Un blog de vinos por aficionados, para aficionados. Mas que un blog, nuestro cuaderno de notas.



15 octubre, 2017

CIVIDADE Edición Limitada 2016

No me cansaré de decirlo. La Ribeira Sacra es un paraíso que esconde unos paisajes tan espectaculares como complejos para la producción de uva. Viñedos a pie de río, a los que aún a pesar del avance tecnológico en el que estamos inmersos solo se puede acceder mediante barcas, igual que hace 60 años. Vides añejas enclavadas en la piedra (hay que saber observar muy bien para encontrar una pizca de tierra) dispuestas sobre terrazas en pendientes casi verticales que abruman. 

Tomada de la web


De estos paisajes hay muchos en las riberas del Sil y el Miño, pero unos son más espectaculares que otros. Sin embargo creo que no me equivoco si digo que de todos, al menos de los que conozco en persona, la viña A CIVIDADE (Adega Verao) a orillas del Sil es una de las más hermosas y extremas. No existe ninguna posibilidad de quitar las uvas de la parte baja de no ser mediante embarcaciones. 

Desde siempre las uvas cultivadas y cosechadas en esta viña se mezclaron con las de otras fincas para dar origen a un único vino tinto, CIVIDADE, que en RPC siempre supo dar la talla. Sin embargo no sé si la decisión, además de brindar un homenaje a José Verao, se debió también a que los vinos de parcela cada vez se valoran más (alcanzando precios a veces escandalosos) y esta es una finca extraordinaria que merece tener su propio vino, pero en la vendimia del 2016 estas uvas se vinificaron por separado y con ellas se elaboró un vino extremo como su viñedo, que dio para una tirada de tan solo 700 botellas. Decidieron llamarlo CIVIDADE EDICIÓN LIMITADA 2016 (En homenaxe a José Verao)




El resultado es la fiel expresión del terruño que lo gesta, sin dejar un ápice a la confusión. Me recordó a los vinos de la Ribeira Sacra que tomaba hace años atrás cuando recién los conocí. De haberlo catado a ciegas les aseguro que hubiese imaginado que detrás de él habría un paisaje así. 

Rojo picota con reflejos rubíes, brillante y limpio. De lágrimas densas y finas. Nariz intensa con mixturas de fruta roja fresca, especias, monte bajo y notas suaves de madera que se perciben con un caramelo de azúcar tostada. En boca es fresco, vertical, levemente amargo y con una marcada mineralidad que es su columna vertebral y señal de identidad.

Un vino exquisito que me trasladó en el tiempo y que estará mucho mejor aún, de escasa producción y arriesgada decisión ya que imagino que su vino base se verá afectado, pero que se agradece porque nos permite a los amantes del vino y en especial de los Ribeira Sacra poder disfrutar este paisaje sin invertir una pequeña fortuna para hacerse con una botella. 

Precio aproximado 16 €. RPC Muy Buena. Lamento tener solo dos botellas más.

Buena vida y buenos vinos,

Salute. Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

01 octubre, 2017

La del Terreno

Uno de los principales motivos por los que últimamente le dedico poco tiempo al blog no tiene nada que ver con que me haya vuelto abstemio, sino con que no suelo encontrar vinos que me estimulen lo suficiente como para escribir de ellos. No sé bien lo que está pasando, pero antes bebía menos y escribía más, y ahora que bebo más, escribo menos, vaya controversia. Lo cierto es que a pesar de lo que recen muchas etiquetas que se muestran como rompedoras desde el propio concepto enológico, no siento que eso se transforme en un vino diferente, pero sí en un producto más caro…. Más o menos lo que me encuentro es siempre lo mismo.

Sin embargo a veces ocurre que sí aparecen productos que te mueven el piso y muestran otra cosa. Este es el caso de este tinto elaborado por Julia Casado y que lleva por nombre La del Terreno. Un 100% Monastrell de la cosecha del 2015 de la DOP Jumilla, elaborado en modo ecológico (no se usan agroquímicos en las viñas, se pisa y fermenta sin adición de químicos y se embotella con el 10% del total de sulfitos permitidos). 




Este vino es un verdadero soplo de aire fresco en tanto clima caldoso. No busquen el él los prototipos tradicionales de la gran mayoría de los tintos porque nos los hay, no esperen notas explosivas a fruta roja madura, ni dulzores compotados, ni la vainillita de la madera. Si quieren eso, definitivamente este no es su vino. Aquí lo que hay, a mi modo de verlo y entenderlo, es terruño en estado puro. Los suelos calcáreos que sostienen los viejos viñedos de Monastrell se metieron dentro de la botella y se encerraron con un corcho. Así de sencillo. Mineralidad pura, cal pura, verticalidad y frescura de principio a fin (he leído una cata de este vino donde lo describen con notas a frutos negros maduros… no es mi caso, para mí este vino va por otro lado y no es justamente por el de la fruta). Tiene además un ligero amargor que acompaña cada trago y una sinceridad que abruma.

Realmente un vino que decidió transitar por el camino más difícil que es el de no gustar seguro a todo el mundo, pero el de mostrarse tal cual es, sin maquillajes y sin más carta de presentación que un terruño (con todo lo que lo conforma) y una enóloga que lo supo interpretar. Para aplaudir! Debería haber más vinos así!

Precio: 17,9€, RPC: Muy Buena

Mis felicitaciones y mis más sinceros deseos de que el mercado no lo desvíe de su rumbo. Sin dudas tiene un gran desafío por delante.

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

7 años comunicando la cultura del vino, en favor del consumo moderado y responsable

24 septiembre, 2017

GEWURSTRAMINER 2015, de LUNA BEBERIDE

Quienes sigan este blog saben, y quienes no lo hagan lo pueden comprobar con sólo echar un vistazo, que sobre todo habla de tintos. En general son, con diferencia, los vinos más me gustan y de los que más escribo. Los blancos también me gustan, pero son pocos los que me sorprenden al punto de sentarme a escribir de ellos. Por eso vengo hoy con este Gewurztraminer 2015 de Luna Beberide, una excelente Bodega del Bierzo de la que realmente no he hablado mucho, y que me pareció un exponente diferente y muy recomendable.

Hace casi un año que me lo regalaron y lo dejé en estiva un tiempo –me gusta que los blancos cuenten con algo de guarda antes de probarlos- y anoche lo pusimos a prueba acompañado de un exquisita tortilla de patatas con cebolla y una ensalada muy sabrosa.




Mostraba un color amarillo ambarino, limpio y brillante. Con lágrima fina y un excelente aspecto visual. En nariz me sorprendió su complejidad aromática mixturando notas de caramelo (sí, leen bien), peras confitadas, cascara de limón con suaves herbales y un fondo como de flores que suele caracterizar a estos cepajes alsacianos. En boca resultó vibrante, lineal, con mucha frescura pero con un correcto equilibrio general. Sosteniéndolo en la boca tenía volumen y hasta una cierta textura grasa que lo hacía muy interesante. Si bien las notas cítricas son las que mandan, están bien acompañadas de un suave dulzor que nunca llega a ser goloso y que lo hace muy fácil de beber y disfrutar.

Una más que correcta factura y una muy buena pero arriesgada apuesta por una cepa muy poco común, y que cultivada en una región calurosa y soleada como el Bierzo tenía muchas probabilidades de fracasar, al menos en los papeles. Ya ven que el resultado es más que bueno, sobre todo si pensamos que su precio no llega ni a los 9€. RPC Muy buena. Lo volvería a comprar sin dudarlo.


Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

08 septiembre, 2017

La verdadera Viticultura Heroica

El término viticultura heroica a veces se usa un poco a la ligera, más como herramienta de marketing de algunas bodegas para vender un vino que como lo que realmente es, gente que se juega la vida cada vez que pisa la viña. 

Los consumidores que en ocasiones se quejan por el precio de estos vinos deberían ver este espectacular video. Estoy seguro que además de disfrutar mientras lo ven, lo van a seguir haciendo cada vez que beban un trago de estas joyas elaboradas con esfuerzo, pasión y ese cierto grado de locura que necesitan los viticultores heroicos de la Ribeira Sacra. 

Hasta que ahora les parece barato lo que pagan por ellos?

Un sueño de lugar que tengo la suerte de tener a unos pocos kilómetros de mi casa... Lo dicho, a disfrutar....




Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

7 años difundiendo la vitivinicultura yen favor del consumo moderado y responsable

21 agosto, 2017

El Valle del Loira. #MiPrimeraVez con el vino. Diez años después

El Valle del Loira es sin dudas uno de los más hermosos de toda Francia. Salpicado de majestuosos palacios renacentistas y castillos medievales a lo largo de toda la ribera del río, este lugar es una auténtica maravilla para conocer y disfrutar. Uno podría pasearse un mes entero de un lado a otro recorriendo cada rincón sin cansarse, siempre acompañado de la florida campiña francesa y de los encantadores pueblos que atraviesa cualquiera de los caminos que escoja para uno para moverse. Andar estos lugares les aseguro que es un placer.

Pero el Valle del río Loira además de paisaje y palacios es vino en estado puro. Y de esto quiero escribir hoy.

Es una región que actualmente ostenta mucho menos nombre y glamour que Burdeos o Borgoña, pero que produce vinos de calidad desde la Alta Edad Media y en su momento fueron de los más famosos de todo Francia e incluso de Inglaterra. Esta zona está localizada más al norte de Burdeos, se extiende a los márgenes del río Loira desde el Atlántico junto a la ciudad de Nantes, hacia Orleans, y desde aquí hacia el sudeste, hasta los límites de Borgoña, al norte con Chablis y al sur con Beaujolais y el principio del Ródano norte. Debido a su extensión el clima es bastante cambiante, aunque en general es menos calurosa, algo más húmeda y con suelos diversos que van desde calcáreos (nunca vi tanto suelo calizo junto) hasta arcilla, arena, grava, sílex o esquistos. Por clima y terruño se caracteriza por producir vinos frescos y elegantes, aunque el cambio climático también ha mutado esta región y el perfil de a poco va cambiando. 


En elaboración de vinos blancos, su principal producción, sorprende con la uva Chenin Blanc (bastante escasa en casi todo el mundo) y la Sauvignon blanc. No obstante en tintos hay una cepa que es la reina indiscutible, la Cabernet Franc. Está presente en casi el 100% de los vinos que se elaboran en esta región. Fundamentalmente se produce en los alrededores de Chinon y Saumur.


¿Tiene que ver esto que les cuento con la propuesta de AWB? Sí y mucho. Haciendo repaso de mi vida ligada al mundo del vino no tuve ninguna duda a la hora de seleccionar sobre qué iba a escribir porque fue ahí, en el Valle de Loira, donde me uní a esta bebida definitivamente. Este lugar plantó la semilla de lo que luego fue Rumbovino. Sin dudas fue #MiPrimeraVez con el vino.

Hace exactamente diez años cuando visitamos el Valle del Loira por primera y única vez hasta hoy. Recuerdo que con un magrísimo presupuesto nos pasamos 9 días recorriendo castillos y el único “lujo” que nos dábamos era el descorchar un vino diferente cada noche para acompañar quesos, salames y sardinas que era la cena estándar de todos los días. Fue un viaje definitivo…..Desde que nos fuimos en mayo del 2007 quise volver. Nos quedaron muchas cosas pendientes, como en cada viaje que hacemos. Dicen que en los lugares que te gustan mucho nunca debes visitarlos completos, ya que hay que dejarse una excusa para poder volver. Y así fue. Volvimos tras 10 años. Ya no somos los mismos, pero fue como aquella primera vez. Fueron tan solo dos días de regreso de la Bretaña, pero igualmente intensos y emocionantes. 




Hicimos campamento base en Angers, hermosa ciudad llena de vida, con fantástico Château que no se deben perder. Con un calor criminal (muy raro en esta región donde brilla el sol pero el calor nunca sofoca) anduvimos los dos días sin parar. Con el objetivo de no prolongar la agonía de los lectores solo voy a contarles las visitas a las bodegas excavadas en la montaña. Uno de los atractivos ligados al vino más interesantes que les recomiendo en esta región y que nos quedó pendiente aquella vez.

El segundo día aprovechando la frescura de la mañana, salimos tempranito del hotel y tomamos la carretera D-952 bordeando el río Loira hasta Saumur (un trayecto magnífico para hacer con calma disfrutando cada kilómetro). Dimos un paseo por este pintoresco pueblo con un hermoso Castillo y desde allí seguimos camino a Chinon. Si bien todos los pueblos del Valle del Loira viven de la cultura del vino, es en este camino en concreto (desde Saumur a Chinon) donde quizá se encuentra la mayor cantidad de bodegas excavadas en la roca caliza. Solo es cuestión de elegir dónde uno quiere parar. Todas están abiertas al público. Ninguna cobra la visita y la cata siempre es gratuita. Si el vino te gusta puedes comprar y si no, simplemente puedes visitar las cuevas y seguir tu ruta sin problemas. Es así, los viticultores viven de vender su vino, no de las palabras de un guía o de las obras faraónicas diseñadas por un arquitecto de renombre.

Visitamos dos bodegas troglodíticas (se publicitan así). Muy distintas una de otra. La primera Domaine Filliareau 
localizada en la zona tintorera por excelencia de Saumur-Champgny era un auténtico palacio excavado en la roca caliza. Actualmente ya no elaboran su vino allí. Solo quedan recuerdos de lo que fue, pero hay que verlo porque vale la pena. La sala de ventas estaba al lado. Allí catamos varios vinos, uno mejor que otro (¿el lugar ayuda a vender? Puede ser. Pero los vinos estaban soberbios. Frutas, hierbas, frescura y mineralidad para regalar).

La segunda que visitamos estaba ubicada a solo 1 km de Chinon, Cave Monplaisir, nos dejó boquiabiertos. Hace más de 100 años que se elabora el vino en ese lugar. Antiguamente fue una cantera de donde sacaban la piedra caliza para la construcción de casas y palacios. Fuera hacía 35 grados. Dentro, solo 12. Al igual que antes, la visita fue gratuita. Nos indicaron por donde debíamos entrar y de allí a la aventura. Nos metimos en las entrañas de la montaña… en las cuevas que se extendían de un lado a otro como un laberinto lo primero que nos encontramos fueron vinos antiguos en estiba, botellas repletas de mohos que apenas dejaban ver el vidrio y que algunos de ellos llevaban descansando unos 40 años. Más adentro (o afuera, no lo sé, uno se pierde ahí dentro) llegamos a la sala de barricas. Inmensa, barricas viejas llenas de moho y otras más nuevas con menos moho y que aún dejaban ver el año de la cosecha que llevaban dentro (2014, 2015, 2016). Todos tintos. Todos Cabernet Franc, algunos nacidos de los viñedos que teníamos sobre nuestras cabezas en la zona alta de la colina y otros procedentes de viñas más bajas, pegadas al río sobre suelos de grava y arcilla. 



Al salir nos esperaba el dueño para hacer la cata. Un auténtico vigneron. No recuerdo el nombre la verdad, pero hablaba bastante bien el español así que además nos contó de cada uno de los vinos que degustamos (creo que fueron 6 o 7, todos con la impronta inconfundible y exquisita del Cabernte Franc del Valle del Loira). Habló de las fincas, del terruño, de la elaboración, la estiba…todo lo que se me ocurrió preguntar y pudo contestar. Un lujo, vamos.

Llegó la hora de irnos, aún nos quedaba el Chateau de Brézé 
por visitar(no se pierdan sus subterráneos) y luego desandar el camino a Angers. 

Esta vez, al igual que hacía 10 años, nos fuimos para volver. No sabemos cuándo, pero seguramente les contaré dentro de algún tiempo nuevamente #MiPrimeraVez en el Valle del Loira. 

Buena vida y buenos vinos,

Salutes. Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino

31 julio, 2017

Saint-Emilion, vino y mucho más...

Está claro que los todos los viticultores, enólogos y demás actores que forman parte del vino del nuevo mundo crecimos mirando al viejo mundo. Intentamos diferenciarnos con monovarietales, propuestas transgresoras y fantásticos terruños, pero desde el principio importamos sus cepajes autóctonos y seguimos sus pasos mirando a través del “charco”, siempre pendientes de lo que hacían y siempre dispuestos a aprender de los que más sabían del tema. Ellos saben por viejos, por sabios, no por otra cosa. Llevan haciendo vinos desde que nosotros andábamos en taparrabos, para qué negarlo. Y si de todo el viejo mundo hay que destacar un nombre o un lugar, estamos de acuerdo que son los viticultores y vinos franceses donde hay que dirigir la mirada. 




En lo personal, aprendí de vinos (si es que algo aprendí) leyendo y escuchando hablar de los famosos coupages de Merlot y Cabernet Sauvignon de Burdeos, los Pinots Noir de la Borgoña, los Chardonnay de Chablis, Syrah del Ródano y de los dulzores alsacianos. Así que desde que entré a este mundillo vinícola tuve ganas de conocer estos legendarios caldos y míticos terruños. Verlos, andarlos, olerlos, beberlos. Sin dudas era mi sueño y el de muchos otros.

Por esas cosas del destino y las decisiones que uno toma en un momento de su vida, hace 3 años vine a vivir a España y, desde aquí, estuve un poquito más cerca de Francia. Luego la rutina y el trabajo pusieron tierra y tiempo de por medio a este sueño hasta que finalmente, de regreso a Galicia de unas vacaciones, casi sin querer queriendo como diría el maravilloso Chespirito, pasamos un día en Saint-Emilion la meca de los vinos bordeleses…

En este pequeño pero hermosísimo y absolutamente recomendable pueblo medieval Francés se huele vino, se respira vino y se vive el vino como en ningún otro lugar que haya podido conocer hasta ahora. Aunque todo hay que decirlo, Saint-Emilion no solos es vino. Posado en un alto de piedra calcárea antiguamente lecho marino, sus construcciones y senderos son de pura caliza, dotándolo de un aspecto pulcro y reluciente a pesar de su edad. No hay que buscar mucho en las paredes de ladrillos calcáreos para encontrarse restos de conchas y caracoles formando parte de su estructura. No pueden dejar de visitar su Iglesia Monolítica (construida en una sola pieza sobre la roca escavada), las catacumbas subterráneas, la cueva donde estuvo y descansan los restos del Monje Emilion y la capilla medieval. Pidan las llaves del campanario, admiren las vistas y piérdanse entre sus callejuelas observando cada rincón. 



El pueblo está rodeado de cientos de pequeñas fincas de unas pocas hectáreas apoyadas sobre tierra casi blanca que hace que su vista desde abajo o desde arriba sea un verdadero espectáculo. En los alrededores de Saint Emilion hay más de 800 productores de vino regitrados. Se ven Chateaus a diestra y siniestra – todos o casi todos visitables para el turismo- y sus calles empinadas están abarrotadas de vinotecas ofreciendo cuanto vino uno sea capaz de asimilar. En la zona baja del pueblo, al igual que en antiguas épocas, encontramos vinos para todos los gustos. Pero en la parte alta, donde vivían los nobles separados de los plebeyos por una cadena que atravesaba la calle sobre un gran arco de piedra que decía hasta acá pueden llegar, uno puede encontrar vinotecas increíbles y todos los vinos de culto que imagina que existen o ha escuchado alguna vez. Un verdadero espectáculo para los amantes del vino. Hay que ir con dinero, eso sí. Quieres un Petrus, Latour, Margaux? Qué cosecha? Allí los tienes.

Estando por fin ahí, con un calor que quemaba todo lo que se cruzaba y con la sapiencia de que quizá durante un tiempo que uno nunca sabe cuánto será no podrá volver a verse en otra oportunidad igual, nos fuimos a visitar una Bodega. La elección fue conocer una cuyos vinos estén clasificados como Grand Cru Classé y además que realicen la visita en Español. Chateau Laniote cumplía ambas condiciones. Reservamos previamente y nos fuimos.


No voy a describir la visita, no tiene sentido contarla, hay que vivirla y tampoco pasará a la historia como la mejor de mi vida. Sin embargo me quedé con algunos datos tanto de la bodega como de la denominación que me resultaron muy interesantes y quiero transmitir.

Detalle de una piedra cualquiera
Poseen una finca de 5 hectáreas. Cada hectárea cuesta dos millones de euros. No hay ninguna posibilidad de comprar un centímetro de tierra por ningún lado. Solo se puede vender a quien pueda pagarla. Es casi imposible heredar a los hijos para que la cultiven porque los impuestos que tiene que pagar los herederos los endeudaría para el resto de sus días. 

Este Chateau produce vino desde 1821. La etiqueta de su vino es la misma desde hace más de 50 años. Solo se elabora un tinto con 80% Merlot y 20% Cabernet Sauvignon. Los precios de sus vinos dependen de la calidad del año. La peor de los últimos años, la del 2013 (27 euros la botella). Durante todo el proceso de vinificación el vino no se corrige en absoluto. Se embotella el año, con todo lo bueno y lo malo que pudo tener. La crianza siempre es de 12 meses en barrica francesa (obvio) nueva y de 2º uso. El 50% de las barricas se cambian cada año. Las últimas añadas dieron caldos de 15% Vol de alcohol. En los últimos 10 o 15 años subió el grado alcohólico en casi 3%. Probamos un 2012 (año calificado como bueno) y era una bomba atómica, con todo integrado pero con muchos años de vida para crecer. Estaba muuuy bueno! Todos los vinos que probamos en esta zona, y en general de Burdeos, son parecidos. Minerales, poderosos y con mucho futuro por delante. Solo utilizan levaduras indígenas. No agregan ni quitan nada, solo hacen selección de grano previo a la fermentación. No usan raspón y cada 10 años pasan una cata a ciegas todos los vinos clasificados como Grand Cru Classé para mantener la calificación. Si tu vino no vale, afuera. El vino es la tierra que sostiene la viña y gesta la uva.

Cerramos el día comiendo a la tardecita una súper hamburguesa (gourmet, eso sí) y un par de birras fresquitas en una terraza fantástica frente a la iglesia monolítica de Saint-Emilion con casi 30º de temperatura y una sonrisa en los labios. Que nos quiten lo bailado.

Un sueño cumplido y un lugar inigualable para vivir y sentir el vino. Nos lo pasamos como niños.

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

19 junio, 2017

¿Para beber, Lugo?

Para comer Lugo. Eso se reza el dicho popular. ¿Pero, para beber Lugo? Quizá para beber cañas, porque para beber vinos no estoy tan seguro.

Desde hace un tiempo ya no salgo de vinos por el centro de Lugo con la frecuencia en que lo hacía antes. Un poco porque ya estoy algo antiguo y llevo mucha noche en la espalda, pero quizá lo más importante es porque para un bebedor de vinos como yo, el tener que patearse diez bares para poder conseguir que me sirvan un vino que se beba y no den ganas de dejarlo en la copa termina cansando. Me terminaron aburriendo los típicos Riojas y Riberas de siempre. Casi nadie innovaba en las ofertas ni en las opciones. Siempre era lo mismo y si alguien pedía un vino un poquito “especial” si es que lograba conseguirlo en algún lado, el precio que cobraban por la copa hacía que no te lo vuelvas a plantear nuevamente.

Para finalizar la introducción, y ya que estoy con el teclado caliente, mención aparte merecían los camareros. Y vaya por delante que creo que no es culpa de los ellos sino de los dueños de los bares a los que no les interesa que sus empleados sean profesionales o se formen en la materia lo más mínimo. Prefieren pagar poco y servir mal.

Los camareros, al momento de las recomendaciones la mayoría de ellos ni siquiera sabía qué diferencia había entre un tinto y un blanco más allá del color que ostenta cada uno. Mencía era sinónimo de Ribeira Sacra, Valdeorras, Monterrei y Bierzo. Hubo hasta quien ofrecía Godello tinto, y no se te fuese a ocurrir preguntar qué era un Tempranillo porque la respuesta era un vino elaborado con uvas que se cosechaban temprano. Tal como lo estoy diciendo…

Muralla Romana... Tomada de la web

…Lo cierto es que durante este último tiempo las cosas han cambiado por el centro de Lugo. La zona vieja está cada día más bonita –aunque quedan muchas cosas por mejorar aún- y da gusto sentarse en cualquier terracita a disfrutar de nuestra hermosa ciudad. Los bares se han renovado, las fachadas se arreglaron, florecen nuevas opciones y el ambiente que se respira es fantástico. Pero tras este necesario maquillaje esbozado sobre la superficie, creo que en el fondo las cosas no han cambiado demasiado. Llevo unas cuantas noches saliendo con la intención de comprobar lo que estaba pensando. Y aunque esto que voy a contar no es algo general, mi experiencia y mis amigos me dicen que pasa en una gran mayoría (salvo algunas excepciones).

Relato de una noche de vinos cualquiera por la “nueva zona vieja” de Lugo.

Comenzamos con blancos. Pedimos Godello (cepa que me encanta y que cada día me deja más claro que al reinado de la Albariño le quedan los días contados). Nos dejamos asesorar por los camareros. “Ponnos un Godello de la marca y DO que nos recomiendes”- fue nuestro pedido. Llegaron a nuestra mesa unas etiquetas que jamás habíamos visto. Ni sabíamos que existían (y en lo personal no soy de las personas poco informadas en estos temas). Junto con el vino llegaron los pinchos de tortilla (o algo similar) y las tapas, normales tanto de calidad como de originalidad. Al pedir la cuenta nos soplaron 4,80€ por dos copas. ¿La friolera de 2,40€ cada 90 mililitros de un Godello marca blanca? Pagué como cualquier hijo de vecino y me fui silbando bajito.

Decidimos pasarnos a los tintos en busca de mejor fortuna. “Ponnos un Mencía, pero de Valdeorras” (me apetecía un Mencía de allí). “De Valdeorras no tengo. Tengo de Ribeira Sacra, Monterrei y de Amandi”. Mal seguimos, pensé para mis adentros.

Pedimos Ribeira Sacra (quienes me leen, y conocen, saben que soy un enamorado de sus vinos). Esta vez las etiquetas que llegaron a la mesa nos sonaron a cromos repetidos. Los de siempre, como siempre. Nada nuevo. Vinos de etiquetas históricas de 7 u 8€ de venta al público. Mismo estilo de tapa y pincho. La sorpresa que esperaba en la oferta vinícola que debería acompañar a los nuevos locales me la llevé en el precio. 5 eurazos! Sí sí, 5 eurazos o euritos. Aquí fueron a 2,5€ los 90 mililitros de un vino que al bar le cuesta unos 5€ por botella (o menos).

Me pregunto qué me hubiese costado pedir una copa de alguna etiqueta un poquito diferente. La verdad es que no podría averiguarlo aunque quisiera porque no hay ni un solo bar que la pueda ofrecer.

Mis conclusiones son sencillas. 

1- Continuamos, salvo excepciones, con una oferta de etiquetas de vinos poco originales y además carísimas (subió el precio, pero no la calidad, ni originalidad, de lo ofrecido). No me preocupa pagar ese dinero o más por un vino. Me preocupa pagarlos cuando no lo vale.

2- En Lugo siempre nos caracterizamos por las tapas y pinchos que se ofrecían. Si no eran buenas eran abundantísimas. Actualmente ya no son tan abundantes y salvo excepciones son normales y punto. Para un visitante de fuera están bien, pero para los de aquí son repetitivas y aburridas (y conste que no tengo nada contra la tortilla, las patatas ali oli, las bravas, la ensaladilla ni la ensalada de pastas, por mencionar los clásicos incombustibles).

3- Seguimos con camareros que aun siendo más o menos amables, no saben absolutamente nada de vinos y son incapaces de asesorar a alguien que vaya con intención de conocer un poco más de cerca los maravillosos caldos gallegos. Parece que con un Rioja o Ribera va que chuta. Insisto que no es problema de los camareros. Es problema de los dueños. Una pena.

Arde Lucus, una fiesta imperdible


No voy a nombrar los locales por los que anduvimos porque no viene al caso, pero han sido varios. Tampoco voy a mencionar las excepciones porque no sería justo con los que no visité. Esto es una experiencia personal y parcial (obviamente no puedo visitar todos los bares de Lugo. No me alcanzaría la vida para hacerlo). Pero esta nota intenta ser constructiva. No persigue buscar culpables sino todo lo contrario. Me gustaría que sirva para reflexionar un poco sobre lo que se está ofreciendo a los visitantes, propios y foráneos, de una ciudad como Lugo, con nombre, historia, belleza y una localización estratégica entre las principales DO de Galicia. Creo que se debería cuidar un poquito más al que viene y a los que estamos siempre. Es necesario dar un salto de calidad y profesionalidad (no en los precios, eso ya está) porque a mi modo de verlo, de esa forma la cosa va mal.

Por mi parte, desde ahora, cuando salga de bares pasaré a la cerveza. Al menos, aunque no mucho, me lo agradecerá el bolsillo.

Rumbovino,

Casi 7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

28 mayo, 2017

Los Vinos Naturales no están Perdidos

La tendencia de los vinos naturales se está imponiendo cada vez más. Al contrario de lo que en un momento se pensó, lejos está de decaer su demanda. A diario las etiquetas que rezan las palabras ecológico, biodinámico, natural u orgánico aumentan y las opciones se multiplican. Eso me gusta y creo que le hace bien al mercado vitivinícola, sobre todo porque hubo una época donde lo que se estaba ofreciendo al consumidor era un jugo de uva enriquecido con azúcar, enzimas, colorantes, químicos y conservantes…

Me gusta lo auténtico y lo disfruto. Me gusta el vino, pero me gusta aún más la viña que lo pare y la tierra que lo sostiene.

Entiendo también que esto que empezó como una moda de algunos “frikis” y se estableció como tendencia, es aprovechada por algunas bodegas que ven la veta del negocio y se cuelan por la rendija de la oportunidad. Eso pasa siempre y no es ningún problema. A la larga los que realmente creen en esta forma de entender el vino son los que se sostienen y diferencian del resto.

Tengo un amigo, a estas alturas ya lo considero así y espero que él también, que se llama Ignacio González, al que le dicen el “loco de Larouco”, que hace algunos años se lanzó con un proyecto de vinos naturales, pero naturales en serio, recuperando unas viñas maltratadas que los lugareños consideraban perdidas. Estoy seguro que todos, o casi todos, saben que estoy hablando de LA PERDIDA. Nacho cree seriamente en lo que hace, las pocas botellas que produce se exportan a varios países y solo por citar algún ejemplo les digo que hasta están presentes en el mismísimo “Celler de Can Roca”. Pregunten cuántos viticultores querrían tener sus vinos allí. Estoy seguro que algunos darían hasta lo que no tienen por conseguir eso. Pues Nacho los tiene. Y ganado con derecho propio, por trabajo y porque sus productos son realmente naturales y diferentes. 


Foto tomada de FB


Desde la primera copa de LA PERDIDA que probé, con Jorge y Nacho compartiendo un pulpo a feira en Larouco hace casi tres años, creí ciegamente en su proyecto y quedé prendado de esos caldos. Discutí con mucha gente sobre ellos. Hay quienes se ríen de él y de lo que hace. Dicen que no huelen ni saben a vino. Yo les digo que a eso huele y sabe a vino, y que lo que bebemos normalmente como tal no es totalmente vino. La discusión se prolonga y siempre llega al punto donde alguien dice que los buenos vinos tienen que crecer con el tiempo y que los naturales no aguantan más de un año porque sin sulfitos ni “agregados” se mueren enseguida. Yo les digo que no. Al menos no todos, y tengo argumentos para debatirlo…

…Además de amante de la viticultura me considero persona de ciencia. Así que como buen científico quise experimentar con los vinos de la perdida. Simplemente decidí guardarlos a ver qué pasaba.

De la cosecha del 2014, la que estaba recién salida cuando conocí a Nacho, compré varias botellas. Tanto de blancos como de tintos. A las de blanco - todas de Godello, tipo naranjito por su fermentación en barro y con hollejos como a la vieja usanza- las fui destapando de a una por vez, cada noche de fin de año. Aún me queda una botella que la abriré para despedir el 2017 y recibir el 2018. Todas estaban impecables, con excelente acidez, mucha fruta con sabores típicos de manzana verde, hierbas, notas de miel y hollejos. Acompañan de maravillas los entrantes y lo que caiga luego en el plato. Se los aseguro.

A las botellas de tinto las dejé guardadas y no destapé ninguna hasta ayer por la noche. Me dio por ahí. La descorché porque tenía ganas de probar su evolución y también porque hace unos días había estado con Nacho en su bodega probando algunos vinos del 2016 (entre ellos la segunda añada del Proscrito) y me pareció buena idea darle una alegría al paladar. Estaba seguro que iba a estar bueno. Pero la sorpresa fue mayúscula, porque estaba glorioso.

No obstante dije hace un rato que me consideraba un hombre de ciencia, así que el experimento tuvo su estudio a ciegas, como debe ser, así evitaba sugestiones previas. Noemí lo degustó a ciegas (y reconozco que ella no es incondicional como yo con estos tipos de vinos. En general no suelen gustarle demasiado) y quedó fascinada con el vino que estaba catando. Ni les cuento cuando descubrió la etiqueta.

Como le escribí a Nacho por WhatsApp mientras lo bebíamos “Ganó en todo. En redondez, madurez, intensidad aromática y de sabores, complejidad y elegancia”. La definición poco enológica de VI NA ZO le queda que ni pintada. LA PERDIDA Gar-Sum (70% garnacha tintorera y 30% Sumoll) del 2014 es una joya en toda regla! Por suerte me quedan botellas.

Foto de aquel pulpo a feira en Larouco, donde conocí a Nacho y La Perdida



A pesar de las risas, las descreencias de algunos ilusos, de las piedras, de las heladas y de la aplastante industria que marca el ritmo; a pesar de todo eso tus vinos son grandes y verdaderos. Aplausos compañero, lo tienes merecido!


Yo seguiré debatiendo con quien quiera hacerlo que los vinos naturales son el camino. Ya ven, argumentos hay de sobra.

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

Casi 7 años comunicando la cultura del vino

15 mayo, 2017

QUINTA DO CRASTO, Valle do Douro

 Seguimos por nuestro viaje por el Valle del Douro… Y tanto como creo que esta región vitivinícola de Portugal, Patrimonio Mundial de la Humanidad, es visita obligada para todo amante y no amante del vino, creo también que a la hora de conocer bodegas en el Valle, QUINTA DO CRASTO indiscutiblemente debe estar en el listado. 

Porqué lo pienso? Porque tiene mucha historia (comenzó allá por principios del 1600 y es una de las primeras Quintas de la región), porque sus productos son de una altísima calidad, porque son respetuosos con el terroir que los cobija (ecofriendly dice su etiqueta, y eso se percibe ni bien ves y pisas las viñas) y además porque tienen buena gente dispuesta a atender a los turistas con una sonrisa y todo el tiempo del mundo a pesar del sol que azotaba aquella tarde y el horario de atención que apremiaba. Mil gracias a Ana. Esto vaya por delante.

A nuestros pies, Vinha María Teresa. Más de 100 años y más de 50 castas autóctonas


QUINTA DO CRASTO tiene una ubicación privilegiada en la Región de Cima Corgo, situada en lo alto de una sierra sobre la margen derecha del río Duero. Desde allí se contempla el valle en plenitud. Poseen algunos de los viñedos más antiguos de la DO Douro repartidos en tres viñas con una totalidad de 74 hectáreas de cepas en producción. Elaboran 80% de tintos, 10% de blancos y 10% de vino do Porto.

Para hablar de los vinos que probamos tenemos que entender mínimamente las características de suelo y clima que se imponen en la región donde se gestan las uvas que componen cada etiqueta.

Quinta Da Cabreira. Localizada en la subregión del Douro Superior, la más árida y de mayor altitud (sobre 600 msnm). El suelo es de xistos (pizarra descompuesta) pero con una alta capacidad para retener el agua, lo que le permite a la plantas sobrevivir en condiciones súper extremas. Para que se den una idea de lo que es esta zona, les cuento que en los últimos 5 años la media de precipitaciones caídas fue menor a la del desierto del Sahara. La producción es muy escasa, sobre unos 300 gr por planta y las uvas son muy pequeñas y de piel muy gruesa. El perfil de los vinos de esta región es maduro, concentrado, expresivo y mineral.

Quinta Do Crasto. Principalmente ubicada en la subregión de Cima Corgo. Clima seco pero no tan extremo, dominados por suelos de xistos con mucha diferencia de Ph entre viñas y una profundidad de entre 1,10 y 1,30 mts. La producción se limita aproximadamente a 1 kg de uva por planta. Vinos complejos, concentrados y maduros. Muchas de las mejores viñas de todo el Douro se encuentran en esta región.

Mención especial en esta zona merecen Vinha María Teresa y Vinha Da Ponte, parcelas centenarias (sobre 110 y 120 años) localizadas prácticamente al lado de la bodega y de donde salen las uvas que conforman los vinos más icónicos de Quinta Do Crasto. Hasta el día de hoy no se han identificado todas las cepas que están presentes en estos viñedos. La última actualización habla de unas 50 castas autóctonas distintas. 

Otra parte de las viñas se encuentran en la subregión de Baixo Corgo hacie el extremo oeste. Aquí los suelos son de tipo granítico y es una zona más húmeda. Se producen principalmente las cepas blancas, con rendimientos más altos y generando vinos más frescos y ligeros, pero con mucha expresividad.


Dicho lo dicho, y con la ilusión de que aún sigan despiertos, vamos a los vinos que catamos.

CRASTO BLANCO 2016



Cepas: Gouveio, Viosinho y Rabigato procedentes de suelos graníticos. Vinificado en cubas de acero inoxidable, tanto para la fermentación alcohólica como posterior crianza. Alcohol 12% vol.

Amarillo pajizo, buena lágrima. En nariz es muy limpio y de muy buena intensidad. Sus aromas son fundamentalmente cítricos, con una suave nota floral de fondo. Boca muy fresca, ligero, rectilíneo, mineral. De buena persistencia.

Un vino blanco de verano para beber por litros, pero con estructura y volumen como para soportar los entrantes de cualquier comida. Me gustó mucho. Su precio en bodega es 9,9 € y la RPC es buena +.



CRASTO TINTO 2015



Cepas: Tinta Roriz, Touriga Franca, Touriga Nacional y Tinta Barroca procedentes de suelos de Xistos, zona Cima Corgo. Cepas de 20 años. Vinificado en cubas de acero inoxidable, tanto para la fermentación alcohólica como posterior crianza. El 5% de este vino se somete a una crianza en barricas francesas de 3er uso. Alcohol 13,5% vol.

Color rojo picota capa media, brillante, limpio y glicérico. En nariz es pura cereza madura, , en ese punto de madurez donde a las notas a fruta acompaña esa acidez suave exquisita. En boca es expresivo, muy frutal, con buen equilibrio general, con frescura y verticalidad. Final persistente a pura fruta roja.

Me gustó mucho este tinto. Tiene de todo y en su punto óptimo. Está para beber y disfrutar ya mismo o esperarlo un tiempito también. En el restaurante de la bodega lo maridan con sopas. Interesante! Su precio en bodega es 9,9 € y la RPC es muy buena.



CRASTO SUPERIOR TINTO 2014



Cepas: Touriga Nacional, Touriga Franca, Tinta Roriz y Souzon procedentes de suelos de Xistos, zona Douro Superior en la Quinta Cabreira. Cepas de diferentes edades. Fermentación alcohólica en cubas de acero inoxidable y posterior crianza de 12 meses en barricas francesas, 50% nuevas y 50% de 2do uso. Alcohol 14,5% vol.

Color rojo picota profundo, capa media alta con ribetes violetas, brillante, limpio y muy glicérico. Nariz intensa, con aromas a mermeladas de frutos rojos, notas mentoladas y de eucalipto, fondo tostado y láctico suave. En boca es poderoso, con mucho volumen, pero muy franco a lo ofrecido en su fase olfativa. Tiene estructura, sus taninos aún están por pulir, pero se disfruta perfectamente porque tiene frescura de sobra para acompañar el trago y lograr un muy buen equilibrio. Final largo y goloso, con un leve amargor rico.

Este vino es Douro en estado puro. Me encantó! Un tinto que todo el mundo debería probar alguna vez. Su maridaje en la bodega es con bacalao, excelente combinación. Su precio es 14,9€ y la RPC es Muy Buena +.



ROQUETTE & CAZES 2013



Vino surgido de la unión de dos familias dedicadas al vino de toda la vida. Jorge Roquette de Quinta Do Crasto (aporta las viñas y un enólogo) y Jean-Michel Cazes de Château Lynch-Bages elaboradores de vino en Francia desde hace más de 100 años (aportan técnicas de vinificación y un enólogo). Buscan combinar la estructura y complejidad que otorga el sol de Portugal con la elegancia de Burdeos.

Cepas: Touriga Nacional, Touriga Franca y Tinta Roriz procedentes de suelos de Xistos, zonas Douro Superior y Cima Corgo. Cepas de 34 años. Fermentación alcohólica en cubas troncocónicas. La diferencia en el proceso de vinificación de este vino es que durante la fermentación, muy larga, se utiliza la técnica francesa del “délestage” que básicamente consiste en extraer todo el vino que está fermentando del depósito dejando el sombrero en el interior. Después de una o dos horas, se vuelve a verter el vino en el depósito original con lo que se logra revolver nuevamente el sombrero a la vez que se realiza un ligero prensado del mismo debido al simple peso del líquido. Con esto se favorece la extracción de color, oxigenación, proliferación de levaduras, concentración y complejidad sin perder elegancia. Envejecimiento de 18-20 meses en barricas francesas 80%nuevas.

Color rojo picota muy profundo, con ribetes azulados, brillante, limpio y muy glicérico. En nariz se percibe un perfil similar al vino anterior pero su expresión general es más suave, como perfumes sutiles. Mermeladas de frutos rojos, flores, minerales, tostados y balsámicos. En boca es elegante pero con mucho carácter, cierto picor en la lengua rico, franco y con buena frescura. Final muy largo y goloso.

Sera sugestión quizá, pero se lo nota un tinto más completo que el anterior, porque tiene todo el sol y el calor del Douro sin esa rusticidad típica y con la elegancia de los vinos de lugares más frescos. Vinazo! Su precio en bodega es de 18,3 € y la RPC depende de su precio fuera de bodega, pero a ese importe le doy un Excelente.



QUINTA DO CRASTO RESERVA Vinhas Vellas 2014



Cepas: viñas viejas de más de 70 años. Compuesto de 25 a 30 cepas diferentes procedentes de suelos de xistos, zona Cima Corgo, donde destacan las Vinhas María Teresa y A Ponte. Fermentación alcohólica en cubas de acero inoxidable, suave prensado antes del envejecimiento durante 16 meses en barricas nuevas francesas 85% y americanas. Alcohol 14% vol.

Color rojo picota profundísimo, limpio, brillante, glicérico. Nariz intensa, excelente, donde dominan las notas de mermeladas, compotas, especias tipo pimienta negra y canela, suaves tostados y balsámicos. Boca estructurada, poderosa, llena el paladar. Sabroso y cargado de sol. Con frescura y fondo mineral. Final largo, muy largo y complejo.

Otro 100% Douro. En este vino hay sol, calor, terruño a fondo. Me recordó a algunos vinazos argentinos de la zona alta de Mendoza que hace tanto que no pruebo. Pide carne a la parrilla, con grasa y estructura. Es de los vinos de la bodega mejor valorados por su RPC en el mercado internacional. Su precio es de 26,8 € y si ese precio se mantiene fuera (lo dudo) le daría también un Excelente.

Finalmente, para cerrar una cata completa relajados y disfrutando de los paisajes fantásticos que nos rodeaban, terminamos con un Porto.

CRASTO PORTO Late Bottled Vintage 2012



Se trata de un Ruby de una única cosecha, embotellado tras 4 años de envejecimiento en toneles de roble de 9000 litros. Mezcla de viñas viejas de diversas cepas. Alcohol 20% vol.

Color rojo picota profundísimo, glicérico, limpio y brillante. Nariz exquisita, intensa, con notas típicas de los vinos fortificados como nueces, almendras, higos secos, mixturadas con aromas frescos de balsámicos, frutos rojos en mermeladas y suaves tostados. En boca es voluptuoso, muy franco y con buena frescura que equilibra su dulzor no exagerado. Persistente y exquisito final de boca.

Me reconozco como una persona que no se apasiona con este tipo de vinos y no los bebo con frecuencia, pero sí que soy capaz de reconocer cierta calidad en unos u otros. Este Ruby me gustó muchísimo y creo que sería capaz de acompañar una comida completa sin ningún inconveniente (excepto los entrantes, claro). Su precio es de 13 €en bodega. La RPC es muy buena.

Bueno… hasta aquí llegamos. Disfrutamos muchísimo de todo, de la compañía de Ana que nos guió durante la visita, del lugar y de unos vinos fantásticos.

Nuestra recomendación es que no dejen de visitar Quinta Do Crasto si deciden viajar al Valle del Douro. Solo lleva unos 50 minutos desde Vila Real. El camino es algo sinuoso, con subidas y bajadas. Hay que ir despacio, tranquilos, disfrutando de un paisaje que quita el hipo en cada metro que transitamos. Pero compensa con creces lo que se encuentran al llegar.

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

Casi 7 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable

29 abril, 2017

SILIUS PIZARRA 2015, fantástico!

No me voy a explayar mucho a la hora de hablar de Atrium Vitis, ya lo he hecho en otras ocasiones y a estas alturas dudo mucho que la gente que pulula por el mundillo del vino no sepa quiénes son Ana y Javier y qué vinos elaboran. Así que me voy a ir derechito a lo que importa, pero antes quiero solidarizarme con todos los viticultores, como ellos y otros tantos amigos y no amigos, que se vieron afectados por las heladas de estos días y que prácticamente han destrozado todos los viñedos. El 2017, sin dudas, será un año muy especial. Por no decir un año de mierda. Una pena!

Lo dicho, ahora les cuento.

El fin de semana pasado descorché su SILIUS PIZARRA 2015. Un vino elaborado casi en su totalidad con Mencía procedente de una viña (Ybedo) en Montefurado, asentada sobre suelos de pura pizarra. Tinto de elaboración artesanal, como todo lo que hacen estos chicos, obviamente de fermentación espontánea con levaduras indígenas, bazuqueos manuales y 6 meses de depósito en inox más 3 meses en vidrio antes de salir al mercado. Embotellado con el mínimo de sulfitos.

Lo probé en una cata hace cosa de unos 8 meses atrás y me había encantado, aunque en aquel momento me pareció que le faltaba algo más de tiempo de botella para afinarse del todo. Pasó el tiempo, y así está hoy:







Rojo pico de capa media alta, brillante y glicérico (piernas gruesas, de caída lenta, densas). Nariz de buena intensidad, limpia y compleja. Tiene de todo y varía de principio a fin. De entrada destacan las de perfil más vegetal y de hierbas aromáticas sobre un fondo claramente mineral. Luego gana fuerza la fruta roja fina y madura, acompañada por balsámicos (resinas, eucaliptus, mentol) y pimienta negra. Al final se expresan en conjunto, capa sobre capa. Un espectáculo. 

En boca es muy serio. Su alma de Ribeira Sacra se luce de principio a fin, porque es vertical, tiene tensión y mucho nervio pero con estructura y carga frutal. Perfectamente equilibrado, con taninos pulidos y suaves. Si nos vamos a las “clasificaciones” que parece tanto gustan actualmente diría que está justo en el punto perfecto entre un vino mediterráneo y uno atlántico. 

En la elaboración de Silius Pizarra la madera no se utiliza para nada. Estas viñas brindan unas uvas maduras, sanas y con la fuerza y elegancia suficiente para gestar un gran vino sin maquillajes que exprese claramente el terruño de dónde proviene. 

Excelente factura sin intervención y casi en ecológico en una cosecha que se dicen de las históricas en la Ribeira Sacra.

Mi opinión personal es que está entre los mejores que he bebido de Atrium Vitis y quizá de los mejores que he bebido este último tiempo. Tiene un gran presente, pero seguro que tiene cuerda para rato (al menos me voy a guardar algunas botellas para probarlos dentro de unos años). Su precio creo que ronda los 15 € en vinotecas. RPC Excelente.

Si lo consiguen ni duden un minuto en hacerse con alguno. Eso sí, hay que apurarse porque solo se elaboraron 336 botellas de esta joyita.

Ánimo chicos,

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

Casi 7 años comunicando sobre la cultura del vino. En favor del consumo responsable y moderado.

23 abril, 2017

Desde España, ya hace un año, que se te extraña

Hace ya un año que te fuiste. La pucha carajo, como pasa el tiempo y la vida! Nos preocupamos tanto por correr de un lado a otro sabe dios queriendo llegar a dónde, y no somos capaces de, cada tanto, pararnos a disfrutar de ella siquiera un segundo. Maldita rutina.

Pues sí, ya hace un año viejito. Parece que fue ayer. Pero también parece que no te fuiste nunca. No hay un solo día que no me acuerde de vos. Siempre con una sonrisa, te lo aseguro. Mis días, desde ese día, ya no fueron iguales y tu paz se transformó en mi paz. Hasta cuando no estabas siempre supiste estar, con los gestos justos (no eras de espavientos, para qué negarlo) y las palabras cortas pero certeras que daban siempre en el blanco, a pesar de que mis ojos de juventud a veces no querían verlo. Qué se yo, cuando uno es joven nunca cree que los padres tengan razón. 




Aunque no me puedo quejar, te cuento que desde que te fuiste creo que Argentina y el mundo están cada día más feos. Macri está dejando a los laburantes culo al aire, y lo construido ya es casi cenizas. Se fue Fidel (seguro que anda con vos y Nestor de charla) y ganó Trump. Encima el Barza y San Lorenzo que comparten colores y tu corazón, parecía que últimamente se habían olvidado de jugar. Me pregunto si también estarán de luto. Si querés sigo, pero para qué. Estoy seguro que estás al tanto de lo que te cuento y del recital que dio la pulga anoche en tu honor.

Ya ves viejo querido, las cosas siguen su curso… Todos te extrañamos, la vieja y tu hija ni te cuento, pero no te creas que te fuiste, no te lo creas, porque seguís estando. Y yo, ya que estoy, y aprovechando que estás, esta noche descorcharé nuestro último vino juntos, ese que disfrutaste como hacía rato que no te recordaba disfrutar. Ese CASONA LÓPEZ Semillón que me parece que esa vez ni siquiera te hizo temblar las piernas, como decías que te hacía el vino.

Aún recuerdo ese último vino con vos como si fuese hoy. Porque aquella noche fue diferente a las últimas… no metiste nariz, dejaste la copa en la mesa y juzgaste como hacías casi siempre, te acordás? Esa noche metiste nariz, luego unos cuantos tragos y tu sentencia fue tajante “¡Qué rico está este vino che..!”

Y sí, la verdad es que estaba bueno. Seguro lo sigue estando. Cuando quieras lo repetimos, te animás?


Rumbovino


Agradezco infinitamente a Eduardo López, de Bodegas López, todo el esfuerzo que hizo por intentar enviarme unas botellas de CASONA LÓPEZ SEMILLÓN a España para que esta noche pudiera brindar a la salud de mi viejo. Es un gesto que no olvidaré nunca. Las grandes cosas se demuestran en los pequeños gestos.

17 abril, 2017

VALLE DEL DOURO, un viaje extraordinario

Volver a las raíces del blog es en cierta forma volver a nacer. Retomar los comienzos de cuando pateábamos paisajes de viñedos y bodegas allá donde estuviesen, para luego contar nuestra experiencia. Esos fueron los primeros pasos de Rumbovino. Hoy volvemos a hacerlo.

Para ello cumplimos con una materia pendiente que teníamos de hace mucho tiempo. Organizamos un viaje por VALLE DEL ALTO DOURO en Portugal, un paraíso para los amantes del vino, que creo que debería ser de visita obligatoria para todos los que amamos y disfrutamos de esta bebida milenaria.

Ni Borgoña, Burdeos, Rioja o el Ródano. El Alto Douro Viñateiro, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en el año 2001, te deja sin aliento desde el preciso instante en que tus pupilas toman contacto visual con ese impresionante monumento cultural creado por la mano del hombre a lo largo de dos mil años, sobre las laderas de las sierras que acompañan al río Duero en su paso por el nordeste de Portugal de camino hacia el mar.

Allí nos fuimos a retomar nuestros comienzos.

Organizamos la ruta, enviamos correos a unas cuantas bodegas y viticultores, concertamos algunas visitas e hicimos base en Vila Real, desde donde nos movimos a diferentes destinos durante los 4 días que pasamos en la región haciendo turismo y enoturismo.

En esta primera nota quiero dejarles solo unas pinceladas del viaje a una de las regiones vitivinícolas más antiguas del mundo. Pero considero que debo empezar por el principio así que a mi forma les contaré sobre el origen y el porqué de los viñedos del Alto Douro.

Como sucede con muchas de las cosas relacionadas con el mundo del vino y el cultivo de la vid, hay que dar gracias a los romanos. Es que de no ser por los ellos, que obligaban a beber 2 litros de vino diario a los esclavos y 4 litros a los soldados - más 3 litros antes de la batalla- seguro que no hubiesen tenido que buscarse la vida para producir tanto vino allá donde llegaran y hoy no podríamos disfrutar de este verdadero espectáculo creado a través de la construcción de miles y miles de hectáreas sostenidas en socalcos (muros de piedra) sobre las laderas del Alto Duero, transformando una tierra estéril en rica y productiva. Los lagares más antiguos encontrados en la zona datan del siglo I DC.

Cuenta le leyenda que Julio Cesar no bebía vino tinto porque no quería ensuciarse la barba. Aunque en realidad se sabe que no se la ensuciaba porque los romanos solo sabían elaborar vino blanco. O eso se dice al menos. Quién sabe. Siempre hay más de una verdad detrás de cada historia.

Les dejamos unas fotos de lo que vivimos y en breves les contamos lo que visitamos, vimos y bebimos. 

Socalcos típicos del Alto Douro


Barcas de paseo por el Duero. Salidas desde Pinhao. Recomendable y a buen precio.


Vista del santuario de Lámego. El pueblo con más monumentos por metro cuadro. Visita indispensable. 


Camino por la N108 desde Mesao Frio a Peso da Régua





























Amarante, visita indispensable en la zona. hermoso pueblo junto al río Támega






27 marzo, 2017

Noche de SILICEs

A estas alturas de las circunstancias me parece que pocos podrán juzgarme mal si me atrevo a decir que los vinos surgidos del proyecto de Carlos, Juan y Fredi se encuentran entre los mejores que se producen en la Ribeira Sacra actualmente (más allá de lucir o no la etiqueta de la DO, que en ocasiones encorseta más que libera, pero ese es otro tema).

No me queda ni un solo vino por probar de todos los que comercializaron hasta la fecha desde el año 2013 cuando salió su primera añada. Y con excepción del SILICE 2013 que en su primer año no me convención mucho (en el segundo estaba mucho mejor) todos me parecieron excelentes. Podría decir que son unos vinazos, pero no quiero que luego me tilden de utilizar terminología más de cátedra futbolera que ligada a la enología.

Este fin de semana repetí el SILICE 2014 que está en un momento fantástico para ser disfrutado, pero escribí sobre él en el blog hace poco tiempo, por lo que hoy quiero extenderme sobre uno de los vinos de Selección Especial que elaboraron en su primer año, el SILICE 301 cosecha 2013 (la única que se comercializó con este nombre, porque en 2014 los vinos de Finca pasaron a llamarse Romeu y Lobeiras. Por cierto si no me equivoco ya están agotados, o en busca y captura los pocos ejemplares que andan sueltos).

El SILICE 301 procede de una única parcela -creo que es Lobeiras, una finca en pendiente casi vertical, extrema y extraordinaria a la vez- y está compuesto mayoritariamente por uva Mencía (70%) y resto de variedades que acompañaban en la parcela, Brancellao (15%) y Garnacha Tintorera (15%). En la Ribeira Sacra, desde siempre se plantaron cepas tintas y blancas conjuntas en las viñas, por lo que tratándose de viñedos tan longevos no me extrañaría que algunas uvas blancas también formen parte del coupage.

Todo el trabajo es en ecológico (cercano a la biodinámica quizá). Para este 301 utilizaron racimos seleccionados a mano, fermentados con raspón y criados 12 meses en barricas muy viejas de 300 litros buscando una oxigenación muy suave y que la madera no interfiera en la expresión del terruño. El proyecto SILICE busca hacer vinos estilo borgoña, que eso vaya por delante. Que no maquille la barrica lo que la tierra, el agua y el sol nos regala. Solo se elaboraron 400 botellas. Graduación 12,5% Vol.




Rojo rubí, de capa media y buena lágrima. Brillante y levemente turbio (no se filtra ni clarifica). En nariz un poco remolón, como es lógico, de recién despertado. Comienza con típicas notas herbáceas de los vinos de Amandi. Hay que dejarlo desperezar. No se apuren… Luego despliega todo lo que tiene dentro. Las notas de hierba fresca y aromáticas siguen presentes, pero aparece fruta roja fina (sobre todo frambuesas), mixturada con notas florales y un fondo mineral increíble. 

En boca entra suave, como pidiendo permiso, pero explota en el paladar. Pura esencia de la Ribeira Sacra. Frescura, frutalidad y mineralidad a partes iguales. Vertiginoso, expresivo, lineal, vertical, atlántico, como prefieran llamarlo. 

Un tinto de gran complejidad, pero para beber por litros sin cansarse. Casi, una obra de arte. Sin el casi, una obra de arte.

Chicos, aplausos! A seguir…

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

Más de 6 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

21 marzo, 2017

Este LUNTA 2014 está BARBAROT 2011

Uno del viejo mundo y otro del nuevo… A veces lo hago, comparo. No me gusta alejarme durante mucho tiempo de los vinos de mi tierra patria. Creo que es necesario no perder de vista los infinitos estilos diferentes que podemos encontrarnos en el mundo del vino, por lo que si es posible les recomiendo que intenten probar etiquetas y elaboraciones de uno y otro lado para que el paladar detecte el monomorfismo vinícola que siempre amenaza con volverse a instalar.

Recuerdo que cuando llegué desde Argentina a España me no me costó mucho acostumbrarme al nuevo “gusto” del vino que me recibió, porque la moda que había impuesto Parker con sus altas puntuaciones hace algunos años, globalizando el sabor del vino y haciendo perder el rasgo del terruño, habían calado profundo en los bodegueros de todo el planeta. Actualmente parece que la cosa está cambiando, por suerte.

Así que cada tanto viajo por el mundo a través de una copa de vino, para seguir aprendiendo, entrenando, comparando y estando atento, por las dudas.

Del Viejo Mundo

Del proyecto de Bárbara Palacios, que además de portar apellido de historia en esto de la vitivinicultura Ibérica, tiene fondo para meterle Merlot a un Tempranillo de Rioja y quedarse tan tranquila. El Merlot se acepta en esta DO cuando el viñedo es experimental y no supere el 15% del vino. Tengo que reconocer que este tinto está logradísimo, aunque quizá cometí el error de que me pudo la ansiedad, y lo destapé muy pronto.




De viñedos de la familia, una uva de gran calidad que surge de terrenos arcilloso-calcáreos y un estilo que se aleja bastante del Rioja clásico, encuentro en este vino mucho de lo que me gusta de un tinto con base Tempranillo, pero con ese plus diferenciado que le otorga la cepa bordelesa. Insisto que va a crecer, y mucho más, pero ya está para disfrutar porque el Merlot le da ese aporte de elegancia, delicadeza en aromas y frescura en boca que en ocasiones suele perderse en estos productos pensados para beberse a largo plazo.

Creo que se hicieron poco más de mil y pico de botellas. No sé si llegan a las dos mil. No volvió a elaborarse este Barbarot hasta la cosecha del 2014, que creo que saldrá en un tiempito a la venta, así que estén atentos. Mientras tanto mi consejo es que busquen este 2011, si es que aún queda alguno disponible, y lo guarden un poquito más, si no son tan ansiosos como yo.

Mi amigo Rafa, en las delicias del 69 creo que aún dispone de alguna botella. No es barato, sobre los 20 €, pero creo que es de esos vinos que vale la pena probar y disfrutar.

Del Nuevo Mundo

Este vino procede de viñas casi centenarias localizadas 
a 900 msnm mirando las sierras de Lulunta en Luján de Cuyo (antaño dueño de los mejores Malbec de Mendoza, ahora quizá en la teoría desplazados por terruños más altos y complejos del Valle de Uco).




De estas cepas se seleccionan las uvas de Malbec más livianas y con más expresión frutal. Se crían un 65% en barrica y el resto en tanques de inoxidable, justamente buscando ese punto de verticalidad y juventud que separa esta etiqueta de sus hermanos mayores. 

Hay notas de crianza y cierto peso en boca, pero que se ensamblan perfectamente con las notas florales, frutales y de frescura que se busca con esta línea de base tan bien lograda. 

Si van a venir para el viejo mundo y están en el aeropuerto de Buenos Aires haciendo tiempo para que salga el vuelo, y por más que la maleta venga cargada de botellas pero aun así quieren traer algo en la mano, creo que no hay mejor alternativa para elegir en el free shop que este LUNTA de Roberto de la Mota, por precio y calidad. Si no recuerdo mal, debe andar por los 16 US aprox. Los pago una y mil veces, porque es un Malbecazo!

De todas las veces que probé los vinos de MENDEL WINES, siempre me quedé con la misma impresión y reflexión. Están todos muuuy buenos, pero el LUNTA por RPC es definitivamente extraordinario.

Buena vida y buenos vinos.

Salutes, Rumbovino.

Más de 6 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.