SOBRE BODEGAS, VINOS Y OTRAS COSAS... ESTE ES NUESTRO CUADERNO DE NOTAS...



07 febrero, 2016

Alanda y La Rinconada. Dos 14 por los 44

Hace un par de días exactamente cumplí 44 pirulos. Esa noche, en casa, nos juntamos la familia española a picar algo y soplar las velas con dos 4. El tema era lo de siempre. La comida se resuelve fácil (jamón, lomo, chorizo, tabla de quesos varios, papas fritas, pizza y tortilla caen a gusto de todos) pero el brebaje se torna complejo ya que los comensales al igual que con la comida no son adeptos a pruebas extrañas, cosa que choca conmigo porque a mí me gusta arriesgar siempre con los vinos. En este caso debía ir sobre seguro. Salir con un blanco y con un tinto que gusten a todos pero que no me aburran la noche… Con el blanco ni lo dudé, hasta me la jugué un poquito porque podría llegar a salir mal. Con el tinto, fui más conservador pero no tradicional.

QUINTA DA MURADELLA. ALANDA 2014

Mixtura de Dona blanca, Treixadura y Verdello elaborada magistralmente por José Luis Mateo en Verín bajo la DO Monterrei que no falla jamás. Lo de no fallar no es porque sea un vino sencillo, para nada, tiene matices y más matices, complejidad y cuerpo a la par de un tinto. Pero resulta tan fácil de beber, que dudo que haya gente que no lo disfrute. Mi único pecado fue abrirlo tan pronto… Pero “no problem”, tengo alguna botella guardadita que abriré en un par de años. 



Color amarillo pajizo claro, brillante, limpio y de lágrimas densas. Nariz exquisita aunque de intensidad media. Va por el lado de la bollería, los orejones y membrillos…notas más maduras y dulzonas que en fondo desprenden aromas florales sutiles. La boca es inmensa, voluminosa, glicérica, de acidez que equilibra el trago y final largo y muy agradable.

Gustó a todo el mundo aunque reconozco que gran parte de la botella pasó por mi paladar. Va a seguir creciendo por largo tiempo. Su precio, sobre los 14,5 €. Vale cada céntimo.



BARCOLOBO La Rinconada 2014

No tengo muy claro al final si se trata de un 100% Tempranillo o tiene un pequeño porcentaje de Syrah y Cabenet Sauvignon (leí cosas diversas en la web). El asunto es que el resultado es un tinto que funcionó a las mil maravillas porque la botella voló en menos que canta un gallo. 



Color rojo picota, casi negro de capa alta, denso pero no concentrado. Nariz de volumen alto y adictiva (me refiero a que dan ganas de quedarse con la napia dentro de la copa durante largo rato). Frutos rojos maduros, notas balsámicas y fundamentalmente vainilla y chocolate blanco entre otras notas lácticas. En boca es goloso, aún tiene aristas por pulir pero resulta sabroso y muy franco con lo anticipado en nariz.

Leyendo algo sobre él, encontré que se habían inoculado bacterias lácticas durante su crianza de 4 meses en barricas de roble francés y americano. Lógico. Prefiero los vinos que llevan las levaduras del viñedo en su esencia, pero tengo que reconocer que se trata de un tinto más que rico y para los comensales resultó una apuesta segura. Su relación calidad precio está muy bien, ya que el sugerido ronda los 9 €.

La semana pasada escribí sobre su hermano mayor (Barcolobo 12 meses). No suelo escribir dos veces seguido sobre vinos de la misma bodega, pero si lo hago es porque el proyecto me parece muy interesante y desde ahora lo voy a seguir bastante de cerca. Felicitaciones por dos.

Bueno… me queda pendiente escribir sobre la botella que cayó cuando festejamos los 44 en la intimidad. Pero eso será en la próxima.

Gracias por leernos,

Buenos vinos y buena vida. Salutes.

Rumbovino

Divulgando la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado

23 enero, 2016

Uno Velado, Oxidado y Sucio. Y otro, “normal”

Esta nota no será muy extensa. Los tiempos y las obligaciones laborales me empujan a redactar lo menos posible. No obstante no quiero, ni puedo, dejar de contarles sobre un tinto de la Tierra de Castilla y León y un blanco de Galicia que probé hace muy poquito y me gustaron muchísimo! 

Ambos, como casi siempre, los conocí gracias a mi amigo Rafa de las delicias del 69. A estas alturas mi referente a la hora de elegir buenas etiquetas.

Vamos al blanco que tiene un poco más de letra. Su nombre es SILIUS V.O.S. 2014 y lo elabora Atrium Vitis en la zona de Quiroga. Esta bodega comercializa desde hace un tiempo algunos vinos que he probado en otras ocasiones (las nuevas etiquetas las tengo todavía en casa para catar) dentro de la DO Ribeira Sacra. El tema es que este blanco no pasó el control de calidad y está fuera de la DO. Según me han dicho, fue descartado por estar Velado, Oxidado y Sucio. De ahí su nombre (VOS). Rebelión? Puede ser…

Este post no persigue el objetivo de cuestionar a los expertos de la DO, para nada. Lo único que pretende es dar a conocer un vino que a mí me pareció por demás de original y me encantó de principio a fin. Para mí no está ni oxidado, ni sucio, ni velado (aunque sí es algo turbio, pero entiendo que será por no ser filtrado y la verdad es que me importó poco). Pero bueno, no deja de ser la opinión de un consumidor más.



Se trata de uvas cultivadas en ecológico en la Finca Toucedo, compuesto por un 90% de Albariño y una pequeña parte de Treixadura. La vinificación es artesanal, luego del desfangado se somete a una crianza posterior de 6 a 12 meses sobre sus lías. No se filtra ni clarifica. Ya ven que no hay nada muy fuera de lo común en su elaboración, sin embargo el resultado es un blanco arriesgado, diferente y sumamente atractivo. Además de ofrecernos una visión más de lo que puede expresar la Albariño fuera de las Rías Baixas.

Lo más curioso es su fase visual, no lo discuto con nadie. Color tirando a amarillo ambarino (como el de un blanco con un par de años de guarda), glicérico y algo turbio. La nariz es explosiva, compleja y limpia. Notas a manzanas verdes y rojas, peras y flores. De fondo algunas notas a miel mixturadas con leves lácticos. En boca es franco, voluminoso, graso, con buena carga de frescura y de posgusto largo levemente amargo exquisito.

Por mi parte me gustaría tener un par de botellas más para ir evaluando su evolución, pero es de los vinos que no dejan indiferente a nadie. De lo mejorito en blancos que he probado últimamente. Yo los animo a probarlo y sacar sus propias conclusiones. Su precio sugerido ronda los 12 €.

Desde Atrium Vitis persiguen la filosofía de que el vino se exprese en toda su complejidad y prefieren sacrificar su aspecto visual para ganar matices en boca. Destaco esto porque creo que eso es arriesgarse, aún a costa de quedar fuera de sistema. Felicitaciones a los que se animan a romper los moldes!


Con respecto al tinto, 

Se trata del BARCOLOBO 12 Meses 2011. Corte de Tempranillo, Syrah y Cabernet Sauvignon procedentes de viñedos localizados en la Reserva Natural “Riberas de Castronuño” (Valladolid). Como reza su nombre, se cría durante 12 meses en barricas francesas.

Me pareció interesante escribir sobre él más por su futuro que por su presente. Si bien está realmente bueno ahora mismo (muy tomable y disfrutable), creo que va a seguir creciendo, y mucho, en los próximos 2 o 3 años al menos. Mi consejo es que se hagan con algunas botellas porque es un gran vino.



En la actualidad presenta una capa cromática rojo picota profunda, limpio y brillante. Nariz limpia, con notas a frutos rojos maduros (nada pasados), chocolate, tostados y especias. En boca es poderoso, franco y con taninos un poco rugosos que necesitan redondearse plenamente, pero que no molestan en lo más mínimo. En mi caso los disfruto así, aún rebeldes.

No me voy a detener en más descripciones. Quien lo pruebe encontrará sus notas… Lo más interesante es que se trata de un vino con un futuro enorme. Al menos es mi parecer.

Gracias por leernos,

Buenos vinos y buena vida. Salutes,

Rumbovino. 

Divulgando la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado

10 enero, 2016

Tres magníficos gallegos para las fiestas

Una de las cosas que desde hace bastante tiempo me auto-prometí hacer con el blog es que publicaría todos los vinos que me gustasen. La promesa la cumplí a medias, ya que fui fiel al hecho de publicar solo los que me gustaban, pero no cumplí con que serían todos, ya que la gran mayoría no los publico. Ya sea por falta de tiempo o por cualquier otra excusa que siempre me doy a la hora se sentarme a escribir, publico mucho menos de lo que debiera.

Este año me propuse cambiar y dejar de prometerme cosas que no voy a ser capaz de cumplir. Así que tengo dos opciones. O bien publico como, hasta ahora, solo algunos vinos que me gustan con “su historia” y una narración que lo acompañe y sea agradable para el lector. O bien publico “todos” los vinos que me “gusten” con menos letra pero con muchas más opciones de referencia para los seguidores del blog.

Aún estoy en la disyuntiva, así que mientras me defino voy a ir haciendo un mix de notas y ya luego veré qué decisión tomo. De momento, les quiero comentar tres vinazos gallegos, de distintas zonas, que me acompañaron durante los festejos de final de año y que creo, todo el mundo debería probar.

Vamos al lío,



Comenzamos la cena con un blanco, LA PERDIDA GODELLO 2014. Ya he escrito en otras ocasiones sobre este blanco “auténtico” y “natural” que elabora nuestro amigo Nacho en Larouco, por la zona de Valdeorras aunque no se encuentra dentro de la DO. Prefiere volar libre y hace bien.

Godello naranja, fermentado con sus hollejos y en vasijas de barro a la vieja usanza, pasa unos meses en barricas usadas antes de embotellarse. Es un blanco que no es para todos los gustos, ya que rompe los moldes totalmente (abstenerse los blanqueros rancios). Mi apreciación personal es que cada día está mejor. Ha ganado en complejidad y tiene potencial para seguir envejeciendo bien (lleva el mínimo de sulfitos) y es capaz de acompañar casi cualquier tipo de comida. En la mesa tuvo elogios de entendidos y amateurs… por algo ha de ser. Más info sobre estos vinos en esta nota de hace unos meses (aquí). Una inversión de 16€ que no dudaría en hacer. 



Seguimos con los tintos y obviamente comenzamos con la Ribeira Sacra. Esta vez destapamos un GUÍMARO Finca Meixeman 2012. Lo teníamos guardado para alguna ocasión especial porque esperábamos mucho de esta etiqueta y lo cierto es que no defraudó en absoluto. Una mencía de alto vuelo, con todo el potencial de Amandi (fruta, frescura, mineralidad y verticalidad) y un toque bien puesto de maderas que le dan complejidad y longitud. Un muy buen vino por poca inversión (debe rondar los 15€).

Finalmente nos fuimos para el Ribeiro y elegimos otra etiqueta que teníamos bien guardada para alguna de estas ocasiones, A TORNA DOS PASAS 2010. Necesitó un rato de aireación para despertar y desde ahí creció hasta que se acabó la botella. Coupage de brancellao, ferrol, caiño longo y caíño redondo que elabora Luis Anxo por las tierras de bajo Arnoia y que son apenas 12 graditos de pura sutileza en la copa. Mezcla de hierbas aromáticas (principalmente laurel y orégano) con frutos rojos pequeños, de gran frescura y excelente equilibrio. Hay quienes lo clasificarían como un vino de carácter Atlántico. Puede ser, pero más allá de las clasificaciones yo diría que es otro gran tinto con el sello inconfundible de Galicia por poco más de 15€.



Bueno amigos, lo dejamos así por ahora… Ya ven que la cosa empezó bien y esperamos que siga igual o mejor. 

Gracias por leernos,

Buenos vinos y buena vida.

Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable

03 enero, 2016

Los vinos Argentinos en su momento mas “dulce”

Dejé pasar unos cuantos días antes de escribir y publicar esta entrada. Por un lado porque no estoy seguro que sea la nota más oportuna para empezar el año y de paso retomar el blog luego más de dos meses de inactividad en la web. Luego por lo normal que nos pasa a todos tras unas vacaciones, hay que atender muchas cosas atrasadas del trabajo que no entienden de tiempos y síndromes pos vacacionales. Y por último, y quizá la más importante, por dejar decantar algo las ideas antes de escribir mis impresiones sobre los vinos que probé durante este último viaje a Argentina (noviembre del año pasado).

Considero que siempre, desde nuestra posición de “críticos” de vinos, no titulados pero “críticos” al fin, nos corresponde hacer un escrito que de alguna forma justifique cada sentencia. Así que previamente a dar mi opinión general de lo que me dejaron esos 20 días probando tintos Argentos, me gustaría dejar en claro algunos puntos que a mi juicio no han influido, pero podrían haberlo hecho en el análisis y por ende en el resultado final.

Primero que nada, a mi forma de ver y entender, las características organolépticas ofrecidas por los vinos no tienen nada que ver con la expresión de una cepa en particular (probé un poco de todo, pasé por Malbec, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, y Pinot Noir), por lo que eso torna un poco más holgada la visión. Tampoco creo que sean influenciadas por el terruño o la región (degusté vinos de San Rafael, Valle de Uco, Luján de Cuyo, 25 de Mayo, San Patricio del Chañar y Cafayate. De Norte a Sur para los que no se ubiquen en la geografía de mi país), ni por los enólogos o viticultores, ya que todos fueron de distintos autores (modernos, tradicionales y extremos).

También me gustaría aclarar que no creo que sea una cuestión de precios porque, aunque en general me parecieron exorbitantes, compré de diferentes valores en un nivel que fue desde los $75 a los $350 para tener una vara un poco más justa a la hora de opinar.

Y por último, nobleza obliga, tengo que decir también que no todos los vinos que probé fueron “catados” en el sentido estricto de la palabra. Muchos fueron probados en asados con amigotes y otros en cenas o almuerzos con un poco más de calma y en mejores condiciones. Así y todo, la experiencia fue bastante similar en cualquiera de los casos. 

Foto tomada de la web. No conocemos el autor

No se qué pasa con los vinos en Argentina. No se si son ellos o soy yo, pero salvo excepciones -que siempre las hay y principalmente en los de rango de precio más elevado- casi todos los vinos que probé me resultaron con un estilo bastante uniforme y repetido, donde el paladar abocado, el final dulzón y la falta de frescura dominaron la escena. Insisto en que pocos fueron los que rompieron esta uniformidad, lamentablemente para mi forma de ver.

Todo este tiempo estuve dándole vueltas al asunto y buscando una respuesta que me satisfaga, aunque sea para quedarme tranquilo conmigo mismo y poder discutir con otros aficionados al vino que viven de este lado del charco y encuentran los caldos argentinos faltos de chispa. 

Entiendo que alguna razón debe de haber para sentir tanto ese aparente cambio en el estilo de vino. Lo primero que pensé, y quizá no esté tan equivocado, es que como antes solo bebía etiquetas de Argentina, la falta de contraste hacía que ciertos atributos que ahora disfruto mucho en los vinos, como la frescura y verticalidad, existieran solo en algunas excepciones. Esos eran los que rompían la monotonía, y los que elegía casi siempre (he escrito bastante sobre ellos antes de venir a España). Eso hizo que desviase la atención y perdiera el enfoque del global. Ahora, quizá que luego de dos años viviendo fuera, mi paladar se acostumbró a otros tipos de cepas, terruños y elaboraciones y cada vez me choque más nuestro estilo. Podría ser, porqué no.

Lo otro que pensé es que se puede deber a una cuestión de mercado. Y que en función de gustar a un público más amplio, y que la gente joven se vuelque al vino más que a la cerveza a hecho que las bodegas busquen ese tipo de vino de estilo más facilón, de paladar goloso y con un toque maderoso que sigue atrayendo a mucha gente. Si funciona, perfecto para ellos. Yo lo lamento y mi paladar también.

También buscando explicaciones que tengan que ver con los astros y no con las personas (al menos directamente), se me pasó por la cabeza que a lo mejor sea culpa del calentamiento global. Y que el aumento general de las temperaturas esté haciendo que las uvas se sobremaduren y el resultado final sea el que nos llega a la copa. Será eso?

En fin… Si sigo pensando estoy seguro que no podría parar de encontrar explicaciones que justifiquen que nuestros tintos me hayan transmitido esa sensación. Pero aunque mis comentarios no dejan de ser una opinión parcial y subjetiva de una realidad que seguramente no es compartida por mucha gente, tengo que decir que me volví un poco decepcionado.

En unos meses volveré y veremos qué pasa entonces. De momento, así estamos.

Gracias por leernos,

Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable.


31 diciembre, 2015

Lo que se dice siempre...

Bueno amigos lectores, se termina el año. Nunca mejor dicho, ya que en unas escasas 5 horitas entramos en el 2016.

Al igual que otros años, nos hubiese gustado terminar este 2015 con una nota resumiendo lo probado a lo largo del año, destacando lo que más nos gustó y lo que recomendamos no perderse sin dejar el sueldo en la tienda de vinos. Lo bueno de esto es que, en lo personal, me agarró el final de año con mucho trabajo y no pude siquiera redactar algunas notas pendientes... Eso es bueno, porque en definitiva el trabajo es salud, así que si sigo a este ritmo viviré hasta los 150 años! Así que el blog puede esperar un tiempo, no les parece?

Igualmente, como decía al principio, se termina el año y aprovecho a decir lo que se dice siempre por estas fechas. QUE TENGAN UN MUY FELIZ AÑO NUEVO y que el que venga, al menos, no sea peor que el que se va. A ser felices y comer perdices (o lo que prefieran comer, acompañado de un buen vino).

Gracias por estar, por leer, por criticar y por hacer de Rumbovino un espacio que ya lleva más de 5 años contando historias que acompañan al vino, su gente y su tierra.

Nuestros primeros racimos. Cepas de Merenzao de 2 años



Salute y prometo el año próximo más y mejores notas!

Rumbovino.

24 octubre, 2015

7 años de Demencia

El 22 de octubre de 2008, en Casilda, Argentina, me casé. La fiesta fue sencilla. Picadita de salamín y queso, asado y ensalada para los invitados fue todo lo que hubo. Sin protocolos rimbombantes ni cosa rara al estilo de las bodas actuales, que confieso me aburren soberanamente.

Amigotes, de los buenos. Vino y Fernet... Nos agarró el amanecer cantando a Sabina en el medio del salón del comedor de la Escuela Agrotécnica, improvisada pista de baile para la ocasión. Hermosa noche que cada año recordamos felices.

Ayer se cumplió otro año más. El séptimo. Sin querer queriendo, para el pertinente festejo, elegí un Mencía del Bierzo que justo en el momento que me estaba casando a 10.000 kms, estaba entrando a la barrica nueva luego de la fermentación. Además lo hace un amigo, al que solo vi una vez, pero fue suficiente para considerarlo como tal en este mundo del vino. Nacho León se animó con unas cepas de mencía centenarias que tenían más potencial que realidad… Empezó su proyecto DeMencia de Autor… por la locura y estas cosas, ya saben… Cuando lo visité, hace 3 años, me traje una botella que esperó hasta hoy. Cumplía 7 años, como Noemí y yo.

Hay momentos y momentos. Vinos y vinos. Y también hay vinos para determinados momentos. Este es uno de ellos...





Rojo picota de ribetes levemente teja. Glicérico, de piernas largas y gruesas. Apunta edad. Pero aparenta menos...

Nariz que atrapa al instante. Notas intensas que desbordan la copa. Maduras, asentadas. Se notan los años aunque es joven aún. De entrada aparecen los terciarios sobre todo...de buena evolución. Aromas a fruta roja madura, mermeladas mezcladas con nuez, higos y pasas. Algo de cedro, clavo, lácticos, chocolate amargo y miel. Había más…pero ya reconocí varias veces que mi capacidad como sabueso es limitada.

En boca, ganó con el tiempo. Por apurado no lo dejé respirar, me pudo la ansiedad, como casi siempre, y pagué con la primera copa. Al comienzo le faltaba algo...no mostraba nada de las cualidades que anunciaba en fase olfativa. Luego, se mostró en plenitud. Potente, algo hot por encontrarle un pelo a la leche. Complejo, con mucha frescura y fruta roja exquisita. Franco con la nariz. Taninos adultos que aún dan algo de guerra pero no molestan en lo más mínimo. Tiene grado, pide comida a su lado, de la que se come en el bierzo, fiel a su origen.

Imagino que este vino esté agotado ya hace rato… Tengo pena de no haber comprado más botellas, porque va a seguir mejorando. Está lejos de su techo, creo yo. Si alguno tiene botellas guardadas, cuídelas… valen oro.

Debería volver a visitar a Nacho y darle un abrazo. Sé que el proyecto va bien y el portfolio aumentó. Las obligaciones y el tiempo me lo impidieron… pero no creo que demore mucho en hacerlo.

Esta es la nota que publicamos en Septiembre de 2012. Pinchar aquí.


Gracias por leernos,


Salutes. Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.


13 octubre, 2015

QUINTA DA MURADELLA

Estoy seguro que esta es una de esas notas en la que no le voy a revelar nada nuevo a nadie. Es más, es un post que llega algo tarde y a destiempo. Hace rato que debería haberlo escrito… quizá el año pasado cuando destapamos ese GORVIA dedicado a Rumbovino por José Luis Mateo, que Daniel Marín nos regalo el día que nos conocimos…

Qué voy a contar yo de ese hombre, que no se haya dicho antes y que no suene a arquetipo. Lamentablemente no lo conozco en persona, pero como habla a través de sus vinos es como si lo conociese de siempre. Lo imagino serio, de pocas palabras, trabajador incansable, meticuloso y sobre todo honesto. No sé si estaré muy lejos de la realidad (dejo esto para que lo valoren sus íntimos). Pero eso es lo que puedo descubrir cada vez que pruebo alguna de sus etiquetas… honestidad, seriedad y trabajo en partes iguales. No hay nada raro en sus caldos, nunca les sobra nada, pero tampoco les falta… Podríamos decirles vinos perfectos. Pero como la perfección no existe, elijo términos vinófilos como “equilibrados” “auténticos” y otro menos profesional, casi de cancha de fútbol, pero que me encanta como “vinazos” para describirlos.

Quien me obligó a pagar mi deuda con José Luis fue su ALANDA TINTO 2012, mixtura compuesta principalmente por Bastardo y Mencía. Se trata de su etiqueta más básica, y en teoría más simple, pero que desde el vamos muestra el mensaje claro de lo que este viticultor quiere contarnos a través de sus vinos. Dejar en evidencia, pura y exclusivamente, la expresión del terruño gallego. Sin más… Tampoco descubro nada nuevo si digo que para mí un viticultor debe manifestarse desde sus líneas de batalla, de las más numerosas, y no de la élite. Desde el llano es desde donde se muestra la verdadera casta de hacedor de vinos. Y en este caso, hay abolengo de sobra.




Color rojo rubí de capa media, glicérico, fluido. Nada de exageraciones ni densidades sin sentido.

Nariz limpia, profunda, perfumes a flores (rosas), notas de hierbabuena y eucaliptus, especias de cocina, quizá laurel y orégano. Robles usados que se intuyen debajo, acompañan silenciosos y dan riqueza.

Boca de frescura exquisita, fruta roja fina y bien franco a lo expresado en nariz… Paso por boca fluido, pero cargado de sabor, vibrante y complejo dentro de su sencillez arrasadora. Un tinto para beber por litros. El mejor ejemplo es que la botella se terminó sin que nos diésemos cuenta…

Podría escribir más, pero no tendría mucho sentido… creo que ya está todo dicho. Qué les parece?

Gracias por leernos amigos,

Salutes, Rumbovino.


Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable

02 octubre, 2015

ENXEBRE 1999. ¿Quién dijo que al albariño es mejor beberlo joven?

Mucho se ha hablado ya de este asunto. Se ha discutido bastante y aunque las opiniones se enfrentaron durante mucho tiempo, hoy parece que algún grado de acuerdo hay. Al menos en este aspecto. El albariño se puede guardar, años y años. Y con la estiva, mejora y se transforma…

El problema radica en que la demanda generalizada de esta joya blanca es como vino del año, fresco, salitroso, frutal, vibrante y filoso. Los expertos, y por ende los consumidores comunes, lo casan con los excelentes mariscos y pescados de las Rías Baixas. Lo asocian con los ríos que desaguan al mar y con las verdes costas que visten Galicia. El albariño es juventud, expresividad y brío. Acuerdo en que puede ser así, pero lo comparto un poco menos. No me gusta, o casi no me gusta, el albariño del año. Lo tengo hablado con amigos que elaboran verdaderas obras maestras en O Salnés. Se los dije sin cortarme un pelo porque lo creo de esa manera. Siempre acordamos cuando hablamos de estos temas. Ellos ven el potencial de esta uva y quieren guardarla un tiempo, pero no pueden. El mercado ordena y los vinos vuelan.

Mis blancos, los que compro o me regalan, van a la bodega y ahí se quedan… En la oscuridad descansan, se aplacan, redondean, crecen, maduran y deslumbran… Lo tengo comprobado con varias botellas y etiquetas. Da igual si son de más o menos “calidad” o si se pensaron para guardar un tiempo. Todos ganan con los años…

También mi suegro los guarda, pero porque se le pasa beberlas. Ahí, a las entrañas de la bodega de la aldea. A la humedad y frescura de ese sótano llego yo cada tanto, a buscar botellas olvidadas. Allí la encontré hace dos años. ENXEBRE cosecha 1999 (Bodega Condes de Albarei).

Confieso que le tenía fe, mucha fe (últimamente hasta creo en Dios). Llegó el día,la comida, y la destapé… Cuánto más me iba a estar carcomiendo la curiosidad?



Un líquido amarillo ambar, oro líquido, inundó la copa. La cosa pintaba bien. Esperé, contuve el aliento. La dejé respirar un rato y acerqué la napia. No había frutas como las manzanas verdes, ni los cítricos que alguna vez seguramente habían sido su seña de identidad. De la copa explotaron aromas complejos, de evolución, extraordinarios. Algo de tierra húmeda (lógico) que de a poco se fue desvaneciendo para dejar notas a petróleo, queroseno, neumáticos...era como imaginaba que podría ser el sumergirse en un Riesling de 20 años. 

...Luego de un rato llegó al paladar. Glicérico, denso al tacto. Aún le quedaba frescura para dar y tomar. Emocionante. Similar a lo que mostraba en su fase aromática, complejo, hasta diría mineral. Terroso, largo y vivo, muy vivo.

El nombre de ENXEBRE viene de hacerlo a la vieja usanza. Sin historias raras. Ni barricas ni nada parecido (no me confieso amante del albariño con madera). Uvas de calidad, que fermentan y hacen vino… Lo cierto es que no sé mucho más de él, pero desde Condes de Albarei esperan que les cuente la experiencia. Les escribí cuando dí con ella.

Lamento no haber encontrado más de éstas por ahí. Tengo otras aguardando, pero no serán de tantos años porque me confieso impaciente a la hora de guardar vinos. Serán albariños que fueron creados para ser bebidos jóvenes, pero como dije antes, yo los quiero ver crecer y deslumbrar a quien los disfruta. Como este.




Salute y buena vida.
Gracias por leernos, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vio y en favor del consumo responsable.

06 septiembre, 2015

Los incomprendidos amantes de Torrente y la tiranía de la complejidad

Hoy me vino a la cabeza el recuerdo de una conversación que tuve hace un tiempito atrás con una persona (para el relato no viene al caso dar nombres), cuando tuve la feliz idea de comentarle que me había gustado mucho Torrente 5. No podía parar de reírme, dije casi inocentemente… La susodicha dama, solo puedo revelar el género, me miró extrañada y luego de compadecerse por mi poca cultura cinéfila, me justificó con todo lujo de detalles porqué esa película carecía de valor cinematográfico y no podía gustarle a nadie. Salvo a los que no teníamos ni idea de cine. O sea un tipo como yo.

Luego de semejante desplante, no pude evitar comparar eso con lo que a veces pasa con el vino, donde parecería ser que para que lo califiquen como “muy bueno” o “excelente” tiene que ser complejo, extravagante, diferente, difícil…. sin contar para nada cuánto placer otorgue a quien lo consuma. En los vinos, como en el cine, la simplicidad a veces se juzga como un atributo de poco valor, atribuyéndose a estas etiquetas una crítica de correcto en el mejor de los casos. 


Me parece increíble que tratándose de una bebida que se define por puro hedonismo, exista gente que sentencie que tal vino es malo o que “no puede ser que te guste”, más allá de las valederas justificaciones esgrimidas para tal veredicto. Es que hay públicos y vinos. Hay momentos y vinos. Pero sobre todas las cosas, hay gustos y más gustos.

A mi, a veces me pasa que tengo ganas de ver una película “fácil”, reírme de lo lindo y disfrutarla sin comerme tanto el coco. Tengo muchos días en los que no me interesa tener que analizar en detalle el guión y la trama, leer entre líneas, entender al director, descifrar el mensaje oculto que transmite, etc. Eso, en general me aburre, mucho. Hay días así… Voy al cine a ver una película cómica, me río como un loco y soy feliz. Bien simple.

Con el vino pasa igual. Quién dice que el vino tiene que ser supercomplejo para poder disfrutarse. Quién dictamina que un vino simple no puede hacer feliz al que lo bebe. Hay momentos donde simplemente quiero sentarme y disfrutar un vino de principio a fin, charlando de la vida o viendo la tele. Muchos días tengo ganas de beber un vino y no catarlo. Catar, en ocasiones me aburre. Analizar en profundidad un vino, como una película, me cansa.

Cuando llega el fin de semana y me siento con una copa de vino es para relajarme y no tener que pensar demasiado en lo que estoy bebiendo. Eso es lo que disfruto del vino y esos son los vinos que me gustan...los que no me obligan a pensar. Los que simplemente se dejan beber de principio a fin, sin que me implique hacer un esfuerzo por entenderlo. El que me ofrece eso, para mí, es un gran vino. Hay muchos grandes vinos que se dejan beber así. Nadie me va a convencer de lo contrario.

Por eso amigos, prefiero la simplicidad y efectividad de Torrente, a la complejidad y longitud de Rapsodia en Agosto.

Gracias por leernos,

Salute. Rumbovino.
Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable.

22 agosto, 2015

LALAMA 2011, lo que me estaba perdiendo

Hace ya algún tiempo, unos 4 años aproximadamente, cuando estábamos empezando a meternos un poco más seriamente en el tema del vino y el blog, aprovechando que veníamos de visita a Galicia, nos contactamos por correo con varias bodegas de la Ribeira Sacra que queríamos conocer.

Recuerdo que de casi todas recibimos respuestas. Algunas nos abrieron sus puertas y otras amablemente nos dijeron que no podían recibirnos… Nada extraordinario hasta el momento, seguramente esto le ha pasado a todo el mundo que escribe a una bodega para visitar.

Sin embargo hubo una bodega que por sus referencias nos interesaba especialmente conocer, Dominio de Bibei. Insistimos varias veces (siempre vía e-mail) y nunca obtuvimos ni un sí ni un no por respuesta. Creo que en la escala de valores, hay algo peor que ser rechazado, sentirse ignorado. Pensé para mí aquella vez (era el año 2011), que había muchas bodegas y muchos vinos por probar, así que así fue. No busqué ni probé ningún vino de Dominio de Bibei nunca… hasta ahora. Pasados los años y dejando de lado mi dolido orgullo de principiante aprendiz de bloguero del vino, busqué una botella de LALAMA 2011 (solo fue casualidad lo del año) y encontré un buen momento para abrirla...





Color rojo picota, con ribetes rubí intenso. Vivo, expresivo, luce joven y anuncia buenos augurios. Glicérico…

Nariz de lujo, con notas de intensidad medio-alta que invitan a soñar. Complejo, de esos vinos que si uno tiene tiempo y ganas puede llegar a encontrar gran parte de la paleta aromática que se describen en los libros de degustación… Mi consejo, para aquellos de narices remolonas como la mía, es que disfrutar de lo superficial que ofrece, porque con eso alcanza y sobra para deleitarse… Especias, frutos rojos pequeños en su punto de madurez, balsámicos, minerales y notas de crianza magistralmente ensambladas. Están pero no están… 

En boca, creo, y luego lo comprobé cuando leí su ficha técnica, que está en su punto de máximo esplendor para ser disfrutado (aunque le queda mucho por delante aún). Franco, redondo, sin aristas de ningún tipo. Fresco, ligero y a su vez con mucho peso… Exhibe todas las características de lo que me gusta de los vinos de la Ribeira Sacra, pero con un plus extra que lo hace grande, inmenso. 

Mucha gente, que sabe de esto, compara los vinos de esta bodega con los vinos franceses. Yo no he probado tanto como para hacer comparativas, pero sí puedo reconocer en este tinto gallego características de algo que está en un escalón superior por su complejidad, intensidad y a su vez facilidad para ser bebido. Para aplaudir…y beberlo por litros.

En la ficha técnica (aquí) pueden conocer todos los detalles de este gran vino.

Qué aprendí? Que uno, a veces, por rencor o por capricho, se pierde grandes cosas… Por suerte, el tiempo pone las cosas en su lugar.

Gracias por leernos, Salute!

Rumbovino.
Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable

13 agosto, 2015

Los ´90, mi viejo, el vino y la bendita crisis

Los finales de la década del noventa y principios del nuevo siglo, en Argentina, fueron una mierda. Al menos en algunos aspectos socio-políticos del país, y en mi familia no fuimos la excepción. Por aquellos años Carloncho había entregado el país a los mejores postores, dejándonos con el culo al aire pero con una sensación de que podíamos ser dueños de lo que quisiésemos. Recuerdo ese tiempo porque junto a un nuevo gobierno al que le escaseaban las ideas, empezó además a escasear el trabajo. Y entre los muchos argentos que perdieron su laburo se encontraba mi viejo. Por suerte el destino no quiso ensañarse tanto con un tipo ya grande, y le tiró una última buena mano que le permitió ganarse la vida de cobrador, que lo mantuvo ocupado y feliz en cuerpo y alma hasta el día de su jubilación. En aquella época, mi vieja, aún la tengo grabada en la retina, para ayudar a sostener el rancho, hacía milanesas de soja que intercambiaba en el club del trueque por otras cosas necesarias para la casa. Entre unos y otros la cosa iba pa´lante y hasta nos permitíamos algunos pequeños lujos. Y fue justamente en aquellos años, de tira y afloja, donde tuve mi primer acercamiento al mundo del vino. Y fue de la mano de mi viejo. Aunque reconozco que no fui muy consciente de eso, hasta ahora.

Yo llevaba recibido de veterinario muy poquito, ya era docente de histología en la Facultad, pero con un cargo de ayudante dedicación simple el sueldo no me permitía siquiera pagarme el alquiler de la casa que compartía. A mí también las milanesas de soja, que vendía a los amigos, me dejaban unos mangos para poder pelearla. Pero entre tanta cosa jodida, los viernes por la tarde me acercaba un aire de frescura. Me tomaba el “venado” en la puerta de la facultad y partía a casa. Caminaba casi una hora desde la terminal y llegaba al nido casi de noche. Recién aterrizado, siempre me esperaba un asado flaco hecho a la parrilla eléctrica, que me sabía a gloria y regocijo infinito. Sin embargo, el momento especial, el que mejor recuerdo y me trae hoy hasta estas letras, era la tardecita del sábado. Nunca faltaban los sanguchitos de miga o las empanadas caseras para la cena. Y para acompañar esos majares nada sabía mejor que un tinto argentino. Religiosamente todos los sábados a la nochecita íbamos con mi viejo a un super que estaba frente a la Plaza San Martín y, además de otras cosas para la casa, nos pasábamos un buen rato eligiendo el vino. Yo creo que mi viejo fingía que buscaba, cuando en realidad el honor de escoger el líquido me de lo dejaba a mí. Ni yo ni él teníamos ni idea de vinos en aquella época, pero había algo casi mágico en esa acción. No daba igual llevar cualquier cosa, había que elegir bien. El presupuesto no era alto, pero las etiquetas más atractivas (para lo poco atrevidas que eran en ese momento) solían inclinar la balanza. También los nombres imponían. Cuántas veces he mirado babeando los Navarro Correas imposibles a nuestro bolsillo. Vino de culto si los hubo en Argentina. 

Haciendo memoria, recuerdo algunas de las etiquetas que he bebido. No son muchas, pero me vienen a la mente la caramañola de San Felipe, el Point Leveque, el Don Valentin Lacrado, el Chateau Vieux, el Etchart Privado (único blanco que me gustaba) y muchos otros que se evaporaron de mi memoria hace tiempo como tantas otras cosas… Cada vez un vino diferente (hasta ahora lo sigo haciendo), casi siempre tinto, y siempre con mi viejo de cómplice.

Han pasado más de 15 años y aún recuerdo cada cena de sábado. El sentarme a la mesa a degustar la buena comida y esos primeros vinos catados con “el gordo” (aunque hasta el día de hoy no bebe más de dos tragos porque dice que le hace temblar las piernas), como uno de los momentos más felices y que más disfruté durante toda mi vida.

Quizá la distancia, quizá la nostalgia, quien sabe… Salute viejito!



27 julio, 2015

LA PERDIDA

Hojeando las páginas del Especial de Vinos de la Voz de Galicia, me llamó la atención un título grande y en letras rojas que coronaba la entrevista de ese número del especial del mes de setiembre del año pasado “Creo en los blancos radicales, como mi Godello naranja”. Fue la primera noticia que tuve de aquel personaje de la región de Valdeorras, que tenía un buen par como para animarse a hacer un vino blanco color naranja, y además publicitarlo. Y venderlo!! Solo un loco pensé en ese momento... pero confieso que la mosca me quedó dando vueltas detrás de la oreja.

No voy a adelantar lo que leí en la nota esa vez, además de aquel llamativo y peculiar titular, porque sino me quedo sin letra para lo que viene y me parece más interesante contarles lo que viví y bebí en primera persona...

Pasaron bastantes meses de aquel encuentro en el diario de Galicia, y el destino quiso que un amigo común (benditos amigos del vino, cuánto debo de agradecerles!) casi de casualidad me hablase del personaje en cuestión. Para un friki enofílico como yo, los conceptos adjuntos al vino tales como “vino sin DO”, “cepas tradicionales”, “orgánicos o naturales”, “extremos y diferentes” o “biodinámicos” resultan demasiado atractivos como para dejarlos pasar. 

Solo una llamada telefónica, de un tipo al que Nacho (el valiente de la historia) jamás había ni sentido nombrar, bastó para concretar una cita en su bodega al día siguiente. Eso ya es un indicativo claro de la persona que hay detrás del vino. A mí, esos enólogos que se andan por la vida subidos a pedestales, con los que concretar una cita es más difícil que quedar con el presidente de la nación ya me quitan las ganas, no solo de conocerlos, sino hasta de beber sus vinos. Dicho esto, vamos al lío.




Quedamos en Larouco, lugar donde se encuentra la bodega. Un pueblo en la montaña de la provincia de Ourense, que debe tener unos 500 habitantes. Especifico mejor. Quedamos en el Bar de Larouco (es que en España quedar en un bar es deporte nacional, lo comprobé al segundo día de pisar esta tierra). Justo, casualidad, era día de Feria del Pulpo. Creo que no hubiese podido coincidir mejor, porque si uno viene a Galicia tiene que comer el pulpo a la gallega que está buenísimo, pero si lo consume en la “feira” de un pueblo del interior es gloria bendita.

Apretón de manos y a la bodega, solo a buscar vinos para regar el manjar multidigital. Probamos mientras comemos (yo no podía creer en tanta suerte). Agarró vinos, algunos sin etiquetas, experimentos de su primera cosecha, otros nuevos y otros a punto de extinguirse del mercado. Volvimos al bar... comenzamos a catar (a lo paisano) y a charlar de sus vinos, los viñedos (su pasión) y su historia... Dos horas después, con la panza llena y el corazón contento, fuimos a caminar las viñas. No nos quedó ni una por conocer...

Debo empezar diciendo que Nacho está recién llegado al mundo del vino, por decirlo de alguna manera. Comenzó en el año 2011 podando unas 200 cepas de la familia. Luego aparecieron otras, de vecinos y amigos que ya no las podían cuidar y de a poquito fue creciendo….lo justo como para que la cosa no se desmadre. Actualmente trabaja casi 3 hectáreas, parcelas pequeñas salpicadas por acá y allá. Arriba y abajo en el coche. “Esta es nueva, la estoy recuperando, que vuelva a la vida luego de muchos años de recibir químicos y tratamientos sistémicos”.

Su método de trabajar las viñas es ancestral y natural. Todo su trabajo se centra en el suelo. Un suelo vivo es un viñedo vivo (estoy totalmente de acuerdo con él). Sigue las fases lunares y la biodinámica le pasa cerca, aunque aún no a cabalgado demasiado en esta ciencia. Las revive con compostaje, cubierta vegetal autóctona donde es buena y sembrada en invierno y conservada si hace falta. Deja que las especies compitan entra sí, que las raíces que perforen y aireen la tierra, que las arañas y chinches paseen por las hojas, en definitiva que la viña viva y se funda con su entorno. Los vecinos, adeptos a las modas y trabajo liviano de meter químicos industriales, aún lo miran extrañados.

Los hongos, en un suelo equilibrado y sano, la tienen complicada. Pero cuando aparecen, ortiga, milenrama y cola de caballo en infusión obran verdaderas maravillas. Ocasionalmente si la lucha es dura, aplica un baño de polisulfuro cálcico (que está permitido en ecológicos) y nada más. Los suelos de sus viñas, como las uvas, son variables y en ocasiones encontramos mixturas de granítico, arcillosos, arenas y pizarras. Su situación es perfecta, porque están en la transición de la Ribeira Sacra (más húmeda y complicada para una viticultura orgánica, aunque se hace) y Valdeorras donde el clima más seco y cálido, pero sin torrar las cepas, permite una mejor sanidad y perfecta maduración.



Cepas viejas de Garnacha Tintorera, Mencía y Sumoll (una variedad que estaba mezclada en la viña y fue identificada hace muy poquito) son las uvas tintas que dominan sus fincas en tanto que Palomino, Dona Branca y Godello cierran la paleta cromática. Nacho ama sus viñas, las mira, huele, pisa, toca y suda todas las tardes de su vida (no concibe otra forma de hacer un vino y no cree en los enólogos que hacen vinos en 20 lugares diferentes. Es imprescindible conocer cada rincón del viñedo). 

Pero si le preguntan cuál prefiere, aunque le cueste elegir, estoy seguro que dirá EL TRANCADO, la viña legado de su abuela que trabajó desde muy joven. Cuando ella cuidaba la viña, las cepas ya existían, por lo que es una incógnita que edad tendrán. Una joya de 70 u 80 años en la que conviven mayoritariamente las Garnachas con Godello.

La finca de su abuela fue donde comenzó el camino, sin embargo, quien puso el nombre al proyecto fue la finca de O PANDO. Casi dos hectáreas con predominio de Godello Vello dispuesto en espaldera con mas de 35 años (primeras viñas plantadas con esta disposición de cultivo en la comarca de Valdeorras). Los paisanos, poco creyentes en los milagros a esta altura de la vida, le decían que no pierda tiempo, que esa finca ya estaba PERDIDA. Podríamos decir que O PANDO fue el génesis de lo que les estoy contando.

En su bodega, pequeñita y lentamente restaurada, solo entra uva, madera usada y barro.

No utiliza levaduras industriales, tiene claro que solo el ADN del viñedo se embotella. Las fermentaciones a veces son largas, y sufre más de la cuenta, pero hace pié de cuba en las viñas para acelerar la fermentación, evitar oxidaciones y favorecer la pronta producción de sulfuroso natural producto de la propia fermentación. Los tintos fermentan en vasija de barro (es otra forma de acercarse a la tierra). No se controla temperatura y los bazuqueos son los mínimos. Luego a barricas de roble francés, muy usadas, hasta que el vino esté listo. Cuando está listo? Cuando le parece... unos 10 meses más o menos. Depende la uva y la barrica. Prueba casi a diario.

Los blancos previamente se maceran 72 hs con los hollejos (un estilo de vinificación tradicional muy utilizado en Italia. Su color naranja viene de ahí), se prensan y fermentan en barricas abiertas. Luego, a barricas usadas hasta que se haga el vino. Para evitar oxidaciones durante la crianza se inventó un artilugio de plástico, con azúcar, agua y levaduras que lo conecta con una manguerita a la barrica para incorporar CO2. “Lo atamos con alambre”, diríamos en Argentina. Efectivo y barato. No corrige acidez (el tartárico ni en fotos), no utiliza sulfuroso durante la fermentación y el mínimo al embotellar para evitar problemas en el transporte. No aplica enzimas, ni hace osmosis inversa, ni trasiega, ni microoxigena. Como dije al principio. En la bodega, solo entra uva, madera y barro (arcilla si nos ponemos más finos)… y sale vino, puro, honesto, serio.

LA PERDIDA



Solo por apuntar mis impresiones de 4 de los vinos que se pueden conseguir en el mercado, y más que nada por no dejarlos con las ganas luego de tanta palabra (las descripciones van en presente y en pasado).

Por cierto, una aclaración. Sus vinos no son sus vinos, son los vinos de sus viñas. “Nacho solo intenta no cagarla”.

LA PERDIDA Dona Branca 2014: Atractivo color cobre, dorado. Nariz sutil, sobre todo manzana (sidra, me recordaba a mi niñez) y notas muy particulares a nueces y avellanas. En boca muestra acidez media-alta. Muy franco. Filoso. Manzanas rojas frescas y frutos secos. Final levemente amargo. 11,5% Vol de alcohol. Me gustó, pero reconozco que no es para todos los paladares. Con una ensaladita de atún rojo marinado o de bacalao y salmón ahumados puede resultar incomparable!

LA PERDIDA Godello 70% - Dona Branca 2014: Mismo color, seña de identidad de los vinos de Nacho. Glicérico (hay más grado, 13,5% Vol.). Aromas que enamoran, siempre susurros, suaves. Hollejos, aromas de lagar. Miel, duraznos maduros y leves balsámicos. Boca fresca (gran acidez), filosa, pero hay más volumen y complejidad. Notas de pomelo rosado, manzanas (las mismas de antes), nuevamente frutos secos, peras en almibar, rasgos a tierra fresca. Cambió constantemente durante toda la comida, va ganando con el aire hasta que se acaba la botella. Me encantó. Al igual que su hermano anterior, no es para todos los paladares, sobre todo aquellos que están acostumbrados a los blancos industriales (casi impolutos), pero a mí me emocionó.

El otro día, hace muy poquito, lo probamos acompañando una carne de ternera a las brasas y acompañó a las mil maravillas. Casi como un tinto aguantó esa comida sin inmutarse. Mi consejo es beberlo apenas refrescado… Puro disfrute.

LA PERDIDA Garnacha Tintorera 70% - Mencía 2014: Rojo sangre venosa (con tintes violáceos) brillante, glicérico, limpio. Buff...la nariz me recordaba a todo y a su vez a nada en un vino tradicional. Más intensidad que en los blancos, pero siguen siendo suaves, como caricias. Ciruela negra (inconfundible), especias, y sobre todo notas minerales (piedras, arcilla, tierra húmeda). Es voluminoso, llena la boca, pero ya estaba casi pulido (solo llevaba 1 mes en la botella). Franco con su expresión aromática. Siguen las ciruelas negras integradas con las notas minerales, matizadas con una acidez justa para equilibrar y refrescar. Para beber por litros. Con el pulpo se comporta de vicio.

LA PERDIDA Garnacha Tintorera 70% - Sumoll 2014: Primer año que hace este vino (la 2013 no la llevaba). Le gustó tanto esta uva del Penedés que decidió hacer un corte nuevo con ella. Hay quien dice que es la Pinot Noir de Catalunya. Sigue una línea muy similar al anterior, tanto en color como en aromas, pero en este caso dominan las notas florales y las mieles. En boca entra más suave y con algo más de acidez. Tiene quizá una línea un poco más femenina (si me permiten la expresión). Llevaba más tiempo embotellado, y estaba más hecho. Por lo demás, mismo estilo y resultado. Vino de artesano, fiel a su tierra y que se bebe por litros. Más aplausos.



Leyendo el libro de Vinos Naturales en España, que escribió nuestro ciber-amigo Joan Gómez Pallarés encontré una explicación perfecta para describir los vinos de LA PERDIDA. Ante la pregunta ¿a qué huelen y saben los vinos naturales?, la respuesta es sencilla. Si está bien hecho, da igual de dónde sea, el vino natural huele y sabe a vino. Y así son los de Nacho. Saben a vino, sin historias raras.

Un camino directo al viñedo, al respeto por la tierra, las tradiciones más antiguas, a lo natural. Cuando uno bebe esos vinos, difícilmente pueda dejar de hacerlo.

Gracias por leernos,

Perdona la demora Nacho.

Salutes, Rumbovino.

19 junio, 2015

Saó Abrivat 2010...para no dejar pasar.

En general no suelo escribir sobre vinos que cato en forma rápida, sin detenerme al menos un mínimo a evaluar matices. Ya sea acodado a la barra de un bar, o de pasada en alguna feria a los codazos con los demás asistentes. No son ocasiones ideales para degustar un vino y puede suceder que un gran ejemplar se diluya entre tanto líquido previo o conversaciones banales, o puede que sea al revés y terminemos encumbrando al podio un ejemplar que está peleando con los defensas en un partido por el descenso.

Muchas veces, también, suelen darse estos yerros en aquellas etiquetas que, por los motivos que sea, solo alcanzas a beber una sola copa y quieren los astros que uno no tenga el día para reconocer calidad en el caldo… En cualquiera de los casos no es justo para el vino, ni para quien considera que este humilde aficionado (identificado en mi persona) puede aportarle alguna idea a la hora de elegir qué beber en alguna ocasión. 

Ya ven, a la hora de describir un vino, si no se hace en condiciones adecuadas, es más probable fallar que acertar. Sin embargo, ocurre que a veces un vino, habla alto y fuerte con una sola copa… y en ese caso se encienden las alarmas y el asunto es cosa seria. 

Algo así me pasó ayer con una etiqueta de las tantas que suelo probar con mi amigo Rafa en las Delicias del 69 en Lugo (buenos vinos, siempre acompañadas de un buen Jazz de fondo hacen de esa vinoteca la mejor de la ciudad amurallada, con gran diferencia). Rafa es un tipo inquieto y busca siempre cosas nuevas que agregar a su tienda… Dicen que el que busca encuentra y como es un tipo al que además le gusta compartir; cuando encuentra, cada botella que recibe la destapa para que los amigotes que lo visitamos con cierta frecuencia podamos opinar.

Así que ayer por la mañana quedamos en probar un par de etiquetas nuevas. Debo reconocer que ambas me gustaron, pero una de ellas me conquistó al momento, y solo bastó una copa…

Se trataba de un tinto de la DO Costers del Segre que elabora la Bodega Mas Blanchi I Jové. Un corte de Tempranillo (40%) Garnacha negra (35%), Cabernet Sauvignon (15%) y Merlot, que lleva por nombre SAÓ ABRIVAT 2010.

La uvas son obtenidas de viñedos trabajados en forma orgánica (tienen la certificación desde el año pasado), plantados sobre suelos arcillosos-calcáreos. Es criado durante 12 meses en maderas francesas y americanas en mayor porcentaje. Esta es una info que saqué de la web, como para presentar el vino y ponerlo en situación. Pero pueden visitar este link e informarse del proyecto en profundidad.

En la vista mostraba sus 5 añitos. Los rubíes vivos levemente atejados predominaban. De capa media, buen brillo y limpidez. Glicérico. Buenas piernas, sugerentes, atractivas. Hablo de las piernas del vino, eh! 

La nariz estaba impecable y de volumen alto. Al principio asomaban algunas notas de evolución que enseguida dejaban paso a la alegría. Creo que es un vino para una nariz especial, de esas que tienen mucha sensibilidad, porque la mía es un poco remolona y seguro se perdió gran parte de la fiesta. Aún así, mostró mucha complejidad. Frutos rojos y negros maduros, mermeladas, especias (pimienta, canela), balsámicos (mentolados), minerales (arcilla quizá?), cuero, tabaco, chocolate, y mil cosas más… Lo mejor es que estaban integrados, perfectamente… Aparecían juntos, pero se diferenciaban también por separado. No sé bien cómo explicarlo, pero en conjunto sonaban a la perfección.

Cualquier vino que ofrece tanto en nariz, me asusta al meterlo en la boca. No quiero que me defraude (ya me ha pasado varias veces). Pero como debe ser, este no fue el caso. La boca era franca, igual de compleja y con mucha frescura que sostenía ese sabor levemente goloso que aporta el roble americano pero que en su punto justo no me disgusta. Maduro, redondo, largo, exquisito. La mala definición de vinazo le queda que ni pintada.

Luego pregunté cuál era su precio. Rafa, esbozando una leve sonrisa, me dijo… sobre los 11 euros. Me dieron ganas de abrazarlo.

Como decía Quino en una de las tiras de Mafalda. Voy a cometer la “gafé” de decir que la etiqueta que eligieron no me ha gustado mucho. Solo para que nadie piense que soy amigo de quienes lo elaboran… Nada más que por eso.

Gracias por leernos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

16 junio, 2015

El laboratorio de Bruno

Este espacio va de historias, y de eso tratan estas líneas. La idea es simple, hablar de aquella gente ligada al vino que nos hace felices. Es que no entiendo cómo se puede beber un vino que no transmita felicidad.

Y por esos intríngulis del camino anda Bruno Lovelle, sintiéndose feliz y transmitiendo lo mismo con sus vinos desde un rincón de la Ribeira Sacra Lucence, en una bodega que no es más grande que mi piso. Es joven, solo 28 años, y lleva elaborando vinos desde los 20. Pero al hablar con él despliega esa sabiduría que solo dan los años y no la lectura. Quizá sea el desparpajo y seguridad que da la juventud. Vaya uno a saber.

Aprendió de su abuelo y con su abuelo. Desde pequeño a trabajar la viña, a ensuciarse y transpirar con el sol a plomo sobre el lomo, o a helarse en el pleno invierno gallego cuando había que podar. Los comienzos nunca son sencillos, y esta no es la excepción. Porque el vino le empezó a gustar de a poco, al principio no lo emocionaba mucho que digamos. Pero el amor surgió como debería ser siempre, fraguándose lentamente, hasta hacerse cierto y duradero. Esos son los amores que tienen buen destino...

Luego se puso a hacer vinos, y desde el principio tuvo claro lo que quería hacer. Caldos que representen lo mejor de la Ribeira Sacra del Sil y del Miño, pero sin estar atado a las Denominaciones de Origen que a veces encorcetan demasiado. Quería ser libre, crear sus vinos, jugar y disfrutar haciéndolos.

Por eso me gustó la palabra “laboratorio” en el título de la nota, creo que refleja muy bien lo que Bruno hace en su bodega. También podría haber usado la definición de alquimista, porque crear vinos sin dudas es alquimia.



No conté bien cuántos vinos diferentes caté aquella tarde que lo visité. Quizá fueron 8 o 10... de tanques, de barrica, de botella, uno mejor que otro, se los aseguro.

Solo elabora tintos y juega con las cepas, las expresiones, las regiones, los sabores y las maderas. Hace vinos jóvenes y viejos (perdón por la palabra, pero cuadraba bien en el texto), con uvas de riberas cercanas y lejanas. En sus caldos conviven la Mencía, con la Garnacha tintorera, la Tempranillo, la Tinta de Toro y la Syrah a las mil maravillas... Confluyen la Ribeira Sacra, con el Bierzo, La Rioja, Toro y el Duero sin desbordar ni una sola gota. Armonizan a la perfección la finura de Galicia con el poder de Castilla León... Por eso, quizá, ahora me entiendan cuando utilicé las palabras alquimia o laboratorio.

Les cuento sobre él porque me vi reflejado en su persona y su hacer. De haber sido enólogo, y no veterinario, estoy seguro que hubiese sido así. Hacer vinos de esa manera, al menos para mí, es parte de la creación, del arte que tiene y nos permite manipular esta mágica bebida...

El vino se hace en el viñedo. Totalmente de acuerdo. A veces no hace falta más que una uva querida y bien cuidada para que un jugo sea excepcional. Pero otras veces una buena uva requiere de buena compañía para expresarse mejor y desarrollarse en plenitud; saber y entender eso es muy difícil, quizá lo más difícil que demanda el arte de la vitivinicultura. Y que un “pibe” de tan solo 28 años sea capaz de interpretar las uvas y las regiones como lo hace Bruno, me emociona. Llámenme nostálgico si quieren.


Cosas del vino y de la vida... que vamos a hacer.

Gracias por leernos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

* Nota escrita (y publicada) para el número 4 de la Revista de Vinos Argentinos. VINARQUÍA (http://issuu.com/vinarquia/docs/vinarquia_nro_4)

06 junio, 2015

Hablando de vinos, sin afeitarme

Si mi madre me viese así, ya me imagino lo que me diría... Dos semanas en casa tras la cirugía, un poco tirado al abandono de los aspectos fenotípicos necesarios para la vida en sociedad. La barba larga, el pelo sin peinar y los "gayumbos" cortados a modo de ventanita por delante para no tapar la incisión quirúrgica, hacen de mí un espectáculo poco frecuente y hasta diría cómico. Aunque reconozco cierta comodidad y relax en esta etapa, que como otras, seguro pasará pronto... Hoy comentaba a un amigo por correo que si algo estoy sacando de bueno de estos días de ocio obligado es la posibilidad de leer, mucho y bueno, de lo que más me gusta... Me encanta leer sobre lo que me gusta. A quién no? Y cuánto me molesta no tener tiempo de hacerlo con el trajín del trabajo diario. A muchos de ustedes les sonará moneda corriente seguramente.

Me puse a devorar libros (y webs) de vinos. Para ser más correcto, de cultura del vino. Sobre los viñedos y sus labores, de biodinámica, de elaboraciones orgánicas y de lo que el amor y el respeto por la tierra y el entorno pueden hacer en un producto tan agradecido como el vino. Porque convengamos una cosa, pocos productos “comestibles” son tan agradecidos como el mágico fermento. Mira que algunos ya no saben más qué echarle al pobre para hacerlo más atractivo al público. Y aún así, se las arregla como puede para mantener su esencia intacta. Mucho he leído estos días sobre el asunto (y estoy recién empezando)... Quizá VINOS NATURALES EN ESPAÑA de Joan Gómez Pallarés fue quién abrió la rendija de la ventana donde me colé definitivamente. Si no te gusta el vino, probablemente tampoco estés leyendo esto, pero si es así, te recomiendo leer su blog, porque seguro comenzará a gustarte.


Hace ya bastante tiempo que llevo escribiendo sobre el noble brebaje. De aficionado nomas. Primero desde Argentina, luego desde España (más Galicia que otra cosa) y en estos casi 5 años en los que decidimos con Noemí ponerle nombre a un blog, mis gustos de vinos han ido cambiando, como dice la canción del chileno Julio Numhauser, maravillosamente interpretada por la “negra” Mercedes Sosa. Todo cambia, y los gustos en el vino también.

Pero lo más maravilloso de este proceso es que esos cambios, paulatinos y lógicos me atrevería a decir, sucedieron por maduración, a base de conocer viñedos, de hablar con viticultores, de ensuciarme en la viña, de probar y probar vinos, diferentes estilos que fueron de a poco ganando mi paladar y mi corazón.

Nada tuvieron que ver las modas en este cambio, sino no sería real, pero reconozco también que la moda actual que demanda un vino más natural sí que ayudó, porque hoy por hoy es más “sencillo” encontrar esas etiquetas que antes se antojaban casi imposibles y pocos querían hacer. Los bodegueros que ante todo tienen una empresa que mantener, tuvieron que dar una vuelta de timón necesaria y obligada (no sé si están convencidos o no del vino que están haciendo ahora, pero lo hacen) para poder readaptar sus productos y eso trajo consigo más y mejores opciones para elegir. Pero no es por ahí por donde quiero ir... Vuelvo al lugar donde quedé.

Mis gustos fueron cambiando desde aquellos comienzos y creo que lo seguirán haciendo (es lo esperable), pero como soy una persona que siempre estoy buscándole explicación a todas las cosas (acá mi formación científica juega un papel importante, no lo puedo negar), confieso que este cambio me generaba intriga.

Dicen que sobre gustos no hay nada escrito, y estoy de acuerdo, y que en tema de vinos hay un abanico de gustos tan amplio como etiquetas hay en el mercado. Pero siempre me pregunté qué hace que a algunas personas les guste un tipo de vinos (o lo que sea) y a otras les guste otra diferente. Alguna explicación tiene que haber, eso no ocurre por casualidad o azar, creo yo.

Sin dudas tenemos algo dentro nuestro, íntimo, que lo determina. Algo, independientemente de las ramificaciones de nuestras neuronas, que hace que decidamos inconscientemente qué cosa nos gusta más que otra. Pienso también que quizá tenga que ver con las experiencias personales que transitamos a lo largo de nuestra vida. Lo difícil es saber el porqué de esos gustos.

Y en esos menesteres andaba hasta que me tocó hacer sofá durante un tiempo y me topé con estos libros, y con la posibilidad cierta de, además de poder leerlos, asimilarlos, masticarlos, digerirlos e incorporarlos a las moléculas más pequeñas de mi ADN. En las explicaciones de algunos expertos y otros más autodidáctas, pero con muchos libros y experiencias en sus espaldas, encontré en parte la respuesta al porqué mis gustos por los vinos han ido cambiando hacia lo natural, puro y verdadero que es la expresión de un paisaje encerrado en líquido. Sin maquillajes ni correcciones, sin ataduras y sin complejos, respetuosos de su tierra y costumbres. A veces menos redondos, golosos, y explosivos, pero infinitamente más emocionantes.

Encontré una explicación a ese porqué y tiene que ver con mi vida hasta ahora, y del amor por los paisajes y la naturaleza que mi vieja, apasionada eterna de la Patagonia andina, me inculcó a lo largo de toda mi vida. Sin siquiera beber una gota de vino nunca, fue quien me hizo ser como soy, y estoy seguro que a pesar de mi desaliñado temporal, estará orgullosa de verme y sentirme así.

A tu salud,

Gracias por leernos,
Salutes. Rumbovino


Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.