Un blog de vinos por aficionados, para aficionados. Mas que un blog, nuestro cuaderno de notas.



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08 octubre, 2018

THE NEW WAVE GIRL, natural como pocos!

Hasta unos meses atrás, cuando quedamos con Antonio Sicurezza para catar unos cuantos vinos naturales italianos, ni sabía de su existencia. Lo digo en sentido de mi gran ignorancia hacia los pioneros en esto de los vinos naturales que andan por España. Hablo de Fabio Bartolomei, de Vinos Ambiz, un proyecto que comenzó su andadura en el año 2003 de manera menos profesional pero con toda la intención de hacer un vino sano. Pues resultó ser que con el paso de los años y la “profesionalización” de este tipo de productos (que algunos aún se niegan a reconocer) Fabio entendió que llevaba elaborando vinos naturales desde el principio. 

Como dije antes, no sabía de él y tampoco tengo el gusto de conocerlo, pero luego de probar una de sus creaciones me tomé un tiempo para conocer más de cerca sobre su filosofía y el proyecto, porque la verdad es que tras un primer impacto que casi me descoloca (no estaba boxeando, estaba catando) entendí que la cosa iba realmente en serio. Se trataba de un blanco THE NEW WAVE GIRL (90% Albillo Real y 10% Malvar), que no parecía blanco ni por color ni por alma, que he disfrutado como un niño con juguete nuevo (así se decía en mis épocas, creo que ahora un juguete no hace tanta ilusión a un niño como un IPad). 

Imagen tomada de www.rollingwine.com

Elaborado a pachas entre Fabio y Antonio se produce con uvas de la sierra de Gredos nacidas de viñedos vivos y sanos trabajados absolutamente en ecológico, que tras un corto contacto con los hollejos fermentan con levaduras indígenas y se crían por separado en tinajas sobre sus propias lías durante unos meses. El “coupage” se hizo en febrero y el frío del invierno actuó de decantador separando lo gordo de lo fino y lo líquido de lo sólido, como se hizo toda la vida. Se envasa sin filtrar y se coloca en botellas trasparentes (sin truco ni cartón, para ver lo que hay dentro) y se tapa con corcho de verdad de cultivo sostenible. No vale eso de ser creyente a medias.

Blanco naranja, denso en copa y de lágrimas gruesas, turbio y brillante, casi paradójico. Nariz espléndida de mediana intensidad con aromas que recuerdan al pan tostado, algo de pera madura y hollejos (la oxigenación le viene muy bien porque lo despierta y el frío le bien mal porque le resta placer. Beberlo refrescado, no frío). En boca es poderoso, graso, untuoso, se puede masticar, justito de equilibrio entre la frescura y el dulzor. Sus 14 grados de alcohol le dan robustez pero no le quitan ni un ápice de complejidad. 

Ideal para maridar una comida con carácter. Como buen argentino que soy acompañaría una buena parrillada de achuras (con sus chinchulines, tripa gorda, mollejas, ubre, sesos y entrañas… que no le falte nada). Eso sí, después una buena siesta para que la felicidad sea completa.

Debería terminar esta nota aquí, pero ya me veo venir luego los reclamos, así que por las dudas aviso a los amantes de los blancos inmaculados de notas tropicales y colores cristalinos que este no es su vino. Dicho esto, anímense a romper el molde.

Las gracias a Antonio nuevamente y a Fabio por animarse a hacerlo.

Buena vida y naturales vinos,

Salutes, Rumbovino.

8 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo moderado y responsable.

13 marzo, 2017

4 Monos A mi manera.

Dos trabajos diferentes y el blog. Como es lógico, los dos primeros me dan de comer (y beber), mientras que el otro me da dolores de cabeza porque siento que estoy en deuda con alguien si no escribo –no tengo claro con quién es la deuda, pero con alguien es-.

Así que ante la disyuntiva de dejar o seguir, el tema pasa por escribir “obligado” y mal, o escribir solo cuándo puedo disponer de media hora, como hoy, e igualmente escribir mal pero con más tiempo. En cualquiera de los dos casos la ecuación arroja el mismo resultado, así que menos quejas y más acción. Vamos al lío.

Fin de semana, como siempre viernes y sábado por la noche mi momento vino. Esta vez seleccioné dos etiquetas que tenía ganas de probar desde hace un tiempo.

VIERNES

Pintó una cenita a base de una picada sencilla con jamó serrano y queso manchego (exquisitos por cierto) y una buena pizza casera con tomates secos y Brie. Estos sustentos pedían, al menos me lo pedía a mí, la compañía de un tinto de poco grado y cierta frescura. Elegí el 4 Monos Cariñena 2014, que supuse que sería de ese estilo. No falló.





100% Cariñena de Madrid. Uvas de viñas de 30 años procedentes del paraje Arroyo Tórtolas ubicado en la localidad de Cadalso de los Vidrios conducidas en vaso y plantadas sobre suelo arenoso en superficie con granito meteorizado a una altura de 700 msnm.

Maceración en frío con racimo entero. Fermentación alcohólica con levaduras autóctonas con el 100% de raspón durante 40 días. Crianza de 14 meses en barrica de roble francés de 300 litros. Alcohol, 12,5% vol. (cada día me gustan más los vinos de bajo grado). Solo se elaboraron 400 botellas.

Rojo picota con ribetes rubí. Buena lágrima aunque no es su fuerte y no importa tampoco. Nariz fresca, limpia, profunda, con fruta roja pequeña, destacando su fondo balsámico y mineral (grafito, piedras). Boca lineal, vertical, fresca, con frutos negros y rasgos muy minerales y levemente balsámicos. Seco, final amargoso, rico. 

Un vino diferente. Lo que esperaba de él. Me encantó! 

Precio aproximado 18€. No es barato, pero los volvería a invertir sin dudarlo. Tengo que probar más cosas de este proyecto de 4 Monos Viticultores.

SÁBADO

Cayó un asado. Nunca falta en mi fin de semana, salvo catástrofe, carne a la parrilla. El gen Argentino me puede allá donde vaya. Tenía algo de grasa la carne, por eso quería algo con cuerpo y tanicidad pero con frescura y frutalidad. Me fui al crianza oxidativa de Benjamín Romeo, de Bodegas Contador. A MI MANERA (2016).

Digamos que es un pequeño capricho de Benjamín. Un tinto 100% Tempranillo que elabora a su manera con uva procede de varias fincas pequeñas situadas en el municipio de San Vicente de la Sonsierra, sobre suelos pobres, en su mayoría arcillo-calcáreos y aluviales, de escasa producción. 




Se vinifica en grandes tinos troncocónicos de 10.000 lts. de capacidad. La uva macera en frío durante 3 días antes de arrancar la fermentación, que se produce durante 7 días a una temperatura controlada que ronda los 24ºC.

El resultado es un tinto de color picota profundo, brillante, limpio y glicérico. Intensas notas de flores en nariz, fruta como las ciruelas rojas maduras por doquier y un fondo láctico delicado cierra su paleta aromática. En boca es jugoso, expresivo, con mucha frescura y pura fruta de principio a fin, tiene taninos rugosos pero no pierde elegancia. Hasta muestra cierta complejidad con un final algo especiado y mineral.

Me pareció un crianza oxidativa exquisito. Para beber por litros. Su precio sugerido es de 13,50€. Un poco más caro que otros de su estilo y que también están muy bien. El coste diferencial entiendo que es por su hacedor y la calidad del producto que utiliza.

Vale lo que cuesta. Otro vino que volvería a comprar sin dudarlo.

Buena vida y buenos vinos,

Salutes, Rumbovino.

Más de 6 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable y moderado.

29 septiembre, 2016

MONROY Malvar 100%

Pocas cosas me gustan tanto del mundo del vino como el hecho de que no exista ninguna posibilidad de conocerlo todo, y llegar a aburrirse alguna vez. Constantemente aparecen novedades, “locos lindos” sueltos por ahí que se la juegan con vinificaciones arriesgadas, con mezclas insólitas, hay quienes cosechan a diferentes etapas de madurez para darle originalidad a los vinos, otros que usan barro, concreto, roble viejo, huevos, fudres gigantes y de seguir citando la lista se haría interminable…. Pero si al hecho de las diferentes creaciones, agregamos que en el viejo mundo vitivinícola, España es un paraíso en eso de las variedades autóctonas, los amantes del vino tenemos la diversión asegurada. Por los diferentes rincones de la península, de norte a sur y de este a oeste, encontramos cepas que han resistido a la ignorancia del ser humano y hoy se rescatan como perlas en sus conchas.

Al vino que me convoca hoy lo conocí, como no, gracias a mi amigo Rafa. Viene de Madrid (parece que la DO tiene menos remilgos que otras a la hora de apoyar con su sello de calidad) y se trata de un Malvar 100%. Una uva blanca autóctona de la zona del centro de España que solo se mantiene a cuenta gotas en unas pocas hectáreas por la zona de Madrid y Toledo principalmente. Confieso aquí, que ni sabía de su existencia.

Bodegas La Casa de Monroy solo elabora 2500 botellas de esta rareza en la cosecha de 2015, y a mí me da la sensación de que le van a durar muy poco una vez que la gente lo conozca. Además de su buena presentación tanto en etiqueta, como corcho y botella, el producto sorprende de principio a fin. 



Maduración sobre lías, de viñedos antiquísimos localizados por la zona de Villarejo de Salvanés (Madrid). Graduación alcohólica de 13,5% vol.

En vista muestra un color amarillo verdoso brillante, limpio, glicérico y de gruesas lágrimas al agitar la copa. 

Ya en nariz nos dice que no se trata de un blanco al uso. Buena intensidad, con notas muy frescas y perfumes sutiles que podrían recordar a flores blancas y melocotones apenas maduros. Se perciben las lías, con aromas de madurez, levaduras y una muy suave bollería. 

La boca igualmente sorprende porque uno espera un vino más “filoso” y para nada lo es. Tiene volumen y cremosidad, pero resulta muy ágil en su paso por el paladar gracias a su equilibrada acidez. De notas amargas ricas y final complejo y largo recorrido.

En todo concepto me resultó un muy buen vino. Y si además de eso les digo que su precio supera por poco los 8 € creo que estamos frente a un producto que no se puede dejar pasar. Lamento que la producción sea tan escasa, pero agradezco haber podido disfrutarlo. Si tengo que poner una calificación a la RPC, digo excelente.

Buena vida y buenos vinos,

Salute Rumbovino.

6 años difundiendo la cultura del vino y en favor del consumo responsable.

02 abril, 2011

Uno, de Madrid!!

Resulta que en nuestros ires y venires, de España a la Argentina, y viceversa…Tratamos de llevar algún vinito de un país al otro, como para “matar morriñas” del otro lado del charco y, además, compartir con los amiguetes, sabores del otro mundo.
Y lo más cómodo para nosotros, ya que cada vez se ponen más y más estrictos con el tema equipaje, y cada vez reducen más y más el peso que uno puede llevar en la maleta, es aprovechar para, una vez pasados los controles, adquirir una o dos botellitas de vino en el free shop.  Es curioso que, si bien antes se ponen tan estrictos con las cuestiones de peso, líquidos, etc…, dentro uno pueda cargarse hasta las trancas en sus tiendas libres de impuestos ¿No creen?, pero bueno, esto es otra historia…  Y nosotros nos contentamos con las dos botellitas. 
Así que en una de estas, en el aeropuerto de Barajas, a la espera del vuelo a Buenos Aires,  nos atendió un simpático señor que resultó ser un apasionado de los vinos y además un buen conocedor de los vinos españoles, cosa que nos llamó aún más la atención ya que era mejicano. Y la verdad es que nos lo pasamos estupendamente bien en la espera charlando con este buen hombre. Que nos recomendó un vino de Madrid, según él fantástico por la relación calidad-precio. Un Tagonius. Y además nos trajimos, como siempre, un maravilloso Abadía Retuerta, saliéndonos así de las míticas y tan mediáticas DO Ribera de Duero y Rioja que están muy bien pero a veces en los aeropuertos se pagan demasiado y la inversión no compensa tanto.
Aquella vez elegimos el Tagonius roble 2006 y nos gustó mucho, así que en este último viaje, decidimos traernos otro, pero esta vez manoteamos un crianza 2005 y además y por solo 9, 50 euros, y 91 puntos Parker pero la verdad eso nos importó poco en ese momento.

Una gran opción para salir de lo mismo de siempre
Lo tomamos anoche, es una combinación de tempranillo 45%, cabernet sauvignon 40% y syrah 15%. Envejecido durante 9 meses en barricas de roble francés (80%) y americana (20%). Y por si os interesa, aquí van nuestros apuntes de cata:
“En vista, bien profundo…, dejando ver solo en los ribetes un color rojo rubí bien brillante con un leve guiño atejado. Con lágrimas bien marcadas y viscosas, de caída lenta.
En oído…, sonando “O carro” del grupo “Fuxan os ventos” y el chisporroteo del asadito en la parrilla… 
En nariz… (distanciándonos del emotivo olorcito del asado), se manifestaba ya de entrada el inconfundible tempranillo español, alegre y dulce, envolvente… bien fijados y equilibrados con el paso por madera, que le da además ese toque a vainilla,  cremoso. Se le sentía ese toque a fruta madura y no pasada, muy sugerente. Y agitándolo, asomada además, bien impactante un toque a pimienta negra.
En boca…, pues bien armonioso y fiel a lo anticipado en nariz. De entrada contundente con una acidez deliciosa, como la de la ciruela negra, y apertura en boca bien armoniosa, dulce y envolvente como ya hacía en nariz. Bien equilibrado, con sabores que se expresan casi de a uno, sin taparse. Taninos firmes pero bien puliditos, maduros y redondos. Regusto largo y bien rico.
Increíblemente fresco para ser un 2005. Y, a pesar de tener un buen cuerpo y una buena estructura, se comporta en boca bien fluido, nada pesado.
Con el asadito… maridaje excelente!!! 

Y después del asadito…, un magnífico postre, un vino goloso, que no se cansa uno de tomar hasta que, claro, se termina…”

Salute,
RUMBOVINO.