SOBRE BODEGAS, VINOS Y OTRAS COSAS... ESTE ES NUESTRO CUADERNO DE NOTAS...



19 junio, 2015

Saó Abrivat 2010...para no dejar pasar.

En general no suelo escribir sobre vinos que cato en forma rápida, sin detenerme al menos un mínimo a evaluar matices. Ya sea acodado a la barra de un bar, o de pasada en alguna feria a los codazos con los demás asistentes. No son ocasiones ideales para degustar un vino y puede suceder que un gran ejemplar se diluya entre tanto líquido previo o conversaciones banales, o puede que sea al revés y terminemos encumbrando al podio un ejemplar que está peleando con los defensas en un partido por el descenso.

Muchas veces, también, suelen darse estos yerros en aquellas etiquetas que, por los motivos que sea, solo alcanzas a beber una sola copa y quieren los astros que uno no tenga el día para reconocer calidad en el caldo… En cualquiera de los casos no es justo para el vino, ni para quien considera que este humilde aficionado (identificado en mi persona) puede aportarle alguna idea a la hora de elegir qué beber en alguna ocasión. 

Ya ven, a la hora de describir un vino, si no se hace en condiciones adecuadas, es más probable fallar que acertar. Sin embargo, ocurre que a veces un vino, habla alto y fuerte con una sola copa… y en ese caso se encienden las alarmas y el asunto es cosa seria. 

Algo así me pasó ayer con una etiqueta de las tantas que suelo probar con mi amigo Rafa en las Delicias del 69 en Lugo (buenos vinos, siempre acompañadas de un buen Jazz de fondo hacen de esa vinoteca la mejor de la ciudad amurallada, con gran diferencia). Rafa es un tipo inquieto y busca siempre cosas nuevas que agregar a su tienda… Dicen que el que busca encuentra y como es un tipo al que además le gusta compartir; cuando encuentra, cada botella que recibe la destapa para que los amigotes que lo visitamos con cierta frecuencia podamos opinar.

Así que ayer por la mañana quedamos en probar un par de etiquetas nuevas. Debo reconocer que ambas me gustaron, pero una de ellas me conquistó al momento, y solo bastó una copa…

Se trataba de un tinto de la DO Costers del Segre que elabora la Bodega Mas Blanchi I Jové. Un corte de Tempranillo (40%) Garnacha negra (35%), Cabernet Sauvignon (15%) y Merlot, que lleva por nombre SAÓ ABRIVAT 2010.

La uvas son obtenidas de viñedos trabajados en forma orgánica (tienen la certificación desde el año pasado), plantados sobre suelos arcillosos-calcáreos. Es criado durante 12 meses en maderas francesas y americanas en mayor porcentaje. Esta es una info que saqué de la web, como para presentar el vino y ponerlo en situación. Pero pueden visitar este link e informarse del proyecto en profundidad.

En la vista mostraba sus 5 añitos. Los rubíes vivos levemente atejados predominaban. De capa media, buen brillo y limpidez. Glicérico. Buenas piernas, sugerentes, atractivas. Hablo de las piernas del vino, eh! 

La nariz estaba impecable y de volumen alto. Al principio asomaban algunas notas de evolución que enseguida dejaban paso a la alegría. Creo que es un vino para una nariz especial, de esas que tienen mucha sensibilidad, porque la mía es un poco remolona y seguro se perdió gran parte de la fiesta. Aún así, mostró mucha complejidad. Frutos rojos y negros maduros, mermeladas, especias (pimienta, canela), balsámicos (mentolados), minerales (arcilla quizá?), cuero, tabaco, chocolate, y mil cosas más… Lo mejor es que estaban integrados, perfectamente… Aparecían juntos, pero se diferenciaban también por separado. No sé bien cómo explicarlo, pero en conjunto sonaban a la perfección.

Cualquier vino que ofrece tanto en nariz, me asusta al meterlo en la boca. No quiero que me defraude (ya me ha pasado varias veces). Pero como debe ser, este no fue el caso. La boca era franca, igual de compleja y con mucha frescura que sostenía ese sabor levemente goloso que aporta el roble americano pero que en su punto justo no me disgusta. Maduro, redondo, largo, exquisito. La mala definición de vinazo le queda que ni pintada.

Luego pregunté cuál era su precio. Rafa, esbozando una leve sonrisa, me dijo… sobre los 11 euros. Me dieron ganas de abrazarlo.

Como decía Quino en una de las tiras de Mafalda. Voy a cometer la “gafé” de decir que la etiqueta que eligieron no me ha gustado mucho. Solo para que nadie piense que soy amigo de quienes lo elaboran… Nada más que por eso.

Gracias por leernos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

16 junio, 2015

El laboratorio de Bruno

Este espacio va de historias, y de eso tratan estas líneas. La idea es simple, hablar de aquella gente ligada al vino que nos hace felices. Es que no entiendo cómo se puede beber un vino que no transmita felicidad.

Y por esos intríngulis del camino anda Bruno Lovelle, sintiéndose feliz y transmitiendo lo mismo con sus vinos desde un rincón de la Ribeira Sacra Lucence, en una bodega que no es más grande que mi piso. Es joven, solo 28 años, y lleva elaborando vinos desde los 20. Pero al hablar con él despliega esa sabiduría que solo dan los años y no la lectura. Quizá sea el desparpajo y seguridad que da la juventud. Vaya uno a saber.

Aprendió de su abuelo y con su abuelo. Desde pequeño a trabajar la viña, a ensuciarse y transpirar con el sol a plomo sobre el lomo, o a helarse en el pleno invierno gallego cuando había que podar. Los comienzos nunca son sencillos, y esta no es la excepción. Porque el vino le empezó a gustar de a poco, al principio no lo emocionaba mucho que digamos. Pero el amor surgió como debería ser siempre, fraguándose lentamente, hasta hacerse cierto y duradero. Esos son los amores que tienen buen destino...

Luego se puso a hacer vinos, y desde el principio tuvo claro lo que quería hacer. Caldos que representen lo mejor de la Ribeira Sacra del Sil y del Miño, pero sin estar atado a las Denominaciones de Origen que a veces encorcetan demasiado. Quería ser libre, crear sus vinos, jugar y disfrutar haciéndolos.

Por eso me gustó la palabra “laboratorio” en el título de la nota, creo que refleja muy bien lo que Bruno hace en su bodega. También podría haber usado la definición de alquimista, porque crear vinos sin dudas es alquimia.



No conté bien cuántos vinos diferentes caté aquella tarde que lo visité. Quizá fueron 8 o 10... de tanques, de barrica, de botella, uno mejor que otro, se los aseguro.

Solo elabora tintos y juega con las cepas, las expresiones, las regiones, los sabores y las maderas. Hace vinos jóvenes y viejos (perdón por la palabra, pero cuadraba bien en el texto), con uvas de riberas cercanas y lejanas. En sus caldos conviven la Mencía, con la Garnacha tintorera, la Tempranillo, la Tinta de Toro y la Syrah a las mil maravillas... Confluyen la Ribeira Sacra, con el Bierzo, La Rioja, Toro y el Duero sin desbordar ni una sola gota. Armonizan a la perfección la finura de Galicia con el poder de Castilla León... Por eso, quizá, ahora me entiendan cuando utilicé las palabras alquimia o laboratorio.

Les cuento sobre él porque me vi reflejado en su persona y su hacer. De haber sido enólogo, y no veterinario, estoy seguro que hubiese sido así. Hacer vinos de esa manera, al menos para mí, es parte de la creación, del arte que tiene y nos permite manipular esta mágica bebida...

El vino se hace en el viñedo. Totalmente de acuerdo. A veces no hace falta más que una uva querida y bien cuidada para que un jugo sea excepcional. Pero otras veces una buena uva requiere de buena compañía para expresarse mejor y desarrollarse en plenitud; saber y entender eso es muy difícil, quizá lo más difícil que demanda el arte de la vitivinicultura. Y que un “pibe” de tan solo 28 años sea capaz de interpretar las uvas y las regiones como lo hace Bruno, me emociona. Llámenme nostálgico si quieren.


Cosas del vino y de la vida... que vamos a hacer.

Gracias por leernos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

* Nota escrita (y publicada) para el número 4 de la Revista de Vinos Argentinos. VINARQUÍA (http://issuu.com/vinarquia/docs/vinarquia_nro_4)

06 junio, 2015

Hablando de vinos, sin afeitarme

Si mi madre me viese así, ya me imagino lo que me diría... Dos semanas en casa tras la cirugía, un poco tirado al abandono de los aspectos fenotípicos necesarios para la vida en sociedad. La barba larga, el pelo sin peinar y los "gayumbos" cortados a modo de ventanita por delante para no tapar la incisión quirúrgica, hacen de mí un espectáculo poco frecuente y hasta diría cómico. Aunque reconozco cierta comodidad y relax en esta etapa, que como otras, seguro pasará pronto... Hoy comentaba a un amigo por correo que si algo estoy sacando de bueno de estos días de ocio obligado es la posibilidad de leer, mucho y bueno, de lo que más me gusta... Me encanta leer sobre lo que me gusta. A quién no? Y cuánto me molesta no tener tiempo de hacerlo con el trajín del trabajo diario. A muchos de ustedes les sonará moneda corriente seguramente.

Me puse a devorar libros (y webs) de vinos. Para ser más correcto, de cultura del vino. Sobre los viñedos y sus labores, de biodinámica, de elaboraciones orgánicas y de lo que el amor y el respeto por la tierra y el entorno pueden hacer en un producto tan agradecido como el vino. Porque convengamos una cosa, pocos productos “comestibles” son tan agradecidos como el mágico fermento. Mira que algunos ya no saben más qué echarle al pobre para hacerlo más atractivo al público. Y aún así, se las arregla como puede para mantener su esencia intacta. Mucho he leído estos días sobre el asunto (y estoy recién empezando)... Quizá VINOS NATURALES EN ESPAÑA de Joan Gómez Pallarés fue quién abrió la rendija de la ventana donde me colé definitivamente. Si no te gusta el vino, probablemente tampoco estés leyendo esto, pero si es así, te recomiendo leer su blog, porque seguro comenzará a gustarte.


Hace ya bastante tiempo que llevo escribiendo sobre el noble brebaje. De aficionado nomas. Primero desde Argentina, luego desde España (más Galicia que otra cosa) y en estos casi 5 años en los que decidimos con Noemí ponerle nombre a un blog, mis gustos de vinos han ido cambiando, como dice la canción del chileno Julio Numhauser, maravillosamente interpretada por la “negra” Mercedes Sosa. Todo cambia, y los gustos en el vino también.

Pero lo más maravilloso de este proceso es que esos cambios, paulatinos y lógicos me atrevería a decir, sucedieron por maduración, a base de conocer viñedos, de hablar con viticultores, de ensuciarme en la viña, de probar y probar vinos, diferentes estilos que fueron de a poco ganando mi paladar y mi corazón.

Nada tuvieron que ver las modas en este cambio, sino no sería real, pero reconozco también que la moda actual que demanda un vino más natural sí que ayudó, porque hoy por hoy es más “sencillo” encontrar esas etiquetas que antes se antojaban casi imposibles y pocos querían hacer. Los bodegueros que ante todo tienen una empresa que mantener, tuvieron que dar una vuelta de timón necesaria y obligada (no sé si están convencidos o no del vino que están haciendo ahora, pero lo hacen) para poder readaptar sus productos y eso trajo consigo más y mejores opciones para elegir. Pero no es por ahí por donde quiero ir... Vuelvo al lugar donde quedé.

Mis gustos fueron cambiando desde aquellos comienzos y creo que lo seguirán haciendo (es lo esperable), pero como soy una persona que siempre estoy buscándole explicación a todas las cosas (acá mi formación científica juega un papel importante, no lo puedo negar), confieso que este cambio me generaba intriga.

Dicen que sobre gustos no hay nada escrito, y estoy de acuerdo, y que en tema de vinos hay un abanico de gustos tan amplio como etiquetas hay en el mercado. Pero siempre me pregunté qué hace que a algunas personas les guste un tipo de vinos (o lo que sea) y a otras les guste otra diferente. Alguna explicación tiene que haber, eso no ocurre por casualidad o azar, creo yo.

Sin dudas tenemos algo dentro nuestro, íntimo, que lo determina. Algo, independientemente de las ramificaciones de nuestras neuronas, que hace que decidamos inconscientemente qué cosa nos gusta más que otra. Pienso también que quizá tenga que ver con las experiencias personales que transitamos a lo largo de nuestra vida. Lo difícil es saber el porqué de esos gustos.

Y en esos menesteres andaba hasta que me tocó hacer sofá durante un tiempo y me topé con estos libros, y con la posibilidad cierta de, además de poder leerlos, asimilarlos, masticarlos, digerirlos e incorporarlos a las moléculas más pequeñas de mi ADN. En las explicaciones de algunos expertos y otros más autodidáctas, pero con muchos libros y experiencias en sus espaldas, encontré en parte la respuesta al porqué mis gustos por los vinos han ido cambiando hacia lo natural, puro y verdadero que es la expresión de un paisaje encerrado en líquido. Sin maquillajes ni correcciones, sin ataduras y sin complejos, respetuosos de su tierra y costumbres. A veces menos redondos, golosos, y explosivos, pero infinitamente más emocionantes.

Encontré una explicación a ese porqué y tiene que ver con mi vida hasta ahora, y del amor por los paisajes y la naturaleza que mi vieja, apasionada eterna de la Patagonia andina, me inculcó a lo largo de toda mi vida. Sin siquiera beber una gota de vino nunca, fue quien me hizo ser como soy, y estoy seguro que a pesar de mi desaliñado temporal, estará orgullosa de verme y sentirme así.

A tu salud,

Gracias por leernos,
Salutes. Rumbovino


Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

24 mayo, 2015

Otra joya tinta de la Ribeira Sacra

Me confieso un enamorado incurable de los tintos de la Ribeira Sacra, lo tengo dicho hasta el hartazgo, ya lo se. Y aunque yo mismo ponga en duda mi objetividad enofílica cada vez que me enfrento con uno de vinos, seguiré exprimiendo cada neurona que me queda con la intención de lograr poner en palabras todo lo que estos caldos transmiten a quienes los descubren.

Este es otro de esos casos en los que me siento delante de la pantalla del ordenador y me esfuerzo en quitar pasión a las letras para no escribir con el corazón, pero me cuesta mucho no hacerlo. Quizá ya es incurable. Vaya a saber.

VAL DO FRADE 2014. Es un tinto tan simple pero tan tremendamente complejo que no logré estar cómodo con la introducción del texto que estaba escribiendo, hasta que me di por vencido y entendí que no importaba para nada lo que yo dijese aquí, porque esta etiqueta era capaz de hablar por si misma.

En Vilachá de Salvadur (Subzona de Quiroga-Bibei), tierra con historia y unas pocas bodegas todas centenarias, Purificación Díaz Ferreiro elabora este tinto joven con uva Mencía procedente (en su mayoría) de su única hectárea de viñedos propios. Hasta donde pude saber, elaboración tradicional sin maderas y cepas bien cuidadas son su secreto.



Un tinto de capa medio-baja, cuyo color rojo rubí casi pide permiso para expresarse. Me recordó a esos Pinots patagónicos que hace tiempo no pruebo. De piernas gruesas y lágrimas densas, iguales a las que hay que dejar en la tierra para cultivar estas viñas.

Nariz limpia, máxima pureza. Aromas que hablan del Río Sil. Mixturas de frutas rojas finas, en su punto de madurez, frescas y expresivas. Notas herbales y flores sobre un fondo mineral sello de identidad de estos caldos gallegos. Fragancias de Ribeira Sacra.

En boca es pura suavidad, acaricia el paladar en su paso fluido. Es elegante y de gran complejidad. No falta acidez (media-alta) y fruta fina de principio a fin. Sobre el fondo, notas sutiles a hierba fresca, especias y rasgos terrosos.

Nada en este vino es exagerado, todo está en perfecto equilibrio. Con tan solo 12 graditos de alcohol, se bebe por litros (¿ven que no hace falta más?). Y lo mejor de todo es que su precio es de tan solo 7 euros.

No había probado esta etiqueta antes. No sé cómo fueron sus cosechas anteriores, si más o menos buenas. Tampoco sé si son consistentes año tras año. No tengo claro tampoco si en un tiempo este tinto joven va a estar mejor o se caerá como suelen hacer algunos vinos poco intervenidos de esta región. No sé muchas cosas de este vino y su historia, pero si de algo estoy seguro es que ahora, hoy, que estoy redactando estás líneas, es de lo mejor que he probado de la Ribeira Sacra este último tiempo.

Gracias a Humberto, del Centro del Vino en Monforte que me lo recomendó!

Gracias por leernos,
Salute, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

17 mayo, 2015

BROA 2013

Le debo a Bruno una nota, que ya está escrita y rumbo a Argentina para incorporarse a la revista de Vinarquía. En esas letras cuento su relación con el vino, hablo de su forma de verlo, de sus uvas y sus orígenes, pero no describo ninguno de ellos, a pesar de que la mayoría de los que llevan su autoría no visten ninguna etiqueta, pero llenan copas de bares y restaurantes por gran parte de Galicia.

Sin embargo no quiero dejar en blanco la historia, sin mencionar su primera creación vestida de Ribeira Sacra. Su nombre es BROA y sus frutos crecen en ambas riberas, las baña el mismo sol pero las cobijan distintas laderas y las riegan diferentes ríos, el Sil y el Miño en una sola botella. No eligió la mejor cosecha para salir a pista con la primera botella que lleva su firma; pero mira si se tendrá fe el muchacho que eso no le intimidó para nada.

Mencía en exclusividad, buena madurez y buenas viñas, bancales de xistos y granitos, cofermentación y algunos meses en barricas usadas hicieron de este BROA (entre los ríos) un vino serio, muy serio.





Aún joven, pide aire y botella. Aire para beberse ahora y botella para seguir creciendo. Sin embargo su alma no engaña un ápice, se huele la Ribeira Sacra desde el primer momento. Hierbas frescas, bosque, balsámicos, fresas y tostados leves, de los que me agradan porque acompañan en silencio. Luego el aire juega su papel y aparecen mixturas de ciruelas, moras en licor, mermeladas y especias. Buena capa y color profundo. De boca poderosa y taninos aún algo rugosos, explota en el paladar y refresca la boca durante todo su recorrido, dejando un recuerdo de pura Galicia...

Apunta maneras este chico, ya avisa que va a ser grande, solo hay que saber esperarlo y mientras tanto, disfrutarlo.

Siempre digo que solo hay que animarse, nada más.


Gracias por leernos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.


02 mayo, 2015

Nuestra visión de FEVINO 2015

Una tarde y una mañana fue el tiempo que dedicamos visitar esta mega Feria del vino en Ferrol los pasados 20 y 21 de Abril. Ni mucho ni poco, lo justo como para llevarnos una visión bastante clara de lo que fue y pudo haber sido.
Y tras estos dos medios días...¿qué nos dejó la Segunda Edición del Salón Internacional del Vino?
Quizá la definición que más se ajusta sería sabor agridulce. Porque como siempre pasa en este tipo de eventos, hay buenas y malas, cosas por mejorar, cosas por repetir y cosas irrepetibles.





Para mejorar o no repetir:

- El sistema de enfriado de los vinos dejó mucho que desear. Nos parece que había muy buenos vinos y un nivel general alto que merecía un trato más acorde. No hubo forma de probar una etiqueta a buena temperatura. Las que no estaban calientes, estaban heladas. Una pena... La excelencia está en los detalles.

- Por momentos hizo un calor insoportable dentro del Auditorio. Tanto los asistentes como los expositores no estábamos cómodos en ninguna parte. Así no hay quien disfrute.

- El sistema de distribuir los expositores en tres plantas no resultó eficiente. La planta baja estaba atestada de gente, la segunda muy tranquila y los de la superior tenían que pedir que suban a verlas. Hay que atender esto...

- Demasiado apretadas todas las mesas y poco espacio entre pasillos para desplazarse. Eso hizo que nadie esté cómodo trabajando o visitando. Dado que uno de los objetivos del evento es establecer contactos y hacer negocios, esta forma de organizar las mesas no es buena. Para eso, los stands individuales funcionan mucho mejor.

- Quizá el nombre de Salón Internacional le quede un pelín grande. La presencia de algunos pocos vinos de Portugal, Francia, una etiqueta de Chile, una Argentina y un par de Tokaji nos parece que se quedan un poco cortos como para dar la calificación de internacional al evento. En este sentido esperábamos algo más...

- Algunas mesas estuvieron prácticamente sin nadie que las atienda gran parte del evento. La mañana del martes hubo expositores que directamente no llevaron sus productos. En fin... tirón de orejas para los remolones.

- Otras mesas sí tuvieron gente detrás, pero es como si no las tuvieran porque no se esmeraban demasiado en mostrar y contar sus productos (preferían mirar sus móviles). Aunque entendemos que puedan estar cansados, también entendemos que gran parte de la seducción del vino está en saber comunicarlo y, en eso, estos se quedan cortos.


Para repetir, lo bueno y muy bueno,

- Organizar el evento y permitir que Galicia siga siendo anfitriona de estas actividades. Felicitaciones...

- La presencia de algunos enólogos, viticultores y bodegueros en muchas de las mesas sirviendo y explicando sus propios vinos. Para agradecer y aplaudir...

- Como decimos lo malo decimos lo bueno. Hubo mesas donde recibimos una atención exquisita, en las que daba gusto escuchar y aprender de vinos. Aplausos a esos... Fueron varios.

- Buena diversidad de terruños y cepajes.... Interesante para conocer cosas nuevas.

- Nadie se guardó los mejores vinos bajo la mesa para dárselos a los amigotes. Algo bastante común en este tipo de encuentros. Al menos nosotros no vimos a nadie hacerlo... Eso se agradece.

- Las catas magistrales y el reconocimiento a gente importante del vino.

- El horario. Muy amplio, permitió a los visitantes ir sin apuros y disfrutar de lo que más les gusta sin mirar el reloj constantemente.






¿Y de los vinos que decimos?

Lo peor fue no poder probarlos en condiciones adecuadas. Claro que los que frecuentamos estos eventos sabemos que si uno quiere catar un vino y disfrutarlo realmente, este no es el lugar ideal. Ojo, eso no quita que se debe hacer un esfuerzo por tener los vinos en condiciones.

Dicho esto, probamos cosas muy interesantes y otras no tanto, aunque en general fueron más los muy buenos que los menos buenos.

Obviamente no probamos todo, ni mucho menos. Hubo cosas que no probamos porque ya las conocíamos y otras porque no hicimos a tiempo a pesar de que nos esforzamos bastante, jeje.

Por mencionar algunas cositas que nos gustaron:

Dentro del panorama internacional destacamos,

Casi todas las etiquetas de Niepoort mostraron mucho nivel. En especial uno de Bairrada POEIRINHO, que nos impactó con su frescura y mineralidad (tiza, piedra).

Otro de Niepoort que destacamos es el LADREDO (DO Ribeira Sacra), elaborado en conjunto con Adega Guímaro. Impecable.

ALTAMANA, un Malbec Single Vineyard del Valle del Maule procedente del viñedo de Malbec más antiguo de Chile. Frutal, sedoso, envolvente y la madera en su punto justo.

Punto aparte los TOKAJI. Será que no teníamos experiencia con estos vinos, pero puttonyo arriba o puttonyo abajo, cada uno inolvidable.

De la terriña Galega,

Nos gustaron varios, pero destacamos los Ribeiro de José Merens. Tanto LAGAR DO MERENS complejo y fresco, como 30 COPELOS, un tinto que emociona. Y ya que hablamos de Ribeiro, no podemos no mencionar el EMILIO ROJO, un cromo de los difíciles de conseguir. Lo mejor es que uno se lo servía solo porque en la mesa no hubo nadie (al menos los dos medios días que estuvimos en la feria).

De la clásica Rioja, nos gustaron mucho todas las etiquetas de 300 MONGES. Incluido su blanco, recién salido al ruedo y que seguro va a dar que hablar.

Otra de las cosas interesantes y diferentes estuvieron de la mano de los chicos de Comando-G. Muy buenas Garnachas y para todos los paladares. LAS ROZAS 1er Cru 2013 quizá su punto más alto, pero calidad general alta.

De Ribera del Duero, nos gustaron mucho los PSI. Sobre todo el 2011. Vino tirando mas al power que a la sutileza pero que está realmente bueno.

Dentro de las “cepas no tradicionales” nos gustó muchísimo el FINCA SAN BLAS BOBAL 2011. Un 100% Bobal de la DO Utiel-Requena. Un vino sabroso, sedoso en boca y con mucha fruta en todo su recorrido.

Otro de las “no tradicionales” que destacamos es el VIVA LA VID-A de Lagar de Costa. Vino atlántico, directo, vertical y de mucha frescura.






Nos queda mucho en el tintero aún, pero como visión general creemos que se ajusta bastante bien a lo que vivimos en FEVINO 2015.

Solo nos queda esperar otros dos años y mientras tanto seguir disfrutando de los buenos vinos.

Gracias por leernos,
Salute, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable

26 abril, 2015

Un Super Héroe del Ribeiro

Seguimos por la línea que nos trazamos hace un tiempo. Los casi 5 años que llevamos haciendo rumbovino nos fueron marcando este camino, evolutivo y lógico nos atreveríamos a decir. El de hablar de los vinos con alma, con historia, que dicen algo más, que se la juegan, que hablan de su origen, que rompen los moldes, que te dejan pensando y agradeciendo haber abierto esa botella... De esos vinos que no abundan y apasionan.

Esta vez nos llegó con un tinto de Ribeiro. Región de blancos magníficos (poco valorados por mucho tiempo) y de historia. No es la primera vez que un tinto de Ribeiro nos emociona, y estamos seguros que tampoco será la última.

Veníamos siguiendo de cerca el proyecto personal de Xose Lois Sebio “Vinos de Encostas”, pero por esas cosas de la vida no habíamos probado ninguno de sus vinos.

Comenzamos por su tinto más básico, por calificarlo de alguna forma. Un Super Héroe que intenta pelear contra las modas y los puntuadores de vinos clonados y aburridos. Mezcla de varias viñas viejas, de pendientes complicadas, difíciles de acceder y trabajar, con paredes pedregosas y suelos de arcilla con xistos. Revoltijo de variedades autóctonas, según pudimos leer, Sousón, Carabuñeira, Caiño Longo y Caiño da Terra (Garnacha), de cultivo biodinámico, que tras la fermentación pasan un tiempo en barricas de 500 L de dos vinos. Para más detalle, en este link (vinos de encostas) podrán saber mucho más de él.



El resultado es grandioso, al menos para nuestro paladar y gusto. Si bien es su vino más accesible (tanto al bolsillo como al paladar) no se guarda nada de nada. Nariz impecable que despliega frutos negros y mentolados por doquier, pimientas, lácticos y minerales en piedra. En boca es franco, lo que uno se espera al respirarlo. Con nervio, fruta (mucha fruta) y acidez de principio a fin. Equilibrio y pureza fiel a su origen, que conocemos bastante bien, de esos Ribeiros que no te dejan indiferente y enamoran a los amantes de los vinos locos.

La definición poco vinófila de vinazo le queda perfecta.

Para los que busquen cosas diferentes y disfrutables, creemos que este Super Héroe 2010 debería estar entre los primeros de su lista, sin ninguna duda.

Gracias por leerlos amigos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable


10 abril, 2015

Los albariños de José Antonio López que resisten al tiempo

Hace un tiempo días, nuestro amigo Rafa (Las Delicias del 69, Lugo), nos invitó a la presentación de los albariños que elabora José Antonio López. Uno de los nombres propios que estuvieron detrás del resurgimiento de la uva albariño como vino de calidad, hasta posicionarlo donde actualmente está, siendo considerado uno de los mejores vinos blancos del mundo para muchos críticos.

Fue una de esas catas donde además de probar los vinos, tuvimos la oportunidad de aprender verdaderamente de vinos, cosa que es muy diferente.

Este viticultor (la palabra Vigneron creo que se ajustaría aún mejor) es de esos tipos que andan desde siempre por el mundo del vino alejados de los grandes focos mediáticos, pasando lo más desapercibidos posibles a las webs y redes sociales, de esa gente que trabajan en voz baja, inculcando una forma tradicional de labrar la viña y elaborando un estilo de vinos que parece siempre ir a contracorriente de lo que manda la inmediatez del mercado.



Produce sus vinos bajo la DO Rías Baixas y sus viñedos se encuentran en la Subregión del Condado de Tea, sobre las laderas del Río Miño en el tramo final de su camino al mar. Siempre elaboró albariños. En sociedad al principio, algunas marcas reconocidas tuvieron su sabiduría detrás (Morgadío y Lusco), pero desde hace algunos años decidió hacer camino en solitario y lanzó su marca al ruedo, Tricó, nombre que se utiliza en algunas aldeas gallegas para llamar al hijo tardío, que llega varios años después de sus hermanos mayores. Un nombre por demás de acertado.

Y porqué decidimos escribir sobre los albariños de José Antonio López? Qué los diferencia de otros muchos elaborados en las Rías Baixas? Sencillo. Porque podría decirse tranquilamente que elabora vinos de guarda. Son albariños pensados para beberse unos cuantos años después de su cosecha (si uno es capaz de vencer la ansiedad por descorcharlos, claro está).

Para que se den una idea, actualmente se está comercializando la cosecha 2011 de su etiqueta más emblemática. Cuatro años después de la vendimia acaba de salir al mercado su TRICÓ 2011. Pero lo que más interesante del asunto, porque convengamos que elaborar blancos de guarda no sería ninguna cosa innovadora, es que se trata de un albariño fermentado y criado única y exclusivamente en acero inoxidable. No tiene contacto con madera y no se somete a ningún tipo de corrección. Solo el potencial y la expresión de la uva albariño en la región donde crecen y desarrollan las vides, se encierran y dan longevidad al vino en la botella.

Nos gustaría dejarles algunas pinceladas que pude anotar durante su charla porque creo que ilustran perfectamente su filosofía de trabajo y la forma de entender el viñedo.

Cuenta con los viñedos más altos de la DO (350 msnm) plantados sobre suelos muy pobres de granito descompuesto y arena en superficie. Obtiene unos rendimientos que no superan los 7.000 u 8.000 kg/ha (que está muy por debajo de los rindes medios de las Rías Baixas).

No utiliza herbicidas, solo aplica abono orgánico y nunca riega. Según sus palabras “Es una locura regar la viña en Galicia”. Considera que “lo más importante a la hora de elaborar un vino es el respeto por la tierra”.

Nunca corrige los vinos. Cree que “Los vinos son longevos por naturaleza” y que “Cada añada tiene su personalidad, por eso mis vinos son siempre diferentes”

También dice, sin que se le mueva un solo pelo, que “Los vinos serios no se consiguen con las levaduras seleccionadas”

Busca longevidad en botella y hacer vinos de largo recorrido, por eso no trabaja las lías ya que le quitan acidez y vivacidad.

En lo personal, consideramos que no hay nada mejor que uno pueda hacer para conocer a un viticultor que probar sus vinos. Y comprobar si efectivamente ejerce lo que predica, y así lo hice.

Tuvimos la suerte de experimentar una cata vertical de tres añadas diferentes de su etiqueta más conocida (TRICÓ 2010, 2011 y 2012) y además probamos la añada 2012 de NICOLÁS, su vino de pago (o parcela) que solo sale los años que el viñedo alcanza una calidad excepcional.




TRICÓ 2010 (13,5% Vol). Precio: 13,30 euros

Amarillo levemente dorado con tintes verdosos. Limpio y brillante. Glicérico, de piernas gruesas...
Aromas complejos y de volumen alto. Al principio mostró notas de frutas maduras bien mixturadas con hierbas frescas y cítricos sobre un fondo mineral. Luego, con tiempo en copa aparecieron notas de cenizas y piedras.
En boca resultó soberbio. Aún tiene mucho nervio. Fresco y filoso. Acidez media alta perfectamente balanceada con su textura grasa y untuosa. Final amargoso interminable...

Según leí por ahí, su mejor cosecha y mejor vino hasta ahora. Mi opinión es que aún tiene vida para rato. Una joya para tener bien guardada.

TRICÓ 2011 (13,5 % Vol). Precio: 13,30 euros

Es la cosecha que está actualmente en el mercado y según su creador no fue tan buena como la 2010. Yo no estoy tan de acuerdo con eso.

En copa mostró un color más dorado, como si fuese más longevo que su hermano mayor. Glicérico, limpio y brillante.
Nariz más joven, remolona al principio, floral y frutas tipo duraznos o damascos. No era su mejor perfil, pero al final de la cata había mejorado radicalmente, parecía otro vino. Mucho más vivo, fresco y expresando aromas a limones por doquier. Me encanta que los vinos me sorprendan de esa forma!
En boca resultó algo más ligero que la 2010, fresco (acidez media) y dominado por notas cítricas más maduras. Final amargoso exquisito.


Mi opinión poco profesional es que está buenísimo y estoy seguro que va a seguir creciendo con la estiba (compraría un par de botellas y las guardaría algunos años más).

TRICÓ 2012 (13,5 % Vol)

Esté aún está en la bodega, descansando, esperando su mejor momento.

En copa mostró un tono amarillo pajizo y tintes verdosos. Limpio, brillante. Glicérico.
Nariz explosiva, más jovial que los anteriores. Se lo nota joven porque sus aromas eran bien limpios y nítidos con notas de manzanas verdes, cítricos y tropicales. Le faltaba esa complejidad que da la botella.
En boca resultó franco y mostró su juventud. Directo, vertical, filoso, mineral. Final amargo típico del cepaje.

Mi opinión es que le falta madurar. De hecho al final de la cata fue el que más cualidades había perdido de los tres. Pero sigue el perfil de su creador y aún tiene un largo camino por delante.

NICOLÁS 2012 (14 % Vol). Precio: 20 euros.

Vino de finca que solo se elabora en años excepcionales. Un capricho del enólogo por decirlo de alguna manera. Y sí, leyeron bien, tiene 14 graditos.

Amarillo pajizo con tintes verdosos, brillante y limpio. Piernas gruesas, largas, lentas...

Nariz increíblemente mineral y de volumen medio. Aparecen también notas cítricas y algo de fruta tipo ananá en el fondo.

En boca es voluminoso, carnoso, estructurado, amplio. De esos vinos que parece que se pueden masticar. Impacta con su frescura (acidez media alta) al entrar en la boca y balancea perfectamente su poder. Sabe a piedras mixturadas con limones... es raro, pero exquisito. Diferente a todo lo que he probado hasta ahora en albariños. Un blanco soberbio que mantiene su alma intacta.

Mi opinión: siendo la misma cosecha, a diferencia del vino anterior, este ya se puede beber perfectamente. Claro que es una pena hacerlo ahora. Es increíble ver cómo se expresan de manera distinta las vides de una finca en particular.

Definiría este vino con palabras sueltas: es terruño, viñedo, trabajo, profundidad, raíz, granito...un vino para aplaudir.

No me gusta sentarme a escribir una nota inmediatamente después de haber probado un vino que me ha gustado mucho, porque es muy difícil mantener la poca objetividad que puedo tener, y termino escribiendo más con el corazón que con la cabeza. Por eso prefiero decantar la cosa y recordar con más calma y menos excitación lo que ese vino verdaderamente me transmitió el día que lo disfruté, más allá de las propias notas de cata.

Con estos vinos les juro que hice lo mismo, estoy escribiendo casi dos semana después de la cata, pero la verdad es que no puedo quitarme el corazón del cuerpo, para qué les voy a engañar amigos.


Cosas que me generan los vinos, qué le voy a hacer.

*Nota publicada en la revista Vinarquía Nº3






Gracias por leernos,

Salute, Rumbovino.

Difundiendo la Cultura del vino y en favor del consumo responsable

01 marzo, 2015

Los vinos de Rafa Bernabé

Hace una semana destiné gran parte de la introducción de mi último post para hacer una declaración de intenciones que pasaba por la decisión de solo publicar en el blog aquellos vinos que me hiciesen soñar, que transmitiesen su alma y me hablasen de su verdadera identidad. Es una definición política de Rumbovino que no pienso quebrar de ninguna manera, y por esos derroteros pienso seguir.

Hoy no voy a hablar de un vino, la propuesta es más ambiciosa porque escribiré de varios vinos que he estado disfrutando este último tiempo y que, nada es casual en esta vida, son elaborados por la misma persona y con una misma filosofía. Se trata de los vinos de Rafa Bernabé.

Estoy seguro que a la gente que pulula de aquí para allá en el mundo del vino este nombre les suena familiar, pues a mí, que soy novato en este asunto (al menos en España) no me sonaba de nada y fue, como casi siempre, mi amigo Rafa de las Delicias del 69, quien me lo hizo conocer.

Antes de sentarme a escribir di mil vueltas a cómo presentar la nota. Que si hablar de cada uno de sus vinos (los que probé, claro está, porque elabora cerca de 20 etiquetas diferentes), o si escribir del terruño de Villena y La Mata en Alicante, o de sus viñedos de secano, o de su forma 100% orgánica de trabajar la viña y los vinos.

Pensé en escribir sobre su firme y apasionada decisión de recuperar aquellas variedades denostadas por otros, perdidas en el tiempo y la memoria. O también en contarles sobre las maravillosas tinajas de barro que utiliza en gran parte de sus vinificaciones y crianzas, otra de sus luchas por volver a los orígenes y retomar lo dejado.

Imaginé tantas cosas que no logré inclinarme por ninguna de ellas. Es que me resulta tan fácil, y a la vez complejo, hablar de sus vinos que podría hacer una nota interminable y finalmente aburrida, y les aseguro que lo que menos generan los vinos de Rafa es aburrimiento queridos amigos.

Foto tomada de la web de la bodega


Finalmente, tras darles varias vueltas al asunto, pensé que lo mejor sería definir sus vinos de alguna manera. Y casi sin pensar me surgió la solución perfecta, es solo una palabra que aveces utilicé para describir algún vino y ahora hacía tanto tiempo que no usaba que mis neuronas ya no la reconocían. Una palabra que cada vez que aparece bien utilizada junto a un vino lo dice todo, sin posibilidad de error. Solo algunos caldos son merecedores de llevar esa etiqueta (al menos para mí), y esa palabra es extremo.

Vinos extremos.

Hay quienes la utilizan esta palabra para hacer referencia a la localización del viñedo (la mayoría de los casos, me atrevería a decir) por lo extremas de las condiciones ambientales para que la vid crezca y fructifique. Pero para mí, la palabra extremo engloba muchas más cosas que esto, para mí un vino extremo es encontrar el terreno en la botella, sin maquillajes, sin correcciones, es un vino que me hace descubrir uvas olvidadas.

Extremo es hacer un vino arriesgado, sin miedos ni prejuicios, sabiendo que probablemente no todo el mundo lo entienda e incluso a no todo el mundo le guste, pero sabiendo que lo que lleva dentro es sinceridad. Para mí, un vino extremo es ese que se muestra tal cual es y nunca está parado en la comodidad del equilibrio barato. Es un vino de sabores y aromas atípicos, verdaderos y peligrosamente adictivos, de colores naturales y de esencia incorruptible ante las modas. Los vinos de Rafa Bernabé, estimados vinófilos, reúnen todos estos atributos para serlo.

Les dejo un pequeño listado de las etiquetas que probé y a las que recomiendo probar, disfrutar y difundir. En las fichas técnicas encontrarán todos los datos que quieran saber de cada una de ellas. Y no comentan el desatino de preguntar el precio, porque hasta en eso Rafa es bondadoso.

TRAGOLARGO 2013: 100% Monastrell (Ficha técnica)

BERYNA 2012: 90% Monastrell y 10% Garnacha. (Ficha técnica)

RAMBLÍS DEL ARCO 2012: 100% Forcayat del Arco. (Ficha técnica)

LOS CIPRESES DE USALDÓN: 100% Garnacha Peluda (Garnacha Gris, Lledoner Gris, L ledoner Pelut,). (Ficha técnica)

EL MORRÓN 2013: 100% Garnacha y todo tinaja de barro. (Ficha técnica)


Un vino inolvidable



Y para terminar, rebuscando en la web encontré una nota hermosa sobre sus vinos que escribió hace un tiempo nuestro amigo virtual Nico Visne para el Diario de Río Negro en La Patagonia, Argentina. Además de recomendar su lectura (en este link) copio una definición extraordinaria que hace Rafa sobre la filosofía de “Viñedos Culturales”  y que creo logra transmitir exactamente a través de sus vinos.

"La idea, la filosofía de Viñedos Culturales, es muy simple: pequeñas producciones, viñedos de secano rabioso, respeto absoluto al campo, rescate de variedades y viñedos olvidados y dejados de la mano del hombre y no de la de Dios, hacerlos y difundirlos. Vinos que reflejen un territorio, una cultura, una tradición. Lograr interpretar lo que la tierra nos da, sin manipulaciones. En una frase, volver al inicio."

Y sigamos soñando,

Gracias y salutes amigos,
Rumbovino.

22 febrero, 2015

7 Fuentes 2012: volviendo a la infancia

Si algo he decidido con respecto al blog este último tiempo, en el que las horas del día me escasean bastante, es que solo escribiría sobre aquellos vinos que realmente me lleguen el alma, por decirlo de alguna manera. Solo hablaré de los que sean capaces de trasmitir algo más que fruta madura y roble, que hablen de su terruño, que el maquillaje no arruine sus verdadera esencia... en definitiva, de vinos auténticos. 

Por suerte o por desgracia, aquí cada uno hará sus valoraciones personales, no son frecuentes los vinos que me transmiten esas sensaciones, por lo que no necesito sentarme con mucha frecuencia a escribir de vinos. Pero sí es cierto también, nobleza obliga, que no es mucho lo que bebo y cuando lo hago suelo llevarme gratas sorpresas.

Conocí este vino gracias a Adrián de Vinoteca Vagos en Pontevedra, otra de las personas en la que confío plenamente a la hora de dejarme recomendar etiquetas.

7 FUENTES 2012

Vino elaborado por Suertes del Marqués, una pequeña bodega familiar situada en el Valle de la Orotava, Tenerife.

Variedades Listán Negro (90%), Tintilla y Listán blanco procedentes de diferentes parcelas con edades que van desde los 5 años hasta cepas centenarias. Su sistema de conducción varía, pero parte de estas vides se cultivan sobre un sistema muy curioso denominado “Cordón múltiple”. El tipo de suelo que domina en este valle es franco arcilloso, de origen volcánico y los viñedos oscilan entre los 350 y 700 msnm.

Por parcelas individuales, se realiza la fermentación alcohólica en tanques de acero inoxidable, usando levaduras autóctonas. Luego, el 60% del vino realiza la fermentación maloláctica y la crianza en depósitos de hormigón, mientras que el 40% restante lo hace en barricas de roble francés de 500 litros, donde permanece unos 8 meses. 


Color rojo rubí, de capa media. Piernas delgadas y de lenta caída...densas holgazanas.

Nariz de volumen medio alto con mixturas de pimienta blanca, piedras, tierra, pimientos rojos y pólvora. Compleja y extrañamente seductora.

En el paladar acompaña y cautiva aún más. Filoso, vibrante, notas a frutos rojos frescos en su punto de madurez, con esa acidez típica que gusta y te hace salivar. Al fondo nuevamente aparece el pimiento morrón y notas claras de pólvora. Vertical, directo al corazón...


Recuerdo mis épocas de navidad y año nuevo en Argentina, cuando siendo pequeño lo que más me importaba era que lleguen las 12 de la noche para tirar los “cuetes” porque amaba ese olor a pólvora quemada que quedaba suspendido en el aire tras la batalla. Cómo disfrutaba ese olor. Aún hoy, muchos años después, cada vez que siento esa misma pólvora quemada puedo cerrar los ojos, trasladarme al instante a aquella época y disfrutarla nuevamente.

En parte, este vino, logró hacerme volver en el tiempo.

Este post es “No apto para realistas”. Es hermoso que un vino te haga soñar.

Gracias por leernos,

Salute, Rumbovino.

14 febrero, 2015

¿Hacia dónde vamos con esos precios?

Escribo este post entre preocupado, sorprendido e indignado. Aun no tengo muy claro por cual de estos estados me declino totalmente, quizá porque experimente los tres juntos. Vaya uno a saber...

Hace muy poquito tiempo que he vuelto a Galicia tras pasar unos hermosos 25 días en Argentina con mi familia y amigos... Disfruté como hacía mucho no hacía. Largas charlas en compañía del infaltable mate, sol en su justa medida (extrañamente está haciendo un verano benévolo y agradable en la pampa húmeda), piscina y lo que nunca falta, y más extraño desde la distancia, el asado. Perdí la cuenta de cuántos asados disfruté aquellos días en casa. Demás está aclarar que no hay mejor maridaje argento, al menos para quien escribe estás letras, que un buen asado y vino tinto. No hay nada que supere esa perfecta combinación sobre la faz de la tierra queridos amigos...

Y llegando al tema sobre el que me senté a garabatear esta nota me pongo un poco menos melancólico y retomo las sensaciones que comentaba al inicio.

Llevaba unos 8 meses fuera de Argentina, pero debo reconocer que al enfrentarme a las estanterías o vidrieras de las vinotecas o supermercados me pareció que hacía años que no visitaba mi país. Cantidades de botellas nuevas colmaban mis ojos, no podría calcular el número de ellas. Bodegas recién nacidas, cepajes menos tradicionales por doquier, regiones poco conocidas que antes no encontraba más que en grandes ciudades como Rosario o Buenos Aires, etiquetas nuevas de viejas bodegas, nuevas marcas, nuevos estilos, y un inmenso etcétera que me mantendría en esta retahíla por un rato. Lamentablemente lo que en un primer momento me llenó de alegría enseguida me situó en la realidad que están viviendo los vinófilos en mi país y que hoy miro de lejos. Los precios de los vinos.

Casi me desmayo al ver los precios de los vinos (y la expresión que uso no estuvo lejos de ser literal). Cómo puede ser que en estos meses algunas etiquetas hayan casi duplicado su valor? No quiero citar ejemplos porque el listado sería bastante largo y además porque esto no es personal con ninguna bodega y no va a ser cosa que alguien se sienta molesto.

Foto tomada de Winereport.com.ar 


Recuerdo en el mes de diciembre, a principios creo, nuestro amigo José de WineMDQ publicó un listado con sus vinos elegidos del 2014 y al leerlo me surgieron algunas reflexiones que dejé en un comentario textual que transcribo abajo:

No me pude contener a la hora de hacer un comentario, luego de leer el listado, no por los vinos citados (la mayoría no los he probado, claro) sino por sus precios.

Hace unos 7 meses que no estoy viviendo en Argentina y por lo tanto estuve alejado también de sus cambios en la tarifa, pero la verdad es que me quedé muy preocupado por el salto grandísimo que pegaron la mayoría de los vinos argentos, sin distinguir marcas.

Este listado es de lo mejor de Argentina, claro está, pero es que no hay nada que esté por debajo de los 100 mangos (solo uno, creo) y la media ronda los 300, más o menos?

Digo, no estamos perdiendo mercado en el mundo con estos precios? No puede ser que nuestros vinos más económicos y bebibles (por decirlo de alguna manera) arranquen de los 10 u 11 euros para arriba!!

A lo mejor yo esté equivocado, pero me parece que se va a hacer dura la competencia a futuro de seguir la cosa así.

Antes, yo traía a España vinos de Argentina, se los daba a catar a los amigos vinófilos de acá y cuando les decía el precio alucinaban con la calidad... Ahora hago lo mismo y al decirles el precio dicen... "bueno está bien, pero por ese precio acá hay muchos mejores".

Pero tras escribir esto y vivir lo que les estoy contando en primera persona, me surge una duda que no termino de resolver. ¿Los precios que nos cobran los vinos a los consumidores en Argentina están realmente justificados? O es que los bodegueros, distribuidores y comerciantes en general se aprovechan un poco de la situación económica “extraña”, por poner un nombre, que se está viviendo desde hace tiempo, donde parece que la inflación no tiene límites y cualquiera pide cualquier cosa por lo que fabrica amparándose en el precio del dólar, del euro, del yen, o del petróleo... Parecería que a la hora de aumentar los precios cualquier excusa vale.

Espero que no se enoje nadie con lo que acabo de escribir arriba, pero me hago estas preguntas porque a todo lo que acabo de comentar se suma otra cosa que me desconcierta más aún y me obliga a pensar como pienso- y espero que alguien me puede dar una explicación lógica a este asunto porque yo no logro hacerlo-:

¿Cómo puede ser que nuestros vinos cuesten exactamente igual en Argentina que en España?

El mismo vino que en Argentina cuesta $135 (en Venado Tuerto, que es bastante más barato que Baires), en España, para ser más exacto en el Corte Inglés de Vigo, cuesta 13 euros??? Para más INRI apunto que se trata de la misma cosecha que se vende en Argentina actualmente. Tengo varios ejemplos...

Hasta donde yo sé, el Corte Inglés no hace filantropía y no es precisamente el lugar más barato a la hora de ir a comprar. Entonces, insisto, cómo puede ser que pagando las tasas de exportación, transporte (más de 10.000 kms) y pasar por diversas manos antes de llegar al público, cualquier mortal en España pague un vino producido en Valle de Uco lo mismo que lo paga el vecino de la bodega en una vinoteca de Mendoza?

Decididamente no lo entiendo...Y esas cosas son las que me hacen dudar de todo.

En fin... así estamos.

Gracias por leernos amigos,

Salute, Rumbovino. 

28 diciembre, 2014

España rompe el molde

Por motivos personales y familiares visito España desde hace más de 15 años, y como es lógico para un amante del vino como es mi caso, cada estadía me sirve para explorar lo más posible el mundo vitivinícola ibérico y disfrutar de sus etiquetas

Pero con el tiempo me di cuenta, casi inconscientemente, que en cada viaje regresaba más decepcionado. Porque tenía la sensación que la mayoría de los vinos a los que podíamos acceder los consumidores que pertenecemos a los estratos sociales más normales (eso es importante de aclarar), eran casi clonados unos con otros. Daba igual la Denominación de Origen de dónde proviniese el caldo, todos eran prácticamente iguales, y eso, en un país como España, dueño de una riqueza de terruños poco común en otros países, no podía estar pasando.

Confieso que, como buscador insaciable de cosas nuevas, como consumidor y aficionado a este mundo del vino que soy y del que me siento parte, esa monotonía me tenía profundamente preocupado.

Pero por suerte, a estas alturas y luego de tanto bostezo rutinario, parece que algunas cosas están cambiando en el panorama del vino Español. Insisto que estoy hablando de las gamas de precios más básicos y abundantes (pondría un límite de 15€). Con gran placer estoy viendo que, de a poco, cada día son más las bodegas y viticultores que ofrecen cosas diferentes, rompiendo los moldes preestablecidos por los “gurues” que durante mucho tiempo nos hicieron dormitar de aburrimiento.

Claro, hay que poner todo en contexto. Porque haber hay de todo. Que un vino sea “diferente” no quiere decir que sea bueno, o que vaya a gustar. Puede que sucedan las dos cosas y que, además de bueno nos guste, o puede que no pase ninguna de las dos. En lo personal he probado vinos “diferentes” que no me parecieron buenos ni me gustaron y otros que me hicieron casi llorar de la emoción.

Lo que quiero remarcar como pequeña introducción al tema y a esta nota, es que en plena revolución enológica como estamos viviendo actualmente, donde vuelven a valorarse los terruños a las levaduras diseñadas, donde los cepajes autóctonos se recuperan, las maderas se ajustan y pasan a segundo plano, y la viticultura orgánica tiene cada vez más coraje, solo por citar algunas variables... aparecen constantemente vinos dispuestos a espabilarnos la modorra y hacernos pensar en que efectivamente, la cosa pinta bien y tiene futuro.

Y claro, siempre quedarán los clásicos que se mantuvieron a flote a pesar de los malos tiempos y los valientes que desde un principio se animaron a proponer otras cosas, por suerte.

Para ilustrar esta nota, y solo por mencionar algunos ejemplos, les dejo una humilde selección de cuatro etiquetas que me gustaron mucho por valientes, por distintos y porque no tuve que dejar el sueldo del mes en la caja registradora para hacerme con alguna botella. 




Podría escribir un libro como introducción para hablar sobre este vino, pero solo voy a decir que EL PRIMER BESO 2013 es un Ribera del Duero. Con esta clásica DO, me he llevado tantos chascos últimamente que no quería tentar más el destino, pero lo compré porque nos lo recomendó un amigo en quien confiamos mucho y porque cuesta poco más de 8 .

Yendo al vino, les digo que si lo cato a ciegas me hubiese ido a un lugar fresco, seguramente a Galicia, Ribeira Sacra o algún tinto de las Rías Baixas. Este tinto joven 100% Tinta Fina procedente de viñedos de Quintanilla de Arriba, elaborado bajo las normas de cultivo biodinámico y del que solo se elaboraron 13.000 botellas me devolvió las ganas de beber vinos del Duero. Hay juventud, claro, pero de la buena. Colores intensos y aromas a frutillas jóvenes para disfrutar. En boca, sobre todo tiene frescura (mucha), vivacidad, frutalidad que desborda y una desfachatez absoluta. Se bebe por litros.
Les recomiendo que lo busquen y lo prueben. Luego me cuentan! Si quieren data del vino y la bodega, sigan este link


PEÑA EL GATO 2011
De la DO Rioja nos llega esta etiqueta de viticultura orgánica y elaboración artesanal que nos deja con la boca abierta. 100% Garnacha de viñas viejas, fermentadas y criadas en barricas de 500 litros. Durante la fermentación las barricas se giran 16 veces por día para favorecer el contacto con los hollejos. No hace fermentación maloláctica.

El resultado es asombroso. Aromas intensos a frutas rojas, balsámicos y terrosos. La madera no aparece por ninguna parte, no puedes quitar la nariz de la copa. En boca es levemente tánico, picante, pero está perfectamente ensamblado y muy sabroso. Los años le han venido muy bien sin dudas. Es un vino totalmente diferente a lo que uno se espera de un Rioja típico. Rematadamente atrevido y novedoso. Me gustó muchísimo!

Su viticultor, Juan Carlos Sancha, se especializa en variedades minoritarias como Tempranillo Blanco (mutación del Tempramillo tinto), Maturana Tinta y Garnacha. Y al igual que en el caso anterior, los precios son para todos los bolsillos. Si no recuerdo mal, este vino en Lugo ronda los 9€.




TRASTE 2011, una mezcla explosiva de cepas centenarias de Garnacha Tintorera (70%) con algo de Mencía (30%) y toda la potencia de la DO Valdeorras, hacen de este vino una cosa realmente auténtica. 

José Luis Aristegui, su hacedor, no se anda con chiquitas y mete todo lo que tiene, exprimiendo al máximo estas uvas con una crianza en madera que ni se siente. Un vino literalmente de “Garaje” y de “autor”.

Muestra mucho color y densidad alta, pero no exagerada. Al meter la nariz uno se encuentra con un vino en serio. Sobre todo expresa terruño, nada de explosividades absurdas y artificiales. Dominan las notas terrosas, piedras, hierbas, especias, balsámicos y frutos negros maduros. En boca es igual. Hay potencia y robustez, sus taninos aún necesitan lima pero se disfrutan igualmente porque está bien equilibrado. Me gustó sobre todo su frescura, tratándose de un vino de 15% vol. eso dice mucho. Además su madera justa le aporta complejidad sin caer en los abusos actuales.

Punto alto para ese tintazo de Gallego. Su precio ronda los 15 €.




TRAGOLARGO 2013Otro vino que me descolocó y me hizo disfrutar un largo rato. Se trata de un vino joven 100% Monastrel proveniente de la DO Alicante. En su elaboración podemos reconocer su “diferencia”. Fermentación: 30% de uvas a 15º enteras sin despalillar, 40% uvas despalilladas y rotas, y 30% uvas enteras despalilladas, el raspón por encima, a modo de sombrero. Fermentación sin control de temperatura. Descube a inox, maloláctica en inox, sin roble y sin sulfitos. Su producción es reducida y su precio ronda los 6 €. 

Rojo picota, limpio, brillante...etc. Vamos a lo que importa... En nariz, sin siquiera agitar copa, sus aromas vuelan e inundan la habitación de flores y frutas rojas jóvenes. Más que nada notas a flores sobre un agradable fondo mineral...eso fue lo que me impactó. En boca es franco, muy sabroso, fresco y de gran equilibrio. De esos vinos golosos no empalagosos, que se puede beber cantidad y no te cansa. Es diferente por aromas y sabores, pero también porque no saquea los bolsillos.

Su creador, Rafa Bernabé, a quien acabo de conocer recientemente a través de sus vinos, es de esos productores que arriesgan y buscan hacer cosas distintas siempre, ofreciendo un portafolio de opciones una más atractiva que otra, y lo mejor es que todos sus precios son más que aptos para estos tiempos de crisis. Tengo en casa algunas botellas más de otras etiquetas para probar así que pronto les cuento más, porque no creo que me duren mucho.

De paso les recomiendo que se den una vuelta por el blog de Viñedos Culturales, es un autentico placer leerlo y conocer la filosofía del proyecto que lleva adelante Rafa.


En fin... que me parece que la cosa pinta muy bien por la nueva España y hay mucho más. Aún me queda pendiente la nota de la visita al Salón de las Estrellas que organizó la Guía Peñin en Madrid (y a los que agradezco mucho su invitación), ya que volví repleto de novedades. Mucho por probar y poco tiempo, como siempre, pero hay etiquetas y cepajes realmente interesantes para conocer. La DO más pequeña de España con apenas 20 hectáreas de viñedos, variedades como Garnacha Blanca, Rufete y Vidadillo entre otras cosas que me gustaron mucho, y que con tiempo en futuros reportes intentaré ir contando.

Gracias por leernos,
Salute, Rumbovino.


Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado”

* Esta nota fue publicada en la Revista Vinarquía (Nº2, 2014).