Un blog de vinos por aficionados, para aficionados. Mas que un blog, nuestro cuaderno de notas.



21 octubre, 2010

Diversidad

El otro día, en una cena, se nos rieron… Qué pecado! Nos habíamos salido de la cena, los dos, haciendo un paréntesis para, agitando las copas y metiendo la nariz, compartir impresiones… Y tras notarnos censurados, como tontos nos cortamos y volvimos a integrarnos en la “normalidad” de la reunión. Aunque los autores de tan críticas miradas también se desviaron, y es que si no sabes… para qué opinas???

¿Pero es que somos unos bichos raros por querer pararnos a catar, valorar y compartir, aunque sea brevemente, la características que nos agradan o desagradan de un vino? ¿O por no contener la emoción cuando este nos gusta tanto que nos desborda el entusiasmo? Cuando la gente grita un gol… y nadie se extraña…! Entonces… es pecado emocionarse con algo que tanto nos gusta?

Y el caso es que estas mismas personas que se ríen tanto de nuestra pasión, gustan de visitar museos y ponerse delante de un cuadro, casi comérselo, haciéndose los que entienden cuando la mayoría no tienen ni la más mínima idea de arte…y si luego pasan delante de un cuadro, fuera de un museo, ni se enteran. Pero bueno, sería inexcusable hacer turismo y no entrar en un museo y hacer que uno entiende aunque sea para decir, estuve allí!

Yo no “entendía” de vinos… No me gustaba el vino, y es que no me había tomado tiempo de entenderlo y apreciarlo. Sí he estudiado arte y aún hoy me cuesta entender algunos trabajos, pero respeto…
En general, la gente es poco respetuosa con quién le pone pasión a las cosas, si esto, claro, no entra dentro de los cánones establecidos para estar dentro del rebaño.
Y luego están los que también necesitan destacar por sobre todas las cosas y también sobreactúan exagerando la admiración y el entendimiento… Y bueno, aunque no comparto esto último tampoco, pues me callo. Ya que al fin y al cabo, hay lugar para todos con nuestras manías y gustos, siempre y cuando nos dejemos respirar.

Mi marido y yo somos tan solo dos caminantes que un día empezamos a descubrir que el vino era algo más. Una obra de arte, mejor o peor, pero arte, efímera, pero que podía convertir un momento en algo mágico, y que sin tomarlo para matar penas, era un inmejorable compañero de momentos felices y alegres.

Es una tontería, y tendrá que pasarnos la vergüenza…, sino, siempre haremos nuestro momento para, con toda la pasión, sentarnos a charlotear de olores, colores, sabores y emociones que nos produce un vino y todo lo que a este lo rodea….

Salute,
RUMBOVINO.

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