VIDA

Seguimos firmes en este nuevo camino que nos hemos trazado con el blog, el de los vinos naturales. Una evolución natural -hablando del asunto- luego de casi 8 años escribiendo sobre vinos primero desde Argentina y ahora en España.

Es cierto que a esta especie de “revolución bloguera” no se llega de un día para otro, se llega lentamente, leyendo, aprendiendo, creyendo, probando, escuchando, cambiando… profundamente. Pero lo mejor es que estos cambios, que se maduran, llegan para quedarse. No son modas, que en el mundo del vino abundan. Las modas llegan y pasan. Quienes cultivan y elaboran los vinos naturales, así como quienes los compramos, bebemos, disfrutamos y quienes además escribimos sobre ellos (en nuestro caso ocupamos ambos sitios) lo hacemos porque creemos en ellos como expresión y como forma de vida, a pesar de que somos conscientes de que el camino elegido es el más difícil de transitar. Pregunten a los viticultores que dejan su piel a diario en sus viñas, cuánto les cuesta vender sus vinos; y a los que los comunicamos cuánta gente menos nos lee.

Hemos llegado hasta aquí convencidos de que de la misma manera en que vivimos, convivimos y nos alimentamos, deseamos beber. Así que así seguiremos…

Hoy tenemos una Garnacha 100% que procede de viñedos ecológicos y muy vivos de la zona de la Alpujarra (Almería), que se llama Pura Vida (2016) y es elaborado por Rober y María del Mar en su proyecto familiar de vinos artesanales (Vinos Fondón). 




Pura Vida 2016, 100% Garnacha y Amor reza su atrevida etiqueta. Y el vino es tal cual. Comenzando con un color rojo rubí atejado, de capa media baja, levemente turbio y con mucha lágrima, que no esconde su naturaleza. De nariz expresiva, no muy compleja, pero rica. Es pura fruta roja fresca, con notas de naranja sanguina y algún matiz herbáceo. En boca es igual, súper frutal, directo, de taninos finos, fresco y equilibrado con esa calidez final típica de la garnacha en su punto de madurez. Para beber por litros y disfrutar.

Pura Vida, pura uva garnacha sin vueltas ni sulfitos. Pura viña y pura verdad. Sobre 9,5 € su precio en tienda. Lo acompañamos con pastas y quedó una cena fantástica, sana y nutritiva. 


Fotos Manuel Palenzuela, tomadas de la página de Facebook


Buena vida y naturales vinos amigos!

Salutes,

Rumbovino, casi 8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.