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21 agosto, 2017

El Valle del Loira. #MiPrimeraVez con el vino. Diez años después

El Valle del Loira es sin dudas uno de los más hermosos de toda Francia. Salpicado de majestuosos palacios renacentistas y castillos medievales a lo largo de toda la ribera del río, este lugar es una auténtica maravilla para conocer y disfrutar. Uno podría pasearse un mes entero de un lado a otro recorriendo cada rincón sin cansarse, siempre acompañado de la florida campiña francesa y de los encantadores pueblos que atraviesa cualquiera de los caminos que escoja para uno para moverse. Andar estos lugares les aseguro que es un placer.

Pero el Valle del río Loira además de paisaje y palacios es vino en estado puro. Y de esto quiero escribir hoy.

Es una región que actualmente ostenta mucho menos nombre y glamour que Burdeos o Borgoña, pero que produce vinos de calidad desde la Alta Edad Media y en su momento fueron de los más famosos de todo Francia e incluso de Inglaterra. Esta zona está localizada más al norte de Burdeos, se extiende a los márgenes del río Loira desde el Atlántico junto a la ciudad de Nantes, hacia Orleans, y desde aquí hacia el sudeste, hasta los límites de Borgoña, al norte con Chablis y al sur con Beaujolais y el principio del Ródano norte. Debido a su extensión el clima es bastante cambiante, aunque en general es menos calurosa, algo más húmeda y con suelos diversos que van desde calcáreos (nunca vi tanto suelo calizo junto) hasta arcilla, arena, grava, sílex o esquistos. Por clima y terruño se caracteriza por producir vinos frescos y elegantes, aunque el cambio climático también ha mutado esta región y el perfil de a poco va cambiando. 


En elaboración de vinos blancos, su principal producción, sorprende con la uva Chenin Blanc (bastante escasa en casi todo el mundo) y la Sauvignon blanc. No obstante en tintos hay una cepa que es la reina indiscutible, la Cabernet Franc. Está presente en casi el 100% de los vinos que se elaboran en esta región. Fundamentalmente se produce en los alrededores de Chinon y Saumur.


¿Tiene que ver esto que les cuento con la propuesta de AWB? Sí y mucho. Haciendo repaso de mi vida ligada al mundo del vino no tuve ninguna duda a la hora de seleccionar sobre qué iba a escribir porque fue ahí, en el Valle de Loira, donde me uní a esta bebida definitivamente. Este lugar plantó la semilla de lo que luego fue Rumbovino. Sin dudas fue #MiPrimeraVez con el vino.

Hace exactamente diez años cuando visitamos el Valle del Loira por primera y única vez hasta hoy. Recuerdo que con un magrísimo presupuesto nos pasamos 9 días recorriendo castillos y el único “lujo” que nos dábamos era el descorchar un vino diferente cada noche para acompañar quesos, salames y sardinas que era la cena estándar de todos los días. Fue un viaje definitivo…..Desde que nos fuimos en mayo del 2007 quise volver. Nos quedaron muchas cosas pendientes, como en cada viaje que hacemos. Dicen que en los lugares que te gustan mucho nunca debes visitarlos completos, ya que hay que dejarse una excusa para poder volver. Y así fue. Volvimos tras 10 años. Ya no somos los mismos, pero fue como aquella primera vez. Fueron tan solo dos días de regreso de la Bretaña, pero igualmente intensos y emocionantes. 




Hicimos campamento base en Angers, hermosa ciudad llena de vida, con fantástico Château que no se deben perder. Con un calor criminal (muy raro en esta región donde brilla el sol pero el calor nunca sofoca) anduvimos los dos días sin parar. Con el objetivo de no prolongar la agonía de los lectores solo voy a contarles las visitas a las bodegas excavadas en la montaña. Uno de los atractivos ligados al vino más interesantes que les recomiendo en esta región y que nos quedó pendiente aquella vez.

El segundo día aprovechando la frescura de la mañana, salimos tempranito del hotel y tomamos la carretera D-952 bordeando el río Loira hasta Saumur (un trayecto magnífico para hacer con calma disfrutando cada kilómetro). Dimos un paseo por este pintoresco pueblo con un hermoso Castillo y desde allí seguimos camino a Chinon. Si bien todos los pueblos del Valle del Loira viven de la cultura del vino, es en este camino en concreto (desde Saumur a Chinon) donde quizá se encuentra la mayor cantidad de bodegas excavadas en la roca caliza. Solo es cuestión de elegir dónde uno quiere parar. Todas están abiertas al público. Ninguna cobra la visita y la cata siempre es gratuita. Si el vino te gusta puedes comprar y si no, simplemente puedes visitar las cuevas y seguir tu ruta sin problemas. Es así, los viticultores viven de vender su vino, no de las palabras de un guía o de las obras faraónicas diseñadas por un arquitecto de renombre.

Visitamos dos bodegas troglodíticas (se publicitan así). Muy distintas una de otra. La primera Domaine Filliareau 
localizada en la zona tintorera por excelencia de Saumur-Champgny era un auténtico palacio excavado en la roca caliza. Actualmente ya no elaboran su vino allí. Solo quedan recuerdos de lo que fue, pero hay que verlo porque vale la pena. La sala de ventas estaba al lado. Allí catamos varios vinos, uno mejor que otro (¿el lugar ayuda a vender? Puede ser. Pero los vinos estaban soberbios. Frutas, hierbas, frescura y mineralidad para regalar).

La segunda que visitamos estaba ubicada a solo 1 km de Chinon, Cave Monplaisir, nos dejó boquiabiertos. Hace más de 100 años que se elabora el vino en ese lugar. Antiguamente fue una cantera de donde sacaban la piedra caliza para la construcción de casas y palacios. Fuera hacía 35 grados. Dentro, solo 12. Al igual que antes, la visita fue gratuita. Nos indicaron por donde debíamos entrar y de allí a la aventura. Nos metimos en las entrañas de la montaña… en las cuevas que se extendían de un lado a otro como un laberinto lo primero que nos encontramos fueron vinos antiguos en estiba, botellas repletas de mohos que apenas dejaban ver el vidrio y que algunos de ellos llevaban descansando unos 40 años. Más adentro (o afuera, no lo sé, uno se pierde ahí dentro) llegamos a la sala de barricas. Inmensa, barricas viejas llenas de moho y otras más nuevas con menos moho y que aún dejaban ver el año de la cosecha que llevaban dentro (2014, 2015, 2016). Todos tintos. Todos Cabernet Franc, algunos nacidos de los viñedos que teníamos sobre nuestras cabezas en la zona alta de la colina y otros procedentes de viñas más bajas, pegadas al río sobre suelos de grava y arcilla. 



Al salir nos esperaba el dueño para hacer la cata. Un auténtico vigneron. No recuerdo el nombre la verdad, pero hablaba bastante bien el español así que además nos contó de cada uno de los vinos que degustamos (creo que fueron 6 o 7, todos con la impronta inconfundible y exquisita del Cabernte Franc del Valle del Loira). Habló de las fincas, del terruño, de la elaboración, la estiba…todo lo que se me ocurrió preguntar y pudo contestar. Un lujo, vamos.

Llegó la hora de irnos, aún nos quedaba el Chateau de Brézé 
por visitar(no se pierdan sus subterráneos) y luego desandar el camino a Angers. 

Esta vez, al igual que hacía 10 años, nos fuimos para volver. No sabemos cuándo, pero seguramente les contaré dentro de algún tiempo nuevamente #MiPrimeraVez en el Valle del Loira. 

Buena vida y buenos vinos,

Salutes. Rumbovino.

7 años difundiendo la cultura del vino

2 comentarios:

  1. Que hermosos lugares Andres! muchas ganas de conocer y poder disfrutar de toda esa historia. Gran aporte para AWB. Un gran abrazo desde BUE.

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    1. La verdad es que el lugar es una hermosura... es uno de los destinos que creo que no se deberían dejar pasar de la Francia vitivinícola.

      Muchas gracias por las palabras para con la nota. Ya que no puedo participar mucho en las gestiones de AWB al menos poder contar algo que resulte de interés.
      Un abrazo grande y salutes!

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