SOBRE BODEGAS, VINOS Y OTRAS COSAS... ESTE ES NUESTRO CUADERNO DE NOTAS...



22 agosto, 2015

LALAMA 2011, lo que me estaba perdiendo

Hace ya algún tiempo, unos 4 años aproximadamente, cuando estábamos empezando a meternos un poco más seriamente en el tema del vino y el blog, aprovechando que veníamos de visita a Galicia, nos contactamos por correo con varias bodegas de la Ribeira Sacra que queríamos conocer.

Recuerdo que de casi todas recibimos respuestas. Algunas nos abrieron sus puertas y otras amablemente nos dijeron que no podían recibirnos… Nada extraordinario hasta el momento, seguramente esto le ha pasado a todo el mundo que escribe a una bodega para visitar.

Sin embargo hubo una bodega que por sus referencias nos interesaba especialmente conocer, Dominio de Bibei. Insistimos varias veces (siempre vía e-mail) y nunca obtuvimos ni un sí ni un no por respuesta. Creo que en la escala de valores, hay algo peor que ser rechazado, sentirse ignorado. Pensé para mí aquella vez (era el año 2011), que había muchas bodegas y muchos vinos por probar, así que así fue. No busqué ni probé ningún vino de Dominio de Bibei nunca… hasta ahora. Pasados los años y dejando de lado mi dolido orgullo de principiante aprendiz de bloguero del vino, busqué una botella de LALAMA 2011 (solo fue casualidad lo del año) y encontré un buen momento para abrirla...





Color rojo picota, con ribetes rubí intenso. Vivo, expresivo, luce joven y anuncia buenos augurios. Glicérico…

Nariz de lujo, con notas de intensidad medio-alta que invitan a soñar. Complejo, de esos vinos que si uno tiene tiempo y ganas puede llegar a encontrar gran parte de la paleta aromática que se describen en los libros de degustación… Mi consejo, para aquellos de narices remolonas como la mía, es que disfrutar de lo superficial que ofrece, porque con eso alcanza y sobra para deleitarse… Especias, frutos rojos pequeños en su punto de madurez, balsámicos, minerales y notas de crianza magistralmente ensambladas. Están pero no están… 

En boca, creo, y luego lo comprobé cuando leí su ficha técnica, que está en su punto de máximo esplendor para ser disfrutado (aunque le queda mucho por delante aún). Franco, redondo, sin aristas de ningún tipo. Fresco, ligero y a su vez con mucho peso… Exhibe todas las características de lo que me gusta de los vinos de la Ribeira Sacra, pero con un plus extra que lo hace grande, inmenso. 

Mucha gente, que sabe de esto, compara los vinos de esta bodega con los vinos franceses. Yo no he probado tanto como para hacer comparativas, pero sí puedo reconocer en este tinto gallego características de algo que está en un escalón superior por su complejidad, intensidad y a su vez facilidad para ser bebido. Para aplaudir…y beberlo por litros.

En la ficha técnica (aquí) pueden conocer todos los detalles de este gran vino.

Qué aprendí? Que uno, a veces, por rencor o por capricho, se pierde grandes cosas… Por suerte, el tiempo pone las cosas en su lugar.

Gracias por leernos, Salute!

Rumbovino.
Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable

13 agosto, 2015

Los ´90, mi viejo, el vino y la bendita crisis

Los finales de la década del noventa y principios del nuevo siglo, en Argentina, fueron una mierda. Al menos en algunos aspectos socio-políticos del país, y en mi familia no fuimos la excepción. Por aquellos años Carloncho había entregado el país a los mejores postores, dejándonos con el culo al aire pero con una sensación de que podíamos ser dueños de lo que quisiésemos. Recuerdo ese tiempo porque junto a un nuevo gobierno al que le escaseaban las ideas, empezó además a escasear el trabajo. Y entre los muchos argentos que perdieron su laburo se encontraba mi viejo. Por suerte el destino no quiso ensañarse tanto con un tipo ya grande, y le tiró una última buena mano que le permitió ganarse la vida de cobrador, que lo mantuvo ocupado y feliz en cuerpo y alma hasta el día de su jubilación. En aquella época, mi vieja, aún la tengo grabada en la retina, para ayudar a sostener el rancho, hacía milanesas de soja que intercambiaba en el club del trueque por otras cosas necesarias para la casa. Entre unos y otros la cosa iba pa´lante y hasta nos permitíamos algunos pequeños lujos. Y fue justamente en aquellos años, de tira y afloja, donde tuve mi primer acercamiento al mundo del vino. Y fue de la mano de mi viejo. Aunque reconozco que no fui muy consciente de eso, hasta ahora.

Yo llevaba recibido de veterinario muy poquito, ya era docente de histología en la Facultad, pero con un cargo de ayudante dedicación simple el sueldo no me permitía siquiera pagarme el alquiler de la casa que compartía. A mí también las milanesas de soja, que vendía a los amigos, me dejaban unos mangos para poder pelearla. Pero entre tanta cosa jodida, los viernes por la tarde me acercaba un aire de frescura. Me tomaba el “venado” en la puerta de la facultad y partía a casa. Caminaba casi una hora desde la terminal y llegaba al nido casi de noche. Recién aterrizado, siempre me esperaba un asado flaco hecho a la parrilla eléctrica, que me sabía a gloria y regocijo infinito. Sin embargo, el momento especial, el que mejor recuerdo y me trae hoy hasta estas letras, era la tardecita del sábado. Nunca faltaban los sanguchitos de miga o las empanadas caseras para la cena. Y para acompañar esos majares nada sabía mejor que un tinto argentino. Religiosamente todos los sábados a la nochecita íbamos con mi viejo a un super que estaba frente a la Plaza San Martín y, además de otras cosas para la casa, nos pasábamos un buen rato eligiendo el vino. Yo creo que mi viejo fingía que buscaba, cuando en realidad el honor de escoger el líquido me de lo dejaba a mí. Ni yo ni él teníamos ni idea de vinos en aquella época, pero había algo casi mágico en esa acción. No daba igual llevar cualquier cosa, había que elegir bien. El presupuesto no era alto, pero las etiquetas más atractivas (para lo poco atrevidas que eran en ese momento) solían inclinar la balanza. También los nombres imponían. Cuántas veces he mirado babeando los Navarro Correas imposibles a nuestro bolsillo. Vino de culto si los hubo en Argentina. 

Haciendo memoria, recuerdo algunas de las etiquetas que he bebido. No son muchas, pero me vienen a la mente la caramañola de San Felipe, el Point Leveque, el Don Valentin Lacrado, el Chateau Vieux, el Etchart Privado (único blanco que me gustaba) y muchos otros que se evaporaron de mi memoria hace tiempo como tantas otras cosas… Cada vez un vino diferente (hasta ahora lo sigo haciendo), casi siempre tinto, y siempre con mi viejo de cómplice.

Han pasado más de 15 años y aún recuerdo cada cena de sábado. El sentarme a la mesa a degustar la buena comida y esos primeros vinos catados con “el gordo” (aunque hasta el día de hoy no bebe más de dos tragos porque dice que le hace temblar las piernas), como uno de los momentos más felices y que más disfruté durante toda mi vida.

Quizá la distancia, quizá la nostalgia, quien sabe… Salute viejito!



27 julio, 2015

LA PERDIDA

Hojeando las páginas del Especial de Vinos de la Voz de Galicia, me llamó la atención un título grande y en letras rojas que coronaba la entrevista de ese número del especial del mes de setiembre del año pasado “Creo en los blancos radicales, como mi Godello naranja”. Fue la primera noticia que tuve de aquel personaje de la región de Valdeorras, que tenía un buen par como para animarse a hacer un vino blanco color naranja, y además publicitarlo. Y venderlo!! Solo un loco pensé en ese momento... pero confieso que la mosca me quedó dando vueltas detrás de la oreja.

No voy a adelantar lo que leí en la nota esa vez, además de aquel llamativo y peculiar titular, porque sino me quedo sin letra para lo que viene y me parece más interesante contarles lo que viví y bebí en primera persona...

Pasaron bastantes meses de aquel encuentro en el diario de Galicia, y el destino quiso que un amigo común (benditos amigos del vino, cuánto debo de agradecerles!) casi de casualidad me hablase del personaje en cuestión. Para un friki enofílico como yo, los conceptos adjuntos al vino tales como “vino sin DO”, “cepas tradicionales”, “orgánicos o naturales”, “extremos y diferentes” o “biodinámicos” resultan demasiado atractivos como para dejarlos pasar. 

Solo una llamada telefónica, de un tipo al que Nacho (el valiente de la historia) jamás había ni sentido nombrar, bastó para concretar una cita en su bodega al día siguiente. Eso ya es un indicativo claro de la persona que hay detrás del vino. A mí, esos enólogos que se andan por la vida subidos a pedestales, con los que concretar una cita es más difícil que quedar con el presidente de la nación ya me quitan las ganas, no solo de conocerlos, sino hasta de beber sus vinos. Dicho esto, vamos al lío.




Quedamos en Larouco, lugar donde se encuentra la bodega. Un pueblo en la montaña de la provincia de Ourense, que debe tener unos 500 habitantes. Especifico mejor. Quedamos en el Bar de Larouco (es que en España quedar en un bar es deporte nacional, lo comprobé al segundo día de pisar esta tierra). Justo, casualidad, era día de Feria del Pulpo. Creo que no hubiese podido coincidir mejor, porque si uno viene a Galicia tiene que comer el pulpo a la gallega que está buenísimo, pero si lo consume en la “feira” de un pueblo del interior es gloria bendita.

Apretón de manos y a la bodega, solo a buscar vinos para regar el manjar multidigital. Probamos mientras comemos (yo no podía creer en tanta suerte). Agarró vinos, algunos sin etiquetas, experimentos de su primera cosecha, otros nuevos y otros a punto de extinguirse del mercado. Volvimos al bar... comenzamos a catar (a lo paisano) y a charlar de sus vinos, los viñedos (su pasión) y su historia... Dos horas después, con la panza llena y el corazón contento, fuimos a caminar las viñas. No nos quedó ni una por conocer...

Debo empezar diciendo que Nacho está recién llegado al mundo del vino, por decirlo de alguna manera. Comenzó en el año 2011 podando unas 200 cepas de la familia. Luego aparecieron otras, de vecinos y amigos que ya no las podían cuidar y de a poquito fue creciendo….lo justo como para que la cosa no se desmadre. Actualmente trabaja casi 3 hectáreas, parcelas pequeñas salpicadas por acá y allá. Arriba y abajo en el coche. “Esta es nueva, la estoy recuperando, que vuelva a la vida luego de muchos años de recibir químicos y tratamientos sistémicos”.

Su método de trabajar las viñas es ancestral y natural. Todo su trabajo se centra en el suelo. Un suelo vivo es un viñedo vivo (estoy totalmente de acuerdo con él). Sigue las fases lunares y la biodinámica le pasa cerca, aunque aún no a cabalgado demasiado en esta ciencia. Las revive con compostaje, cubierta vegetal autóctona donde es buena y sembrada en invierno y conservada si hace falta. Deja que las especies compitan entra sí, que las raíces que perforen y aireen la tierra, que las arañas y chinches paseen por las hojas, en definitiva que la viña viva y se funda con su entorno. Los vecinos, adeptos a las modas y trabajo liviano de meter químicos industriales, aún lo miran extrañados.

Los hongos, en un suelo equilibrado y sano, la tienen complicada. Pero cuando aparecen, ortiga, milenrama y cola de caballo en infusión obran verdaderas maravillas. Ocasionalmente si la lucha es dura, aplica un baño de polisulfuro cálcico (que está permitido en ecológicos) y nada más. Los suelos de sus viñas, como las uvas, son variables y en ocasiones encontramos mixturas de granítico, arcillosos, arenas y pizarras. Su situación es perfecta, porque están en la transición de la Ribeira Sacra (más húmeda y complicada para una viticultura orgánica, aunque se hace) y Valdeorras donde el clima más seco y cálido, pero sin torrar las cepas, permite una mejor sanidad y perfecta maduración.



Cepas viejas de Garnacha Tintorera, Mencía y Sumoll (una variedad que estaba mezclada en la viña y fue identificada hace muy poquito) son las uvas tintas que dominan sus fincas en tanto que Palomino, Dona Branca y Godello cierran la paleta cromática. Nacho ama sus viñas, las mira, huele, pisa, toca y suda todas las tardes de su vida (no concibe otra forma de hacer un vino y no cree en los enólogos que hacen vinos en 20 lugares diferentes. Es imprescindible conocer cada rincón del viñedo). 

Pero si le preguntan cuál prefiere, aunque le cueste elegir, estoy seguro que dirá EL TRANCADO, la viña legado de su abuela que trabajó desde muy joven. Cuando ella cuidaba la viña, las cepas ya existían, por lo que es una incógnita que edad tendrán. Una joya de 70 u 80 años en la que conviven mayoritariamente las Garnachas con Godello.

La finca de su abuela fue donde comenzó el camino, sin embargo, quien puso el nombre al proyecto fue la finca de O PANDO. Casi dos hectáreas con predominio de Godello Vello dispuesto en espaldera con mas de 35 años (primeras viñas plantadas con esta disposición de cultivo en la comarca de Valdeorras). Los paisanos, poco creyentes en los milagros a esta altura de la vida, le decían que no pierda tiempo, que esa finca ya estaba PERDIDA. Podríamos decir que O PANDO fue el génesis de lo que les estoy contando.

En su bodega, pequeñita y lentamente restaurada, solo entra uva, madera usada y barro.

No utiliza levaduras industriales, tiene claro que solo el ADN del viñedo se embotella. Las fermentaciones a veces son largas, y sufre más de la cuenta, pero hace pié de cuba en las viñas para acelerar la fermentación, evitar oxidaciones y favorecer la pronta producción de sulfuroso natural producto de la propia fermentación. Los tintos fermentan en vasija de barro (es otra forma de acercarse a la tierra). No se controla temperatura y los bazuqueos son los mínimos. Luego a barricas de roble francés, muy usadas, hasta que el vino esté listo. Cuando está listo? Cuando le parece... unos 10 meses más o menos. Depende la uva y la barrica. Prueba casi a diario.

Los blancos previamente se maceran 72 hs con los hollejos (un estilo de vinificación tradicional muy utilizado en Italia. Su color naranja viene de ahí), se prensan y fermentan en barricas abiertas. Luego, a barricas usadas hasta que se haga el vino. Para evitar oxidaciones durante la crianza se inventó un artilugio de plástico, con azúcar, agua y levaduras que lo conecta con una manguerita a la barrica para incorporar CO2. “Lo atamos con alambre”, diríamos en Argentina. Efectivo y barato. No corrige acidez (el tartárico ni en fotos), no utiliza sulfuroso durante la fermentación y el mínimo al embotellar para evitar problemas en el transporte. No aplica enzimas, ni hace osmosis inversa, ni trasiega, ni microoxigena. Como dije al principio. En la bodega, solo entra uva, madera y barro (arcilla si nos ponemos más finos)… y sale vino, puro, honesto, serio.

LA PERDIDA



Solo por apuntar mis impresiones de 4 de los vinos que se pueden conseguir en el mercado, y más que nada por no dejarlos con las ganas luego de tanta palabra (las descripciones van en presente y en pasado).

Por cierto, una aclaración. Sus vinos no son sus vinos, son los vinos de sus viñas. “Nacho solo intenta no cagarla”.

LA PERDIDA Dona Branca 2014: Atractivo color cobre, dorado. Nariz sutil, sobre todo manzana (sidra, me recordaba a mi niñez) y notas muy particulares a nueces y avellanas. En boca muestra acidez media-alta. Muy franco. Filoso. Manzanas rojas frescas y frutos secos. Final levemente amargo. 11,5% Vol de alcohol. Me gustó, pero reconozco que no es para todos los paladares. Con una ensaladita de atún rojo marinado o de bacalao y salmón ahumados puede resultar incomparable!

LA PERDIDA Godello 70% - Dona Branca 2014: Mismo color, seña de identidad de los vinos de Nacho. Glicérico (hay más grado, 13,5% Vol.). Aromas que enamoran, siempre susurros, suaves. Hollejos, aromas de lagar. Miel, duraznos maduros y leves balsámicos. Boca fresca (gran acidez), filosa, pero hay más volumen y complejidad. Notas de pomelo rosado, manzanas (las mismas de antes), nuevamente frutos secos, peras en almibar, rasgos a tierra fresca. Cambió constantemente durante toda la comida, va ganando con el aire hasta que se acaba la botella. Me encantó. Al igual que su hermano anterior, no es para todos los paladares, sobre todo aquellos que están acostumbrados a los blancos industriales (casi impolutos), pero a mí me emocionó.

El otro día, hace muy poquito, lo probamos acompañando una carne de ternera a las brasas y acompañó a las mil maravillas. Casi como un tinto aguantó esa comida sin inmutarse. Mi consejo es beberlo apenas refrescado… Puro disfrute.

LA PERDIDA Garnacha Tintorera 70% - Mencía 2014: Rojo sangre venosa (con tintes violáceos) brillante, glicérico, limpio. Buff...la nariz me recordaba a todo y a su vez a nada en un vino tradicional. Más intensidad que en los blancos, pero siguen siendo suaves, como caricias. Ciruela negra (inconfundible), especias, y sobre todo notas minerales (piedras, arcilla, tierra húmeda). Es voluminoso, llena la boca, pero ya estaba casi pulido (solo llevaba 1 mes en la botella). Franco con su expresión aromática. Siguen las ciruelas negras integradas con las notas minerales, matizadas con una acidez justa para equilibrar y refrescar. Para beber por litros. Con el pulpo se comporta de vicio.

LA PERDIDA Garnacha Tintorera 70% - Sumoll 2014: Primer año que hace este vino (la 2013 no la llevaba). Le gustó tanto esta uva del Penedés que decidió hacer un corte nuevo con ella. Hay quien dice que es la Pinot Noir de Catalunya. Sigue una línea muy similar al anterior, tanto en color como en aromas, pero en este caso dominan las notas florales y las mieles. En boca entra más suave y con algo más de acidez. Tiene quizá una línea un poco más femenina (si me permiten la expresión). Llevaba más tiempo embotellado, y estaba más hecho. Por lo demás, mismo estilo y resultado. Vino de artesano, fiel a su tierra y que se bebe por litros. Más aplausos.



Leyendo el libro de Vinos Naturales en España, que escribió nuestro ciber-amigo Joan Gómez Pallarés encontré una explicación perfecta para describir los vinos de LA PERDIDA. Ante la pregunta ¿a qué huelen y saben los vinos naturales?, la respuesta es sencilla. Si está bien hecho, da igual de dónde sea, el vino natural huele y sabe a vino. Y así son los de Nacho. Saben a vino, sin historias raras.

Un camino directo al viñedo, al respeto por la tierra, las tradiciones más antiguas, a lo natural. Cuando uno bebe esos vinos, difícilmente pueda dejar de hacerlo.

Gracias por leernos,

Perdona la demora Nacho.

Salutes, Rumbovino.

19 junio, 2015

Saó Abrivat 2010...para no dejar pasar.

En general no suelo escribir sobre vinos que cato en forma rápida, sin detenerme al menos un mínimo a evaluar matices. Ya sea acodado a la barra de un bar, o de pasada en alguna feria a los codazos con los demás asistentes. No son ocasiones ideales para degustar un vino y puede suceder que un gran ejemplar se diluya entre tanto líquido previo o conversaciones banales, o puede que sea al revés y terminemos encumbrando al podio un ejemplar que está peleando con los defensas en un partido por el descenso.

Muchas veces, también, suelen darse estos yerros en aquellas etiquetas que, por los motivos que sea, solo alcanzas a beber una sola copa y quieren los astros que uno no tenga el día para reconocer calidad en el caldo… En cualquiera de los casos no es justo para el vino, ni para quien considera que este humilde aficionado (identificado en mi persona) puede aportarle alguna idea a la hora de elegir qué beber en alguna ocasión. 

Ya ven, a la hora de describir un vino, si no se hace en condiciones adecuadas, es más probable fallar que acertar. Sin embargo, ocurre que a veces un vino, habla alto y fuerte con una sola copa… y en ese caso se encienden las alarmas y el asunto es cosa seria. 

Algo así me pasó ayer con una etiqueta de las tantas que suelo probar con mi amigo Rafa en las Delicias del 69 en Lugo (buenos vinos, siempre acompañadas de un buen Jazz de fondo hacen de esa vinoteca la mejor de la ciudad amurallada, con gran diferencia). Rafa es un tipo inquieto y busca siempre cosas nuevas que agregar a su tienda… Dicen que el que busca encuentra y como es un tipo al que además le gusta compartir; cuando encuentra, cada botella que recibe la destapa para que los amigotes que lo visitamos con cierta frecuencia podamos opinar.

Así que ayer por la mañana quedamos en probar un par de etiquetas nuevas. Debo reconocer que ambas me gustaron, pero una de ellas me conquistó al momento, y solo bastó una copa…

Se trataba de un tinto de la DO Costers del Segre que elabora la Bodega Mas Blanchi I Jové. Un corte de Tempranillo (40%) Garnacha negra (35%), Cabernet Sauvignon (15%) y Merlot, que lleva por nombre SAÓ ABRIVAT 2010.

La uvas son obtenidas de viñedos trabajados en forma orgánica (tienen la certificación desde el año pasado), plantados sobre suelos arcillosos-calcáreos. Es criado durante 12 meses en maderas francesas y americanas en mayor porcentaje. Esta es una info que saqué de la web, como para presentar el vino y ponerlo en situación. Pero pueden visitar este link e informarse del proyecto en profundidad.

En la vista mostraba sus 5 añitos. Los rubíes vivos levemente atejados predominaban. De capa media, buen brillo y limpidez. Glicérico. Buenas piernas, sugerentes, atractivas. Hablo de las piernas del vino, eh! 

La nariz estaba impecable y de volumen alto. Al principio asomaban algunas notas de evolución que enseguida dejaban paso a la alegría. Creo que es un vino para una nariz especial, de esas que tienen mucha sensibilidad, porque la mía es un poco remolona y seguro se perdió gran parte de la fiesta. Aún así, mostró mucha complejidad. Frutos rojos y negros maduros, mermeladas, especias (pimienta, canela), balsámicos (mentolados), minerales (arcilla quizá?), cuero, tabaco, chocolate, y mil cosas más… Lo mejor es que estaban integrados, perfectamente… Aparecían juntos, pero se diferenciaban también por separado. No sé bien cómo explicarlo, pero en conjunto sonaban a la perfección.

Cualquier vino que ofrece tanto en nariz, me asusta al meterlo en la boca. No quiero que me defraude (ya me ha pasado varias veces). Pero como debe ser, este no fue el caso. La boca era franca, igual de compleja y con mucha frescura que sostenía ese sabor levemente goloso que aporta el roble americano pero que en su punto justo no me disgusta. Maduro, redondo, largo, exquisito. La mala definición de vinazo le queda que ni pintada.

Luego pregunté cuál era su precio. Rafa, esbozando una leve sonrisa, me dijo… sobre los 11 euros. Me dieron ganas de abrazarlo.

Como decía Quino en una de las tiras de Mafalda. Voy a cometer la “gafé” de decir que la etiqueta que eligieron no me ha gustado mucho. Solo para que nadie piense que soy amigo de quienes lo elaboran… Nada más que por eso.

Gracias por leernos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

16 junio, 2015

El laboratorio de Bruno

Este espacio va de historias, y de eso tratan estas líneas. La idea es simple, hablar de aquella gente ligada al vino que nos hace felices. Es que no entiendo cómo se puede beber un vino que no transmita felicidad.

Y por esos intríngulis del camino anda Bruno Lovelle, sintiéndose feliz y transmitiendo lo mismo con sus vinos desde un rincón de la Ribeira Sacra Lucence, en una bodega que no es más grande que mi piso. Es joven, solo 28 años, y lleva elaborando vinos desde los 20. Pero al hablar con él despliega esa sabiduría que solo dan los años y no la lectura. Quizá sea el desparpajo y seguridad que da la juventud. Vaya uno a saber.

Aprendió de su abuelo y con su abuelo. Desde pequeño a trabajar la viña, a ensuciarse y transpirar con el sol a plomo sobre el lomo, o a helarse en el pleno invierno gallego cuando había que podar. Los comienzos nunca son sencillos, y esta no es la excepción. Porque el vino le empezó a gustar de a poco, al principio no lo emocionaba mucho que digamos. Pero el amor surgió como debería ser siempre, fraguándose lentamente, hasta hacerse cierto y duradero. Esos son los amores que tienen buen destino...

Luego se puso a hacer vinos, y desde el principio tuvo claro lo que quería hacer. Caldos que representen lo mejor de la Ribeira Sacra del Sil y del Miño, pero sin estar atado a las Denominaciones de Origen que a veces encorcetan demasiado. Quería ser libre, crear sus vinos, jugar y disfrutar haciéndolos.

Por eso me gustó la palabra “laboratorio” en el título de la nota, creo que refleja muy bien lo que Bruno hace en su bodega. También podría haber usado la definición de alquimista, porque crear vinos sin dudas es alquimia.



No conté bien cuántos vinos diferentes caté aquella tarde que lo visité. Quizá fueron 8 o 10... de tanques, de barrica, de botella, uno mejor que otro, se los aseguro.

Solo elabora tintos y juega con las cepas, las expresiones, las regiones, los sabores y las maderas. Hace vinos jóvenes y viejos (perdón por la palabra, pero cuadraba bien en el texto), con uvas de riberas cercanas y lejanas. En sus caldos conviven la Mencía, con la Garnacha tintorera, la Tempranillo, la Tinta de Toro y la Syrah a las mil maravillas... Confluyen la Ribeira Sacra, con el Bierzo, La Rioja, Toro y el Duero sin desbordar ni una sola gota. Armonizan a la perfección la finura de Galicia con el poder de Castilla León... Por eso, quizá, ahora me entiendan cuando utilicé las palabras alquimia o laboratorio.

Les cuento sobre él porque me vi reflejado en su persona y su hacer. De haber sido enólogo, y no veterinario, estoy seguro que hubiese sido así. Hacer vinos de esa manera, al menos para mí, es parte de la creación, del arte que tiene y nos permite manipular esta mágica bebida...

El vino se hace en el viñedo. Totalmente de acuerdo. A veces no hace falta más que una uva querida y bien cuidada para que un jugo sea excepcional. Pero otras veces una buena uva requiere de buena compañía para expresarse mejor y desarrollarse en plenitud; saber y entender eso es muy difícil, quizá lo más difícil que demanda el arte de la vitivinicultura. Y que un “pibe” de tan solo 28 años sea capaz de interpretar las uvas y las regiones como lo hace Bruno, me emociona. Llámenme nostálgico si quieren.


Cosas del vino y de la vida... que vamos a hacer.

Gracias por leernos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

* Nota escrita (y publicada) para el número 4 de la Revista de Vinos Argentinos. VINARQUÍA (http://issuu.com/vinarquia/docs/vinarquia_nro_4)

06 junio, 2015

Hablando de vinos, sin afeitarme

Si mi madre me viese así, ya me imagino lo que me diría... Dos semanas en casa tras la cirugía, un poco tirado al abandono de los aspectos fenotípicos necesarios para la vida en sociedad. La barba larga, el pelo sin peinar y los "gayumbos" cortados a modo de ventanita por delante para no tapar la incisión quirúrgica, hacen de mí un espectáculo poco frecuente y hasta diría cómico. Aunque reconozco cierta comodidad y relax en esta etapa, que como otras, seguro pasará pronto... Hoy comentaba a un amigo por correo que si algo estoy sacando de bueno de estos días de ocio obligado es la posibilidad de leer, mucho y bueno, de lo que más me gusta... Me encanta leer sobre lo que me gusta. A quién no? Y cuánto me molesta no tener tiempo de hacerlo con el trajín del trabajo diario. A muchos de ustedes les sonará moneda corriente seguramente.

Me puse a devorar libros (y webs) de vinos. Para ser más correcto, de cultura del vino. Sobre los viñedos y sus labores, de biodinámica, de elaboraciones orgánicas y de lo que el amor y el respeto por la tierra y el entorno pueden hacer en un producto tan agradecido como el vino. Porque convengamos una cosa, pocos productos “comestibles” son tan agradecidos como el mágico fermento. Mira que algunos ya no saben más qué echarle al pobre para hacerlo más atractivo al público. Y aún así, se las arregla como puede para mantener su esencia intacta. Mucho he leído estos días sobre el asunto (y estoy recién empezando)... Quizá VINOS NATURALES EN ESPAÑA de Joan Gómez Pallarés fue quién abrió la rendija de la ventana donde me colé definitivamente. Si no te gusta el vino, probablemente tampoco estés leyendo esto, pero si es así, te recomiendo leer su blog, porque seguro comenzará a gustarte.


Hace ya bastante tiempo que llevo escribiendo sobre el noble brebaje. De aficionado nomas. Primero desde Argentina, luego desde España (más Galicia que otra cosa) y en estos casi 5 años en los que decidimos con Noemí ponerle nombre a un blog, mis gustos de vinos han ido cambiando, como dice la canción del chileno Julio Numhauser, maravillosamente interpretada por la “negra” Mercedes Sosa. Todo cambia, y los gustos en el vino también.

Pero lo más maravilloso de este proceso es que esos cambios, paulatinos y lógicos me atrevería a decir, sucedieron por maduración, a base de conocer viñedos, de hablar con viticultores, de ensuciarme en la viña, de probar y probar vinos, diferentes estilos que fueron de a poco ganando mi paladar y mi corazón.

Nada tuvieron que ver las modas en este cambio, sino no sería real, pero reconozco también que la moda actual que demanda un vino más natural sí que ayudó, porque hoy por hoy es más “sencillo” encontrar esas etiquetas que antes se antojaban casi imposibles y pocos querían hacer. Los bodegueros que ante todo tienen una empresa que mantener, tuvieron que dar una vuelta de timón necesaria y obligada (no sé si están convencidos o no del vino que están haciendo ahora, pero lo hacen) para poder readaptar sus productos y eso trajo consigo más y mejores opciones para elegir. Pero no es por ahí por donde quiero ir... Vuelvo al lugar donde quedé.

Mis gustos fueron cambiando desde aquellos comienzos y creo que lo seguirán haciendo (es lo esperable), pero como soy una persona que siempre estoy buscándole explicación a todas las cosas (acá mi formación científica juega un papel importante, no lo puedo negar), confieso que este cambio me generaba intriga.

Dicen que sobre gustos no hay nada escrito, y estoy de acuerdo, y que en tema de vinos hay un abanico de gustos tan amplio como etiquetas hay en el mercado. Pero siempre me pregunté qué hace que a algunas personas les guste un tipo de vinos (o lo que sea) y a otras les guste otra diferente. Alguna explicación tiene que haber, eso no ocurre por casualidad o azar, creo yo.

Sin dudas tenemos algo dentro nuestro, íntimo, que lo determina. Algo, independientemente de las ramificaciones de nuestras neuronas, que hace que decidamos inconscientemente qué cosa nos gusta más que otra. Pienso también que quizá tenga que ver con las experiencias personales que transitamos a lo largo de nuestra vida. Lo difícil es saber el porqué de esos gustos.

Y en esos menesteres andaba hasta que me tocó hacer sofá durante un tiempo y me topé con estos libros, y con la posibilidad cierta de, además de poder leerlos, asimilarlos, masticarlos, digerirlos e incorporarlos a las moléculas más pequeñas de mi ADN. En las explicaciones de algunos expertos y otros más autodidáctas, pero con muchos libros y experiencias en sus espaldas, encontré en parte la respuesta al porqué mis gustos por los vinos han ido cambiando hacia lo natural, puro y verdadero que es la expresión de un paisaje encerrado en líquido. Sin maquillajes ni correcciones, sin ataduras y sin complejos, respetuosos de su tierra y costumbres. A veces menos redondos, golosos, y explosivos, pero infinitamente más emocionantes.

Encontré una explicación a ese porqué y tiene que ver con mi vida hasta ahora, y del amor por los paisajes y la naturaleza que mi vieja, apasionada eterna de la Patagonia andina, me inculcó a lo largo de toda mi vida. Sin siquiera beber una gota de vino nunca, fue quien me hizo ser como soy, y estoy seguro que a pesar de mi desaliñado temporal, estará orgullosa de verme y sentirme así.

A tu salud,

Gracias por leernos,
Salutes. Rumbovino


Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

24 mayo, 2015

Otra joya tinta de la Ribeira Sacra

Me confieso un enamorado incurable de los tintos de la Ribeira Sacra, lo tengo dicho hasta el hartazgo, ya lo se. Y aunque yo mismo ponga en duda mi objetividad enofílica cada vez que me enfrento con uno de vinos, seguiré exprimiendo cada neurona que me queda con la intención de lograr poner en palabras todo lo que estos caldos transmiten a quienes los descubren.

Este es otro de esos casos en los que me siento delante de la pantalla del ordenador y me esfuerzo en quitar pasión a las letras para no escribir con el corazón, pero me cuesta mucho no hacerlo. Quizá ya es incurable. Vaya a saber.

VAL DO FRADE 2014. Es un tinto tan simple pero tan tremendamente complejo que no logré estar cómodo con la introducción del texto que estaba escribiendo, hasta que me di por vencido y entendí que no importaba para nada lo que yo dijese aquí, porque esta etiqueta era capaz de hablar por si misma.

En Vilachá de Salvadur (Subzona de Quiroga-Bibei), tierra con historia y unas pocas bodegas todas centenarias, Purificación Díaz Ferreiro elabora este tinto joven con uva Mencía procedente (en su mayoría) de su única hectárea de viñedos propios. Hasta donde pude saber, elaboración tradicional sin maderas y cepas bien cuidadas son su secreto.



Un tinto de capa medio-baja, cuyo color rojo rubí casi pide permiso para expresarse. Me recordó a esos Pinots patagónicos que hace tiempo no pruebo. De piernas gruesas y lágrimas densas, iguales a las que hay que dejar en la tierra para cultivar estas viñas.

Nariz limpia, máxima pureza. Aromas que hablan del Río Sil. Mixturas de frutas rojas finas, en su punto de madurez, frescas y expresivas. Notas herbales y flores sobre un fondo mineral sello de identidad de estos caldos gallegos. Fragancias de Ribeira Sacra.

En boca es pura suavidad, acaricia el paladar en su paso fluido. Es elegante y de gran complejidad. No falta acidez (media-alta) y fruta fina de principio a fin. Sobre el fondo, notas sutiles a hierba fresca, especias y rasgos terrosos.

Nada en este vino es exagerado, todo está en perfecto equilibrio. Con tan solo 12 graditos de alcohol, se bebe por litros (¿ven que no hace falta más?). Y lo mejor de todo es que su precio es de tan solo 7 euros.

No había probado esta etiqueta antes. No sé cómo fueron sus cosechas anteriores, si más o menos buenas. Tampoco sé si son consistentes año tras año. No tengo claro tampoco si en un tiempo este tinto joven va a estar mejor o se caerá como suelen hacer algunos vinos poco intervenidos de esta región. No sé muchas cosas de este vino y su historia, pero si de algo estoy seguro es que ahora, hoy, que estoy redactando estás líneas, es de lo mejor que he probado de la Ribeira Sacra este último tiempo.

Gracias a Humberto, del Centro del Vino en Monforte que me lo recomendó!

Gracias por leernos,
Salute, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

17 mayo, 2015

BROA 2013

Le debo a Bruno una nota, que ya está escrita y rumbo a Argentina para incorporarse a la revista de Vinarquía. En esas letras cuento su relación con el vino, hablo de su forma de verlo, de sus uvas y sus orígenes, pero no describo ninguno de ellos, a pesar de que la mayoría de los que llevan su autoría no visten ninguna etiqueta, pero llenan copas de bares y restaurantes por gran parte de Galicia.

Sin embargo no quiero dejar en blanco la historia, sin mencionar su primera creación vestida de Ribeira Sacra. Su nombre es BROA y sus frutos crecen en ambas riberas, las baña el mismo sol pero las cobijan distintas laderas y las riegan diferentes ríos, el Sil y el Miño en una sola botella. No eligió la mejor cosecha para salir a pista con la primera botella que lleva su firma; pero mira si se tendrá fe el muchacho que eso no le intimidó para nada.

Mencía en exclusividad, buena madurez y buenas viñas, bancales de xistos y granitos, cofermentación y algunos meses en barricas usadas hicieron de este BROA (entre los ríos) un vino serio, muy serio.





Aún joven, pide aire y botella. Aire para beberse ahora y botella para seguir creciendo. Sin embargo su alma no engaña un ápice, se huele la Ribeira Sacra desde el primer momento. Hierbas frescas, bosque, balsámicos, fresas y tostados leves, de los que me agradan porque acompañan en silencio. Luego el aire juega su papel y aparecen mixturas de ciruelas, moras en licor, mermeladas y especias. Buena capa y color profundo. De boca poderosa y taninos aún algo rugosos, explota en el paladar y refresca la boca durante todo su recorrido, dejando un recuerdo de pura Galicia...

Apunta maneras este chico, ya avisa que va a ser grande, solo hay que saber esperarlo y mientras tanto, disfrutarlo.

Siempre digo que solo hay que animarse, nada más.


Gracias por leernos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.


02 mayo, 2015

Nuestra visión de FEVINO 2015

Una tarde y una mañana fue el tiempo que dedicamos visitar esta mega Feria del vino en Ferrol los pasados 20 y 21 de Abril. Ni mucho ni poco, lo justo como para llevarnos una visión bastante clara de lo que fue y pudo haber sido.
Y tras estos dos medios días...¿qué nos dejó la Segunda Edición del Salón Internacional del Vino?
Quizá la definición que más se ajusta sería sabor agridulce. Porque como siempre pasa en este tipo de eventos, hay buenas y malas, cosas por mejorar, cosas por repetir y cosas irrepetibles.





Para mejorar o no repetir:

- El sistema de enfriado de los vinos dejó mucho que desear. Nos parece que había muy buenos vinos y un nivel general alto que merecía un trato más acorde. No hubo forma de probar una etiqueta a buena temperatura. Las que no estaban calientes, estaban heladas. Una pena... La excelencia está en los detalles.

- Por momentos hizo un calor insoportable dentro del Auditorio. Tanto los asistentes como los expositores no estábamos cómodos en ninguna parte. Así no hay quien disfrute.

- El sistema de distribuir los expositores en tres plantas no resultó eficiente. La planta baja estaba atestada de gente, la segunda muy tranquila y los de la superior tenían que pedir que suban a verlas. Hay que atender esto...

- Demasiado apretadas todas las mesas y poco espacio entre pasillos para desplazarse. Eso hizo que nadie esté cómodo trabajando o visitando. Dado que uno de los objetivos del evento es establecer contactos y hacer negocios, esta forma de organizar las mesas no es buena. Para eso, los stands individuales funcionan mucho mejor.

- Quizá el nombre de Salón Internacional le quede un pelín grande. La presencia de algunos pocos vinos de Portugal, Francia, una etiqueta de Chile, una Argentina y un par de Tokaji nos parece que se quedan un poco cortos como para dar la calificación de internacional al evento. En este sentido esperábamos algo más...

- Algunas mesas estuvieron prácticamente sin nadie que las atienda gran parte del evento. La mañana del martes hubo expositores que directamente no llevaron sus productos. En fin... tirón de orejas para los remolones.

- Otras mesas sí tuvieron gente detrás, pero es como si no las tuvieran porque no se esmeraban demasiado en mostrar y contar sus productos (preferían mirar sus móviles). Aunque entendemos que puedan estar cansados, también entendemos que gran parte de la seducción del vino está en saber comunicarlo y, en eso, estos se quedan cortos.


Para repetir, lo bueno y muy bueno,

- Organizar el evento y permitir que Galicia siga siendo anfitriona de estas actividades. Felicitaciones...

- La presencia de algunos enólogos, viticultores y bodegueros en muchas de las mesas sirviendo y explicando sus propios vinos. Para agradecer y aplaudir...

- Como decimos lo malo decimos lo bueno. Hubo mesas donde recibimos una atención exquisita, en las que daba gusto escuchar y aprender de vinos. Aplausos a esos... Fueron varios.

- Buena diversidad de terruños y cepajes.... Interesante para conocer cosas nuevas.

- Nadie se guardó los mejores vinos bajo la mesa para dárselos a los amigotes. Algo bastante común en este tipo de encuentros. Al menos nosotros no vimos a nadie hacerlo... Eso se agradece.

- Las catas magistrales y el reconocimiento a gente importante del vino.

- El horario. Muy amplio, permitió a los visitantes ir sin apuros y disfrutar de lo que más les gusta sin mirar el reloj constantemente.






¿Y de los vinos que decimos?

Lo peor fue no poder probarlos en condiciones adecuadas. Claro que los que frecuentamos estos eventos sabemos que si uno quiere catar un vino y disfrutarlo realmente, este no es el lugar ideal. Ojo, eso no quita que se debe hacer un esfuerzo por tener los vinos en condiciones.

Dicho esto, probamos cosas muy interesantes y otras no tanto, aunque en general fueron más los muy buenos que los menos buenos.

Obviamente no probamos todo, ni mucho menos. Hubo cosas que no probamos porque ya las conocíamos y otras porque no hicimos a tiempo a pesar de que nos esforzamos bastante, jeje.

Por mencionar algunas cositas que nos gustaron:

Dentro del panorama internacional destacamos,

Casi todas las etiquetas de Niepoort mostraron mucho nivel. En especial uno de Bairrada POEIRINHO, que nos impactó con su frescura y mineralidad (tiza, piedra).

Otro de Niepoort que destacamos es el LADREDO (DO Ribeira Sacra), elaborado en conjunto con Adega Guímaro. Impecable.

ALTAMANA, un Malbec Single Vineyard del Valle del Maule procedente del viñedo de Malbec más antiguo de Chile. Frutal, sedoso, envolvente y la madera en su punto justo.

Punto aparte los TOKAJI. Será que no teníamos experiencia con estos vinos, pero puttonyo arriba o puttonyo abajo, cada uno inolvidable.

De la terriña Galega,

Nos gustaron varios, pero destacamos los Ribeiro de José Merens. Tanto LAGAR DO MERENS complejo y fresco, como 30 COPELOS, un tinto que emociona. Y ya que hablamos de Ribeiro, no podemos no mencionar el EMILIO ROJO, un cromo de los difíciles de conseguir. Lo mejor es que uno se lo servía solo porque en la mesa no hubo nadie (al menos los dos medios días que estuvimos en la feria).

De la clásica Rioja, nos gustaron mucho todas las etiquetas de 300 MONGES. Incluido su blanco, recién salido al ruedo y que seguro va a dar que hablar.

Otra de las cosas interesantes y diferentes estuvieron de la mano de los chicos de Comando-G. Muy buenas Garnachas y para todos los paladares. LAS ROZAS 1er Cru 2013 quizá su punto más alto, pero calidad general alta.

De Ribera del Duero, nos gustaron mucho los PSI. Sobre todo el 2011. Vino tirando mas al power que a la sutileza pero que está realmente bueno.

Dentro de las “cepas no tradicionales” nos gustó muchísimo el FINCA SAN BLAS BOBAL 2011. Un 100% Bobal de la DO Utiel-Requena. Un vino sabroso, sedoso en boca y con mucha fruta en todo su recorrido.

Otro de las “no tradicionales” que destacamos es el VIVA LA VID-A de Lagar de Costa. Vino atlántico, directo, vertical y de mucha frescura.






Nos queda mucho en el tintero aún, pero como visión general creemos que se ajusta bastante bien a lo que vivimos en FEVINO 2015.

Solo nos queda esperar otros dos años y mientras tanto seguir disfrutando de los buenos vinos.

Gracias por leernos,
Salute, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable

26 abril, 2015

Un Super Héroe del Ribeiro

Seguimos por la línea que nos trazamos hace un tiempo. Los casi 5 años que llevamos haciendo rumbovino nos fueron marcando este camino, evolutivo y lógico nos atreveríamos a decir. El de hablar de los vinos con alma, con historia, que dicen algo más, que se la juegan, que hablan de su origen, que rompen los moldes, que te dejan pensando y agradeciendo haber abierto esa botella... De esos vinos que no abundan y apasionan.

Esta vez nos llegó con un tinto de Ribeiro. Región de blancos magníficos (poco valorados por mucho tiempo) y de historia. No es la primera vez que un tinto de Ribeiro nos emociona, y estamos seguros que tampoco será la última.

Veníamos siguiendo de cerca el proyecto personal de Xose Lois Sebio “Vinos de Encostas”, pero por esas cosas de la vida no habíamos probado ninguno de sus vinos.

Comenzamos por su tinto más básico, por calificarlo de alguna forma. Un Super Héroe que intenta pelear contra las modas y los puntuadores de vinos clonados y aburridos. Mezcla de varias viñas viejas, de pendientes complicadas, difíciles de acceder y trabajar, con paredes pedregosas y suelos de arcilla con xistos. Revoltijo de variedades autóctonas, según pudimos leer, Sousón, Carabuñeira, Caiño Longo y Caiño da Terra (Garnacha), de cultivo biodinámico, que tras la fermentación pasan un tiempo en barricas de 500 L de dos vinos. Para más detalle, en este link (vinos de encostas) podrán saber mucho más de él.



El resultado es grandioso, al menos para nuestro paladar y gusto. Si bien es su vino más accesible (tanto al bolsillo como al paladar) no se guarda nada de nada. Nariz impecable que despliega frutos negros y mentolados por doquier, pimientas, lácticos y minerales en piedra. En boca es franco, lo que uno se espera al respirarlo. Con nervio, fruta (mucha fruta) y acidez de principio a fin. Equilibrio y pureza fiel a su origen, que conocemos bastante bien, de esos Ribeiros que no te dejan indiferente y enamoran a los amantes de los vinos locos.

La definición poco vinófila de vinazo le queda perfecta.

Para los que busquen cosas diferentes y disfrutables, creemos que este Super Héroe 2010 debería estar entre los primeros de su lista, sin ninguna duda.

Gracias por leerlos amigos,
Salutes, Rumbovino.

Difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable


10 abril, 2015

Los albariños de José Antonio López que resisten al tiempo

Hace un tiempo días, nuestro amigo Rafa (Las Delicias del 69, Lugo), nos invitó a la presentación de los albariños que elabora José Antonio López. Uno de los nombres propios que estuvieron detrás del resurgimiento de la uva albariño como vino de calidad, hasta posicionarlo donde actualmente está, siendo considerado uno de los mejores vinos blancos del mundo para muchos críticos.

Fue una de esas catas donde además de probar los vinos, tuvimos la oportunidad de aprender verdaderamente de vinos, cosa que es muy diferente.

Este viticultor (la palabra Vigneron creo que se ajustaría aún mejor) es de esos tipos que andan desde siempre por el mundo del vino alejados de los grandes focos mediáticos, pasando lo más desapercibidos posibles a las webs y redes sociales, de esa gente que trabajan en voz baja, inculcando una forma tradicional de labrar la viña y elaborando un estilo de vinos que parece siempre ir a contracorriente de lo que manda la inmediatez del mercado.



Produce sus vinos bajo la DO Rías Baixas y sus viñedos se encuentran en la Subregión del Condado de Tea, sobre las laderas del Río Miño en el tramo final de su camino al mar. Siempre elaboró albariños. En sociedad al principio, algunas marcas reconocidas tuvieron su sabiduría detrás (Morgadío y Lusco), pero desde hace algunos años decidió hacer camino en solitario y lanzó su marca al ruedo, Tricó, nombre que se utiliza en algunas aldeas gallegas para llamar al hijo tardío, que llega varios años después de sus hermanos mayores. Un nombre por demás de acertado.

Y porqué decidimos escribir sobre los albariños de José Antonio López? Qué los diferencia de otros muchos elaborados en las Rías Baixas? Sencillo. Porque podría decirse tranquilamente que elabora vinos de guarda. Son albariños pensados para beberse unos cuantos años después de su cosecha (si uno es capaz de vencer la ansiedad por descorcharlos, claro está).

Para que se den una idea, actualmente se está comercializando la cosecha 2011 de su etiqueta más emblemática. Cuatro años después de la vendimia acaba de salir al mercado su TRICÓ 2011. Pero lo que más interesante del asunto, porque convengamos que elaborar blancos de guarda no sería ninguna cosa innovadora, es que se trata de un albariño fermentado y criado única y exclusivamente en acero inoxidable. No tiene contacto con madera y no se somete a ningún tipo de corrección. Solo el potencial y la expresión de la uva albariño en la región donde crecen y desarrollan las vides, se encierran y dan longevidad al vino en la botella.

Nos gustaría dejarles algunas pinceladas que pude anotar durante su charla porque creo que ilustran perfectamente su filosofía de trabajo y la forma de entender el viñedo.

Cuenta con los viñedos más altos de la DO (350 msnm) plantados sobre suelos muy pobres de granito descompuesto y arena en superficie. Obtiene unos rendimientos que no superan los 7.000 u 8.000 kg/ha (que está muy por debajo de los rindes medios de las Rías Baixas).

No utiliza herbicidas, solo aplica abono orgánico y nunca riega. Según sus palabras “Es una locura regar la viña en Galicia”. Considera que “lo más importante a la hora de elaborar un vino es el respeto por la tierra”.

Nunca corrige los vinos. Cree que “Los vinos son longevos por naturaleza” y que “Cada añada tiene su personalidad, por eso mis vinos son siempre diferentes”

También dice, sin que se le mueva un solo pelo, que “Los vinos serios no se consiguen con las levaduras seleccionadas”

Busca longevidad en botella y hacer vinos de largo recorrido, por eso no trabaja las lías ya que le quitan acidez y vivacidad.

En lo personal, consideramos que no hay nada mejor que uno pueda hacer para conocer a un viticultor que probar sus vinos. Y comprobar si efectivamente ejerce lo que predica, y así lo hice.

Tuvimos la suerte de experimentar una cata vertical de tres añadas diferentes de su etiqueta más conocida (TRICÓ 2010, 2011 y 2012) y además probamos la añada 2012 de NICOLÁS, su vino de pago (o parcela) que solo sale los años que el viñedo alcanza una calidad excepcional.




TRICÓ 2010 (13,5% Vol). Precio: 13,30 euros

Amarillo levemente dorado con tintes verdosos. Limpio y brillante. Glicérico, de piernas gruesas...
Aromas complejos y de volumen alto. Al principio mostró notas de frutas maduras bien mixturadas con hierbas frescas y cítricos sobre un fondo mineral. Luego, con tiempo en copa aparecieron notas de cenizas y piedras.
En boca resultó soberbio. Aún tiene mucho nervio. Fresco y filoso. Acidez media alta perfectamente balanceada con su textura grasa y untuosa. Final amargoso interminable...

Según leí por ahí, su mejor cosecha y mejor vino hasta ahora. Mi opinión es que aún tiene vida para rato. Una joya para tener bien guardada.

TRICÓ 2011 (13,5 % Vol). Precio: 13,30 euros

Es la cosecha que está actualmente en el mercado y según su creador no fue tan buena como la 2010. Yo no estoy tan de acuerdo con eso.

En copa mostró un color más dorado, como si fuese más longevo que su hermano mayor. Glicérico, limpio y brillante.
Nariz más joven, remolona al principio, floral y frutas tipo duraznos o damascos. No era su mejor perfil, pero al final de la cata había mejorado radicalmente, parecía otro vino. Mucho más vivo, fresco y expresando aromas a limones por doquier. Me encanta que los vinos me sorprendan de esa forma!
En boca resultó algo más ligero que la 2010, fresco (acidez media) y dominado por notas cítricas más maduras. Final amargoso exquisito.


Mi opinión poco profesional es que está buenísimo y estoy seguro que va a seguir creciendo con la estiba (compraría un par de botellas y las guardaría algunos años más).

TRICÓ 2012 (13,5 % Vol)

Esté aún está en la bodega, descansando, esperando su mejor momento.

En copa mostró un tono amarillo pajizo y tintes verdosos. Limpio, brillante. Glicérico.
Nariz explosiva, más jovial que los anteriores. Se lo nota joven porque sus aromas eran bien limpios y nítidos con notas de manzanas verdes, cítricos y tropicales. Le faltaba esa complejidad que da la botella.
En boca resultó franco y mostró su juventud. Directo, vertical, filoso, mineral. Final amargo típico del cepaje.

Mi opinión es que le falta madurar. De hecho al final de la cata fue el que más cualidades había perdido de los tres. Pero sigue el perfil de su creador y aún tiene un largo camino por delante.

NICOLÁS 2012 (14 % Vol). Precio: 20 euros.

Vino de finca que solo se elabora en años excepcionales. Un capricho del enólogo por decirlo de alguna manera. Y sí, leyeron bien, tiene 14 graditos.

Amarillo pajizo con tintes verdosos, brillante y limpio. Piernas gruesas, largas, lentas...

Nariz increíblemente mineral y de volumen medio. Aparecen también notas cítricas y algo de fruta tipo ananá en el fondo.

En boca es voluminoso, carnoso, estructurado, amplio. De esos vinos que parece que se pueden masticar. Impacta con su frescura (acidez media alta) al entrar en la boca y balancea perfectamente su poder. Sabe a piedras mixturadas con limones... es raro, pero exquisito. Diferente a todo lo que he probado hasta ahora en albariños. Un blanco soberbio que mantiene su alma intacta.

Mi opinión: siendo la misma cosecha, a diferencia del vino anterior, este ya se puede beber perfectamente. Claro que es una pena hacerlo ahora. Es increíble ver cómo se expresan de manera distinta las vides de una finca en particular.

Definiría este vino con palabras sueltas: es terruño, viñedo, trabajo, profundidad, raíz, granito...un vino para aplaudir.

No me gusta sentarme a escribir una nota inmediatamente después de haber probado un vino que me ha gustado mucho, porque es muy difícil mantener la poca objetividad que puedo tener, y termino escribiendo más con el corazón que con la cabeza. Por eso prefiero decantar la cosa y recordar con más calma y menos excitación lo que ese vino verdaderamente me transmitió el día que lo disfruté, más allá de las propias notas de cata.

Con estos vinos les juro que hice lo mismo, estoy escribiendo casi dos semana después de la cata, pero la verdad es que no puedo quitarme el corazón del cuerpo, para qué les voy a engañar amigos.


Cosas que me generan los vinos, qué le voy a hacer.

*Nota publicada en la revista Vinarquía Nº3






Gracias por leernos,

Salute, Rumbovino.

Difundiendo la Cultura del vino y en favor del consumo responsable