Un blog de vinos por aficionados, para aficionados. Mas que un blog, nuestro cuaderno de notas.



07 febrero, 2019

¿Al final, qué es un vino natural?

Parece que esta pregunta tan sencilla no tiene una respuesta tan clara. Y si la buscan en este escrito ya les aviso que no las hay. Al contrario, les crearé más dudas.

Hasta no hace más que un par de días atrás —tras mantener un mini debate muy enriquecedor con un amigo que me asaltó con su pregunta sobre qué era para mí un vino natural, al no estar de acuerdo con una calificación que usé para un vino que publiqué en Instagram—  lo que lo definía un vino natural eran premisas como que por ejemplo las uvas que lo gestan se cultivasen sobre suelos y viñedos orgánicos no tratados con ningún tipo de producto químico, que hayan fermentado únicamente con las propias levaduras que aportan sus hollejos y escobajos, que durante la elaboración no se intervenga (sin correcciones ni agregados de ninguna naturaleza, lógicamente sulfitos tampoco) y que tras su crianza, si la tiene y donde crea el viticultor que debe hacerla, se embotelle sin clarificar ni filtrar. Todos los vinos que cumplían esos requisitos yo los consideraba “naturales”, pero claro, tras el debate me surgieron algunos matices y controversias que motivaron estas líneas.

Para empezar, y sin entrar en cuestionamientos sobre si todos los que dicen que elaboran los vinos de esa forma dicen la verdad, me pregunto ¿Qué pasa con aquellos que tienen alguna pequeña intervención como corrección de acidez, o a los que se les agrega una dosis de sulfitos al embotellar o que se deciden filtrar porque están demasiado turbios? ¿Ya no son naturales y son otra cosa? ¿Qué son? ¿O nunca fueron naturales y yo estoy equivocado? 

¿Natural o no? ¿Qué es natural?

Parece ser, según una de las vertientes de la DENOMINACIÓN NATURAL, que además para que un vino sea considerado como tal, el viticultor debe cultivar su propia uva (no vale comprarla a alguien que cultive bajo el concepto de orgánico o biológico) y, parece ser también, que hasta la cantidad de viñedo podría ser una limitante en esta consideración de naturalidad porque si hay mucha extensión puede que la cosa se complique. Hay otros que directamente consideran que la vid debe crecer libremente y equilibrarse con el entorno y el único trabajo que se debe hacer es la poda invernal. Ni cortar hierba, ni quitar racimos, ni podar en verde, ni aplicar nada de nada.

Para seguir liando el asunto, según me han contado, y puedo comprobar prestando un poquito de atención, detrás de este nombre con tanta intención y a su vez tan “vendedor” como es el término NATURAL, hay vertientes que van en sentido contrario o al menos en paralelo. Los de un lado dicen que hacen vino natural y los del lado opuesto dicen que los que hacen vino natural son ellos y no los otros. ¿Es que hay naturales, menos naturales y más o menos naturales? Por ejemplo, en Barcelona dentro de unos días van a coincidir dos ferias de vinos naturales en la misma fecha y con diferentes participantes. ¿Hay una real y otra impostora? Quizá las dos son reales con la diferencia de que cada uno llama natural a lo que le parece que es natural, como hago yo.

A mí este tema me traería menos preocupado de no ser que las personas que intentamos comprar vinos “sanos” (cambio el término para no aburrir), porque nos gusta su sabor o porque queremos beber más saludablemente, nos estamos empezando a volver un poco locos con este asunto de no saber qué cosa es qué cosa. Y en eso colaboran tanto los elaboradores (hay mucho aprovechado, todo sea dicho) como muchos vendedores, principalmente vía web, que catalogan los vinos en sus páginas con el único objetivo de que el cliente los compre, y si el término vende, pa´lante nomás.

El otro día me dijeron que hay algunos elaboradores de vino natural (viticultores contrastados durante muchos años de trabajo y muy reconocidos. Ningunos improvisados, ¡vamos!) que no quieren escuchar ni hablar de ese término, porque está tan manipulado que prefieren que sus vinos hablen solos y no por calificaciones personales ni de terceros. Creo que es honesto y justo de su parte, pero a mí no me aclara el concepto ni me facilita la comprensión.

Como consumidor, antes que como comunicador aficionado, me gustaría saber lo que compro cada vez que compro. Un poco de claridad en este asunto no le haría mal a nadie, creo que nos lo merecemos ¿No creen? No pido legislaciones, no me importan en absoluto las etiquetas, pido información para el consumidor. Al final somos los que pagamos los vinos que ustedes elaboran, o venden, digo.

Luego de esta especie de catarsis necesaria para quitar broncas internas, dejo la consulta abierta para que alguien o algunos, los que quieran y puedan, colaboren con los que necesitamos un poco de luz en esta sombra cada días más oscura. 

Por lo pronto el término “natural” saldrá de mi vocabulario enofílico durante un tiempo. Verán que Rumbovino ahora es “más natural”, así que mientras tanto me pensaré por qué palabra sustituirlo. En fin.

Gracias y saludables vinos!

Rumbovino

Desde 2010 comunicando libremente sobre la cultura del vino

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por comentar.